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sábado, 3 de diciembre de 2011

UNA AMISTAD INUSUAL

LA AMISTAD DE OWEN Y MZEE
Por Isaías Ferreira

Owen y Mzee son amigos inseparables. Eso de por sí no es nada del otro mundo: hay, y siempre ha habido, millones de historias de amistades profundas. Esta, sin embargo, es un poco diferente: Owen es un bebé de hipopótamo, un mamífero, de un año de edad, y Mzee, un reptil, es una tortuga gigante de Aldabra, de 130 años de edad.

Todo comenzó cuando las aguas del río Sabaki, en Kenia, África, se desbordaron y las poderosas corrientes arrastraron a los hipopótamos que se revolcaban y nadaban en él, yendo estos a parar a la aldea de Malindi, en el océano Índico, donde estuvieron hasta que en la mañana del 26 de diciembre de 2004 el mar se enfureció de repente. El furioso tsunami barrió la aldea, incluyendo a los hipopótamos, quedando el que luego se llamaría “Owen” atascado, solo, en un arrecife.

Después de un traumático rescate, por orden de la Dra. Paula Kahumbu el bebé de 270 kilos fue llevado al refugio de Haller Park, situado a 80 kilómetros, cerca de Mombasa.

Allí ocurrió lo inusitado.

Al llegar a Haller Park, Owen buscó inmediatamente la compañía de Mzee, la que este, que no era muy amistoso y prefería estar solo, rechazó. Pero mientras más se alejaba Mzee, más se empecinaba Owen en seguirlo. A veces era Mzee quien seguía a Owen, sin embargo. Con el tiempo Mzee se volvió más amistoso hasta que se volvieron inseparables y jugaban, nadaban y comían juntos. Todavía esta amistad sigue fuerte, según las crónicas, aunque ha habido algunos cambios debido a las diferentes necesidades de los protagonistas.

La historia, por lo rara e inusual, como es natural tiene a los científicos, quienes buscan explicaciones, rascándose la cabeza.

Aunque los expertos coinciden en decir que quizás la presencia un tanto maternal de Mzee calmaba a Owen y le ayudaba a recuperarse del trauma de la separación de su madre y de haber quedado a la deriva en el mar, es más difícil encontrar una explicación al por qué Mzee aceptó a Owen.

Quizás nos sea difícil entender la amistad de Mzee y de Owen desde el punto de vista humano y científico, pero en última instancia, lo que importa es la lección que ella nos ofrece: la amistad es más fuerte que las diferencias que a veces nos separan.

El libro OWEN Y MZEE (LA VERDADERA HISTORIA DE UNA AMISTAD INCREIBLE), por Isabella Hatkoff, Craig Hatkoff y la Dra. Paula Kahumbu, con fotografías de Peter Greste, narra este inspirador acontecimiento.

©2011 Servicios Metransol.
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jueves, 19 de agosto de 2010

EL PODER DE LA ORACIÓN

En algún lugar leí una vez, que la oración es la forma de energía más poderosa que puede generarse, y que su poder radica, en que esa energía positiva que produce la esperanza y la fe de que nuestra petición se va a realizar, de alguna forma llega al destino a donde es dirigida...

REFLEXIÓN
Por Lavinia del Villar

“Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, les será hecho por mi Padre que está en los cielos, porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”  Mateo 18:19-20

Aquella noche me había retirado a descansar después de un arduo día de trabajo, cuando recibí una llamada de larga distancia. Era Magalis, mi cuñada, acompañada de Andrés, mi hermano. Su inesperada información me heló las venas.

Andrés había sido operado de la garganta el día 3 de octubre de 1997, después de unos meses de padecimiento de una ronquera constante que no cedía, a pesar de haberse sometido a un tratamiento de terapia de la voz. Era el 8 de octubre, y lo que estaba oyendo me dejaba en el más terrible desconcierto. La biopsia post-operatoria realizada, dio como resultado la aparición de células cancerosas.

Mi hermano sería operado de nuevo el 10 de octubre con el objeto de sacar las cuerdas vocales del lado derecho, y de limpiar profundamente el área afectada.

De momento noté que un sentimiento común nos conectó a los tres, aunque tratamos de disimularlo muy bien. El evitó tomar el teléfono, ella dijo que todo saldría bien, y yo estuve de acuerdo con ella. Este sentimiento no era otro que miedo.

Yo me encontraba viviendo en Newark, New Jersey, y mi hermano en Santo Domingo, donde se realizaría la cirugía. En ese momento sentí que no habría tiempo ni distancia que me impidiera estar con él ese día 10.

La noche fue pesada y más oscura que de costumbre. Apenas pude dormir. Sin embargo, una decisión tomada en ese momento me ayudó a conservar la calma. Llamaría a Silent Unity, un lugar de oración, y pondría a mi hermano en las manos de Dios para el reto de ese día crucial.

Lo hice. Sin condiciones lo entregué en los brazos del Señor.

El día de la operación volé a Santo Domingo. Fue el día en que realmente aprecié qué distantes están Santo Domingo y Newark, cuán largo es un minuto, y cuántos pensamientos caben en un segundo.

Cuando llegué a la clínica, me esperaban dos de mis otros hermanos, Martín y Fineta, con una muy buena noticia: La operación había sido un éxito, aunque uno de los riesgos de la cirugía era la posibilidad de que su voz se afectara mucho, en el caso de que pudiera hablar normalmente de nuevo.

Secamos nuestras lágrimas, e hicimos lo único que podíamos hacer en ese momento: Ponernos en orden divino y dejar a Dios actuar.

Subimos a la habitación y allí estaba él, su esposa, y todos esos tubos a los que nos conectan en esos casos, y que nos dejan saber cuán frágiles somos físicamente.

La angustia y la esperanza se entrelazaron en nuestras oraciones. Esperaríamos con ansiedad el resultado del laboratorio que determinaría cuán avanzado estaba el cáncer, cuáles serían las posibilidades de recuperación, y a qué plazo.

El día 12 de octubre, recibí el más lindo regalo de cumpleaños de toda mi vida. Después de leer sin entender una larga serie de términos médicos, el resultado del laboratorio decía: “No se presenta ninguna señal de malignidad”. Nuestras oraciones habían sido escuchadas.

Ya de vuelta a mi casa en Estados Unidos, encontré una carta de Silent Unity ratificando que habían estado con nosotros en oración ese 10 de octubre donde Dios obró un milagro de sanación.

Hoy Andrés está recuperado y su voz es clara y completamente normal.

En algún lugar leí una vez, que la oración es la forma de energía más poderosa que puede generarse, y que su poder radica, en que esa energía positiva que produce la esperanza y la fe de que nuestra petición se va a realizar, de alguna forma llega al destino a donde es dirigida.

“En la oración los seres humanos aumentan su energía finita, dirigiéndose a la Fuente Infinita de toda energía…”  Dr. Alexis Carrel

Sea como sea, la oración tiene poder.
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miércoles, 30 de junio de 2010

¿Qué podemos aprender de los gansos?

LECCIÓN

Este breve relato de Robert McNeish, revela una lección remarcable de unidad, trabajo en equipo y de sacrificio personal por el bien común del que la autodenominada más inteligente especie sobre la tierra debiera sacar algunas lecciones preciosas.

Dice McNeish:

“Si observamos los gansos cuando migran en el invierno, veremos que vuelan formando una ‘V’. Tal vez les interese saber cómo explica la ciencia esa forma de volar. Se ha comprobado que, cuando cada pájaro bate las alas, produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que va detrás de él. Volando en V, la bandada completa aumenta, por lo menos, un 70% su poder de vuelo comparado a si cada pájaro volara solo.

Cada vez que un ganso se sale de la formación siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuenta de la dificultad de hacerlo solo y, rápidamente, regresa a su formación para poder beneficiarse del poder de su compañero que va delante.

Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otro toma su lugar. Los gansos que van detrás graznan para alentar a los que van delante a mantener su velocidad.

Finalmente, cuando un ganso se enferma o cae herido por un disparo, otros dos gansos se salen de la formación, y lo siguen para ayudarlo y protegerlo. Se quedan a acompañarlo hasta que está en condiciones de volar nuevamente o hasta que se muere. Sólo entonces los dos acompañantes vuelven a la bandada o se unen a otro grupo”.

Tomado del editorial de Intercambios, verano de 2010, boletín de la división de traductores de/y al español de la Asociación de Traductores Americanos.
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sábado, 26 de junio de 2010

Premian cuento de Ignaris Guerrero

“La niña y su tesoro perdido”, de Ignaris Guerrero, fue seleccionado como el cuento colectivo de primero del colegio Salomé Ureña. El mismo fue publicado en “Ellos también cuentan”, programa de promoción y desarrollo de la literatura infantil y juvenil de la República Dominicana.

Ignaris, hija de Ignacio Guerrero y la comunicadora Doris Rodríguez, tiene apenas 6 años y recientemente fue promovida con honores al segundo grado.

Hablan los orgullosos padres

Ignaris es una fuente de alegría y de felicidad. Ella es un encanto que surca cada día los espacios que nos conducen al sendero de la paz, la tranquilidad y la felicidad, esparciendo ternura y amor en sus alrededores.

Sus expresiones tiernas y su sonrisa angelical que fluyen desde su interior, transforman su rostro en una especie de jardín de ensueños, porque al sonreír embellece su hábitat. Para Ignaris todas las bendiciones que les proporcionen salud y todos los parabienes, a fin de que se desarrolle física e intelectualmente en un ambiente sano y se consagre como un ser humano íntegro.

Besos, abrazos y cánticos que transmitan el amor que se consagra por toda la eternidad.

Te adoramos Ignaris, porque eres una poderosa razón para vivir y para luchar por una mejor sociedad.

¡Felicidades de todo corazón y que Dios te acompañe en cada paso de tu vida, hija querida del alma!

El cuento

“La niña y su tesoro perdido”

Había una vez una niña llamada Sofía, un día su abuela le regaló una moneda, la limpió y se dio cuenta que la moneda brillaba mucho, sus padres le dijeron que la guardara muy bien porque esa moneda era de oro, pero al día siguiente Sofía perdió su moneda, estaba muy triste y salía a la calle en busca de su moneda. Sofía se encontró con un anciano enfermo y muy hambriento, le contó que se le había perdido su mayor tesoro, el anciano sacó la moneda y se la entregó, ella se dio cuenta que el anciano la necesitaba más que ella y Sofía le respondió esa no es mía, es toda suya. Fin. Siga leyendo...

sábado, 19 de junio de 2010

Los "Cantalindo" de la Catedral de Mao

Por Dayanara Reyes Pujols
dayanara.reyes@listindiario.com

Al llegar a la eucaristía de la catedral Santa Cruz cada fin de semana se siente un aire divino con los cánticos de dos hermanos de cuatro y siete años de edad, César Eduardo y Luis Ángel, quienes cantan desde lo más profundo al Señor haciendo olvidar las penas y pecados a quienes los escuchan.

Una y otra vez, todos los presentes se quedan asombrados con la pasión con la que ellos entonan canciones como: “Un nuevo amor, paz en la tormenta”, las cuales señalan como sus interpretaciones favoritas, con las cuales dan su vida y corazón a Jesús.

Descendencia

Son hijos de Lupe Perdomo y César Acosta, integrantes del coro desde hace diez años, justo cuando contrajeron nupcias. Una familia donde no solo se entonan canciones, sino que se tocan instrumentos para acoplar sus interpretaciones en la catedral. El párroco Lucas dijo: “Tienen una voz preciosa”, mientras cantaban llenos de pasión. Impresiona ver como Luis Ángel de cuatro años, quien cursa el pre-primario alaba al Señor con sus ojos cerrados, mano en el pecho y con una dicción que eriza a quien capta este momento glorioso.

“Antes de hablar bien ya mis hijos cantaban las canciones de las telenovelas. Estoy orgullosa de ellos". Dice Lupe Perdomo, madre de los niños y parte del coro de la catedral.

Los feligreses le llaman “Los cantalindo”. Estos pequeñines también cantan en graduaciones, novenarios, bodas…, proyectando su ternura, inocencia y mostrando la presencia del Creador a través de sus cantos.

Según sus propias afirmaciones cantan para “Dios, la comida y buscar los chelitos”, frase impulsada por su padre, quien se destaca por tocar el piano en las misas y quien considera que sus hijos lo han superado a pesar de la edad, pues tocan batería, piano y guitarra.

Su madre cuenta que desde los tres años los sorprendía cantando temas de telenovelas, aunque no hablaban claramente. Su hogar es un lugar donde se respira unión y paz.
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viernes, 9 de abril de 2010

Brindo por la amistad, aunque no sea San Valentín

Por Dayanara Reyes Pujols
La autora es comunicadora

Lo más grato de la amistad es que siempre hay un buen momento para compartir, ya sea por las alegrías o para contarnos las penas, para aconsejarnos, para simplemente sentarnos y estar a solas, para aprender nuevas cosas, para crear…

En mi infancia fui criada con ciertas limitaciones y creencias sobre el compartir. Mi madre, quien por su crianza no podía reunirse con varones, no aprendió a montar bicicletas, ni mucho menos montar a caballo, mulo o burro, a pesar de haberse criado en el campo. Afortunadamente, mi padre era más liberal, aunque siempre con el machismo característico de los hombres de este país.

Pero como suele suceder siempre, lo que no te conviene, lo deseas, lo que te prohíben lo quieres; a mí me encanta montar bicicleta, mis amigos y mis grupos del colegio estaban integrados por varones y me gustaban los juegos de chicos, donde tenía que correr, y en los cuales muchas veces me vi rasgada, aruñada, golpeada por mis inventos, aunque muchos me digan que me veo muy femenina.

¡Qué tiempos aquellos! Crecí en una finca de mi abuelo, donde podía montar toda la bicicleta del mundo, entre árboles frutales, con tanto verdor, frescura y rodeada de animales, aunque rara vez he tenido un contacto con éstos últimos. Las reuniones familiares, especialmente las del lado de mi padre eran constantes, llenas de alegría, de compartir entre primos, a pesar de que todos mis primos/as eran más adultos que yo, excepto uno, quien usualmente la gente piensa que es mi hermano.

Entre ese compartir nunca faltó el comentario de mami: “Las niñas no juegan con los varones”; “las niñas juegan otros juegos”,… Mientras más insistía, más disfrutaba. Ella se frustraba, pues soy su única hembra; iba emocionada y me compraba juegos de cocina, a los cuales nunca les hice caso y le preguntaba: “¿Para quién es?”, con mis pocos años de edad. Solo recuerdo haberme aferrado a un muñeco (mi nene), al cual le llamé Ricardo José, nunca supe porqué decidí llamarle así; con él pude superar la ausencia de mi abuelo paterno, un fuerte golpe para mí el enterarme de su muerte, de la cual supe luego de varios días, pues nadie quería darme una noticia como esa.

Con el pasar del tiempo, fui siendo exactamente como mi madre me pedía y me encerré un poco, quizás producto del sufrimiento de la muerte de mi abuelo querido. Dice Walter Dresel en su libro: Entre tú y yo: “Al enfrentar una crisis, hacemos el esfuerzo por encontrar no solo el mensaje, sino el espacio de crecimiento que nos permitirá ser mejores para nosotros mismos y a la vez ser mejores en nuestro vínculo afectivo”. Quizás, por tal razón me distancié de la gente en el sentido de que no comentaba mis cosas y salía estrictamente a asuntos específicos, temas generales…

“Entonces llegó la hora de revisar nuestros modelos o paradigmas, aquellos que guiaron quizás nuestra existencia y que hoy sentimos que ya no eran eficientes o eficaces para responder a nuestras necesidades. Los patrones de conducta se van construyendo a lo largo de la vida y, más allá de que comprendamos que tenemos que cambiarlos, eso no resulta fácil. Aceptar que ya somos adultos y que ahora debemos diseñar nuestros propios modelos de comportamiento implica aceptar también nuestra responsabilidad respecto de cómo nos va en la vida”.

Hasta que he encontrado personas maravillosas a mi lado y en otros casos el reencuentro de amigos/as de la infancia que me han demostrado una verdadera y original manera de vivir el amor hacia los demás. De cada una he aprendido cada cosa que ha ido moldeando mi vida de manera específica, llena de bendiciones y particularidades. De Leydi: a divertirme mucho más; de Manuelito: a reconfirmar mi amor por la lectura; de Michael y María: el confiar y ser discreto; de Sumaya y Francis: a conocer más del amor de y por Dios; de Emilio: a ser más divertida… Eso sin contar como veo la vida, luego de estar en mi comunidad de Emaús.

Lo más grato de la amistad es que siempre hay un buen momento para compartir, ya sea por las alegrías o para contarnos las penas, para aconsejarnos, para simplemente sentarnos y estar a solas, para aprender nuevas cosas, para crear… Definitivamente: ¡Hoy brindo por la amistad, aunque no sea San Valentín!
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miércoles, 7 de abril de 2010

FELICIDADES TELE-SEMANA SANTA 2010

Como ha sido costumbre por los últimos 11 años, Producciones Estampas, que encabeza la comunicadora Dorys Rodríguez, culminó con éxito su programa Tele-semana Santa, versión 2010, el cual se extendió desde el Jueves Santo, a las 12 M, hasta el Domingo de Resurrección, a las 10 de la noche.

Tele-semana Santa es una cadena que se sustenta en la orientación y la información. Esencialmente, promueve los valores que unen a la familia en la fe, la armonía, la comprensión y el amor.

La programación tiene como propósito central elevar el espíritu y unir familias. En ella, nos dice Dorys, “se desentrañan las enseñanzas de Jesús en la búsqueda de acercar a los televidentes al cristianismo como una forma de distanciarlo de la descomposición social que vive el mundo de hoy. Con temas basados en las virtudes que garantizan la formación de un ser humano íntegro”.

A Dorys la acompañó un equipo compuesto por Leaquina Rodríguez, Eridania Gómez, Daniel Rodríguez, José Tejada, Joselito Ulloa, Miguelín Bonilla, Claudio Tejada, y tuvo también la colaboración de Ignacio Guerrero, Miguel de Jesús y Walinder Rodríguez y un nutrido grupo de profesionales y empresarios de la Provincia Valverde.

Tele-semana Santa se transmitió por Tele-Novisa Canal 43 del sistema Mao Cablevisión, que llega a toda la provincia Valverde y a algunos sectores de Santiago.

¡Enhorabuena.!
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sábado, 20 de febrero de 2010

El arte de convivir

Por Lavinia del Villar

“La virtud más útil en la vida social es la tolerancia.”
Pequeño Larousse.

Triunfar en sociedad es una tarea que requiere de mucho esfuerzo, y cuyo mayor reto es aprender a vivir con las personas que no nos gustan, las cosas que no nos gustan, y las situaciones que no nos gustan.

En todas las relaciones hay cosas en común y puntos diferentes, que son los que realmente deciden si la relación permanece o se rompe. Estar de acuerdo con el que está de acuerdo con nosotros, es tarea fácil; respetar y considerar las maneras de pensar, sentir y actuar de los que difieren con nosotros, es tarea de vencedores.

Los seres humanos tenemos la tendencia errónea de juzgar las actuaciones de los demás, según nuestra propia apreciación. En ese juicio involucramos nuestra formación, creencias, carencias, estado de ánimo, grado de aceptación o rechazo a la persona, etc., y muchas veces condenamos sin dar al acusado la oportunidad de defenderse. Es el caso por ejemplo cuando hablamos de alguien sin que esté presente.

En las relaciones laborales, muchas veces y sin darnos cuenta, también se conjugan, si no todos, parte de estos factores, debido a que es en el trabajo donde pasamos la mayor parte de nuestra vida. Es el lugar donde compartimos ideas, metas, logros, caídas, y por ende aunque no sea saludable, terminamos envolviendo los sentimientos, ya que nuestros compañeros de trabajo se convierten en parte de nuestra familia.

Por eso, aunque a menudo decimos “Nuestra relación es estrictamente laboral”, no deja de inquietarnos cualquier desavenencia que se nos presente en ese entorno. Los celos profesionales por ejemplo, son muy comunes en el ambiente laboral, porque regularmente se produce allí una lucha interna por liderazgo.

De todas formas, la única verdad es que somos humanos y como tales nos equivocamos. Así que permitamos que los que comparten nuestro tiempo también se equivoquen, aprendan de sus errores, y crezcan a través de sus tropiezos, porque como dice Tagore, “Si cierras la puerta a todos los errores, dejarás fuera la verdad”.

Seamos tolerantes con los demás, pero siempre entendiendo que eso no significa permitir que otros hagan lo que consideramos inaceptable, incorrecto o inadecuado.

No olvidemos que hay dos partes importantes que se deben involucrar en nuestras relaciones, no importa si son personales o laborales: La razón y el corazón, porque definitivamente eso es el Arte de Convivir.
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jueves, 11 de febrero de 2010

UN ACTO DE AMOR

Por Lavinia del Villar

La grandeza del corazón no se mide por lo mucho que ames, sino por lo mucho que te amen. El Mago de Hoz.

En cierta ocasión fui a una tienda a comprar un regalo que necesitaba llevar a un Baby Shower al que estaba invitada.

Compré una pequeña cunita con todo mi entusiasmo y alegría, pero al salir de la tienda descubrí que no podía sacar la caja del carrito, y mucho menos cargarla para entrarla en mi carro.

En esos momentos en que no encontraba qué hacer, apareció de pronto una señora, que al parecer notó mi impotencia, y me preguntó si me podía ayudar. Humildemente le dije que sí, entonces ella cargó mi caja y la depositó en mi carro. La señora no quería nada a cambio, y seguramente jamás nos volvamos a ver, pero en ese acto de amor, ella se llevó la alegría de dar, y yo experimenté la humildad de recibir.

Muchas veces he escuchado decir: Yo doy a quien lo merece, o No doy porque no me lo van a agradecer. Sin embargo, diariamente el sol nos da luz… las plantas nos dan frutos… el aire nos da vida… sin preguntar si lo merecemos, o si nos sentimos agradecidos.

Cuando damos, el acto no se completa si dentro del paquete no va amor y desprendimiento. Cuando recibimos, la gratitud no debe constituir una pesada carga que al final sea un yugo, que nos esclavice de por vida.

El saber dar es un arte que no todos dominamos. La mayoría de las veces pretendemos hacer nuestra obra limpiando nuestros closets, o tratando de desempolvar nuestra alma. El saber recibir tampoco es tarea fácil. A menudo pensamos que aceptar que otros nos favorezcan nos coloca por debajo del dador. Sin embargo, en este Día de San Valentín practiquemos el maravilloso acto de amor que es dar y recibir. Regalemos sonrisas y abrazos con alegría, y aceptemos con humildad y gratitud nuestra cosecha de bien.
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Fraternidad, desprendimiento... apostolado ejemplar

Fraternidad. La madre dominicana Sonia Marmolejos da el seno a un bebé haitiano que sufrió lesiones en su cráneo durante el terremoto que azotó a Puerto Príncipe el pasado martes, y cuya madre se encuentra en estado de gravedad en el hospital de Jimaní.

Santo Domingo.- Sonia Marmolejos dejó en su casa a su bebé recién nacido, tomó un autobús del transporte público y se trasladó al hospital Darío Contreras, para amamantar a niños haitianos víctimas del terremoto que están internos en ese centro traumatológico. La madre dominicana alimentó a varios de los más de 20 niños del vecino país internos en el Darío Contreras por lesiones que sufrieron al caer sus viviendas en Puerto Príncipe, fruto del devastador sismo en Puerto Príncipe.

Nota que acompañaba al correo electrónico en que recibimos esta hermosa noticia:

MI QUERIDA SONIA MARMOLEJOS:

¡Hoy me siento tan orgullosa de ser Dominicana! Tantos años de ocupación, de luchas raciales, de negociaciones diplomáticas, maltratos, odios, saqueos, maltratos a la naturaleza, hambre, enfermedad, irrespeto a los más mínimos derechos humanos, desperdicios, dinero mal invertido en tantos profesionales insensibles que han estudiado desde la Sorbona hasta Harvard... y en un instante, apareces tú: Una mujer simple, pero "pechúa". Surges de la nada, con una fuerza interna inexplicable, le das una patada a un terremoto de 7.4, levanta tu pecho firme, expones tus dientes al sol y te conduces hacia el hospital Darío Contreras y al de Jimaní. No tienes dinero, pero le ofreces a los niños haitianos afectados por el terremoto, tu hermosa sonrisa y la tibia leche de tus senos. JESÚS te está mirando con ojos tiernos y una amplia sonrisa.
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viernes, 5 de febrero de 2010

Devuélveme mi perla

Por Lavinia del Villar

Al vicealmirante Montes Arache

La Perla y la Mora

“Una mora de Trípoli tenía
una perla rosada, una gran perla
y la echó con desdén al mar un día:
¡Siempre la misma…Ya me cansa verla!
Cuentan hoy,
que sobre la dura roca de Trípoli
así le dice al mar la mora loca:
¡Oh mar…Oh mar, devuélveme mi perla”

Autor Desconocido

Una de las tendencias más comunes del ser humano es apreciar las cosas cuando ya se han perdido.
Normalmente cuando nos falta alguien o algo, es cuando le damos el valor que siempre tuvieron: “Si mi madre viviera… Si mi esposo/a volviera… Si mis hijos estuvieran aquí… Si tuviera mi amigo/a … Qué diferente los trataría”. “!Ahora me doy cuenta cuánto valían!”.

Dice la gente que todo el mundo es bueno después que se muere, lo que quiere decir que somos más indulgentes en nuestros juicios, después que la persona no representa un peligro para nuestro ego.

Fallamos en buscar las cosas lindas que cada ser humano tiene, y nos enfocamos en resaltar sus fallas y defectos, porque al hacerlo, quizás de forma inconsciente, nos complacemos al demostrar que no somos los únicos imperfectos, que los otros también se equivocan, y que a lo mejor tienen más defectos que nosotros.

Desperdiciamos oportunidades de honrar, de amar, de respetar, de tolerar, de entender, de perdonar…, y a veces andamos buscando la felicidad teniéndola justamente al lado sin notarlo. Con lo barato que sale decir ”te quiero”, “te aprecio”, “te extraño”, “te admiro”, “te felicito”…!

¿Por qué esperar que Montes Arache muriera para declararlo “Héroe Nacional”, en vez de dejar que se fuera con la alegría de ser merecidamente reconocido?

No esperemos perder nuestros seres queridos para reconocer sus valores, ni esperemos que ya no estén para colgar sus fotos. Levantemos los monumentos hoy, porque a lo mejor mañana, ya no tenga sentido.

Así que, si perdiste algo, déjalo ir; pero si todavía tienes tiempo…

No tires tu perla al mar, porque difícilmente el mar te la devolverá.
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viernes, 22 de enero de 2010

Con un poco de hambre y un poco de frío

TERCER CAMINO
Por Lavinia del Villar

Uno de estos días recibí un correo que hablaba acerca de la rueda de prensa más dolorosa que había dado en su vida Pelé, el gran ídolo del futbol de los últimos tiempos.

En esa rueda de prensa compartió que su hijo Edson de 35 años había sido arrestado por asociación ilícita con una banda de delincuentes y narcotraficantes de Río de Janeiro, por lo que presumiblemente enfrentaría unos 15 años en prisión. Decía entre lágrimas que para él era lamentable y muy triste darse cuenta de que habiendo peleado siempre contra las drogas, no notara lo que estaba pasando en su propia casa. El comentario final enfatizaba que Pelé se había distraído en su jugada más importante: La formación de sus hijos.

Edson había sido educado con todos los privilegios que gozan los hijos de los dueños de fama y fortuna. ¿Qué faltó?...

Trae mucho a reflexión la frase de Confucio, un célebre filósofo chino, que decía: “Educa tus hijos con un poco de hambre y un poco de frío.” No le demos todo lo que quieran o necesiten porque después nada tendrá sentido para ellos. No habrá metas que alcanzar, ni sueños que realizar porque todo lo tienen resuelto, así ¿qué queda por anhelar? Los niños que tiene mucho valoran poco, se aburren y se sienten insatisfechos. Nada los llena por completo, y buscan en experiencias negativas la gratificación que da luchar por conseguir algo.

Cuando substituimos la falta de atención con bienes materiales sólo conseguimos crear en nuestros hijos un vacío que seguramente van a tratar de llenar de una forma u otra.

Ser padre es uno de los trabajos más gratificantes, pero a la vez el más demandante. Nadie nace sabiendo ser padre o madre, y existen pocas escuelas que nos enseñen a serlo. Tener hijos es un reto que muchas veces debemos enfrentar con las habilidades que nos da la vida. Lo difícil es que no hay un modelo fijo, sino que cada niño es diferente y no existe una técnica de disciplina que se pueda usar en todas las situaciones que se dan en su crianza. Lo que le funciona al hijo del vecino puede ser fatal para el suyo. Sin embargo, funciona para todos evitar dos extremos en la relación padre-hijo: Cuando el padre es el “tirano”, o cuando el “tirano” es el niño.

Los padres atrapados en agenda de trabajo suelen compensar su ausencia con complacencia, dando como resultado, hijos insatisfechos, demandantes y egoístas. Muchos llegan a las pandillas, bandas y otros grupos negativos, en la búsqueda de atención, poder y cariño.

Eduquemos nuestros hijos con un poco de hambre y un poco de frío, pero, sobre todo, con la conciencia de que las personas son más importantes que las cosas, y de que la verdadera riqueza no tiene nada que ver con las posesiones materiales.
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domingo, 10 de enero de 2010

Ahora

TERCER CAMINO
Por Lavinia del Villar

“Hacer las mismas cosas esperando
resultados diferentes se llama insanidad”
Albert Einstein

Todos los días de Año Nuevo recibimos y damos mensajes gratificantes impregnados de buena voluntad y mejores intenciones. Nos deseamos prosperidad, paz, amor y, sobre todo, salud, que es en lo que más enfatizamos. Pensamos en analizar, reflexionar y cambiar las cosas que no hicimos tan bien en el año que dejamos atrás. Queremos ser más espirituales, más determinados, más generosos y más conscientes de nuestra responsabilidad con lo que pasa, y nos pasa. Sin embargo, la mayoría de estas metas o resoluciones se quedan en el mismo cofre que las metemos al comenzar cada año, y seguimos haciendo las mismas cosas esperando resultados diferentes.

Una amiga muy querida me envió un hermoso mensaje, del cual extraigo esta reflexión para compartir con ustedes: “Quizás dé lo mismo si se trata de un año nuevo, o de un nuevo grupo de pertenencia, de un nuevo lugar donde vivir, de un nuevo amigo o de una nueva pareja. Nada puede ser realmente nuevo si uno lo vive desde viejas actitudes”.

Ojalá que podamos entender que no es necesario que cambiemos nosotros como personas, porque el que cambia pierde su esencia, sino que mejoremos conductas para alimentar buenas cualidades, valores y principios. Ojalá que miremos hacia atrás sólo para cerrar los asuntos pendientes, y que seamos parte de aquellos que más que un año nuevo celebran cada día la oportunidad de cambiar las cosas que podemos cambiar. Ojalá que nos animemos a tomar diferentes decisiones y a cambiar estrategias para obtener las cosas que no salieron bien anteriormente.

La salud, la sabiduría, la abundancia y la paz son nuestras en todo momento. Sin centrarnos en el pasado y sin distraernos con el futuro nuestro compromiso en este nuevo año tiene un único tiempo: ahora.
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sábado, 2 de enero de 2010

El precio y el aprecio: “Hay cosas que el dinero...”

Por Lavinia del Villar

...sin embargo, hay dos valores fundamentales que son: El precio, que no es más que el valor material que tienen las cosas, y el aprecio que es el valor sentimental que le damos.

El ser humano es el único que tiene el derecho de dar valor a las cosas. Tiene la potestad de decidir qué tiene valor, y qué tipo de valor tienen los seres y los objetos. Así que todo lo que tiene valor, es simplemente porque el hombre decidió otorgárselo, bien porque satisface sus necesidades, bien por cualquier otro motivo. Definitivamente nosotros somos los responsables de que un diamante sea tan caro, y de que el oro no esté al alcance de los desposeídos.

También somos responsables de que muchos seres vivos pasaran la amarga experiencia de ser inmerecedores de valor alguno, en la hora que comenzamos a ponerle valor a las cosas. Valor es una palabra inmensa, como inmenso es también su contenido: Es dar importancia, es dar significado, es honrar, es tasar... Sin embargo, hay dos valores fundamentales que son: El precio, que no es más que el valor material que tienen las cosas, y el aprecio que es el valor sentimental que le damos.

El precio es el valor en que se estima algo. El aprecio es la estima que le tenemos. El precio siempre pone en ventaja o desventaja a algo. El aprecio es intangible y no se obtiene a través del dinero. Con el precio valoramos, y con el aprecio también valoramos. La gran diferencia es reconocer a qué le ponemos precio, y a qué le damos aprecio. No es lo mismo discutir acerca del valor de un perro, que el de mi perro, por poner algún ejemplo. Por eso decimos que las cosas que tienen mucho valor “no tienen precio”.

No es cierto que el dinero lo compre todo. Las cosas más valiosas son las que no podemos comprar con dinero. El respeto no se vende, ni el amor se pone en especial. No tengo Master Card, no pretendo tenerla. Pero me encanta su slogan, porque para mí es uno de los pocos anuncios que tratando de vender, envían un mensaje positivo y dicen una verdad universal: No permitamos que el precio sea para nosotros más importante que el aprecio. “El toque de la abuela… eso no tiene precio, para todo lo demás…”

Publicado originalemente en el Listín Diario el día 7 de mayo de 2008 en la sección Economía y Negocios.
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