viernes, 3 de diciembre de 2010

RENÉ, MARRAÑAO Y SEGUETA

En sus tiempos de apogeo, era una verdadera competencia la que existía tras la búsqueda del siguiente festín entre esos tres: Marrañao, René y Segueta. Comilonas que se hacían al cumplirse los nueve días de algún fallecido.

LEYSIMELOCUENTA
Por Ley Simé

Asistían a la Iglesia temprano todos los días para enterarse a nombre de quien en vida se llamó… era la misa y así calcular el día en que se celebrarían los nueve días de muerto. Y así lo hacían diariamente hasta llenar su itinerario de la semana y también del mes, cuando había muchas actividades de decesos. Casi nunca entraban al salón del templo, esperaban fuera, y se les veía muchas veces, una vez terminada la misa, acompañar a los deudos, desde la iglesia hasta la casa del difunto. Así ya tenían conocimiento del lugar exacto donde se celebrarían los nueve días. (Inteligentes estos chicos, ¿eh?).

Su asistencia a la iglesia no era con el propósito de acompañar en el dolor que embargaba a los familiares, ni dar pésame, ni las visitas a las casas de los difuntos tenían tales intenciones, si no la de averiguar si los nueve días resultarían de primera, segunda o tercera categoría y deducir el festín que sería repartido allí ese día. Cuando había mucha actividad de deceso, los nueve días de primera había que dejárselos a René, el más temible de los tres.

Para aquellos tiempos, se celebraba el cumplimiento de los nueve días de fallecido alguien, con un festín de abundante comida para los familiares y amigos que asistían a despedir los rezos que se les hacían durante los nueve días subsiguientes al fallecimiento. A este asistía el púbico en general sin restricciones. Muchas personas llegaban allí solo con el propósito de "Jartarse" e irse a algún lado a comentar lo bueno o malo que estuvo el brindis. No así pasaba con Segueta y Marrañao que llegaban y ayudaban con las sillas y algunas que otras cosas. René nunca lo hacía, porque era muy perezoso. También asistían a los rezos durante el novenario y eran útiles en la organización del escenario para los asistentes y así podían tomar parte de los brindis que se hacían, consistentes en galletas y refrescos.

Para Marrañao y Segueta, René era un problema, los vivía amenazando, cuando él se daba cuenta que ellos se estaban llevando la mejor partida. Esta pugna provocaría en cualquier momento un escándalo en esos lugares de dolor.

René era como el "león", que los otros dos debían estar por debajo de él. Y en realidad le temían.
Marrañao como el "leopardo", que le teme al "león", pero se come el "antílope", que en este caso es Segueta, que debía cuidarse de los dos. Según iban coincidiendo a los nueve días la situación se iba poniendo más tensa. No podían estar juntos los tres. Un día llegó René a unos nueve días y al entrar ve por un lado a Segueta y por otro a Marrañao, sentado porque habían llegado más temprano. René quiso ponerle fin al problema y se dirige hacia donde está Marrañao, que al percatarse de que René viene hacia él, coge su silla y sale para la calle corriendo. Los asistentes allí, se estaban dando cuenta de lo que podía suceder y los más responsables del orden debían tener los ojos abiertos. Cuando René buscó con su mirada el lugar donde estaba Segueta, ya este había espantado la mula.

René pensaba que ya estaba reinando solo ese día y se mostraba más tranquilo. Con mucha calma esperaba que se menearan los platos, siempre con su mirada fija en el lugar donde se estaba cocinando. De pronto tira una mirada hacia un otro extremo de donde estaba sentado, y divisó a Marrañao entregándole un encargo a un señor y se levantó lleno de rabia y se disponía ir a su encuentro, cuando tres señores encargados de la vigilia se interpusieron en el camino para calmarlo, diciéndole que le iban a buscar la comida y lo lograron.

Cuando René regresó al lugar donde había dejado su silla, ésta no estaba. Miró a la redonda y vio que no había ninguna desocupada. Esperó un momento, no quiso desarrollar una rabiaca, porque sabía que lo estaban vigilando y que ya casi iba a comer. En unos instantes, todos los que le quedaban alrededor de René, se pusieron de pies de ímpetu, con silla en manos y corrían despavoridos, buscando aire más sano, dando la impresión de que ya se había formado una trifulca, pero todos reían y se veían relajados.

Solo quedaba René con una sonrisita, pues había contaminado el aire al liberar una toxina con un hedor a una mezcla de carburo con azufre que era imposible soportar. Al quedar solo, René se dio cuenta de que ya se estaba meneando la comida.

No era raro ver que algunas personas solo consumían la mitad de lo que le servían y todas esas otras mitades las consumía René, Marrañao o Segueta. De ahí sus pugnas. René los aventajaba porque podía meterse en la boca el contenido de cinco o seis cucharas y tenía una mandíbula voraz. Cuando Segueta o Marrañao terminaban un plato, René ya había por lo menos, despachado tres. Muchas personas se divertían viendo el insaciable apetito de estas 380 libras de peso en ese personaje. Segueta y Marrañao podían estar tranquilos, pues el "león" estaba satisfaciendo su abundante gana de comer. A medida que iba llenando su enorme "panza", despedía unos apestosos gases que provocaban un ruido parecido al de los aviones usados en la primera guerra mundial.

Segueta y Marrañao, ya bobos de la "jartura", se dedicaban también, juntos a los demás, a disfrutar del show que montaba René actuando como protagonista en la devastación de toda la comida que sobró en esos nueve días.

RENÉ: Con su robusto cuerpo, era lento al caminar, pero siempre llegaba a su destino. Siempre le veía sus pies hinchados y sus venas a punto de reventar. Podía comer lo que a 8 ó 10 personas le servían. Se ofendía fácil y en ese sentido, era agresivo. Era mejor no estar cerca de él. En paz descanse, René.

MARRAÑAO: Se movía por todo Mao esperando que alguien lo llamara para algún servicio y recibir su paga. Todo lo hacía corriendo, serio y responsable. Si se le encargaba cuidar algo, nadie tocaba eso. Ganaba chelitos bailando una salsa o un merengue. Muchas veces le dábamos algo para que pronunciara una palabra, porque tenía dificultad al hablar. "El arroz estaba cu". Gozábamos mucho cuando le decíamos: “Ñao, diga portugués en inglés”. Ahí decía Ñao: “Pocuté en ingé”. Ñao era también recogebates de nuestros equipos de beisbol y softball. Muy querido por todos el Ñao. Dios le de mucha vida y salud.

SEGUETA: Falleció hace mucho tiempo. Era hermano de Vale Toño, otro personaje pintoresco de nuestro Mao. Era callado y muy tímido cuando solía decir algo. Su nombre lo decía todo: comía como lima nueva. Como era tan flaco, todos nos preguntábamos donde podía poner tanta comida. Caminaba por las calles con ojos de sospecha y bronco, porque los "tígueres" le voceaban algo que lo ponía rabioso. Le lanzaba piedras al que le dijera: "Cutiro, moro tibio". No era mala gente.

4 comentarios:

  1. Amigo Ley ;debo hacerte una correccion respeto a Segueta, Cutiro,el se encuentra vivito y coleando.Hace un par de años,mi hermano Lilí y esposa estuvieron en el Cementerio de Mao,visitando la tumba de nuestra Madre,como es normal se colocaron las flores acostumbradas en el panteón y Segueta con una Biblia en mano procede a leer y mi cuñada nota que Segueta está leyendo con la biblia al revés y le pregunta a mi hermano ¿ y como ese hombre puede leer así?
    Fue una sola descarga de risas,se olvidó el cementerio.
    Ahora bien,ignoro si fue reciente

    Abrazos
    Manito

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  2. Ley: Mi amigo si Segueta sabe que tu esta anunciando su muerte, no asistirá a tu novenario.
    Por ahí te envío una foto de Marrañao y René Crespo. Quiero aclarar que con esta foto, nuestra intención es rendir tributo a esa gran persona que nos hizo reir. Paz a sus restos.

    Afectos
    Angel Berto Almonte

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  3. René si lo molestaban tenía una respuesta cortante. En un ocasión lo encuentro bien temprano frente a la iglesia y le pregunto qué hacía solo allí y me responde enojado: Y tú, ¿eres inspector para estar preguntando?
    En otra ocasión, estoy en su casa con Sixto que le preguntó con malicia: René ¿tu vas a votar en las próximas elecciones? y sin esperar que le René le responda le dice: "a verdad que tú eres loco" lo que naturalmente provocó la furia de este y nos obligó a abandonar la casa.
    Rafael Darío Herrera

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  4. A mis dos entrañables amigos de toda la vida, Angel Berto y Manito. A mí siempre me unió la amistad de esa familia: Pincho, Chingó, Vale Toño, Pingua Etc. Hace ya varios años estuve aquí en Pto. Pta. compartiendo con un sobrino de Segueta. Al preguntarle por la familia, me informó sobre su deceso. Gracias a ustedes y que bueno que aún viva.

    Aprecios

    Ley S.

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