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martes, 16 de julio de 2013

A PROPÓSITO DE...

ME ENCONTRÉ UNA CARTERA…
Por Fernando Ferreira Azcona = F3A


Como saben mis familiares y amigos más cercanos, recientemente tomé un par de semanas de vacaciones, y estuve por los Estados Unidos de América, desde Alaska hasta Miami, pasando por Seattle, en el estado de Washington. A pesar de las seis horas de vuelo, tanto de ida como de regreso, entre Miami y Seattle, tuve la oportunidad de descansar y recargar la pilas para volver “con más fe” a las labores cotidianas.

Los últimos tres días de este largo “peregrinaje”, lo pasamos en Miami. Quizás debía decir dos, pues el primer día lo perdimos como consecuencia del trasnoche, ya que salimos de Seattle a las doce de la noche y llegamos a Miami, a las seis de la mañana. Luego, fuimos a recoger el carro que habíamos rentado, y para remate, la habitación del hotel, no nos la entregaron hasta las dos de la tarde, pues el “check in” era a las 3:00 PM. Nos pasamos el resto de la tarde durmiendo y por la noche fuimos a comernos una buena carne en el restaurante argentino, llamado Graziano. ¡Se lo recomiendo! Y de su menú, el Bife Gaucho, “no tiene padre, ni madre”. ¡Sencillamente superbo!

Como andaba con mi querida esposa Nana, podrán adivinar, que la compradera era parte importante de la programación durante nuestra estancia en Miami. Así, que a media mañana del segundo día nos fuimos a un famoso “outlet” llamado Sawgrass Mill, que queda como treinta y cinco minutos del centro de Miami.

Una vez en este centro comercial, rápidamente compré dos pares de zapatos para ir al trabajo y un par de tenis para caminar. El resto del día me dediqué a acompañar a Nana, a entrar y salir de diferentes tiendas. En algunas compraba y en otras no. Pero, a mí, esa actividad “me jarta”. De tal manera, que le dije: “me voy a sentar en uno de esos sillones, me quedo con el carrito cuidando las cosas ya compradas, y cuando tú termines, nos juntamos aquí.” Trato hecho: yo me senté en un sillón de los que dan masajes corporales y ella siguió su proceso de compra.

Al sentarme en el sillón antes citado, noté que algo me molestaba debajo de la pierna izquierda. Levanté la misma, y descubrí que se trataba de una cartera de hombre, de mucha calidad, por cierto. Le pregunté a una joven rubia que estaba sentada a mí lado, si la cartera era de su propiedad, pero ella pareció no entender mi inglés, así que el diálogo no prosperó.

Coloqué la cartera en un lugar visible, bajo el razonamiento de que su dueño notaría la pérdida e iría a buscarla. Transcurrieron unos 30 ó 45 minutos, y no apareció nadie a reclamar la cartera. Razón por la cual, llamé a un joven empleado que salió de una de las tiendas adyacentes, y le pregunté, si en ese centro comercial había algún lugar donde depositar objetos perdidos y encontrados. Me respondió que sí, pero que el mismo estaba muy lejos y que no podría explicarme con precisión para que yo llegara solo y se ofreció a llevarme. Accedí a su propuesta, pero le dije que tendría que dejar el carrito con las compras realizadas con mi esposa.

Entramos en la tienda donde había dejado a Nana, pero no la encontré. Así que le dije al joven empleado “vámonos”. Y ¡oh, sorpresa! ¡En ese mismo momento apareció un joven médico brasileiro, buscando como loco su cartera perdida! Mostró documentos de identificación para reclamar la misma, pero como yo ni siquiera había abierto la cartera, le dije: “abra usted la cartera y saque otro documento que también lo identifique para compararlos.” Para remate, el brasileiro no hablaba ni inglés, ni español. Obviamente, yo no hablo su idioma. Pero como el mismo es tan parecido al nuestro, le hablé despacio y él entendió mi mensaje. Acto seguido, le entregué su cartera, y le dije: “revísela, para que compruebe que no le falta nada”. En su idioma, me dijo que no era necesario, que estaba feliz con el solo hecho de haber encontrado la cartera. Me dio las gracias repetidas veces y se marchó con su joven esposa.

¿Por qué les cuento esto? ¿Para que ustedes escriban comentarios favorables a mi honestidad? Noooo. Les cuento este suceso, porque después de entregar la cartera, fui y me senté en el mismo sillón donde la había encontrado, y uno o dos minutos después, me embargó el mayor sentimiento de paz, de alegría, de felicidad, de satisfacción que he sentido en muchos años.

Me sentía como si flotara en el aire, y en “ese trance”, también me llené de un gran sentimiento de humildad y, en Acción de Gracias, me puse a rezar. Le di gracias a Dios, porque fui fiel al principal legado de nuestros padres. Le di gracias a Dios, porque nunca pasó por mi mente, ni siquiera abrir la cartera y ver qué tenía adentro, y le di gracias a Dios por tantas cosas que nos da a diario y que muchas veces, nos comportamos como si Él estuviese obligado a concedérnoslas.

No puedo asegurar durante cuánto tiempo di gracias al Altísimo. Pero, como si fuera poco, cuando salí de este momento tan especial, abrí mis ojos, y frente a mí, estaba parado el joven médico brasileiro, quien al parecer, al separarnos había revisado su cartera y encontrado TODO en orden. Volvió a reiterarme las gracias, “muito obrigado”, repetía sin cesar. Entablamos una larga conversación, él en su idioma y yo en el mío. Cuando no nos entendíamos, le dábamos “replay”, y como los latinos también hablamos con las manos, al final, nos entendíamos.

Fue en este conversatorio que me enteré que él es médico. Cirujano estético. A manera de chanza, le dije que iría por Brasil, para que me hiciera un “lifting” facial. Se rió a carcajadas y me dio una receta para el buen cuidado de la piel, que comparto con mis amables lectores: tomar una cápsula de 150 miligramos de Sílice orgánico en la mañana y otra en la tarde. Administradas de igual manera, dos cápsulas de vitamina B3 al día. Desafortunadamente, no he podido encontrar ninguno de los dos productos en las farmacias que he visitado desde este encuentro.
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miércoles, 10 de abril de 2013

A PROPÓSITO DE...

¿QUÉ TAN VIEJO, ES VIEJO?
Fernando Ferreira Azcona


Probablemente el título de esta cuartilla no sea lo suficientemente claro. Al menos, así lo siento yo, así que me explico: ¿Qué tan viejo, qué edad o cuántos años hay que tener para ser considerado viejo? Cómo buen técnico, la respuesta es: depende…

¿Y a qué viene la pregunta? Pues a las experiencias vividas y que comparto con mis amables lectores, a quienes, quizás, les “pase lo mismo que a mí”, como dice aquella bella canción que hizo famosa el argentino Roberto Yanés.

Resulta, que cuando yo era un niño de unos 7 u 8 años de edad e iba a El Rubio de vacaciones, veía como ancianos a los hermanos más jóvenes de mi querida madre, es decir a mis tíos, quienes en esa época tendrían unos 25 a 30 años de edad. ¿Es viejo, un ser humano, hombre o mujer, que apenas ha vivido durante tres décadas? Obviamente que no, y esto lo pude comprobar, cuando al llegar a la “peseta” de edad, contraje matrimonio con la mujer que ha caminado a mi lado, y ha sido mi muleta durante más de cuarenta años.

En el ínterin, y con el transcurrir del tiempo, fallecieron los tres abuelos que conocí y con quienes compartí momentos imborrables de dulzura. A pesar del gran amor que les profesé, del respeto y la admiración con que los traté, siempre tuve la idea de que mis queridos abuelos eran unos ancianitos, llenos de bondad y sabiduría. Sin embargo, es probable que a mis casi sesenta y siete años, yo sea actualmente más viejo que lo eran mis abuelos, cuando el Señor los llamó a su lado. No es que yo esté como “un trinquete”, pero todavía soy capaz de trabajar diez horas diarias con toda normalidad y de conducir mi propio vehículo de un extremo a otro de nuestro país. Obviamente, argumentarán aquellos que me ven con los ojos del alma, la expectativa y calidad de vida de los dominicanos ha incrementado significativamente durante las últimas décadas.

Por otra parte, hace unos diez o doce años, momento en que ninguno de nuestros hijos se había casado todavía, llegué a mi casa después de mi jornada de trabajo. “Saludos te mandó, este muchacho… caramba, ahora no me acuerdo cómo se llama”, me dijo mi querida esposa, en frente de nuestros tres muchachos. “¿Quién?, le pregunté. “Se me fue el nombre y no hay forma de que me acuerde”, ripostó ella. “Pero, ¿es joven o viejo?, volví a cuestionarle. “Es joven”, dijo ella inocentemente, “cómo de nuestra edad…” La estruendosa carcajada y los comentarios burlones de nuestros tres mosqueteros, se adueñaron del momento: “ah, pues es un muchachito”, “jovencito…”, “todavía no ha sacado cédula”, entre otras expresiones, surcaron el espacio.

Por último, hoy que nuestro primogénito Fernando cumple cuarenta años, comparto con ustedes esta vivencia, que mi querido hermano Isaías debe recordar perfectamente. Se trata de cuando nuestro adorado Padre cumplió los 45 años. ¡Wao, que viejo era Papá! ¡Tenía todos los años del mundo! ¡No podíamos dejar pasar esa fecha desapercibida! ¿Quién sabe cuántos años más le quedarían? Así que le celebramos una “tremenda” fiesta familiar, en el kiosco de nuestra casa. Posiblemente, quien más disfrutó esa fiesta fue nuestro Tío Estanislao, que era mucho más joven que Papá, y más que hermano, era un gran amigo de nuestro progenitor, y se pasó toda la noche “molestándolo”, con la frase “forty-five” e indicando dicho número con cuatro dedos de la mano izquierda y los cinco de la mano derecha. Fue tanto lo que gozó nuestro inolvidable “Valito”, que terminó con un jumazo de marca mayor. Nosotros, que éramos unos “cuerderos” impenitentes, le encajamos el apodo de “forty five”, a nuestro querido Tío Estanislao, por largo tiempo. Por suerte, que él nunca se puso bravo.

En conclusión, creo que los seres humanos, con el paso de los años vamos ajustando nuestros parámetros de edad, conforme crecemos y nos hacemos mayores. ¿De qué otra manera se podría explicar, que hace cincuenta años, con tan sólo 45 años de edad nuestro Padre tuviera “todos los años del mundo” y que hoy, nuestro hijo mayor, al cumplir sus 40, sea un joven lleno de vida y futuro? Dicen, que siempre que haya una brecha generacional de veinte años o más, la persona más joven verá al de mayor edad como “un anciano”.

Y por último, mi recomendación: disfrute su vida a plenitud. Fíjese que cada día es un presente (un regalo). Viva el hoy como si fuera el último día de su existencia, sin importar que los demás lo vean como un joven lleno de vida o un viejo que ha llegado al invierno de su existencia.
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domingo, 6 de enero de 2013

A PROPÓSITO DE...

SON PROYECTOS…
Fernando Ferreira Azcona


Hace cierto tiempo, y con motivo de un cambio de Gobierno a nivel Nacional, me llamó por teléfono un dilecto amigo y me preguntó: “¿Ya fuiste a felicitar a nuestro mutuo amigo por su designación como Ministro?” Ante mi respuesta negativa, volvió a preguntar: “¿Y lo llamaste por teléfono?” “Tampoco”, le repliqué.

“Al menos te libraste de que te sucediera lo que me ha pasado a mí. Lo he llamado varias veces a su celular, le he dejado mensajes y ni siquiera me los ha contestado” expresó Juanito. “Pero eso sí, un grupo de amigos le estamos preparando “un asalto” para ir a visitarlo por sorpresa. ¿Quieres que te avise?”, continuó mi interlocutor. “No”, le respondí de nuevo. “No me avises”.

“¿Por qué no?”, insistió mi amigo. “Mira Juanito, yo sigo siendo Ferreira Azcona, por no decir “alicraniao”. Tú, el Señor Ministro y yo sabemos que yo no soy miembro, ni simpatizante del partido de Gobierno, y no quiero dar la impresión de, o que se vaya a pensar, que ando “arrimando brasas a mi fogón”, le respondí. “Te comprendo perfectamente”, me dijo Juanito.

“¿Pero viste la declaración jurada de bienes de este funcionario, al tomar posesión del cargo?”, le pregunté. “No. Estuve unos días fuera del país y no me enteré de ese aspecto”, respondió Juanito. “¿A cuánto asciende su declaración de bienes?”, inquirió de inmediato. “Requetetantos millones”, le dije.

Con una parsimonia y frialdad pasmosas, Juanito me dijo: “Fernan, eso es un proyecto…”. Y como “para un buen entendedor, pocas palabras bastan”, me la llevé al vuelo.

No obstante, y más por jod… que por cualquier otra cosa, le dije: “¿Ah… y viste la declaración jurada de bienes del otro Ministro, el que declaró “sepetecientos” millones?”. Esta vez, Juanito fue más cortante y me dijo: “Fernando Ferreira, no jodas, te dije que esos son proyectos…”

Al finalizar la conversación le dije: “¿Sabes lo malo de estos proyectos, Juanito? Que la mayoría de las veces se quedan cortos y son excedidos con creces por nuestros funcionarios”

“¿Quieres algunos ejemplos?” Le pregunté. “No. Déjale ese ejercicio a tus lectores”, me respondió Juanito.

COLOFÓN: Es una lástima, una vergüenza que las declaraciones juradas de bienes de los funcionarios públicos al tomar posesión del cargo para el cual fueron designados, se haya convertido en una farsa, una obra grotesca que pretende burlarse de la inteligencia del Pueblo. Y lo peor es que tanto la Dirección General de Impuestos Internos, así como la Cámara de Cuentas podrían determinar la veracidad de las mismas o si esta gente pagó los impuestos correspondientes por la riqueza que dicen poseer. Pero, sería pedirles demasiado… al fin y al cabo, “son cáscara del mismo palo”.
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miércoles, 26 de diciembre de 2012

A PROPÓSITO DE...

SECRETOS QUE TODO EL MUNDO CONOCE, MENOS…
Fernando Ferreira Azcona


Nuestro país, es “un país muy especial”. Así expresaba un anuncio comercial que protagonizaba el afamado humorista dominicano Cuquín Victoria.

¡Y en verdad que lo es…! ¿Cómo así? Pues muy sencillo… en nuestro país, (insisto en que es nuestro país, no este país) existen “secretos” que son “vox populi”, que todo el mundo conoce, menos las autoridades a las que les corresponden actuar en consecuencia.

Me permitiré citar algunos ejemplos, para fines de ilustración:

Hace más de una década, la acuciosa periodista de investigación Nuria Piera, presentó (sin que pudiesen ser identificados por las cámaras), en uno de sus programas, a un par de mozalbetes de Villa Altagracia, quienes confesaron que dormían vestidos y con los zapatos puestos, para poder llegar a tiempo para saquear el vehículo accidentado y sus ocupantes, cuando alguien se “accidentaba” en la Curvita de la Muerte. Pongo la palabra accidentaba entre comillas, porque en realidad, estos accidentes eran provocados por lugareños, con el malsano propósito antes señalado. Sin embargo, la Policía Nacional no conocía esta información y no sé si llegó a enterarse.

Años más tarde, mi hijo mayor y yo estuvimos al tris de ser víctimas de estos malhechores, cuando regresábamos de unas bodas desde Santiago. Al pasar por la famosa Curvita de la Muerte, alguien agazapado entre las malezas nos disparo con un “tirapiedras” al cristal frontal de vehículo. Por suerte, quien conducía el mismo era mi hijo y veníamos “volando bajito”. De tal manera, que la piedra se estrelló contra el cristal lateral trasero del vehículo, precisamente, donde venían colgando los trajes con que asistimos a las bodas, lo cual evitó que las esquirlas del cristal nos hicieran daño. Sin embargo, cuando el cristal impactado explosionó, nos dimos un susto terrible. Obviamente, no detuvimos la marcha, y cuando llegamos a Santo Domingo, y revisamos la yipeta, encontramos la piedra dentro de la misma.

Hace unos meses, nuestro hermano Fausto iba hacia al Cibao. Después de pasar por Bonao, en el lugar donde hay unas curvas grandes y una densa vegetación, notó que tenía una de las llantas del vehículo medio vacía. Detuvo la marcha, sacó un pequeño compresor de aire y se dispuso a echarle aire a la llanta afectada. Llegó un primer motorista, le ofreció ayuda y le advirtió que no pasara mucho tiempo en aquel lugar, porque “era peligroso”. Vino un segundo lugareño y el diálogo, en su concepto central, se repitió. Minutos más tarde, llego un tercer “ángel guardián”, quien además de ofrecerle ayuda, fue más explícito, y le dijo “Don, ya esa goma tiene suficiente aire para llevarlo hasta el gomero que está en la entrada se San Francisco de Macorís. Váyase inmediatamente, que usted ha sido dichoso, que no lo hayan asaltado”. Cuando Fausto llegó donde el gomero citado, este le reiteró lo que le habían expresado los tres ciudadanos que le ofrecieron ayuda. Es decir, todos los residentes de esa área están al tanto de esta situación, sin embargo, … la Policía Nacional también desconoce esta realidad.

De igual manera, en nuestro país se asentó un conocido personaje ligado al narco tráfico, fugado de una cárcel de alta seguridad de Puerto Rico y vivió entre nosotros por más de diez años, como un verdadero jeque árabe. Se comenta que los videos de las orgias que realizaba son de “brinco y espanto”, y según ha trascendido, este personaje entraba y salía del país, como un ciudadano cualquiera, reclutó un equipo de personas, algunas de ellas de “alta alcurnia” (las damas del clan llegaron a ser conocidas como “las champañeras”, porque solo bebían Moet and Chandon), para que le ayudaran a lavar el dinero procedente de su tétrico negocio. Aparentemente, las autoridades de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), tampoco tenían noticias de este personaje y su turbio negocio. Tan así, que cuando el lio explotó, él y su compañera sentimental preferida lograron burlar la supuesta persecución de que eran objeto y salir del país. Posteriormente, ambos fueron apresados en Puerto Rico.

Hace un par de semanas veía un programa de opinión en la TV y los productores del mismo expresaron de manera contundente, que en nuestro país operaban bandas de narco traficantes dirigidas por colombianos, venezolanos y peruanos. Y… ¡Oh sorpresa! Este fin de semana, la Dirección Nacional de Investigaciones (DNI) y la Policía Nacional descubrieron y desmantelaron un poderoso cartel de narco traficantes, formado por colombianos, venezolanos y dominicanos, que según la prensa, enviaba decenas de miles de millones de dólares mensualmente al exterior. ¿Donde está lo espectacular?, preguntaría el amable lector. Pues muy sencillo… la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), que es la institución rectora en el combate al narco tráfico en nuestro país, no sólo no participo en los operativos para desmantelar este cartel, sino que hasta la fecha y hora de digitar estas líneas, tampoco ha dicho “ni esta boca es mía” en relación con este hecho. ¿Sería arriesgado concluir que la DNCD, tampoco sabía nada de la existencia de esta banda de narco traficantes?

Por otra parte, todos los economistas independientes y de la oposición tenían más de una año insistiendo en la gravedad de la situación económica nacional. Sin embargo, el ex presidente Leonel Fernández y las autoridades del sector económico de su gobierno se empecinaban en señalar que nuestra “economía estaba blindada”. Solo bastó que llegara el 16 de Agosto pasado, y con la fecha, el ascenso al Poder Ejecutivo del Presidente Danilo Medina, para que saliera a relucir “el hoyo de Leonel”, consistente en un tremendo déficit fiscal que inicialmente se estimó en 187 mil millones de pesos, pero que estimaciones más recientes del Fondo Monetario Internacional (FMI), sitúan en 205 mil millones. ¿Y qué ocurrió entonces? Pues lo acostumbrado, lo mismo de siempre… de repente, el Ministro de Economía y Planificación, Temístocles Montas, y el Gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu, “se enteraron” de la existencia del “hoyo de Leonel” y como por arte de magia, “con sus caritas de yo no fui”, se convirtieron en adalides de la implementación de la Reforma Tributaria, mejor conocido como “el paquetazo de Danilo”, necesario para corregir los platos rotos… que ellos mismos rompieron en una francachela sin parangón en la historia republicana de nuestro país y que ahora, le corresponde al pueblo, “sin tirar piedras hacia atrás”, pagar la cuenta de una fiesta a la que ni siquiera fue invitado…

¿Comprenden ahora mis dilectos lectores el por qué del título de estas cuartillas?
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jueves, 20 de septiembre de 2012

A PROPÓSITO DE...

LA DIGNIDAD HECHA HOMBRE
Por Fernando Ferreira Azcona


Mi personaje de hoy, es un humilde obrero a quien tuve la dicha de conocer y tratar por allá, a inicios de la década de los años 80, y que por mi manera de ser, y por mi formación de hogar, logré alcanzar el grado de “persona personal” de él.

Víctor Manuel Fermín era un “todólogo”, que valga la redundancia, todo lo hacía bien. Si usted necesitaba pintar una casa, nadie más indicado que Víctor Manuel para realizar un trabajo de primerísima calidad. ¿Un pozo séptico? Él lo excavaba hasta que “rompiera fondo”. ¿Cuidar su casa para que usted disfrutara un fin de semana largo con su familia? Déjela al cuidado de nuestro protagonista… y váyase tranquilo.

Además, nuestro amigo era un experto cocinando comidas típicas. ¿Un locrio de arenques? ¡Mortal! ¿Un “patimongo”? ¡Pa’ chuparse los dedos! ¿Un chivo “chilindrón” con moro? ¡Apártese, compai!

De carácter sumamente afable. Tenía una de las carcajadas más sonoras y espontáneas que he escuchado en mi vida. No recuerdo haberlo visto enojado y uno tenía que esforzarse para entender lo que decía, cuando contaba un cuento o hacía un chiste, porque él lo disfrutaba más que nadie.

Pero, no se confunda dilecto amigo… Víctor Manuel no era un servil, un “lambón”, ni nada que se le parezca. Por el contrario, ¡él era la dignidad hecha hombre! Y como resultado de esta valiosísima característica, no trabajaba “con todo el mundo”, ni se acercaba a todo el que conocía, buscando hacerse amigo.

En la época en que se origina esta historia, mi familia construyó una casa en las afueras de Santiago. Fue esta experiencia la que me llevó a conocer a Víctor Manuel, porque él era “cómpita” del Ing. Pedro Rafael Estrella Sahdalá (nuestro querido Tío Fafa), quien dirigió la construcción, y por tanto, trabajó en varias vertientes de la obra, incluyendo la pintura.

Una tarde, Tío Fafa me llamó y me dijo: “Dile a Víctor Manuel que tú vas a pintar la casa con pintura Tropical”. Le pregunté el por qué, pero sólo me respondió: “Dile eso para que tú veas…”

Es oportuno recordarle al amable lector, que en esos años, PIDOCA y Popular eran las marcas que dominaban el mercado de las pinturas en nuestro país, y disfrutaban de extraordinaria fama local. La marca Tropical “hacía pininos” por introducirse en el mercado.

Picado por la curiosidad, llamé a Víctor Manuel, y le dije: “Mire Víctor, yo voy a pintar la casa con pintura Tropical”. Cuando escuchó esta frase, su eterna sonrisa desapareció de su rostro e inmediatamente me dijo: “Discúlpeme, Don Fernando, pero yo soy un pintor que se respeta. Si usted no va a pintar con PIDOCA o Popular, búsquese otro que le pinte su casa”. Entonces, fui yo quien “explotó la risa” y él comprendió que era una chanza y añadió: “Apuesto a que fue Don Fafa por joder”.

Cierto tiempo después, Víctor Manuel, viajando en la cola de un motor se accidentó de gravedad. Cuando las esposas de vecindario se enteraron, corrieron al Hospital Jose María Cabral y Báez, como si fuera un hijo suyo quien se había accidentado y se convirtieron en las madrinas de Víctor. Afortunadamente para él, en ese entonces, el Director del Hospital Cabral y Báez era el prestigioso médico maeño Rafael Augusto Estévez Reyes, vecino y amigo de toda la vida, quien instruyó al personal del hospital para que se le prestaran las mejores atenciones.

Dos años más tarde, yo recibí una oferta laboral, que como diría Don Corleone, en la película El Padrino, “no se podía rechazar” y decidimos regresar a la ciudad de Santo Domingo. Ya viviendo en la capital dominicana, una noche recibimos una llamada telefónica desde Santiago. Era Víctor Manuel, que llamaba para decirnos que tenía muchos deseos de vernos y pedirnos la dirección de nuestra casa. “Nada más dígame cómo se llama el barrio donde ustedes viven que yo los encuentro”, nos dijo. Efectivamente, un sábado por la tarde, alrededor de la 1:30 PM, sonó el timbre de la casa y ¡oh sorpresa! Era Víctor Manuel, bañado en sudor, que había llegado a visitarnos.

Tuvimos que rogarle para que se sentara y mucho más, casi implorarle para que aceptara almorzar con nosotros. Uno de nuestros argumentos para convencerlo, fue preguntarle si ya no éramos “personas personal” de él, lo cual fue muy efectivo para nuestro propósito.

Desde entonces, no he vuelto a ver a Víctor Manuel Fermín. No sé si aun está con nosotros en este mundo, o si ya se marchó a la morada eterna. Pero, dos cosas son seguras. Primera: cada vez que vamos a Mao y pasamos por Villa González, su ciudad natal, una pregunta se escucha en el interior de nuestro carro: ¿Qué será de Víctor Manuel? Y segunda: Víctor Manuel vivirá por siempre en nuestro recuerdo. ¡Es imposible olvidar un personaje tan peculiar como él!
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miércoles, 5 de septiembre de 2012

A PROPÓSITO DE...

“… ME ARRODILLÉ Y LE PEDÍ A DIOS…”
Fernando Ferreira Azcona


La frase que sirve de título a estas cuartillas, no es mía. Por eso, está entre comillas.

Aunque, la he escuchado tantas veces… y me identifico tanto con su autor, que hay momentos en que, violando el derecho de propiedad intelectual, del cual soy un firme defensor, la hago mía.

Fue pronunciada un 17 de Abril, hace ya más de siete décadas, en un humilde bohío de una comarca ubicada en la confluencia de los Ríos Mao y Magua, que precisamente, otrora se conoció con el nombre de este último río.

Varias décadas después, tanto la confluencia antes citada, como la pequeña aldea quedaron sepultadas (inundadas) por las aguas de la Presa de Monción, cuando esta fue construida y su embalse se llenó de agua.

Nos cuenta nuestro Padre, que cuando nuestra adorada Mamá estaba en el proceso de dar a luz a Norman, nuestro hermano mayor, él, que aun no había cumplido los veinte y dos años de edad, se encontraba “hecho un manojo de nervios”, caminando en círculos en la salita de la vivienda, esperando el feliz desenlace.

Cuando escuchó a la partera decir: “es varón”, dice Papá: “me arrodillé en la sala de la casa, abrí mis brazos y le pedí a Dios, con todas las fuerzas de mi corazón, que me diera salud para criar a mi hijo, que jamás desfallecieran mis fuerzas para trabajar con determinación y que no permitiera que el recién nacido pasara tantas penurias, como las que yo había pasado”.

Los dilectos lectores podrán observar que nuestro Padre, en la cita anterior, no le pidió a Dios que le mandara el premio mayor (la loto no existía entonces), sino que en la misma se conjugan cuatro aspectos esenciales en la existencia del ser humano: a) Una fe a toda prueba en ese ser superior que llamamos Dios, y que todo lo puede; b) Una razón para vivir: el pequeño vástago que acababa de llegar al mundo; c) Una determinación: la de trabajar incansablemente, y d) Un propósito: que su recién nacido no pasara tantas vicisitudes, como las que él vivió.

En ocasiones, nos encontramos en situaciones similares, apremiantes… y no nos atrevemos a “lanzarnos”. ¿Qué nos detiene? ¿Flaquea nuestra fe? ¿Nos falta determinación o no tenemos un propósito definido? Ojalá que la próxima vez, nada nos detenga.
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miércoles, 30 de mayo de 2012

¡FELIZ CUMPLEAÑOS, FERNANDO FERREIRA!


El 30 de mayo es de gran importancia para los dominicanos por lo que ocurrió en 1961... para nuestra familia es especial por lo que aconteció un poquito más de una docena de años antes en esa misma fecha: nacía nuestro querido Francisco Fernando Ferreira Azcona (F al cubo A), quien se convirtió en un hombre disciplinado, de gran carácter, de trato afable y amistoso, de hablar pausado, que piensa antes de hablar; gran hijo y esposo y mejor padre; leal hasta la médula con sus amigos, compasivo con sus semejantes y un gran hermano, siempre presente en las buenas y en las malas, ofreciendo su hombro como apoyo y alentando con sus palabras sabias.

"Fernandino", celebramos con el mayor entusiasmo este día tan especial y hacemos votos para que el buen Dios te premie con muchos años más llenos de salud, para dicha y gozo de quienes te queremos "en bruto". Muchas Felicidades, Mano.

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martes, 15 de mayo de 2012

AL CUMPLIR DON VITALINO FERREIRA 95 AÑOS...

GRACIAS PAPÁ
Fernando Ferreira Azcona

Cuando Norman, nuestro hermano mayor, fue elegido Síndico Municipal de Mao, en Mayo de 1998, con más del 62% de los votos válidos emitidos, yo, con mis “ínfulas de investigador”, me propuse determinar las causas potenciales del alto nivel de aceptación de “Mi Otro Líder”. Durante varias semanas traté, conscientemente, en vano de satisfacer mis interrogantes. Hasta que una madrugada, como casi siempre ocurre con los problemas difíciles que trato de resolver, me desperté con la solución. Me tiré de la cama, tomé mi viejo bolígrafo Cross, aquel que me regaló mi querida esposa, hace más de cuarenta años, tomé una servilleta de papel, y he aquí lo que escribí. Hoy, que nuestro adorado Viejo celebra su 95º cumpleaños, con la complicidad de nuestro hermano Isaías, lo publicamos como nuestro mejor homenaje, nuestro mayor reconocimiento a la labor por él realizada.

• Gracias Papá por concebirnos en actos del más puro amor y de entrega total.

• Gracias Papá por enseñarnos, a muy temprana edad, la diferencia entre un hogar y una casa.

• Gracias Papá por atreverte a soñar con un mejor futuro para tus hijos.

• Gracias Papá por ser un visionario y un guerrero. Con las garras, con el valor necesario para enfrentar todas las vicisitudes y coronar la cúspide de tus sueños.

• Gracias Papá por tu convencimiento de que la educación formal es imprescindible para romper el maldito ciclo de la pobreza.

• Gracias Papá por tus desvelos, por tu trabajo sin tregua para brindarnos la más esmerada educación que tus medios te permitieron.

• Gracias Papá por predicarnos con tu ejemplo, que el trabajo honesto, sin importar cuán insalubre es el ambiente laboral, dignifica al hombre.

• Gracias Papá por enseñarnos que la dignidad humana no se negocia.

• Gracias Papá por mostrarnos con tu lucha, en la historia reciente de nuestro país, que el carácter del hombre no se doblega, y que “más vale morir de pie, que vivir de rodillas”.

• Gracias Papá por enseñarnos la diferencia entre el servicio y el servilismo.

• Gracias Papá por enseñarnos que en el servicio a los demás, especialmente los más desvalidos, se encuentra el verdadero sentido de la vida.

• Gracias Papá por inculcar en nuestras mentes y en nuestros corazones que con trabajo, dedicación y perseverancia se alcanzan todas las metas que nos propongamos.

• Gracias Papá por enseñarnos a soñar, y “como quijotes modernos, a cabalgar sobre las nubes en pos de nuestros sueños”.

• Gracias en fin Papá por tu ejemplo y trayectoria de vida. Nosotros, tus hijos, te prometemos no defraudarte, seguir por siempre tus enseñanzas y trasmitírselas a tus nietos.

• Gracias Papá. Tú eres, y por siempre serás, nuestro líder, el modelo a seguir.

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