domingo, 8 de junio de 2014
EJECUCIONES POLICIALES, ILEGALES Y PELIGROSAS
El auge de la delincuencia no debe llevarnos a ver como buenos y válidos, métodos policiales violadores de la Constitución y de un estado de derechos que ha costado tantos sacrificios al pueblo dominicano. Si la Policía Nacional se convierte en juez y verdugo de los delincuentes, el sistema judicial está demás.
Lo peligroso de esto es que, si como en muchas ocasiones, la Policía se equivoca y ultima a cualquier inocente, no hay excusas que devuelvan la vida a la víctima. Por eso, es preferible un delincuente suelto a un inocente ejecutado en los desacreditados "intercambios de disparos".
Estamos conscientes de que el último menor ultimado por la Policía, no era un angelito, ni pertenecía a Los Niños Cantores de Viena, pero es ilegal e inadmisible que el cuerpo del orden se arrogue el derecho a decidir quién vive o muera, sin importar el crimen que se le atribuya.
El amplio debate sobre el tema, surge a raíz de la muerte violenta de los dos jóvenes señalados por la institución como responsables del asesinato de la teniente de la AMET, Mercedes Torres Báez, crimen cobarde que suscitó rechazo e indignación en la ciudadanía.
Pero la Policía nunca presentó evidencias que comprometieran a los ultimados en el hecho y, aun así, salió a matarlos, al parecer para enviar el mensaje a los delincuentes de que quien sea acusado de agredir a un miembro de la institución, está, irremediablemente condenado a muerte.
Muchos aplaudieron, la acción sin detenerse a pensar que si esa práctica se generaliza, un día cualquiera , puede por confusión, alcanzarlo a ellos, o a cualquiera de sus hijos, o utilizarse, como en antaño, por motivaciones, políticas, personales y hasta... delincuenciales.
Los recuerdos están muy frescos en la población con los crímenes policiales de los funestos 12 años de Joaquín Balaguer y más recientemente con las desapariciones de personas que como el joven Randy Vizcaíno González, se encontraba detenido por la Policía al momento de desaparecer.
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domingo, 7 de julio de 2013
¡JESÚ, MA'NÍFICA!
Por Ángel Berto Almonte
Mao, Valverde.-Considerado un lugar sagrado, donde los fieles difuntos descansan en paz, los camposantos se han convertido en presa fácil de los delincuentes, quienes con frecuencia hacen de las suyas rompiendo panteones para robar.
En el país no se salva nadie; atracan periodistas y matan oficiales de la policía y la guardia.
Ahora los pillos tienen una nueva modalidad en su accionar delictivo; han volteado la página y se han traslado a los cementerios, en donde rompen los candados de las puertas de los panteones y cargan con ellos para venderlos por libras.
Se recuerda que la moda de los delincuentes era hace unos años la profanación de tumbas, robos de coronas de flores y cruces; ahora buscan todo lo que es bronce y hierro; por ejemplo, los candados son de bronce y las puertas de los panteones son de hierro. Incluso, el candado del lugar donde descansa mi propio padre, se lo han llevado, no una vez, sino tres.
Los vándalos aprovechan que el zacatecas del cementerio termina sus labores a las seis de la tarde y el lugar queda a merced de quienes hacen de la noche el mejor horario para cargar con lo que no es de ellos. Incluso, frente al cementerio está localizada la cárcel pública de la policía, pero esto no le importa a los ladrones.
Para añadir burla a la afrenta, en varias oportunidades los periodistas han conversado con familiares de los difuntos, quienes coinciden en señalar que en su estadía en el lugar se exponen a ser asaltados por los delincuentes.
Además de los robos e inseguridad, el cementerio nuevo, como le llaman los maeños, está lleno de malezas, basura, cristales rotos, falta de vigilancia y sus calles en mal estado. Esto fue comprobado por quien suscribe, quien visitó el lugar en compañía del ingeniero Ramón Santana, presidente de la Fundación Héroes y Mártires de Mao y la provincia Valverde.
El descuido en el acondicionamiento de los árboles, así como las zonas verdes que hay entre las tumbas, ha provocado que los propios deudos hayan hecho montones de yerbas en los pasillos para poder acceder a visitar a sus seres queridos.
Ya es hora de que el señor Alcalde ponga en marcha un programa de reconstrucción y acondicionamiento del Camposanto Nuevo, no para tranquilidad de los muertos, sino de los vivos, sus familiares.
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miércoles, 7 de septiembre de 2011
domingo, 28 de agosto de 2011
SOCIEDAD Y DELINCUENCIA
Por Dr. Rafael Estévez Reyes
La esposa del destacado cirujano maeño, Dr. Rafael Estévez Reyes, fue atracada recientemente en Santiago. La Sra. recibió golpes que le fracturaron huesos de la cara. Este comentario del Dr. Estévez es un llamado a la conciencia ciudadana para que comience a movilizarse y presionar por un cambio en el estado calamitoso en que está la justicia dominicana. Ante un sistema de justicia que solo beneficia al delincuente, el Dr. Estévez se pregunta con razón: ¿cómo es posible que las autoridades judiciales reconozcan que si el injertado código procesal penal no funciona no haya ningún esfuerzo inmediato, razonable, serio, para resolverlo?
La indiferencia con que la ciudadanía acoge el acontecer diario en nuestra nación, hay que estudiarla.
La aceptación de la derrota en términos generales con que el pueblo ha optado por vivir, merece cuestionamiento.
Es increíble cómo nos hemos dejado manejar por los hacedores de leyes que benefician abiertamente, sin tapujos, sin rodeos, sin medias tintas, con malicia, alevosía, asechanza y pingües beneficios, a los que diariamente se tiran a la calle a intimidar, asaltar, secuestrar, a matar, para conseguir dinero a costa de la clase trabajadora y honesta del país.
La delincuencia ha llegado al tope de su expresión, con la anuencia y aprobación de las autoridades, en todos sus niveles. Ahora que le ha tocado a mi familia (mi esposa) vivir el drama de un atraco, con golpiza y fractura de huesos, con la suerte de salir viva, hemos tomado conciencia de la realidad, aunque un grupo de beneficiados quiera imponer un criterio supuestamente democrático y avanzado de convivencia en el país, ablandando las leyes de tal modo que el agraviado es quien tiene más posibilidad de salir condenado.
La ciudadanía está indefensa, por cada situación delincuencial denunciada hay cinco que no se reportan; por más que los estamentos policiales, judiciales resuelvan casos, siempre estarán por debajo de la producción de hechos vandálicos.
¿Por qué? Siquiatras, analistas, abogados, politólogos, la gente común, cada uno tiene su explicación y justificación, pero la verdad monda y lironda es que la ciudadanía está temerosa, indefensa, impotente; está acorralada ante el embate aguerrido de los actores del bajo mundo.
Puedo decir que alrededor del 30% de las personas que me llamaron para darnos soporte, han tenido un caso denunciado, pero esta denuncia encontró más obstáculos que aceptación, más dudas que intención de veracidad y sobre todo escepticismo de los que reciben dichas denuncias. Hay que convencerlos de los hechos aun con golpes visibles, heridas, fracturas para motivarlos a aceptarla; hay que confeccionar un expediente tan perfecto que a veces es imposible armarlo en el periodo que la ley establece, para así beneficiar al malhechor, esta denuncia en ocasiones hay que confeccionarla varias veces para que el expediente “no se caiga”.
Pero lo peor es que el otro porciento, que es la mayoría, te aconseja dejar la cosa así para no exponerte a las represalias de los ofendidos, y hacen sus historias de cómo han pasado por la misma situación sin ningún éxito ante los responsables de protegerte y de aplicar las leyes que ellos mismos han hecho.
La Universidad Tecnológica de Santiago ha realizado una especie de seminario sobre la delincuencia, con algunos de los actores responsables de la estabilidad social de la ciudad y sectores interesados; esta institución y sus autoridades alarmados por el auge de la violencia han reunido este grupo de personas para en conjunto buscar una solución a este problema que cada vez es peor, dicen que lo que fue tratado se hará público y que las medidas a tomar serán puestas en vigencia.
Pero hay incongruencias, ¿cómo es posible que las autoridades judiciales reconozcan que si el injertado código procesal penal no funciona no haya ningún esfuerzo inmediato, razonable, serio, para resolverlo? El país necesita un código procesal penal Dominicano, “moderno”, con la idiosincrasia del Dominicano, con las características y el perfil del delincuente Dominicano; o, si es copiar que se quiere, vamos a copiar uno de donde no se tolere la delincuencia, ni a las autoridades venales, ¿o no hay ejemplos de países con una superpoblación y todo el mundo sabe cómo se tratan esos casos?
En nuestro caso hemos contado con la solidaridad de gran parte de la población, de las autoridades policiales, de las autoridades judiciales, de la prensa hablada y escrita, hay uno detenido, pero de esto hace dos semanas y todavía andan sueltos otros participantes, nuestra familia está temerosa, se siente impotente ante tanta burocracia y tecnicismos de ventorrillo y discrepancia entre los actores, que solo alimenta el incremento de los delitos por la meticulosa forma de leer la ley a favor de los delincuentes. Hoy nos ha pasado a nosotros, mañana puede ser a ti y talvez con peor suerte.
¿Qué debemos hacer? Unirnos, exigir un cambio inmediato del estado de cosas que propician estos actos, que el gobierno tome medidas que de alguna forma enfrente este grave mal social; que dé un paso al frente en el cuidado de los contribuyentes, que nos haga ver que es una cosa de alta preocupación, de inmediata solución. Cuando hay un desastre natural se toman medidas rápidas, certeras. Lo que está pasando en el país es de más perentoria atención que cualquiera de los desastres naturales que han pasado.
Exhorto a la ciudadanía a no dejarse amedrentar, insistir en cumplir con los requisitos actuales aunque quiméricos, hasta que la población se subleve y exija con hechos, con cambios sustanciales, con respuestas concretas a la situación o que el gobierno de muestra de solidaridad y actúe con serio interés en la búsqueda de solucionar el problema. Siga leyendo...
domingo, 10 de julio de 2011
LA MUERTE DE FACUNDO CABRAL
POR GERMÁN DÍAZ
El mundo debe indignarse, sí indignarse, porque no es posible que la vida valga tan poco, no es posible que se marchite la vida así sencillamente, sin que nos inmutemos. Este mundo tiene que cambiar, pero no un cambio por el cambio, sino un cambio radical que obligue a revisar la barbarie que significa atentar contra lo más sagrado que tiene el ser humano: Su vida. Un cambio que obligue a revisar por qué tenemos que sufrir frío, hambre, calor, desesperación, angustia, represión, discriminación mientras otros disfrutan de pan, amor, caprichos, comodidades, felicidad, privilegio. Facundo Cabral no debió morir de esa manera, ¡no estamos en guerra! ¿Quién debió garantizar su existencia? ¿Cuántos Facundos más deberán morir por la ineficacia de un estado fallido? ¿Por qué yo no puedo tener derecho a vivir? ¿Dónde en este mundo puedo vivir en paz? ¿Qué hacemos con los que matan y roban?
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