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domingo, 19 de junio de 2011
EVOCACIÓN
JUEGOS DE PELOTA DE PATIO
Por Andrés R. del Villar Jorge
A mi gran amigo Betty Guzmán
Por el año 53, si la memoria no me falla, pues como dice mi hermana Lavinia “Ha llovido Mucho”, celebrábamos los juegos de pelota de patio, tanto en el patio de mi casa como en el de la casa de Doña Patria Guzmán. Fueron muchos los juegos que allí compartimos dentro del marco de la amistad, y el que mandaba la pelota al patio de Don Arsenio, o al de Milito Cabral, dependiendo de donde se jugara, era comparado con Alonso Perry, tremendo bateador de la época.
En aquellos juegos con pelotas y trochas hechas por nosotros mismos, y bates de palo de los árboles de los patios, se institucionalizaron dos jugadas en las cuales tenía participación directa Betty Guzmán:
Primero: “el bloqueo de home”, ya que como cátcher recibía los lanzamientos sentado y todo el que venía hacia home moría en sus manos, pues lo esperaba sobre el plato. Segundo: “el corredor designado”, pues como todos sabemos Betty no podía correr; solo bateaba, y bateaba muy bien, poncharlo era difícil ya que su zona de strike era muy baja.
Estas dos jugadas pienso que serían merecedoras de estar inscritas, si no en el Salón de la Fama del Beisbol, por lo menos en el Libro de Guinnes. A propósito de Salón de la Fama, se gestó crear aunque sin éxito el Salón de la Fama de los Juegos de Patio, donde por supuesto el primer nombre que debía aparecer era BETTY GUZMAN, por sus destrezas y habilidades en el juego, ya que se desempeñaba como Manager, Pitcher, Cátcher y Primera Base, aún con sus limitaciones físicas.
Jugábamos descalzos para conservar los zapatos de ir a la escuela o salir de paseo, pues no había para mucho más.
Los estelares que participábamos en aquellos juegos éramos entre otros, Betty Guzmán, José Alejandro Guzmán (hermano de Betty), Jochy Cabral, Los Hermanos Cercet, Vinicio y Orlando Reyes, Belanche el de Cheché, y por supuesto Yo.
El que tenía dos trochas o dos pelotas había que meterlo al juego aun fuera malo, aunque allí todos éramos malos y buenos. Los plays que improvisábamos tenían solamente el home, la primera y la segunda, pues no había espacio para más, por ende nadie podía conectar un triple, y nadie podía empujar más de tres carreras con un jonrón. Solo jugaban seis en cada equipo, cátcher, pitcher, primera y segunda base y dos en los “files”, lo que era una maravilla porque las carreras se anotaban muy rápido, aunque lo que es igual no es ventaja.
Betty no sólo fue líder de bateo varias veces, sino que también era el líder que nos aglutinaba. Aunque no llegó a ser pelotero profesional, sí se ha distinguido como músico de clarinete, y como técnico en refrigeración, actividad que en la actualidad realiza.
Nos enseñó de pequeños que la mayoría de las veces las limitaciones están más que en el cuerpo, en las mentes de las personas, pues a pesar de las suyas, ha sido un hombre de provecho que siempre ha ganado su sustento y el de su familia trabajando como el que más.
¡Qué bueno haber tenido el privilegio de compartir mi niñez con Betty!
Gracias Betty por tu amistad de ayer y de hoy.
Relacionado Betty Guzmán Deschamps, por Evelio Martínez.
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Por Andrés R. del Villar Jorge
A mi gran amigo Betty Guzmán
Por el año 53, si la memoria no me falla, pues como dice mi hermana Lavinia “Ha llovido Mucho”, celebrábamos los juegos de pelota de patio, tanto en el patio de mi casa como en el de la casa de Doña Patria Guzmán. Fueron muchos los juegos que allí compartimos dentro del marco de la amistad, y el que mandaba la pelota al patio de Don Arsenio, o al de Milito Cabral, dependiendo de donde se jugara, era comparado con Alonso Perry, tremendo bateador de la época.
En aquellos juegos con pelotas y trochas hechas por nosotros mismos, y bates de palo de los árboles de los patios, se institucionalizaron dos jugadas en las cuales tenía participación directa Betty Guzmán:
Primero: “el bloqueo de home”, ya que como cátcher recibía los lanzamientos sentado y todo el que venía hacia home moría en sus manos, pues lo esperaba sobre el plato. Segundo: “el corredor designado”, pues como todos sabemos Betty no podía correr; solo bateaba, y bateaba muy bien, poncharlo era difícil ya que su zona de strike era muy baja.
Estas dos jugadas pienso que serían merecedoras de estar inscritas, si no en el Salón de la Fama del Beisbol, por lo menos en el Libro de Guinnes. A propósito de Salón de la Fama, se gestó crear aunque sin éxito el Salón de la Fama de los Juegos de Patio, donde por supuesto el primer nombre que debía aparecer era BETTY GUZMAN, por sus destrezas y habilidades en el juego, ya que se desempeñaba como Manager, Pitcher, Cátcher y Primera Base, aún con sus limitaciones físicas.
Jugábamos descalzos para conservar los zapatos de ir a la escuela o salir de paseo, pues no había para mucho más.
Los estelares que participábamos en aquellos juegos éramos entre otros, Betty Guzmán, José Alejandro Guzmán (hermano de Betty), Jochy Cabral, Los Hermanos Cercet, Vinicio y Orlando Reyes, Belanche el de Cheché, y por supuesto Yo.
El que tenía dos trochas o dos pelotas había que meterlo al juego aun fuera malo, aunque allí todos éramos malos y buenos. Los plays que improvisábamos tenían solamente el home, la primera y la segunda, pues no había espacio para más, por ende nadie podía conectar un triple, y nadie podía empujar más de tres carreras con un jonrón. Solo jugaban seis en cada equipo, cátcher, pitcher, primera y segunda base y dos en los “files”, lo que era una maravilla porque las carreras se anotaban muy rápido, aunque lo que es igual no es ventaja.
Betty no sólo fue líder de bateo varias veces, sino que también era el líder que nos aglutinaba. Aunque no llegó a ser pelotero profesional, sí se ha distinguido como músico de clarinete, y como técnico en refrigeración, actividad que en la actualidad realiza.
Nos enseñó de pequeños que la mayoría de las veces las limitaciones están más que en el cuerpo, en las mentes de las personas, pues a pesar de las suyas, ha sido un hombre de provecho que siempre ha ganado su sustento y el de su familia trabajando como el que más.
¡Qué bueno haber tenido el privilegio de compartir mi niñez con Betty!
Gracias Betty por tu amistad de ayer y de hoy.
Relacionado Betty Guzmán Deschamps, por Evelio Martínez.
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Remembranzas
miércoles, 8 de junio de 2011
EVOCACIÓN
DISFRUTES DE MI ADOLESCENCIA
Por Andrés R. Del Villar Jorge
Los recuerdos de mi infancia son una mezcla de alegría y nostalgia. Puedo decir que fueron tiempos felices en los que disfruté, si no mi mejor época, la menos contaminada, donde la malicia no tenía cabida. Es así que hoy evoco mis tiempos de vacaciones en mis años mozos en Mao, pueblo que me vio nacer y crecer, por lo que comparto con ustedes mis vivencias en esa etapa de mi vida.
• Ir al teatro Jaragua a ver la serie de Flash Gordon, sentándome en los palcos bajos a mano izquierda, cerca de la puerta delantera hacia el patio, la cual abría para ir a hacer pipí, y a la vez para que se colaran Joseíto Crespo, Pitifia Reyes, Piculín y otros.
• Ir al Cine Jardín frente a Yuyú con Melba Tió mi cuñada, y Venecia Brea. Me recostaba de una primero y de la otra después.
• Ir al Samoa Bar a bailar con Julieta Colón y Gladys Cabrera. Como anécdota les comento que estando en el Samoa por un lado Yo y Julieta por otro, si sonaba la Mulatona y alguien la invitaba a bailar ella le decía, excúsame, porque sé que Andrés viene a sacarme. Lo cierto es que las dos bailaban muy bien.
• Trabajar de madrugada en la Grenada Company en topografía, con el Señor Plá y José Eduardo Reyes. Aparte del disfrute de los sándwiches cuando pasábamos de la 1 p.m., estaba la picada de 10, 12 y hasta 15 pesos semanales.
• Trabajar junto a Rafita Crespo y otros amigos haciendo pan dulce donde Doña Anita la esposa de Ismaelito ganando 20 centavos diarios. Si nos quedábamos hasta las 3 de la tarde nos daban 30 centavos y un plato de comida, que consistía en la Bandera Dominicana y un pan sobado. Los domingos en la noche usualmente solicitábamos un avance para ir al Samoa por lo que el lunes no cobrábamos.
• Enderezar clavos en la construcción de la Escuela Primaria a 4 centavos la libra, ¡ojo!, 4 cheles, no pesos.
• Recorrer las calles de Mao entregando la lista del Bingo de los sábados del Club de Damas, citando entre ellas a Doña Bertilia, Doña Luba, Doña Hilda Tió, Tatica Quiñones, Antonia Dolores, y por supuesto mi mamá Ana Delia. Por esa labor recibia un pago de 15 centavos, mas el disfrute de lo que se brindaba en cada bingo.
• Entregar los trajes que mamá confeccionaba en su máquina de pedal marca Singer, por lo que recibía a veces 10 centavos, otras un pedazo de bizcocho de parte de alguna de su clientela.
• Hacer coconetes donde Juan Abreu y Tito Santana, y la paga era un coconete.
• A la salida de la escuela ir donde Mamininga a buscar la cantina con la comida de la casa.
• También era un disfrute saborear una crema de Pepe, el pan de batata de Anita Peña, el cortado de Carlos Juan, las batidas de lechoza con leche en la barra de Nanito, el bizcocho con crema de Moisés Ureña. Estaban entre mis favoritos además los 3 y 2 de Chepe Espinal, 3 centavos de salchichón Dájer y una galleta de 2 centavos; la mantequilla y el suavecito de Carpín, que nos permitía raspar el concón del dulce, y luego nos dábamos un baño en el canal de riego próximo a la fábrica.
• Montarme en el volteo con José Honorio Ureña a buscar arena al Río Mao.
• Uno de mis mayores disfrutes era subirme a la mata de tamarindo de mi casa, una de las más altas que he conocido. Aunque no me lo creían, cuando subía al cogollo a eso de las 5:30 a 6:00 p.m., alcanzaba a ver las luces de Santiago. Luego remeneaba la mata para tumbar los tamarindos, elegía los buenos y se los vendía a Macuca o a Quín, quienes me los pagaban a 10 centavos el cajón. Con esa picada me compraba telas para camisa donde don José Espinal, que luego mi madre me hacía. Dice Lavinia que Manito le informó que yo tengo una deuda con él de ventas de tamarindo, así que por favor explique cuando vamos a arreglar cuentas.
• Al venir a la capital a iniciar mis estudios universitarios, me encontré con que el cajón de tamarindos costaba 5 pesos, ¿escucharon?, 5 pesos. Así que planeé regresar a negociar la diferencia de mis ventas anteriores. Macuca me regaló 5 bolas de tamarindo, y Quín un mabí.
• Otro inmenso disfrute era recorrer las calles de Mao haciendo yuca a las enamoradas en mi bicicleta Raleigh negra, si estaba lloviendo todavía lo disfrutaba más. Como anécdota les comento que traje la bicicleta para ir a la Universidad Autónoma, y llevaba en la barra a Mumú dándole bola de ida y vuelta, hasta que un día una guagua nos estuvo al llevar en la Santiago con Máximo Gómez, y cuando lo dejé en su casa me dijo: “No me vengas a buscar mañana.”
• Por supuesto que disfrutar con mis Padres y Hermanos era algo 1-A; recordar el sacrificio de mamá como maestra y modista, acompañar a Papá en algunos viajes en su carro Pontiac Catalina, las travesuras que les hacía a Finetta, Lavinia y Bethania, y los panchos que heredaba de Martín y Yoryi para ir a las fiestas del Club Quisqueya, son recuerdos inolvidables en mi vida. Siga leyendo...
Por Andrés R. Del Villar Jorge
Los recuerdos de mi infancia son una mezcla de alegría y nostalgia. Puedo decir que fueron tiempos felices en los que disfruté, si no mi mejor época, la menos contaminada, donde la malicia no tenía cabida. Es así que hoy evoco mis tiempos de vacaciones en mis años mozos en Mao, pueblo que me vio nacer y crecer, por lo que comparto con ustedes mis vivencias en esa etapa de mi vida.
• Ir al teatro Jaragua a ver la serie de Flash Gordon, sentándome en los palcos bajos a mano izquierda, cerca de la puerta delantera hacia el patio, la cual abría para ir a hacer pipí, y a la vez para que se colaran Joseíto Crespo, Pitifia Reyes, Piculín y otros.
• Ir al Cine Jardín frente a Yuyú con Melba Tió mi cuñada, y Venecia Brea. Me recostaba de una primero y de la otra después.
• Ir al Samoa Bar a bailar con Julieta Colón y Gladys Cabrera. Como anécdota les comento que estando en el Samoa por un lado Yo y Julieta por otro, si sonaba la Mulatona y alguien la invitaba a bailar ella le decía, excúsame, porque sé que Andrés viene a sacarme. Lo cierto es que las dos bailaban muy bien.
• Trabajar de madrugada en la Grenada Company en topografía, con el Señor Plá y José Eduardo Reyes. Aparte del disfrute de los sándwiches cuando pasábamos de la 1 p.m., estaba la picada de 10, 12 y hasta 15 pesos semanales.
• Trabajar junto a Rafita Crespo y otros amigos haciendo pan dulce donde Doña Anita la esposa de Ismaelito ganando 20 centavos diarios. Si nos quedábamos hasta las 3 de la tarde nos daban 30 centavos y un plato de comida, que consistía en la Bandera Dominicana y un pan sobado. Los domingos en la noche usualmente solicitábamos un avance para ir al Samoa por lo que el lunes no cobrábamos.
• Enderezar clavos en la construcción de la Escuela Primaria a 4 centavos la libra, ¡ojo!, 4 cheles, no pesos.
• Recorrer las calles de Mao entregando la lista del Bingo de los sábados del Club de Damas, citando entre ellas a Doña Bertilia, Doña Luba, Doña Hilda Tió, Tatica Quiñones, Antonia Dolores, y por supuesto mi mamá Ana Delia. Por esa labor recibia un pago de 15 centavos, mas el disfrute de lo que se brindaba en cada bingo.
• Entregar los trajes que mamá confeccionaba en su máquina de pedal marca Singer, por lo que recibía a veces 10 centavos, otras un pedazo de bizcocho de parte de alguna de su clientela.
• Hacer coconetes donde Juan Abreu y Tito Santana, y la paga era un coconete.
• A la salida de la escuela ir donde Mamininga a buscar la cantina con la comida de la casa.
• También era un disfrute saborear una crema de Pepe, el pan de batata de Anita Peña, el cortado de Carlos Juan, las batidas de lechoza con leche en la barra de Nanito, el bizcocho con crema de Moisés Ureña. Estaban entre mis favoritos además los 3 y 2 de Chepe Espinal, 3 centavos de salchichón Dájer y una galleta de 2 centavos; la mantequilla y el suavecito de Carpín, que nos permitía raspar el concón del dulce, y luego nos dábamos un baño en el canal de riego próximo a la fábrica.
• Montarme en el volteo con José Honorio Ureña a buscar arena al Río Mao.
• Uno de mis mayores disfrutes era subirme a la mata de tamarindo de mi casa, una de las más altas que he conocido. Aunque no me lo creían, cuando subía al cogollo a eso de las 5:30 a 6:00 p.m., alcanzaba a ver las luces de Santiago. Luego remeneaba la mata para tumbar los tamarindos, elegía los buenos y se los vendía a Macuca o a Quín, quienes me los pagaban a 10 centavos el cajón. Con esa picada me compraba telas para camisa donde don José Espinal, que luego mi madre me hacía. Dice Lavinia que Manito le informó que yo tengo una deuda con él de ventas de tamarindo, así que por favor explique cuando vamos a arreglar cuentas.
• Al venir a la capital a iniciar mis estudios universitarios, me encontré con que el cajón de tamarindos costaba 5 pesos, ¿escucharon?, 5 pesos. Así que planeé regresar a negociar la diferencia de mis ventas anteriores. Macuca me regaló 5 bolas de tamarindo, y Quín un mabí.
• Otro inmenso disfrute era recorrer las calles de Mao haciendo yuca a las enamoradas en mi bicicleta Raleigh negra, si estaba lloviendo todavía lo disfrutaba más. Como anécdota les comento que traje la bicicleta para ir a la Universidad Autónoma, y llevaba en la barra a Mumú dándole bola de ida y vuelta, hasta que un día una guagua nos estuvo al llevar en la Santiago con Máximo Gómez, y cuando lo dejé en su casa me dijo: “No me vengas a buscar mañana.”
• Por supuesto que disfrutar con mis Padres y Hermanos era algo 1-A; recordar el sacrificio de mamá como maestra y modista, acompañar a Papá en algunos viajes en su carro Pontiac Catalina, las travesuras que les hacía a Finetta, Lavinia y Bethania, y los panchos que heredaba de Martín y Yoryi para ir a las fiestas del Club Quisqueya, son recuerdos inolvidables en mi vida. Siga leyendo...
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