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martes, 10 de marzo de 2015

LEYSIMELOCUENTA

PAPITO RINCÓN
Por Ley Simé

Dedicatoria especial para Juan Agustín Colón, Miguelito Colón y Tonito Disla.

Relacionado: Velas, velorios, rezadores y Pancho Quesada.

PAPITO. Todo el que lleva este nombre, salvo muy contadas excepciones, hay que ponerle otro apodo, muchas veces despectivo, para uno saber a qué Papito uno se refiere.

PAPITO (Rincón) era un joven muy querido entre sus amigos, por lo ingenioso y divertido que era. En ese entonces, los que le conocimos, muchos no sabíamos su verdadero nombre ni apellido. Solo Papito Rincón. Él era miembro de un "combo" que estaba integrado por jóvenes de la sociedad Maeña, que no menciono nombres, porque todavía algunos de ellos andan por Mao con mucha dignidad y respeto. Esta historia se remonta a las travesuras de los jóvenes de esa época.

Estos muchachos se reunían en el parque de Mao y planificaban allí, dónde se iba a efectuar el próximo "concierto", que consistía no en hacer melodía con un instrumento musical, sino planificar el lugar donde empezarían la parranda. Eran jóvenes y con muchas ganas de vivir.

En aquel tiempo, ya a las diez de la mañana, los domingos, se sabía cuáles números de la lotería nacional, habían salido. Papito, enterado y seguro del número que había salido, nadie supo de dónde sacó un fajo de quinielas, pero del sorteo del domingo anterior, ¡pero muchas!, marcadas con el número 25 que era el número que había salido ese domingo. Salió de su casa con los bolsillos repletos de quinielas "peladas" y se dirigió hacia su segunda casa, el parque. Cuando llegó, ya su grupo de amigos estaban reunidos planificando por dónde empezar. Papito se integra al grupo, con su segunda intención.

Después de charlar un poco, y hacer chistes y relajos, retomaron el tema de planificar la parranda de ese día. Se consultaron entre sí, para ver de qué disponían económicamente. Pareciera que no andaban bien. La idea era que alguien dijera, yo pongo la primera, el resto ya ellos se las arreglarían. Papito, con su bolsillo lleno de quinielas "peladas", pregunta disimuladamente: ¿Cuáles serían los números que salieron hoy? Rápido lo averiguaron y vino uno y dijo, el 25 en primera. Papito los ve a todos y les dice: Ustedes están relajando, al tiempo que introducía su mano en el bolsillo y sacaba un rollo de quinielas, todas marcadas con el número 25. Todos brincaron de alegría y formaron una algarabía. Para estar seguros, se fueron por la calle Hermanas Mirabal abajo y llegaron a la "parada" donde había un rótulo con los premios del día. Allí estaba imponente el número 25.

Seguros ya de lo de las quinielas, comienzan a opinar sobre el lugar donde se van a "extasiar", mencionaron lugares específicos, pero Papito ya era el líder y era el que tenía la última palabra y dijo: Vamos para el Bar de Chiche, en las 300.

Chiche tenía su Bar en una esquina, antes de llegar al estadio Pucho Marrero. Era un hombre jovial y deportista. Hacía las veces de padrino protector de "Puntilla", que era un prospecto del béisbol.
Era algo más del medio día de ese famoso domingo, cuando el grupo llegó al Bar. Chiche, que conocía la historia y las hazañas del grupo, antes que nada, había que enseñarle con qué recursos contaban. Papito le pregunta a Chiche que cuáles habían salido. Y como él era también jugador, le dijo el 25 en primera y ya Papito no lo dejó que continuara y le enseñó el paquete de quinielas y saltó de alegría diciendo: ¡Se me arregló el día!

De una vez Chiche muy atento, ordenó que juntaran tres mesas, y una vez juntas, se dio cuenta de lo maltrechas que estaban y buscó manteles para todos estos "distinguidos clientes". Puntilla ordenaba todo en la cantina para que no faltara nada, al menos ese día. Chiche le recordaba a Puntilla "esa gente beben de verdad".

Empezó la "carfanería".

Como a las cuatro de la tarde ordenaron comida, que consistía en frituras. Saciaron su hambre y ahí cogieron nuevos bríos. Entre botellas vienen y botellas vacías, el grupo se divertía con ganas, sin saber, a excepción de Papito Rincón, lo que les esperaba. Se hizo de noche y empezaron a llegar "las chicas nocturnas" que fueron invitadas según llegaban. Ya era una fiesta al estilo de Biencito Gómez o la de Negro Cruz y Toño Colón.

Cerca de la media noche ordenan comida para todos y todas. Esta vez se dio el caso de que el borracho cuando come le da sueño. Y se quedaron donde Chiche con sus chicas. Chiche ya tenía una deuda con las dueñas de frituras, con los limpiabotas, diciéndoles que mañana él pagaría todo.

Lunes por la mañana, ya cerca de las nueve, Chiche va a la habitación donde dormía Papito. Lo llama y éste entre sueño le pasa todas las quinielas. Chiche antes de salir a la calle se dio cuenta de que las quinielas no pertenecían al sorteo de ayer. Estaban "pelá". Y rápidamente buscó a Puntillas y varios amigos, que llegaron al lugar machete en manos, para no dejar salir a nadie de su habitación hasta que él, Chiche, no regresara. En menos de media hora, apareció Chiche con cinco policías. Al llegar, ya el escándalo era mayúsculo. Estaba media 300 reunida en esa esquina. En ese tiempo la policía no contaba con vehículos, todo era a pies. Cogieron el grupo, siete en total, y lo echaron por delante. Más atrás, las chicas, luego las dos señora y sus esposos que habían suministrado las frituras y por último los dos limpiabotas que les habían lustrado sus zapato. Ese desfile por medio de las calles y en pleno día, se encaminaban cada cual a buscar sus cuartos, rumbo a la policía.

Allí en la policía le hicieron el expediente para remitirlos a la justicia. Terminado éste, vuelve el desfile que sale desde la policía hacia el palacio de justica, por todo lo largo de la calle Gregorio Aracena. Todos los observaban con los ojos desorbitados. Mira a fulano, ¡ay pero mira el hijo de zutano!, y así por el estilo. Fue tanto el asombro de todas las gentes que me supongo hubo llamadas telefónicas enterando los padre de ellos, porque cuando llegaron al palacio de justicia, ya varios padres y madres de ellos esperaban en la puerta del palacio. Para concluir, debo decirles, que los padres y madres de ellos se las arreglaron con Chiche, "las chicas nocturnas", las dueñas de las frituras y los limpiabotas, con un balance igual al que cuesta la preparación de un terreno para la siembra arroz. ¡Ah, Papito Rincón!, dondequiera que estés un abrazo y gracias por las memorias.
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martes, 27 de agosto de 2013

AMPUTACIÓN DE PIE A LEY SIMÉ

Apreciados todos;

Con hondo penar, les informo que a nuestro querido amigo Ley Simé le será amputado uno de sus pies mediante cirugía a practicar durante el día de mañana en la ciudad de Santiago; según me informó en conversación sostenida durante la tarde de hoy vía telefónica.

Al darme la infausta noticia me comunicó que se hicieron todos los esfuerzos médicos posibles a lo que fue tomado esta decisión para un bien futuro del paciente; me confió su resignación ante tal problema y estar preparado mentalmente a enfrentarse al futuro.

Tuve el encargo de su parte de darles las gracias a todos sus amigos que se han solidarizado con él y que sigamos hacia delante con nuestro Proyecto.

Ley, venía padeciendo de este mal de circulación durante meses, que lo mantenían desconectado parcialmente de nuestro ambiente.

Quiero aprovechar, y frente a ustedes pedirle PERDÓN a Ley Simé, por haber hecho unos prejuicios sobre él al ignorar las razones de su alejamiento de nuestro proyecto. Ignoraba al igual que ustedes de su malestar; pero necesariamente eso no justifica mi error, porque como amigo debí seguir indagando su ausencia porque a pesar de los prejuicios hechos, nunca cerré la puerta de su amistad.

Así como cometí ese error (humano soy), también tengo el valor de despegarme de mi orgullo y de pedirle perdón a ese viejo amigo que hoy es aquejado de ese malestar. Ya voy a dormir tranquilo.

Les pido a todos mantenernos en oración para que esta cirugía le sea totalmente a su favor para el futuro.

Gracias muchachos

Manito

UNA ORACIÓN POR LEY

Apreciados compueblanos les pido por favor elevar una oración por nuestro querido Ley Simé, quien se encuentra en estos momentos internado en la ciudad de Santiago en el Hospital de los Maestros.

Ley viene padeciendo de malestares circulatorios desde varios meses atrás, siendo necesario recurrir a su internamiento, según me indicó su hija, la Arquitecta Anny Simé Peralta.

Oremos por la pronta recuperación de nuestro querido Ley, y así ver de nuevo la felicidad en su bella familia.

Dios los bendiga.

Manito

Para comunicarse con Ley en el Hospital pueden llamar al tel. 809) 320-7028.
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domingo, 20 de enero de 2013

LEYSIMELOCUENTA

OIGA COMPÁI
Por Ley Simé


NOTA DEL ADMINISTRADOR: Hace ya un tiempo que el autor me envió este trabajo, el cual por alguna razón se me había extraviado. Pido excusas a Ley y a ustedes lectores de MEEC por mi descuido. IFM.

Oiga compai!
mas que esperanza'o,
estoi seguro
que su foitaleza y valor
haya deja'o de la'o
todas esas trombas
que lo tenian aqueja'o
y haya podí'o curai
todo ese maletai
que lo fueron a visitai
en momento inopoituno,
que con fe y con valoi
usted supo asotai.

Oiga compai!
Si ya rebasamos ei mai
poi qué poneino a recoidai
esos momentos malos y fatai
y poneinos a pensai
en la vida y ei bienetai
que a paitir de ahora llevai
como cuai gallo sueito en un maizai
o golondrina que vuela sin parai
poi los cielos y la infinidad
pa' que to' lo que triga la vida
sea alegria, salud y paz
y sentirnos como en los viejos tiempos
caminai poi las calles sin mieo y seguridad.

Oiga compai!
Es mucho lo que se puede hablai
dei lugai de donde vinimos
de una tierra de trabajo y cuitía
por manos de hombres laboriosos y fajao
que poi la madruga’ o ei soi saliente
desde la Parada suitío con un moro aidiente
con una moña de espagueti o arenque
abarrotaban camiones, en sentidos diferentes
a poner a parí’ la tierra, y de su vientre
traei ei fruto que nos identifica hoy
como un pueblo agrícola imponente.

Por eso le digo, Compai, que desde
el mismo corazón de Mao puntiao
con las espigas y el arao
el pueblo se levantó, el comercio explotó
y los negocios crecieron aventajao
fruto de los ingresos del trabajo fajao
de hombres y mujeres entregao con coraje
a la laboi dei campo bendito y rodeao
poi ríos y canales llevao
hasta el mismo corazón dei sembrao.

Óigame compai!
Dos bueyes jalan ei arao
que un hombre los trae asotao
preparando la tierra pai sembrao,
una briga’ de trabajadores alineo
sembrando el arroz despigao,
manos cuitía y curá’
blandean machetes quitando
las malas yerbas que dañan el sembrao,
juntos a otros que vienen sudao
sembrando semillas detrás del arao.

Oiga compai!
Mao poi la madruga
era un pueblo sentio
a media noche hombres y mujeres
repaitío por esquina o rancheta,
vendiendo té o café y comida ya hecha
que los trabajadores llevaban
a la finca o conuco en sus maletas.
Esa actividad, desde las primeras horas de la madruga
concluía a las siete de la mañana.
El tabajadoi ya en ei campo
la ciudad queda atrás
dejando en tranquilidad y libertad
un ambiente de encanto
pai que salia pa’ la escuela a estuduai,
ei comercio o negocio visitai.

Oiga compai!
Sin ruido ni escándalo en la calle
pai que este en la escuela se pudiera concentai,
y en los hogares paz pa’ pensai. Era asi mi Compai!
agarrai un machete y al campo a trabajar,
un libro o un cuaderno pa la escuela a estudiai,
o en la casa una tarea relizar
como bien se lo merece a la madre ayudai.

Ya dejo de cantai lo que paso
que tanto tu como yo vimos
en nuestro pueblo desarrollai
en tiempos buenos y de unión,
Y que bueno haberlo compartido por aquí:
En Mao en el Corazon.
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miércoles, 2 de enero de 2013

FOTOS DEL ENCUENTRO CON EL PADRE DISLA

CUMPLEAÑOS DEL PADRE DISLA
Por Ley Simé


El pasado día 27 de diciembre, un grupo de viejos discípulos del Padre Disla salieron de Mao hacia la comunidad de Guanábano, Moca, con el objetivo de acompañarlo el día de su Cumpleaños.

Reunidos todos en un lateral de la Catedral de la Santa Cruz de Mao, abordaron un autobús con destino a la referida comunidad. Ya todos dentro del autobús en marcha, se activo parte de la rondalla que el mismo Padre fuera el fundador, y empezaron los ensayos de las canciones con las cuales sorprenderían al Padre a la llegada.

Todo en el trayecto, se convirtió en una reunión de camaradas, como en los viejos tiempos. La alegría del reencuentro fue motivo de mucho júbilo y alegría. Besos, abrazos y algarabías y cuantas acciones de felicidad fueron expresadas y desarrolladas entre guitarras y canciones alusivas a aquella época.

Al dejar atrás el municipio de Esperanza para dirigirnos hacia Navarrete, una voz de alarma salió de uno de los componentes del grupo, cuando nos aproximábamos a un chequeo militar, invitó a Rolando a tener su identificación a mano, "Por si las moscas". Nada pasó y continuamos el viaje entre cantos y alegría.

En el trayecto, Rolando descubre que Oneyda Polanco, lleva consigo el vino que iba a ser utilizado en la celebración. Hizo que se hiciera un brindis en el trayecto, brindis éste, que hizo que todos levantaran el ánimo y en lo adelante las canciones eran mas fuertes y mas acentuadas que hizo que el viaje fuera corto.

A la llegada al templo donde se encontraba el Padre, la casa curial, él se encontraba en la puerta esperando. Salen de la guagua una trulla de los jóvenes de los años 60 cantando sin cesar la canción "Abre el Balcón" hasta confundirse con del festejado Padre Juan Evangelista Disla, quien no pudo contener la emoción claramente expresada en el brillo de sus ojos. Entramos a un salón contiguo a la casa curial y allí se preparó el escenario para la ceremonia de festejo y entrega de una placa de reconocimiento en agradecimiento por su ardua labor para con los jóvenes, los cuales, él orientó y los encarriló por senderos del bien y de la integración en los años 60 y 70.

Hicieron la veces de maestros de ceremonia, Rolando Espinal y Oneyda Polanco quienes invitaron a hacer los recordatorios en todos los aspectos en los que el Padre intervino: Oneyda Polanco inició con la intervención del Padre con los enfermos, Dilcia Reyes se refirió a la incursión del Padre en los espiritual, Nano Espinal al arte musical y formación de la rondalla; Ley Simé a la incursión del Padre en los deportes. También se hizo un recordatorio póstumo con una oración para todos aquellos que partieron a la morada eterna.

Les dejo con el álbum de fotos de esa actividad.

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martes, 28 de agosto de 2012

LEYSIMELOCUENTA

COSAS DE BORRACHOS
Por Ley Simé

Yo sé que yo vivo por aquí y estoy viendo a todas las casas dando vueltas, estoy esperando a que pase la mía, para brincar de un pronto y entrar en ella.

Ya nuestro estimado amigo y hermano, Manito Santana, hizo un esbozo sobre el “El trago: De la miseria a la esplendidez”. Retomamos ese mismo argumento para compartir con ustedes algunas de las graciosuras que algunos de esos protagonistas del trago, desarrollaban como consecuencia de los efectos de éste.

Estos relatos se extraen de personajes de nuestro pueblo que con sus ingestas de alcohol escribieron sanas historietas, tanto en el proceso, así como en su embriaguez.

LUIS LIZ (Cariñosamente MAQUÍN)

Maquín, quizás fue una excepción a los que incurrían a lugares a calentar la garganta con un trago. Él compraba su botella. Para ello, desarrolló una verdadera maestría en el campo de la carpintería, sobre todo, la que se usa para las construcciones de edificios y viviendas. Era el carpintero por excelencia de un ingeniero Maeño, muy exigente con los trabajos, no solo de carpintería, sino de albañilería, y todo lo que tenía que ver con la construcción, que no dieran el nivel requerido, así como la metodología de sus trabajos. Me refiero al Ing. Puro Madera. Maquín era su carpintero favorito en todas las obras que tenía a su cargo. El Ing. Madera, estaba bien consciente de que Maquín diariamente recobraba sus fuerzas con varios tragos, antes de comenzar cualquier faena y durante la misma. No era raro ver a Maquín subido en una escalera a la altura de un tercer nivel con su serrucho pendiendo de un lado y por el otro la bolsa de los clavos y en el bolsillo de atrás su inseparable botella de ron, en el momento en que se disponía confeccionar un falso piso o en la construcción de un encofrado de madera y dejarlo listo para el vaciado de una columna. Allá arriba, en lo último de la escalera, cuando su garganta demandaba un trago, se las arreglaba. Con su martillo en la mano derecha, se amarraba en la escalera y su mano izquierda libre la dirigía al bolsillo de atrás y extraía su botella y con la misma mano, la tomaba por el cuello y con el pulgar y el índice la destapaba al tiempo que evocaba: “Huyan tripas y demás entresijos, que para allá va candela”, antes de abrocharse el trago.

Maquín acompañó al Ing. Madera a hacer muchos trabajos en Sto. Dgo. y le respetaba su trago. Pero en una ocasión el Ing. lo visitó una tarde para decirle que al otro día temprano en la madrugada, debían salir para la Capital a realizar un trabajo en un convento de Monjas, al tiempo que le pedía que en esta ocasión no podía ingerir alcohol, dado el lugar en el que trabajarían. Maquín aceptó. Al día siguiente en la madrugada partieron. Llegaron a Bonao a las 7:00 de la mañana. Luego de un breve desayuno, a Maquín se les abrieron las ganas de beber su acostumbrado trago mañanero y debía de ingeniárselas para hacerlo. Cuando iban saliendo del local y a continuar su viaje, le pide al Ing. que le permita comprar un coco de agua. Maquín aprovechó que el Ing. se dirigía al vehículo y fue rápido donde el coquero y le pidió un coco diciéndole que le hiciera un pequeño agujero. Botó el agua y rápidamente fue y compró una botella de ron y la vertió en el coco, se montó en su vehículo e hizo el trayecto Bonao Sto. Dgo. bebiéndose su falsa agua de coco. También ya trabajando en el Convento usó la misma táctica. Una Monjita le ofreció que si quería agua: - No, Sor, solo bebo agua de coco cuando trabajo, le contestó Maquín con un recogimiento y una cara de santurrón inigualables.

DECÍA: ESO LE PASA A TODO EL QUE BEBE.

Un domingo, Maquín sale con unos amigos y pasaron el día completo metío en bemberria y entre “Huyan tripas y demás entresijos” hasta llegar a la embriaguez y la hora de romper el grupo y cada quien para su casa. Ya entrada la noche Maquín viene por la 27 de febrero en dirección a su casa haciendo zigzag de una acera a otra. A una esquina de su casa, se abrazó de un poste del tendido eléctrico y de pronto comenzó a ver todo dando vueltas a su alrededor. No lograba concentrarse para proseguir, por lo que duró mucho tiempo abrazado del poste. Un señor pasa e identifica a Maquín y le pregunta el por qué de tener tanto rato abrazado de ese poste. Maquín responde: - Yo sé que yo vivo por aquí y estoy viendo a todas las casas dando vueltas, estoy esperando a que pase la mía, para brincar de un pronto y entrar en ella.

LO DEL CHINO MONCIÓN Y DERRUMBE.

Estos dos personajes, el primero se le conoció en Mao como calié o soplón en los tiempos más sombríos de los 12 años y el otro como un buscón de pasajeros en la parada de Mao. El chino, cuando se vio desamparado y sin apoyo incurrió al alcoholismo y buscó a Derrumbe como su socio. Cuando salían a “carfanear”, todos los negocios les temían, tanto porque lo creían una persona peligrosa, así como por su fama de fullero. Prácticamente todos los negocios de los barrios tenían a una persona de un físico fuerte para encarar al borracho que se quería ir sin pagar. El Jimenoa Bar tenía uno, a Lano, hombre con más de seis pies y trescientas libra. Un famoso día llegan el Chino y Derrumbe entran y se sientan, no sé qué pasó, porque donde quiera que iban le pedían enseñar dinero antes de serviles, y le sirvieron. Luego de consumir un par de botellas, se levantan de las sillas y se disponen a salir sin antes haber pagado la cuenta. Lano fue advertido, y se paró en medio del portal y les convida a que fueran a pagar antes de salir. Como el Chino fue que invitó, le dijo una grosería a Lano quien de inmediato le soltó una pescozada que rodó por los suelos y cuando venía a embestir a Derrumbe, ya éste tenía el dinero de la cuenta en la mano. “Usted no sabe de juegos hermano”, le dijo temblando.
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viernes, 24 de agosto de 2012

¡FELIZ CUMPLEAÑOS, LEY SIMÉ!

Hoy cumple años uno de los pilares de nuestra página Mao en el Corazón, el Sr. Ley Simé.

El Sr. Simé abrazó nuestra idea y se convirtió en uno de sus mayores propulsores y mejores colaboradores, desde el mismo momento que tuvo conocimiento de ella.

Ley, que en este día tan especial el Todopoderoso te premie con muchas bendiciones y el resto de tu vida sea de mucha ventura y esté repleta de mucha salud.

Muchas felicidades y gracias, hermano.

Isaías

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domingo, 15 de julio de 2012

LEYSIMELOCUENTA

JOSÉ RAFAEL OSIRIS BATISTA TAVERAS (EL CACHÁN)
Por Ley Simé

Procede de una larga familia maeña muy conocida, la que forman los Batista y los Taveras.

Hijo de la señora María Ludovina Taveras (doña Blanca) y Alberto Batista (Berto). No el que bregaba con deportes, beisbol específicamente.

CACHÁN, EL CAMARERO EN EL SAMOA BAR

Se inicia en el Samoa en el año 1958, cuando Rigoberto Santana era el dueño y administrador. Primero como encargado de cobrar los vales que dejaban los clientes, conociendo así a los puntuales y a los morosos. Luego de la sentida muerte de Rigoberto en un fatal accidente por la calle Gregorio Aracena, pasa a ser camarero en la recién iniciada administración de Claudio Bolívar Santana Inoa (Quinín). En ese entonces, todos los camareros trabajaban diario, a excepción de las horas del medio día en que Manchao era el oficial sirviendo la comida a los viajantes, maeños o forasteros, cuando el Samoa con su famosa cocina hacía las veces de restaurante específicamente con especialidad en el servicio de platos a la oriental. Cachán se unió a Manchao. Los demás camareros comenzaban después de las cuatro de la tarde a disputarse los clientes que venían a deleitarse en el Samoa, ya no como restaurante, sino como bar. Cachán, recién llegado a ejercer la función de camarero, veía que era un desorden la disputa de clientes y aportó la idea de que a cada sirviente debían asignarle un día de lunes a viernes y dejar los sábados y los domingos para que trabajaran todos por la afluencia de clientes. Así se hizo y Cachán se quedó con los miércoles.

Cachán, en su vida personal era, para esos tiempos, un humilde joven lleno de una serie de cualidades humanas. Serio, honesto y responsable que tenía como norte un gran deseo de superación, cosa esta que se vio tronchada, porque además de tener que resolver sus necesidades personales, también debía aportar a su familia para la subsistencia. Eso lo encarriló por una larga vida de trabajo en la cual, aun fuera mal pago, dejó marcada sus huellas de hombre serio, responsable y honesto. Hoy Cachán se pasea por las calles de Mao sin pena y sin gloria, pero con la frente bien en alto, la cual refleja el cansancio colectivo de quienes explotaron su fuerza incansable de labor prolongada.

Cachán fue en sus años mozos organizado y amante de la calidad y las marcas, tales como los poloshirt, jeans, tenis y zapatos, en fin todas las indumentarias de vestir fino. Se dedicaba a juntar los dólares que conseguía, a la espera de que algún amigo saliera al exterior y encargarle para que le trajeran unos "Wrangler", o unos "tenis Converse", o unos zapatos "Freeman". Cucho Amaro fue muchas veces encargado.

La responsabilidad, honestidad y afabilidad con que trataba a los clientes, además de su buen desempeño como camarero, eran buenas y válidas para siempre ser contratado a fiestas privadas, tales como cumpleaños, recepciones de bodas y todas las actividades privadas, por la alta calidad de atención y trato a los invitados, por lo que recibía propinas extras al precio convenido en la contratación.

Nos cuenta Cachán, que cuando a Mao llegaban Dominican- Yorks, estos también hacían sus vales en el Samoa que luego eran cobrados en la urbe de New York por Quinín, cuando este daba sus viajes de visitas. Al preguntarle a Cachán, ¿quiénes eran esos dominican-york? Nos contesta con mucha reserva que solo recuerda a Félix Sánchez y a Cocolo (Q.E.D), entre otros.

Cachán recuerda que a su arribo al Samoa,encontró como camareros del mismo a Pedro Víctor Rodríguez, Chanflas, Andrés Sánchez, Macario, Budú, Manchao, Bertico (todos finados) y a Ojito y Arístides Vásquez que aún viven. Los cantineros eran: Papito Rodríguez (Papito el zurdo, Hno. de Arturo Rodríguez); Macario Ulloa, Papi Disla (Papi bajón), Leopoldo Marte, Margarita Martínez (Hna. de Evelio y Gil Blas). Nos cuenta también que Manito Santana, además de cobrador, hacía la función de cantinero, cuando había actividad en el Samoa tales como fiestas, etc.

Cachán no relaciona ninguna anécdota, percance o experiencia que lamentar en su desempeño como camarero del Samoa. Solo reconoce el temor que le tenía a los "leones del valle" entiéndase (Juan Agustín, Pedro Feliz, Tonito Disla, Papito Rincón y Miguelito Colón, Q.E.P.D.) cuando llegaban al Samoa y tenía que recibirlos como clientes. Nos cuenta, que tenían una táctica de llegar uno solo delante y ordenar un servicio y así iban llegando uno a uno hasta completar la camada y abultar una cuenta que le daba pánico a Cachán. Ahí mismo era cuando comenzaba el lío. Cuando terminaban le entregaban la cuenta al más labioso del grupo, que trataba de persuadir a Cachán de que al otro día, con aire de mucha seguridad, fuera temprano a cobrar, que el importe de lo consumido estaba seguro. Cachán muchas veces, cuando había suerte, tenía que esperar hasta una semana para que el dinero apareciera, después de dar muchos tumbos detrás de ellos.

CACHÁN, EL EMPLEADO DE LA CDE

Cachán, en Octubre de 1962 comienza a trabajar en la CDE repartiendo los recibos por todo Mao. Comienza como "Temporero" devengando un mísero sueldo mensual de RD$8.00. Ese recorrido debía hacerlo mes por mes por todas las calles de Mao y casa por casa a pies. Ese irrisible sueldo lo hacían por medio de caja chica y muchas veces tenía que esperar dos y hasta tres meses para cobrar, porque había que esperar a que la caja chica fuera repuesta de los fondos. En esos tiempos la ciudad era pequeña y para el reparto de recibo la dividían por "ciclos", es decir, había 15 "ciclos" en la ciudad. Cachán debía repartir al menos un "ciclo" diario, para que cada cliente estuviera a mano el recibo de pago antes de que se generara la factura del siguiente mes y evitar que algunos clientes faltaran al pago alegando que no habían recibido la factura anterior. Cachán debía hacerlo en quince días. Seis años esperó Cachan para recibir un aumento de sueldo de ese trapiche, inconsecuente y explotador, y así poder palear las llagas causadas por ese maldito elefante blanco incumplidor, ineficiente y estafador que se hace pasar por compañía. Cachán a partir de 1968 comenzó a recibir un sueldo de RD$129.00 mensuales, pero además le agregaron a Esperanza para regar los recibos, sin ni siquiera darle el pasaje ni dieta. Cachán estuvo conforme, porque para entonces un pasaje de Mao a Esperanza era de RD$0.05 (5 centavos); 14 años después, Octubre de 1982, es que Cachán recibe el nombramiento con un sueldo de RD$500.00 mensuales. A partir de esa fecha, Cachán hubo de esperar hasta mediado de los noventa cuando fijaron por ley el salario mínimo equivalente a RD$6,000.00 con los que se mantuvo hasta 1999 cuando le salió la pensión.

Todavía, hasta el día de hoy, Cachán lucha para obtener el seguro médico.

Cachán, hoy es recordado con entrañable cariño por todas las personas que recibieron su servicio. Como muestra a lo que digo, este escrito fue una sugerencia del administrador de MEEC, Isaías Ferreira, quien tiene gran respeto por ese gran ser humano que responde al apodo de Cachán. Y así, todo maeño, no importa donde se encuentre, menciona o recuerda a Cachán con cariño, sobre todo cuando un grupo de amigos se juntan para compartir unos tragos, comida o cualquier reunión con carácter de "parra" o "carfanería" y hay alguien repartiendo el hielo o vasos, lo llaman haciendo alusión a: "Cachán, tráeme un poco de hielo" o “Cachán vasos”, a manera de chanza.... “Cachán se me terminó el trago... Cachán se terminó la narrativa”.

Dios bendiga a Cachán, hoy y siempre.
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viernes, 23 de marzo de 2012

PERSONAJES NUESTROS

PECULIARIDADES DE RAMÓN BONILLA

Una vez, en el proceso de desintoxicación de los tres o cuatro días que duraba la tormenta de Ramón, donde había lluvia ininterrumpida de alcohol y ráfagas de humor, su esposa le pasa una leche hervida caliente; al ver que Ramón tomó mucho tiempo para bebérsela, la esposa le pregunta si estaba buena la leche, a lo que él contesta: "La leche alimentará, pero no anima”.

Me acuerdo que siempre que Ramón empuñaba la botella para darse un trago, la destapaba y antes de beber decía: "Este maldito romo, hijo de la mula tuerta, tú que te quieres filtrar y yo que te abro la puerta".

Esos personajes son hilos de la historia de nuestro pueblo y creo que solo nuestra generación tuvo la oportunidad de vivir sus andanzas y gozar sus genialidades. Sobre todo en esos tiempos no había peligro para caminar por las calles a cualquier hora del día o de la noche… bueno, estaban los calieses, pero eso es otra historia.

Afectos de Ley S.
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jueves, 15 de marzo de 2012

LEYSIMELOCUENTA

MIGUEL DE JESÚS RODRÍGUEZ: Origen y evolución
Por Ley Simé

Hijo de doña Basilia Rodríguez, quien fue a la vez su madre y su padre, porque fue abandonado por su padre y dejado a la suerte de esa heroica dama que, con todas las limitaciones y un inmenso esfuerzo y sacrificio, le hizo frente a la vida para echar su hijo hacia delante y romper todos los obstáculos que la vida le puso en su camino. Hoy, tanto la madre como el hijo se sienten orgullosos el uno del otro, por haber alcanzado la meta que le forjó su madre desde temprana edad. Por esto y por mucho más, es que hoy Miguel de Jesús resalta con alma, vida y corazón la valentía y la gallardía de su señora madre, Doña Basilia Rodríguez.

En los tiempos en que éramos unos mozalbetes, nuestro punto de reunión con los amigos contemporáneos era en la calle Duarte arriba, frente al billar de Eusebio, esposo de Mercedes la pollina. Éramos menores y estaba prohibido entrar a esos lugares, por lo que nos debíamos quedar afuera. Junto al billar había una especie de colmadito cafetería, donde acudían todas las gentes del barrio. A pesar de que a Eusebio le faltaba un brazo, nos entreteníamos viéndolo atender a los clientes con una destreza sorprendente.

En ese lugar empezamos a familiarizarnos con un niño que siempre venía y se situaba en torno al grupo a observar nuestras conversaciones. Ese curioso niño de tez oscura, tranquilo, callado, de ojos despiertos y la cabeza un poco pronunciada para su cuerpecito, parecía querer empezar a penetrar y socializarse con el grupo, que de por sí, todos éramos mayorcitos para él. Doña Basilia, señora conocida y respetada por todos, venía y se llevaba al niño. Antes de que doblara por la calle Juan Minaya leíamos en su rostro gesto de inconformidad en los brazos de su madre. Ese niño era Miguel, hoy destacado maestro del léxico y de las engranojantes conducciones como maestro de ceremonia y destacado locutor, abogado de los tribunales de la República y un pujante calador en las comunicaciones. Ese es Miguel de Jesús.

Bajo la tutela y abnegación de su madre creció teniendo que enfrentar todas las privaciones y sacrificios, se levantó y hoy vuela por el espacio electrónico con su imponente voz que acompaña con una inmensa sabiduría desbordada por el talento como locutor, presentador de eventos y espectáculos.

Miguel de Jesús inició sus estudios en el colegio propiedad de Quío Cabral en la Máximo Cabral, donde precisamente su madre trabajaba como conserje. En sus avances en la escuela, empezó a demostrar su dote en el uso de su voz, así como la elocuencia y la habilidad de declamar poesías con una naturalidad sorprendente. En los actos culturales que ese colegio llevaba a cabo, Miguel de Jesús siempre llevaba lo voz cantante, por la preponderancia conque manejaba su artística voz. En una ocasión Miguel de Jesús estaba afónico y se negó a declamar en esas condiciones y tuvo que saborear el cuaderno en que estaban escritos sus versos, porque el director quería forzarlo a presentarse en esas condiciones.

Al pasar del tiempo, doña Basilia, al notar la facilidad de expresión del niño, además de su tronante voz varonil, empezó a inculcarle para que se animara y llegara a ser locutor. Cuando caminaba por las calles le hacía que leyera los anuncios y los letreros de los comercios en voz alta y lo corregía cuando cometía una falta. Así su madre se fue convirtiendo en madre y maestra. Fue tanta la insistencia de la madre que como todos los niños curiosos este cogió un pedazo de manguera y ponía un extremo en la boca y el otro en un oído, para hacer las veces de locutor y auditor simultáneamente. Ya el muchacho estaba influenciado por el pedido de la madre.

En sus andanzas, visitó a un tío técnico de radio, Luis Ml. Ventura, quien tenía su taller en la calle Duarte y este le regaló un micrófono dañado, y por ese sordo micrófono Miguel de Jesús animaba programas y hacía presentaciones que solo eran escuchadas por él o alguien que estuviera cerca. Esa ilusión en su momento se convertiría en una dulce realidad. Su micrófono lo llevaba por todas partes, igual que Lión con su guía anhelando ser chofer, solo que el sueño de Miguel de Jesús era ser locutor. Se pasaba los días hablando, animando y simulando que se encontraba en una cabina de radio. Su deseo de ser locutor, lo llevó al local de Radio Mao, para observar maravillado a los locutores de la época. Su ilusión era tan fuerte, que hasta penetró en la cabina desde donde fue sacado por el entonces director, Roberto Rodríguez. Salió con los ojos mojados en llanto y se dijo a sí mismo, que en esa silla, algún día, brillaría con luz propia delante de ese mismo micrófono, que no era sordo, como el que le regaló su tío.

Miguel de Jesús fue creciendo y avanzando en sus estudios secundarios en el colegio Ana Delia Jorge, alcanzando allí el segundo grado. Al término de este abandonó los estudios por un tiempo. Nadie sabe la situación de un joven pobre que no tiene una mano que lo ayude o lo empuje a proseguir, un apoyo que al menos que no viniera de su madre, era la realidad de esta familia. Aun así, jamás abandonó la idea de alcanzar su meta y complacer a su madre. Quería ser locutor por encima de las adversidades a que la vida somete a las personas. Su autoestima estaba por encima de toda miseria.

Miguel de Jesús le agradece al finado Guarionex Aquino, aun cuando lo hizo sufrir mucho cuando le presentó un proyecto que tenía preparado para niños. Para entonces solo contaba con quince años de edad. Fue sacado una y otra vez sin recibir una oportunidad, y aun ante esa actitud, que él confiesa lo desmoralizaba, nunca desmayó en sus propósitos. Siempre se mantuvo leyendo en voz alta y preparándose activamente. Por la precariedad del hogar que no le brindaba nada para superarse, se iba donde un amigo, Félix Santana hijo, quien tenía radio casetes y lo dejaba grabar, para luego escucharlos. Todos oían con admiración. Era su práctica en la radio. Sí, se escuchaba en la radio casetera. Su aspiración por sentarse en una cabina y demostrar su talento, era tal, que hacía las veces de guardián nocturno (sereno) y hasta le hacía los mandados a Guarionex, para que le permitiera al menos, una hora en el aire.

Miguel de Jesús, que apenas tenía el segundo del bachillerato aprobado, en su afán de buscar una plaza como locutor, había olvidado los estudios. Un día, se le acerca el profesor Luis Flores para persuadirlo e invitarlo a que prosiguiera sus estudios. Lo logró e hizo que Miguel de Jesús ingresara al colegio Santa Cruz para terminar su bachillerato, cursando allí el tercero y el cuarto. En ese lapso de tiempo, su situación se llena de neblinas sin ver nada al otro lado a su favor. Era momento de echar para adelante y acudió donde Papito Taveras, dueño del disco punk que había en la calle 27 de Febrero esquina Hermanas Mirabal, quien lo coloca a trabajar entrando a las cinco de la tarde y saliendo hasta que el último cliente se le quitara el deseo de beber, a las 3 y las 4 de la madrugada, para luego tener que asistir a la escuela sin a veces echar un sueñito.

Sus estudios universitarios los realizó en UTESA, graduándose como licenciado en Derecho. Al término de esto, se fue al CURNO, graduándose en el área de la comunicación, que hoy ejerce por todo lo alto.

En el año 1984, justamente un 3 de Julio, fecha en que se celebra en Mao la gesta de la Barranquita y también coincide con el cumpleaños de un gran locutor de Mao muy popular en sus años mozos, Gabriel Peña, esa estrella de la locución de Radio Mao estaba supuesto, o en realidad iba a ser el maestro de la ceremonia de los inicios de los juegos Barranquiteños, de ese día. Al ser su onomástico, fue invitado a un almuerzo de unos amigos en Esperanza. Parece que la emoción lo arropó y se le olvidó el compromiso que tenía con la ceremonia que sería transmitida por Radio Mao. Miguel de Jesús estaba allí observando la preocupación de Roberto Rodríguez y de Luis Julio Vargas, ejecutivos de la emisora. Al ver que Gabriel Peña no aparecía, y ya casi estaba a punto de iniciarse la ceremonia, ante la desesperación de Roberto, Luis Julio le dice que se calme, que él tenía al mejor a su lado. Como Miguel de Jesús no presentaba una indumentaria adecuada para la ocasión, Luis Julio le buscó una chacabana azul.

Imagínense, un hombre de seis pies y dos pulgadas, ponerle ese camisón a uno de cinco pies y seis pulgadas. Parecía un cura vestido de azul que estaba conduciendo la flagrante ceremonia. Fue tan magistral la presentación, que asombró a José Raposo, propietario de Radio Mao, quien llamó a Roberto Rodríguez para que contratara a ese muchacho en la programación regular de Radio Mao y así se hizo con un sueldo mensual de RD$65.00 mensuales. ¡Dios cuantos cuartos! Así se cumplió la promesa que se hizo cuando lo sacaron de la cabina entre sollozos y juró algún día sentarse en ese sillón frente al micrófono.

Y así comenzaron los éxitos Miguel de Jesús quien se convirtió en reportero de arte nacional para el programa de radio de Joseph Cáceres y de la cadena de noticias. Antes había sido reportero de Tele radio noticias, que se transmitía por Rahintel, siendo así el primer comunicador Maeño en reportar para la televisión. En 1987 emigra hacia la capital a trabajar con Joseph Cáceres Artes Nacional en la radio. Pero como sucede siempre con los maeños, solo duró un mes porque la nostalgia de ese magnético terruño provocó su regreso. Y es que de él pende un hilo que lo tiene siempre atado a su tierra y a la humildad de donde es oriundo, a sus raíces donde enfrentó con valor todos los obstáculos que la vida interpuso en su camino y a los que venció con gran gallardía.

Por el año 1996, cuando Miguel de Jesús trabajaba para Turbo 98 junto a Gadis Diloné, Guarionex le dispensa una visita de cortesía y con mucha humildad se excusó y se pasó todo el día acompañándolo en un acto de reconocimiento a su labor.

De las múltiples ceremonias que realiza Miguel de Jesús, se mantiene aun al frente del ceremonial de los Juegos Barranquiteños, así como en los ceremoniales del pabellón de la fama del deporte noroestano.

La vida muchas veces nos presenta paradojas. En una publicación que hiciera sobre “Las guaguas de Marrerito”, narré el episodio aquel de las muchachas que viajaban y querían conocer al locutor El Cipri Mar llevándose tremenda sorpresa. Así pasó igual con Miguel de Jesús. En una ocasión llegó una linda joven del Mamey los Hidalgos y entra a Radio Mao solo a conocer a Miguel de Jesús y su impresionante voz y su magnífica dicción. Entra y le pregunta al mismo Miguel de Jesús, que quién era Miguel de Jesús. YO, responde, ante el asombro de la joven. Ella piensa y luego dice: no lo puedo creer; no lo puedo creer. Miguel abre el micrófono y se pone a animar y la joven insinúa y le dice: yo creía que usted era más lindo; creía que usted era un papi catchup. Se tapó la cara de la vergüenza y luego de hablar, llegaron a ser buenos amigos.

Cuando Miguel de Jesús llega a Santiago a trabajar para la Turbo 98, siendo los creadores y pioneros de ese tipo de animación, su preponderancia y auge rompe todos los parámetros de audición en todo el Cibao. Los Maeños nos sentíamos orgullosos de tener un hijo de nuestro pueblo en la cúspide de la radio que hasta lo llegaron a glorificar por la popularidad. Lo que nadie sabía era que Miguel de Jesús estaba durmiendo en el piso de la emisora, hasta que encontraran donde ubicarlo. Una cosa es con violín y otra es con guitarra. En esos tiempos él tenia un motor XL brinca montes y era tan fuerte la gravedad de ese motor, que hubo que bautizarlo con el nombre de “El Álgebra de Baldor” porque no se sabía cuál de los dos tenía más problemas. “El corazón de la ahuyama, solo lo conoce el cuchillo”.

Otra de las anécdotas de Miguel de Jesús. Una vez en el parque de Mao, mientras animaba unas fiestas patronales, expresa, “Mao, la ciudad de los hombres elegantes y de las mujeres bellas y preciosas”. Se acerca un borrachín y le dice: Miguel de Jesús, pues entonces tú no eres Maeño.

Miguel de Jesús es hoy el mismo hombre sencillo, afable y estable, que jamás se ha apartado de sus gentes y mucho menos olvida sus raíces, las cuales lo hace sentirse orgulloso, un hombre, al que no se le puede hablar de cómo desafiar la vida y todos los obstáculos, porque ha sido un catedrático a toda prueba. No es una casualidad que nos llamáramos “Mantoncísimo”.

Miguel de Jesús: un hombre que sí es prueba de que lo que no nos mata, nos hace más fuertes.
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jueves, 16 de febrero de 2012

LEYSIMELOCUENTA

VICENTE SANTANA (CHENCHO)
Por Ley Simé

Relato anecdótico para que los jóvenes maeños conozcan la laboriosidad de sus gentes y para refrescarle la memoria a los que compartimos estas experiencias.

Vicente Santana, cariñosamente Cencho, fue en Mao un personaje intenso, así como lo fueron todos aquellos que dedicaron toda una vida al trabajo tesonero. En el caso particular de Chencho, este dedicó su vida al negocio del transporte de cargas, en contraposición a Pomplín, Coplé, Diógenes, Chilo, por mencionar solo unos cuantos, que se dedicaron al transporte de pasajeros. Chencho, se dedicaba al transporte de mercancías por encargo. Salía diariamente en su flagrante camioneta GMC, marca de todos los vehículos conocidos en esa época, con un motor de batalla, hacia Santiago tras la búsqueda de todas las mercancías encargadas por los diferentes comerciantes maeños de entonces, las cuales debía poner en las puertas de esos negocios, al otro día temprano. Tenía como soporte de ayuda, a sus hijos.

Chencho, contrajo su primer matrimonio con la señora Colasa, con la cual procreó dos hijos, Eladio y Denis. Luego casó con doña Brígida ( Pira) con la que trajo al mundo a los amigos y hermanos: Humberto, Patato, Vicente, hijo, y Nieve Santana, amigos con los cuales nos unen lazos fraternos de amistad. Vicente hijo se nos fue a lo alto a destiempo. Paz amigo. Al romperse ese matrimonio, Chencho se une a una dulce y tratable dama, doña Marina, y de esa unión vienen al mundo, la hoy Dra. Basilia, Pipí, Popo y patricia Santana, todos apreciados por nosotros.

Algo loable que debe atribuírsele a Chencho, es que mantuvo esa composición familiar unida bajo la más estricta tutela de un padre ejemplar, a excepción de los dos primeros, Eladio y Denis, que se fueron al exterior a muy temprana edad.


Chencho era una persona afable, suave y que dejaba escapar su buen sentido de humor, pero recto ante cualquier desviamiento conductual de sus hijos y todo el que lo rodeaba. Sus hijos, sobre todo, los mayores, debían trabajar junto a él y cumplir sus obligaciones, de lo contrario, pagaban por ello.

En una ocasión, cuando regresábamos del liceo a nuestra casa, ya pasada la una de la tarde, encontramos a Vicente sentado en un banco del parque, algo inusual, nos acercamos para preguntarle qué hacía ahí. Nos manifestó que no podía llegar a su casa, porque el viejo lo estaba esperando con algo en la mano para ajustar algo pendiente. ¿Qué hiciste? Ayer me escondí para no ir a Santiago a trabajar y para colmo le cogí un poco de la comida a ambos, Humberto y patato. Eso enfadaba mucho a Chencho, que le mellaran la comida al que estaba trabajando. Ese día, Chencho le trajo a Marina ocho o diez libras de batata y le pidió que estuvieran sancochadas bien temprano al otro día. La mañana siguiente, bien temprano, Chencho con palo en mano, levantó a Vicente y le pidió que fuera a la mesa a desayunar. Al ver esa ponchera llena de batata, Vicente no tuvo otro remedio que empezar a comer bajo la amenaza de padre con un palo en la mano. Vicente comenzó a comer su abultado desayuno. “Eso es para que se te quite el hambre y respete la comida del que anda trabajando”. Ya había comido algo mas de una libra, cuando en una distracción o descuido de Chencho, Vicente sale disparado por un callejoncito que había en un lateral de la casa y desaparece por la calle. Así nos justificó el por qué estaba sentado en el parque a esa hora sin atreverse a llegar a su casa.

Muchos de los muchachos de esa época conocimos a Santiago mediante los viajes de Chencho. Nos íbamos temprano a su casa a esperar la partida. Muchos nos poníamos de tarea visitar a Santiago en la flamante camioneta. Pensábamos para entonces, que era un viaje de placer y andanzas por las calles de la ciudad de los treinta caballeros, pero era en realidad un viaje de trabajo.

Cuando nos tocó tomar parte de esa aventura, recuerdo que al llegar a Santiago, nos fuimos directo a la Canela, donde funcionaba o funciona la Industria Victorina. Allí nos esperaba una pila de unas quince cajas de salsa, las cuales debíamos cargar y estibar en la camioneta, bajo la supervisión de Chencho, de modo que debíamos dejar espacio suficiente para las otras mercancías que debíamos recoger por la Ave. Valerio en los almacenes de los Ureña. Allí era más fácil, pues se trataba de sacos llenos de habichuelas que eran llevados a la camioneta por los empleados del almacén.

El siguiente paso era ir a los almacenes de Hillay Mayol frente al parque de los ‘chachases” en la Ave. Franco Bidó. Alli nos esperaba otra pila de cajas, pero en este caso, eran de espagueti. Terminada esa tarea, debimos subirnos (éramos tres) sobre esa carga y bajar por la calle el Sol, luego la 30 de Marzo y luego por la Ave. Central para hacer una prolongada parada cerca del descapotado Cine Jardin, ya pasada la una de la tarde. Aprovechábamos esa estancia para caminar por los alrededores, siempre vigilantes a que Chencho saliera y nos dejara.

La camionetita tenía ya un estibe mas arriba de unos hierros que se levantaban sobre la baranda de la camioneta y nosotros encima agarrados de unas sogas que sujetaban la carga. Esto daba motivo a que cada policía de tránsito, de aquellos que usaban un casco blanco, que al verlos de lejos parecían clavos de zinc, nos detuvieran. Cuando se acercaba al chofer, ya Chencho le tenía preparado un vaso de agua. Algunos la tomaban, pero otros le oí decir, yo no tengo sed, Chencho le daba un saludo de mano y veíamos cuando el policía cerraba su mano por debajo de la de Chencho y nos hacia proseguir. Eran tantas las paradas que en una nos dimos cuenta de que en la mano de Chencho había una moneda de diez centavos.

NO ERA UN FLY AL CATCHER, CONOCER A SANTIAGO USANDO COMO TRANSPORTE LA CAMIONETA DE CHENCHO

Vicente Santana (Chencho) era uno de los pocos que poseía un televisor en su casa. Cuando había eventos como las Series Mundiales de béisbol, Juegos de Estrellas, etc., nos íbamos a su casa a ver si nos permitía ver esos encuentros. Solo con percibir que estaba de buen humor, se nos hacía más fácil y hasta él mismo nos decía que entráramos, pero en orden y debíamos guardar silencio. Nos acomodábamos en el piso unos diez muchachos a disfrutar del espectáculo y Chencho sentado en su cómodo sillón acolchado y vigilante a si algunos de nosotros se salía del “tieto”. Muchas veces ni él ni nosotros podíamos aguantar la emoción de una buena jugada, pero sin comentarios. Todo marchaba bien, hasta que se apareció Porfirio Colón, (el Borracho). Estábamos tranquilos respetando la disciplina requerida por Chencho, que hasta nos dejaba libar algunas emociones. El Borracho entra y se coloca de pies detrás del grupo, siempre bajo la vigilancia de Chencho que conocía de sus travesuras. Cuando aparece Lou Brock en la pantalla y lo enfocan de cerca, Chencho reacciona y exclama: Ese si es feo, ¡miren, parece un puerco! Al oír esto, el Borracho encara a Chencho y suelta una carcajada de burla, que al Chencho darse cuenta, salta del sofá y le dice: - Vamos, fuera de aquí. Y eso provocó la atención de nosotros, y al verlo nos dijo: ¿no oyeron? ¡Fuera todos de aquí! Y salimos frustrados al no poder terminar de ver el juego. En el parque en un radio portátil que tenía Sixto Crespo, acabamos de oír el partido.

COSAS DE CHENCHO

Cuéntase que en una ocasión pasó un señor vendiendo tórtolas. Chencho lo llama y le compra las cuatro docenas que cargaba. Las entregó a Marina, su esposa, para que se las guisara. Al terminar su labor culinaria, Marina le pone en la mesa a Chencho una fuente con el contenido de las tórtolas. Chencho comienza a comer y el olor del sazón atrajo a una perrita que andaba cerca y se sentó frente a Chencho. Al darse cuenta de la presencia del animalito, Chencho empieza a echarle los huesitos que pelaba. La perrita comía animosamente lo que el buen samaritano le ofrecía. Antes de haber comido las tres docenas, la perrita se sació tanto que parecía una tambora y opta por marchase. Al Chencho darse cuenta de su partida, se levanta del asiento y le dice: ¡Párate pa’que lleve, que te voy a reventar!
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domingo, 11 de diciembre de 2011

LEYSIMELOCUENTA

¿CÓMO SE ENTRETENÍAN LOS NIÑOS Y JÓVENES EN MAO POR LOS FINALES DE LOS CINCUENTA Y PRINCIPIOS DE LOS SESENTA?
Por Ley Simé


Cuando empecé a caminar por las calles de Mao e ir abriendo los ojos, siempre le seguí los pasos a mi hermano inmediatamente mayor, Epy, quien desde muy temprano desarrolló mayores condiciones físicas y quizás de salud que un servidor. Esto hizo que tuviera más presencia, preponderancia y protagonismo en las relaciones sociales, las cuales observaba con reservado sentimiento de admiración. Al ser más desarrollado físicamente, pero muy por encima de la nuestra, solo me supeditaba a la observación de los pasos que daba y admirar su desenvolvimiento en todos los actos en los que intervenía, al notar sus habilidades.

Con él tenía la libertad de salir y caminar por las calles de nuestro Mao, sin la intervención de la dictadura del hogar, del padre de entonces que debía estar informado de todos los movimientos de sus hijos y ser aprobados por él. Con mucho meticulismo se le decía que estaríamos en la casa de un amigo conocido. Pero una vez fuera de la casa y en libertad, venían las travesuras sanas, por supuesto. Salíamos con ese pretexto, pero en realidad, era para buscar aventuras.

Un solar limpio, vacío y lleno de niños que se disponían a jugar, era una tentación, y que quizás se les escaparon a sus padres con el mismo pretexto que el nuestro, llamaba mucho la atención para un buen partido de pelota. Mi hermano era el primero en escogencia porque tenía mejor desenvolvimiento y así otro y otros, hasta que me daba cuenta de que me quedaba fuera. Pero dígame Ud. ¿a quién le podía interesar un espécimen flaquito y pequeñito? El paso del tiempo se encargaría de cambiar esa percepción. A un flaquito enérgico, no se le puede recriminar la fuerza, sino, pregúnteselo a Isaías.

Así fui viendo en las andanzas detrás de mi hermano los entretenimientos que usaban los niños y jóvenes de entonces.

El juego de las bolas (Vellugas). Era un orgullo de un jovenzuelo andar con una o dos docenas de bolas en los bolsillos para jugarlas entre tres o cuatro muchachos mas, colocando dos bolas cada uno en un circulo hecho en la tierra y luego tenía la preferencia de ser el primero en sacar la bola, siempre y cuando fuera el que acercara mas una bola a una raya, hecha en la tierra también. Y así sucesivamente iban tirando los que en orden acercaron más su bola a la raya. La ganancia la obtenía el que sacara más bolas del círculo.

El juego del “Jeme”. Dispersaban varias bolas en plena calle o en un solar vacío e iban acercándolas hasta que un jugador tuviera la habilidad de tirar su bola al de otro y acercarla tanto que pudiera tocar ambas bolas con el ancho de los dedos de la mano. Esa bola era tomada y dejaba fuera al jugador y continuaba con los demás hasta que fallara. A este juego le agregaban unas reglas en la que el jugador podía estericarse los dedos hasta hacerlos estrellar “Con jeme y esterique”, “con limpio y con sople”. Cuando se pasaban una mañana entera en eso, dejaban ese lugar como un terreno preparado y limpio, que daba la impresión de que ahí se iría a levantar una construcción.

El juego del “setico”. Frente a cualquier muro de calzada o una casa de blocks se colocaban dos bases y al lado de cada una, un jugador. Luego golpeaban la bola de goma maciza y quien lo hacía corría hasta la base, tal si fuera bateada, sucediendo igual que el juego de la pelota, out o safe. Ante la carencia de bates y guantes, todo era a mano pelá. ¡Quien no jugó este juego, si fue niño en ese tiempo!

Ante la carencia de juegos para niños, a excepción de la paleta de ping pong, los muchachos se las arreglaban y buscaban cualquier recurso para el entretenimiento. Buscar dos piedras chatas en un pedregal y lanzarlas desde una raya marcada en la tierra, era un buen motivo de juego. Dispersaba cada quien su chata y se iba eliminando a medida que fuera impactada la chata del contrario que debía entregar dos bolas o simplemente tapitas de refrescos. Era así, no había dinero para apostarlo.

Otro juego era el de la pelota que se escenificaba en plena calle. Era difícil ser interrumpido por el paso de un vehículo, no había tantos. Golpear una pelota de goma maciza con el puño, era cosa de intrépidos. Había una regla que el que golpeara una pelota y fuera a caer en un patio de difícil acceso, eran tres outs (“Trile”). Si la pelota aparecía continuaba el juego, de lo contrario ahí terminaba todo.

Otras diversiones que los muchachos buscaban era el deporte acuático, usando como escenario uno de los dos canales que pasan por el corazón de la ciudad. El juego del “Topaíto”, en el cual muchos muchachos desarrollaron una increíble habilidad haciendo acrobacias debajo del agua cuando eran perseguidos por el que debía de tocarlos. Se le colocaban en el frente y cuando se lanzaban sobre él, éste se sumergía y emergía dos metros por los laterales o hacia atrás. Era muy divertido verlos.

El juego de entretenimiento más agresivo lo observábamos en el parque. Era “El pan caliente”, que le encantaba a la gente verlo, porque era motivo de arrancar risas. Este consistía en colocar una persona con la cabeza pegada en el tronco de un árbol y apoyado en una mano y la otra era expuesta hacia atrás, pero sin ver, de modo que quedara con la parte opuesta a la palma de la mano hacia arriba. Se colocaban cuatro o cinco muchachos detrás de él y uno descargaba un manoplazo, cuyo estallido muchas veces se escuchaba en todo el parque, luego se volteaba para adivinar quién fue el que le dio el manoplazo. Si acertaba, ese debía de ocupar su lugar, de lo contrario debía seguir aguantando hasta lograr señalar al autor del golpe. A veces las “víctimas” exhibían sus manos alterada y roja como un tomate cuando finalizaba ese circo.

Otros juegos en los que había apuesta de dinero, como el “recoqueo”, “cara o e’cudo” y los dados eran perseguidos por la policía y los muchachos no incursionaban en ellos porque quienes eran sorprendidos eran sometidos al pago de una multa de RD$5.75. Otros juegos más sofisticados eran la confección de camiones hechos de cajas de arenques o bacalao que simulaban muy bien a los camiones de cargas. Eran corridos halándolos con una cuerda y enloquecían a los chiquillos por la similitud.

Algo que no debo dejar de mencionar aquí es, que en la calle 27 de Febrero casi esquina Gastón F Deligne, se escenificaba un juego de pelota en plena calle, pero en este juego se utilizaban “bates” bate (entiéndase un palo cualquiera) y una pelota forrada de “taip” (esparadrapos). Muchas personas se congregaban en los lados de la calle a observar y entre ellos un niño de unos diez u once años al que nunca se le había escuchado articular una palabra. Le decían el mudito. Una línea bateada con contundencia lo impactó en pleno pecho y todos atónitos escucharon que el mudito dijo: ¡Ay mamá!, y continuó hablando hasta el sol de hoy.

Y usted, ¿jugó algo?
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domingo, 13 de noviembre de 2011

MONUMENTO A LOS HÉROES Y MÁRTIRES MAEÑOS

COMPARECENCIA DE HUMBERTO PERDOMO Y LEY SIMÉ EN EL PROGRAMA ESTAMPAS
En la foto Ley simé, Humberto Perdomo y Doris Rodríguez la productora y conductora de Estampas, programa que puede ver esta noche a las 7:00pm por http://www.telenovisa43.com

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viernes, 11 de noviembre de 2011

LEYSIMELOCUENTA

LAS GUAGUAS DE MARRERITO
Por Ley Simé y Arístides Gómez

Esperar la guagua de Marrerito en una esquina cualquiera de las calles de Mao a la una de la tarde y en algo menos de media hora hacer el rutinario recorrido por la ciudad recogiendo a los estudiantes para llevarlos a la universidad Madre y Maestra de Santiago, era la rutina diaria de todos los que asistíamos al referido alto centro de estudios, por allá, por los primeros años de la década de los setenta.

Las guaguas debían estar saliendo de la ciudad de Mao antes de la 1:30 PM para hacer paradas en Esperanza y Navarrete, recoger a los estudiantes y arribar al campus universitario quince o veinte minutos antes de las 3:00 PM, que era la hora de iniciarse las clases en las aulas. Muchos debíamos correr de la guagua al edificio donde estaba ubicaba el aula donde recibiríamos la primera jornada del día.

Muchos estudiantes debían moverse desde sus casas hasta la casa de Marrerito situada en la calle Máximo Cabral Esq. Independencia y tomar el autobús ahí mismo, antes de iniciarse el recorrido por la ciudad a recoger los demás estudiantes. Subía por la Máximo Cabral hasta la calle Capotillo, frente a “La Mano Poderosa”, doblaba a la izquierda hasta la Duarte, por la que bajaba hasta la calle Sánchez; giraba a la derecha hasta la calle Beller, a la izquierda hasta la Independencia hasta arribar a la 27 de Febrero y seguir hasta las afueras de la ciudad y rumbo a Santiago. Esa era la rutina diaria de lunes a viernes. Los que tenían materias los sábados debían salir a las 6:00 AM en la guagua más pequeña y todo eso por RD$ 25.00 mensuales. Los que viajaban los sábados pagaban RD$ 30.00. Un semestre con todos los créditos que pudieras seleccionar costaba RD$ 150.00. Sí, ese precio en esa misma universidad.

Marrerito se inició en el traslado de estudiantes de Mao a Santiago en una minibus con capacidad para 12 o 15 pasajeros. A medida que pasaba el tiempo la demanda y el auge de estudiantes hizo que además Marrerito adquiriera otra guagua con capacidad para más de 30 viajeros. Pero la tromba de jóvenes estudiantes con deseos de superación y la gran cantidad de bachilleres que creció vertiginosamente y el crecimiento de los de Esperanza y Navarrete, obligó a Marrerito a adquirir una con capacidad para abordar algo más de 60 estudiantes. Moderna, espaciosa y confortable hizo que los “mayimbes” estudiantes Maeños influenciaran para que delegaran los otras dos guaguas para los de Esperanza y Navarrete. Los conductores de esa flotilla era encabezada por el propio Marrerito, que con el afán de manejar su majestuosa adquisición, delegaba a los otros chóferes, Cheo y Rafael a recoger a los de Esperanza y Navarrete. Cuando por cualquier razón faltaba uno de los conductores, ahí estaba el único emergente, Rey García, apreciado por todos nosotros.

En los parqueos de la universidad esperaban las tres guaguas. Después de las siete de la noche salían los primeros estudiantes y si el número era suficiente para el regreso, se iba con los primeros doce o quince que llegaran. Y así las restantes salían a las ocho o las nueve, dependiendo de la cantidad que abordara el autobús.

La última salía a las diez de la noche.

VIVENCIAS EN LOS VIAJES

El protagonismo comenzaba desde el mismo momento en que Pedro Jaime Tió subía a la guagua. (Era el único que tenía que doblar la cabeza para llegar a su asiento) con su funda llena de papeles. Luego Amarilis Castellanos y Bienvenido Hilario. Más adelante Norma (hoy esposa de Dagoberto Saleta), Arístides y Ley. Al hacerme visible a Pedro Jaime, de inmediato su slogan “bateador de turno, Ley bragañita Simé” seguido de una estruendosa carcajada a mandíbulas batientes. Ya en la guagua venían “Ballé” Colón (QEPD), “La Bicha” (esposa de Frank Crespo), Marinela Céspedes, Nuchi Jáquez siempre acompañada de Joselito Rodríguez, Anerta Rodríguez y otros que no recuerdo. Por la calle Sánchez, Angelita y Yuya Taveras, Andrés Ramos (El Pequi). Por la Beller una chispa, Elvita Tió, más adelante Rebeca Mañé y mi otro Valito, Dagoberto Saleta, Leonardo Reyes y más adelante, en la Independencia, Yolanda Pilarte y Rafa Minier, y saliendo de la ciudad, la señora Raquel de Morel.

Al salir de Mao, dentro de la guagua cada quien se agrupaba con su coro favorito. Como es natural, las mujeres se agrupaban para hacer su pipián. Los hombres también. “Ballé” y “El Pequi” intercambiaban ideas jurídicas y luego sacaban unas barajas y se les unía Papi, el de Blanquinín para matar el tiempo del viaje. Al llegar a Esperanza, recogíamos a Carmen y su hermano, y de ahí proseguíamos a recoger a Fanfo y Cunino, este último como con cuatro pies de estatura que subía a la guagua con ayuda de Pedro Jaime, quien en lo adelante lo cogía para él. No te enfades, le decía, que te voy a enseñar a resolver los problemas verticales de manera horizontal.

Esa chercha nos hacía el viaje más ameno y corto. Desde antes de llegar a Esperanza se hacía sintonizar a Radio Mao para escuchar el programa de Hedilberto Peña, de una a dos de la tarde, “Así cantan los Matamoros y el trío los Compadres”, y con esa música llegábamos hasta Navarrete donde ya las emisoras de Santiago interferían a Radio Mao y a sugerencia de las muchachas sintonizaban a Ondas del Yaque y el famoso programa “Discoteca Popular”, animado por un locutor de poco hablar y gago, Élido Antonio Rodríguez donde las exquisitas canciones inspiraban en el alma auditora recuerdos que tocaban el amor que emerge de de la sensibilidad humana. Los grupos constituidos en cofradías se deleitaban y así arribábamos a la universidad y con pesar dejábamos ese manjar de canciones románticas, por las obligaciones.

Al Arribar todos nos dispersábamos cada quien a cumplir con sus obligaciones académicas y no nos volvíamos a ver, salvo en algunas horas libres que acudíamos a la cafetería. Un friquitaqui por cinco centavos y un jugo por el mismo precio era el soporte hasta llegar al hogar afligido a las Diez o las once de la noche. De regreso a Mao en hora de la noche, la sintonía del programa de radio, y a petición y complacencia femenina cubría todo el trayecto de Santiago a Mao el Cipri Mar, que con su melodiosa y suave voz conducía un programa de dos horas con canciones románticas donde exaltaba la belleza de la mujer y con palabras poéticas dirigidas a los encantos femeninos, elevaba y sublimaba los sentimientos de las damas. Esto hizo que el Cipri se hiciera tan popular entre las viajeras que en una ocasión coincidieron en algunas en horas de ocio y decidieron bajar a la ciudad a conocer personalmente al Cipri que a juzgar por su voz pensaban que se iban a encontrar con un apuesto modelo físico. Fue grande la sorpresa que se llevaron cuando hizo acto de presencia el Cipri. Ninguna podía esconder el espanto cuando vieron a ese cabezón de tez oscura y baja estatura, ojos pequeños, nariz aplastada igual a la de los simios y una boca pronunciada que al sonreír solo pelaba los dientes inferiores. ¡Dios! fue el espanto de la vida para ese fan de jóvenes y curiosas muchachas traicionadas por la ilusión. Esa misma noche de regreso a Mao, recuerdo las risas que les provocaban aun, la sorpresa que se llevaron en esa escena. La Bicha, Rebeca Mañé y todas las que le dispensaron esa visita de cortesía al famoso Cipri Mar. No, no, no. Lo veo y no lo creo, es mejor escucharlo que verlo.

La población estudiantil maeña era la más numerosa de las que asistían desde otras provincias, incluyendo a La Vega, Moca y Puerto Plata y esto reafirma lo que siempre se decía: en todos los centros en que requerían un examen de admisión o de conocimientos generales, los maeños siempre llevaban la voz cantante. Era la ciudad que más admisiones obtenía per cápita. En esa época contábamos con excelentes y dedicados estudiantes a todas pruebas, dignos de ser emulados por las presentes y futuras generaciones. En los tiempos en que impartíamos docencia, mis gritos y exhortaciones jamás callaron la exhortación a seguir ese ejemplo. A medida que la política se fue llenando de lodo con los políticos perversos y más los medios de comunicación denunciándolos sin hacerle caso a nadie ni recibir el castigo correspondiente a la violación cometida desde sus funciones, en esa medida la sociedad y la familia se iban desintegrando al cabo de que sus miembros se iban poniendo fuera de control…. Excusas. Lo que estoy tratando aquí es: Las guaguas de Marrerito.

A muchos de los estudiantes se les recortaba el horario de clases, por la ausencia de algunos profesores que publicaban en los murales su ausencia ese día. Esto provocaba que ya a las cuatro de la tarde algunos estuvieran libres. Estos, para no esperar la guagua hasta la siete de la noche, se iban a la rotonda de salida para Mao a ver si encontraban un aventón y llegar temprano. Cuando “las bolas” estaban escasas y la guagua lo sorprendía en la rotonda, al subir todos los ojos se enfocaban en los fracasados y tenían que soportar todas las cuerdas de los compañeros durante todo el trayecto de regreso a Mao. Recuerdo que “Ballé” Colón, que el señor lo tenga en la gloria de los cielos, salió temprano con un compañero porque ya no tenían docencias, y se fueron a la rotonda a ver si un amigo pasaba o un buen samaritano los empujaba a Mao. Que va, no pasó nadie y se les estaba haciendo tarde. Media hora antes de las siete, paró un amigo con una camioneta llena de cebollas. Al conocer a “Ballé” se detiene y le propone que si se subían atrás, los llevaría. “Ballé” y el amigo, para no soportar las cuerdas de la guagua, acceden y se suben. El amigo encontró un saco de protección, para que los vehículos que venían detrás, no lo vieran. Parece que el chofer de la camioneta no tenía mucha prisa en llegar e iba lento. Al salir de Navarrete a Mao, ya acercándose a la entrada de Jicomé, “Ballé” divisa las luces de la guagua de Marrerito que viene y trata de ocultase con el amigo detrás del saco, que no era suficiente para esconder a dos. La guagua se le acerca y con las luces pone la parte trasera de la camioneta como si fuera de día. La guagua se dispone a rebasar y al pasarle por el lado salió un coro de la guagua “'Ballé', no te esconda”. Al compañero no lo reconocieron, pero luego él mismo nos confesó que quien venia con él era “El Pequi”. Cuantas risas y chistes, no por lo de la camioneta, sino por lo bien que se cubrió.

Algo digno de reconocer era el respeto, la consideración y el compañerismo existente en cada uno de los viajes. Algunos que otro chismecitos sin importancias que se sofocaban en la misma guagua. “Yo soy una respetable dama que tiene una personalidad muy bien definida, para que no se equivoquen”. Le dejo el reconocimiento de la autora de esa frase a cualquiera que conviviera esas experiencias y lea esto.
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