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lunes, 12 de febrero de 2024

EN LA MUERTE DE NUESTRO HERMANO, DR. NORMAN AUGUSTO FERREIRA AZCONA

Falleció el día 24 de enero de 2024
Gracias a quienes de una forma u otra nos hicieron llegar sus notas de pésame y sus condolencias, por la muerte de nuestro querido hermano Norman Ferreira. Gracias por su apoyo y solidaridad; lo apreciamos de corazón.
Nuestro hermano fue un extraordinario ser humano, un líder nato, admirado y respetado por todos quienes lo conocieron. Inteligente en grado sumo, fue querido y respetado tanto por sus compañeros de aula como por sus profesores. 
Activista deportivo, en su juventud fue fundador de dos equipos de beisbol, la Tienda Ferreira y los primeros Yanquis Maeños. Al ver la falta de instalaciones deportivas en el pueblo, se propuso y logró crear un sitio en que la juventud pudiera competir, desarrollarse y divertirse de manera sana, para lo que consiguió el solar donde, con la colaboración del comercio local y donaciones de ciudadanos, y la asistencia de decenas de jóvenes maeños, construyó el famoso Club Juvenil, dotado de canchas de voleibol y básquetbol, y juegos de mesa.
Su sensibilidad social y su desprendimiento a favor de los menos afortunados, no tenían límites. Siendo un joven estudiante de medicina compartía sus libros con compañeros que no podían comprarlos; visitaba a los presos políticos a quienes les llevaba batatas asadas, o lo que pudiera, palabras de aliento y alguna que otra medicina que pudiera escarbar.
Graduado de médico, en vez de perseguir lucrarse en la práctica privada, prefirió irse a su pueblo natal a ejercer, con los más pobres en mente. A estos le daba servicios a domicilio, y en vez de cobrarles, terminaba regalándoles las medicinas. Al estallar la revolución de abril del 65, fue de los pocos médicos que se quedaron a prestar servicios a los heridos, bajo condiciones de dificultad extrema, consciente del peligro, prácticamente desafiando la muerte, en el hospital Padre Billini. 
En Mao fue médico legista, director del Hospital Luis L. Bogaert, y mentor de una pléyade de jóvenes médicos. Fruto de la admiración y el respeto de sus dueños, parte de la Clínica Rodríguez, en la que trabajó, se llama hoy Dr. Norman Augusto Ferreira Azcona.
Como síndico, se preocupó por, entre otras cosas, adecentar el tránsito. Entre las medidas que tomó, estuvo montar los primeros semáforos del pueblo.
Fue embajador del país en Ecuador.
En su época, Norman estuvo involucrado en casi todo lo que significaba aupar la cultura y el bien social: fue miembro fundador del Club de Leones, del Comité de Historia de Mao, etc.
Fue un hijo, hermano, tío, esposo, padre y abuelo amoroso y ejemplar. Fue un amigo sincero, solidario y consecuente. Fue honrado a carta cabal. Era un hombre íntegro, con opiniones y convicciones firmes, las cuales no tenía miedo de expresar y defender: le cantaba la verdad a cualquiera, sin pelos en la lengua.
Sí, nuestro hermano fue un ser humano extraordinario y nos sentimos orgullosos de que haya existido y haya contribuido con tanto ahínco para hacer de este un mundo mejor.
Para los hermanos que crecimos bajo su influencia, enseñanzas y tutela, estricta y severa a veces, para bien nuestro, aunque somos adultos todos (mayorcitos de edad), su muerte no deja de ser un shock, pues a nuestros ojos él era la piedra de granito, el sabio que tenía todas las respuestas, la valentía indomable, el espíritu indestructible. Con él se va una parte crucial de nuestro ser. 
Descansa en paz, querido Dóktor: te extrañaremos mucho, pero el recuerdo de tu conducta ejemplar nos consolará y nos inspirará a ser mejores, como eras tú.

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miércoles, 17 de abril de 2013

¡FELIZ CUMPLEAÑOS, DR. NORMAN FERREIRA!

El Dr. Norman Ferreira, un bastión de conciencia cívica y humana, está hoy de cumpleaños, lo que nos llena de júbilo.

El Dóctor no es solo un destacado médico que prefirió quedarse y ejercer la medicina en su pueblo, sino un ser humano ejemplo de entereza que ha sido desde líder juvenil y modelo para sus hermanos y familiares hasta síndico municipal y embajador en Ecuador.

Dóctor, creo que está demás que le diga cuan orgullosos y agradecidos estamos los beneficiarios directos de las virtudes que le adornan.

Muchas felicidades en este día especial y que sea este el primero de un largo y saludable resto de vida.

Dios lo guarde siempre.
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miércoles, 4 de mayo de 2011

DR. NORMAN FERREIRA: LÍDER NATURAL DE LA JUVENTUD MAEÑA DE LOS AÑOS 60

Por Manito Santana

Permítanme denominar a este señor como "Líder Natural de la Juventud Maeña de los años 60” porque no fue programado por entidad alguna para proyectarse entre nosotros, muchachos y muchachas con edad mental inmadura políticamente, etapa donde teníamos la mente con un poder ideal para captar o asimilar las cosas ; y qué bueno que coincidió con un cambio político de una dictadura de 30 años, cuyos grandes males en realidad desconocíamos y que para evitar que surgiera otro gobierno parecido, se necesitaba concientizar a los hombres del futuro, o sea ,a la juventud de los años 60. Y qué mejor camino que la organización de esos jóvenes.

Tengo mi concepto sobre los líderes que no se fabrican, son distintos a los mandatarios. Creo que los verdaderos líderes surgen de una manera espontánea.

Coloco en ese renglón al Dr. Norman Ferreira como uno de esos líderes, y para esto, debo exponer las razones que considero lo justifican. He aquí una breve sinopsis.

Norman Ferreira, en sus años mozos, tenía líneas anti-trujillistas captadas de su padre Don Vitalino quien frecuentemente sintonizaba en la radio emisoras desde Cuba, Venezuela, donde constantemente hablaban contra el Jefe y como muestra de esto están los problemas encontrados por esta familia recién ejecutado Chapita, asediados por calieses y paleros con las intenciones a la que estaban asignados: sembrar el terror contra los oponentes al régimen decadente.

En el ámbito deportivo, Norman por los años 1956-57-58 juega beisbol juvenil y superior, llegando a ser Manager, siendo esto una muestra de capacidad dirigencial pese a su corta edad, pues generalmente los managers eran de avanzada edad.

Sus estudios: luego de su bachillerato, cursado en la Normal de Mao dirigido por el letrado Don Leo Ricardo y un prestigioso equipo de profesores, entre ellos Evaristo Disla, Arturo Peña, Luis Peña, etc., parte para la Universidad de donde sale Graduado como Dr. en Medicina.

En su período de estudios universitarios, pasa a ser miembro de la FED (Federación de Estudiantes Dominicanos), donde sirve como enlace entre los estudiantes maeños y Santo Domingo, sede principal de dicha Federación.

Fue miembro del Movimiento Revolucionario 1J4, (catorce de junio) en los momentos más difíciles, por los grandes riesgos que representaba pertenecer a dicho movimiento.

El país, luego del ajusticiamiento del tirano, entra en un proceso de cambios provocado por la masa silente opositora al régimen que se destapa e inicia de manera espontánea la concientización hacia el pueblo de las barbaridades que eran cometidas por Trujillo. Esto trae como resultado una reacción llena de ira de las masas que provoca la destrucción con todo lo relacionado con esa nefasta familia, tumbando estatuas, desbaratamiento de casas, etc., etc. Este fue un período de inseguridad debido al caos existente al momento.

El Dr. Ferreira, interesado en orientar la juventud de su pueblo en busca de un mejor futuro se integra a "Los Jóvenes de la Santa Cruz", llegando a ser su presidente.

Las Fiestas patronales de la Santa Cruz, con su movimiento juvenil conformado por nosotros en aquellos tiempos tenían un colorido que provocaba un movimiento festivo en cada rincón de nuestro pueblo, pura diversión; nuestras reinas, todas bellas, seleccionadas sin tomar en cuenta influencias económicas. Cabe indicar que en esos tiempos teníamos ese gran respaldo en la persona del gran Padre Disla.

Construcción del "Club Juvenil ".- ¿Qué lo motivó?

Todos sabemos que cada club privado es regido por normas y estatutos que limitan la participación de personas, no tomando en cuenta necesariamente la ética y buenos modales del individuo y puede ser rechazado por algún directivo a quien usted no le agrade.

Nosotros, como Jóvenes de la Santa Cruz con nuestras Reina (Melba Peña de esas fiestas en aquel entonces) queríamos un mejor lucimiento y qué mejor lugar que el "Club Quisqueya": un bello salón y local y frente al parque, punto de reunión del pueblo. Hubo un rechazo, no podían violar sus estatutos. Respetamos su decisión, pero este fue un mal necesario, ya que esto fue lo que motivó la construcción del Club Juvenil.

Para esas fiestas, se buscaba una integración momentánea del pueblo, buscando que las clases tuvieran un acercamiento en honor a su patrona pero no se produjo ese acercamiento. Esto nos causó un ligero desaliento y el Dr., al vernos de este modo nos dijo: "no se preocupen muchachos, nosotros vamos a tener nuestro propio local".

Nosotros, para esa época, parte de jóvenes rebeldes, falta de orientaciones, con educación promedio por no bajar la escala, sentíamos seguridad dentro de la agrupación, nos sentíamos protegidos, necesarios para nuestro pueblo y mas con el apoyo de esa gran columna que significaba para nosotros el Dr. Ferreira.

A partir de ese acontecimiento, Norman se dedica a cumplir con la promesa hecha a esa juventud y ubica los terrenos donde se hará ese Club, justo detrás del antiguo Partido Dominicano, terrenos del Estado; hoy sirve de local al Club Rotario o 20-30 (no estoy seguro).

Para la construcción de ese local contó con el apoyo de su padre, Don Vitalino sirviéndole de garante para la obtención de materiales de construcción, aparte de la madera dada; un aporte de zinc hecho por Manuel Souza (el portugués).

Se inicia una campaña de obtener los materiales necesarios, aportaciones por parte de Bermúdez, Pitín Amaro, La ODC, El Peace Corps (Cuerpo de Paz) representado por Luis Midence III, y otras ayudas que lamento no recordarlas.

Luego de obtenido los materiales, contamos con la cooperación de los albañiles: Sijo Gomes, Mitibón Minier, Neney Ventura, Cuquito con el sistema eléctrico, Rafael Pericles Reyes y su hermano Athos con el camión-volteo cargando materiales desde el río, las manos de obras del grupo de jóvenes que conformábamos el grupo a quienes no menciono y prefiero que pongan sus nombres mediantes comentarios, recordando hechos realizados.

En 1965 inauguramos nuestro Club Juvenil con una Directiva compuesta por el Dr. Norman Ferreira -Presidente, Liberto Rodriguez, Fausto Ferreira, Carmen Colón y otros.

Cumplió el Dr. Ferreira con su objetivo y su grupo.

El tiempo, y las circunstancias migratorias nos obligan a la separación de nuestro Club, pero con la satisfacción de que hoy ese local sirve para una entidad de servicio del pueblo.

Doctor, su lucha por el pueblo en los momentos difíciles, su participación deportiva para su pueblo, ser el guía de la juventud maeña de los años 60 y su hoja de servicio médico para nuestro Mao, me lleva a juzgarlo como un "Líder natural del Pueblo".

Gracias, Dr. Norman Ferreira por su desprendimiento, rechazando oportunidades personales a cambio de dedicarnos su tiempo.

Dr. Ferreira, he aprovechado su cumpleaños reciente para expresarle mis conceptos y evaluaciones sobre lo que Ud. representa para muchos de nosotros, no tomando en cuenta banderías políticas sino como hombre de hechos para bien de nuestro pueblo y país. Dios me lo siga bendiciendo junto a su querida familia.
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jueves, 21 de abril de 2011

FELIZ CUMPLEAÑOS DR. NORMAN FERREIRA

Cumple un año más de vida el Dr. Norman Ferreira. ¡Qué bueno! Ustedes me dispensarán si mi entusiasmo parece explayarse en palabras que pudieran parecer excesivas en alabanzas. Se podría creer que quizá mi vínculo de sangre con el Dr. sea la causa; pero no, y con ello creo que están de acuerdo todos los que conmigo fueron testigos de ver a este coloso actuar cuando éramos niños, tanto mientras construía y organizaba el Club Juvenil, cuando curaba y regalaba las medicinas a sus pacientes, o cuando curaba abnegadamente a los heridos durante la revolución de abril y por último al verle radicarse en su patria chica cuando el pasto en otros predios parecía mas verde. Norman es una gran inspiración no solo para Mao, sino para todo el país y nos enorgullece que este ser humano grandioso cumpla años en salud y hacemos votos al Creador para que nos lo conserve por muchos años más.

¡Feliz cumpleaños, Doctor!
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viernes, 26 de noviembre de 2010

1965: EJEMPLARES MÉDICOS EN FUNCIÓN DE PATRIA

Los médicos no tenían reposo, a veces no dormían, pero se crecían...

Terminamos con los nombres de una pléyade de médicos patriotas: José Ramón Báez Acosta, Víctor Suero, José Rodríguez Soldevilla, Fernando Houelmont, Norman Ferreira, Víctor Decamps, Julio José Santana, José A. García Fajardo, Agramonte Mazara, la doctora Mota y otros que a cuarenta y cinco años de la memoria pueden haberse escapado.

Por JOSÉ ANTONIO NÚÑEZ FERNÁNDEZ

Vamos a referirnos a unos médicos, es decir a profesionales de la medicina, que cuando la patria los necesitó dieron con entereza, notaciones de su irrestricto apego profesional y ético, al juramento que un día hicieron por Hipócrates. Y pensando también en Paracelso y en Apolo médico.

Quiero hacer mención de algunos médicos que cuando la patriótica contienda del 1965 pusieron sus conocimientos y su trabajo sin retribución al servicio de los necesitados.

Comienzo evocando los nombres de dos seguidores de Galeno que perdieron la vida al comienzo de los sucesos abrileños. Ellos fueron el coronel Domingo Gaillard y el también militar, teniente Cádiz Alonzo.

Otro médico ya difunto que merece honrosa mención es el doctor Octavio Aurelio Rosario García.

En la “Zona Norte” este galeno, dirigiendo un grupo en arriesgadas labores de Cruz Roja, andaba auxiliando heridos y recogiendo muertos.

Este galeno, en acción decidida y necesaria, echó abajo las puertas de una reputada abandonada clínica para alojar muchos heridos por consecuencias del avérnico ataque que hicieron los norteños y armipotentes “hackers and smuglers” contra la zona de la dignidad, no dominicana solamente, sino latinoamericana…

Esto ocurrió el día 15 de junio de 1965, día crucial que se justificaba poner esa clínica abandonada al servicio inminente de muchos necesitados de profesional asistencia.

Tampoco podemos silenciar las cotidianas visitas que al Edificio Copello realizaba el doctor Sigarán.

Iba él a inquirir buenamente, cuáles medicamentos necesitaban los locutores y los periodistas de la revolución, para tratar de buscárselos a como diera lugar, fuera de la zona constitucionalista.

Por igual, no puede relegarse al olvido, al doctor Marcelino Vélez Santana, ministro de Salud del Gobierno del coronel Caamaño Deñó.

Hace tiempo que leímos con satisfacción lo que decía un médico que prestó eficientes servicios en el Hospital Padre Billini, cuando la patria a él, lo necesitó.

Me refiero al doctor Julio José Santana, quien se expresó así: “La sociedad dominicana haría un acto de justicia si reconociera a los médicos que trabajaron arduamente atendiendo a los heridos y en emergencias durante la revolución de abril de 1965”. Nosotros vimos lo que diariamente ocurría en el Hospital Padre Billini.

Los médicos no tenían reposo, a veces no dormían, pero se crecían y hasta se multiplicaban.

Las enfermeras se hicieron dignas seguidoras de Florence de Nithingale y de “El Angel de Diem Biem Phu” Genieveve de Gallard Terraube.

Y médicos y enfermeras eran apoyados por las valientes monjas (siervas del Señor), que tal parece que estaban guiadas por la portentosa mano de Dios.

Terminamos con los nombres de una pléyade de médicos patriotas: José Ramón Báez Acosta, Víctor Suero, José Rodríguez Soldevilla, Fernando Houelmont, Norman Ferreira, Víctor Decamps, Julio José Santana, José A. García Fajardo, Agramonte Mazara, la doctora Mota y otros que a cuarenta y cinco años de la memoria pueden haberse escapado.

Las operaciones, las intervenciones quirúrgicas, no les permitían reposo a los doctores Juan Pablo Duarte Camilo, Eduardo Rodríguez Lara y Eduardo Segura C.

Con la responsabilidad de la dirección del Padre Billini cargó el doctor Juan Pablo Duarte Camilo.

Estos abnegados de la historia, muchas veces se imponían a la ausencia de energía eléctrica, la carencia de medicamentos y de alimentos.

Terminamos con un humilde parecer.

Clío, la celosa musa de la historia, sería insincera si olvida los nombres luminosos de los dominicanos que participaron en la lucha de abril, lucha que es la tercera por nuestra Independencia.

Periódico Hoy
18 Noviembre 2010, 11:30 PM
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martes, 10 de agosto de 2010

NORMAN

TESTIMONIO

Estimado Isaías:

Debo primero saludarte y decirte que sigo siendo un asiduo lector de tu periódico, por lo tanto me he sentido motivado a contarles algunos recuerdos de algunos años atrás, al lado de una persona que está siendo objeto de mención por parte de su hermano y admirador, mi amigo Fernando Ferreira.

Como entenderás, me refiero al Dr. Norman Augusto Ferreira Azcona. Te voy a contar que Norman y yo hemos caminado muchos tramos de nuestras vidas juntos y creo conocerlo muy bien. Eso que dice Fernan no le falta nada en lo relacionado a su conducta en todos los aspectos del diario vivir de un pueblo como éste de nosotros y salir airoso a otras ciudades y países a mostrarnos su valor como ciudadano ejemplar y meritorio.

Desde pequeños vivíamos frente a frente, su esquina era mi esquina, Calle Independencia esquina Duarte (Actualmente); fuimos condiscípulos (hasta que perdí un año por mi crónica enfermedad de los oídos); compartimos las travesuras del barrio, era asiduo espectador de sus equipos y juegos de pelota porque yo no era de esa liga; cuando tenía el privilegio de que me dejaran jugar con ellos era en el patio de mi abuela o en el patio de su casa y con pelotas de goma, pero ya Norman se perfilaba como el líder del grupo, demostraba carácter y un temperamento volátil y decidido; me parece verlo y oírlo todavía en agrias discusiones con muchachos de mucho más edad que él y más corpulentos, sin ningún tipo de miramiento; eso sí, lo que discutía lo discutía con vehemencia y de alguna manera convencía. Muchas veces llegué a pensar que era porque estaba en su patio y la mayoría de los útiles del juego eran de él.

Pero que va, pues hacía esto también en otros sitios donde se jugara. Me parece que en algún momento de su vida pensó ser pelotero por la entrega a esa disciplina. De ninguna manera quiero decir que era un pica pleito, pero el que lo buscaba, seguro lo encontraba.

Él te podrá decir cómo transcurría nuestro tiempo en la escuela, cómo se desgranaba maíz en su kiosco, hacia donde iban las piedras desde su patio en la noche y en qué época; la discusión de los plátanos o los guineos en la ventana de la casa de Don José Marrero, la quema de las palmitas (identificación del partido Dominicano), entre otras travesuras de la época, si es que las recuerda todavía.

Nos hicimos bachilleres con un año de diferencia. Nos veíamos en la facultad de medicina algunas veces, pero volvimos a encontrarnos cuando Norman se mudó a la calle Arzobispo Nouel # 66, a una pensión de unos familiares míos y ahí compartimos un tiempo, con la gran suerte para mí ya que podía estudiar con los libros de él, y esto era un privilegio ya que cuidaba estos como algo sagrado, pero con la mala suerte que uno de sus preferidos, la fisiología de Guyton, fue atacado por un animalito come papel , (el que fuera) y percibí que fue una tragedia para él, pero fue incapaz de decirme nada al respecto y siguió prestándome sus libros.

Serio, estudioso y con esporádicos momentos de buen humor, seguimos la Carrera de medicina y volvimos a juntarnos trabajando y viviendo en el Hospital Padre Billini, donde también compartíamos con otro maeño, el Dr. Leo Reyes, ahí estuvimos hasta la revolución; él se quedó en la zona intramuros y yo, que le había escrito al Padre Rogelio Delgado Bogaert, quien era agregado cultural en España para que me consiguiera una beca en Cultura Hispánica y seguir estudiando allá por el cierre de la UASD, me contestó con la buena nueva que me la había conseguido y que debía estar en Madrid lo más pronto posible; así que salí de la zona intramuros en una ambulancia que me dejó en el kilómetro 9 y para Mao a preparar el viaje. Una de las pocas personas que me despidió y me regaló algunos dólares fue Don Vitalino Ferreira; la otra persona que recuerdo fue Don Apolinar Amaro.

Como dato curioso, esta beca de Cultura Hispánica tenía que compartirla con Zoilo Crespo, que también estudiaba en España.

Nos graduamos y me nombran para hacer mi pasantía en el Hospital Del Seguro Social en Mao y ¿quiénes son los médicos que serían mis compañeros?: el Dr. Carlos Manzueta, Director; Dr., Norman Ferreira, Dra. Carmen Félix de Castillo, Dr. Pedro Chávez y más tarde el Dr. Medina. Cada uno tenía una sala asignada. Volví a palpar que Norman mantenía su posición de líder, se consultaba frecuentemente su opinión sobre casos difíciles, y, un dato muy significativo, el Dr. Manzueta como Director de la institución pasaba visita a cada sala y hacía correcciones en los récords de cada uno de nosotros, menos al Dr. Norman Ferreira. Se convirtió en nuestro mentor, compartíamos nuestras experiencias y en una oportunidad le planteé la posibilidad de salir del país para hacer una especialidad; me dio a entender que él tenía un compromiso con su familia y con la sociedad, o quizás lo que me dijo en esa época yo lo interprete así. Ya en esta etapa disfrutamos el nacimiento de nuestros primeros hijos, Rochi y Rafael.

Muchos años después Rochi trabajó conmigo como Farmacéutica en el IDSS.

Salgo del país de Nuevo y entre España, Puerto Rico, Miami y Filadelfia pasan casi 10 años. Durante ese tiempo, si a mis padres se les presentaba algún problema de salud Norman se prestaba a ayudarlos como lo hicieron algunos más en solidaridad, cosa ésta que se agradece para toda la vida.

Tal es mi admiración y respeto hacia él, que cuando la Honorable Sala Capitular me declaró hijo meritorio de Mao, a quien propuse para que leyera mi semblanza fue a Norman.

Aunque no lo recuerde, participé con él cuándo creó el Club Juvenil.

Y para colmo hemos estado juntos hasta políticamente y hemos desempeñado funciones importantes en esos gobiernos.

Isaías, Norman es una reserva moral de nuestro tiempo, he sentido honda satisfacción por sus triunfos, por su comportamiento social, por sus preocupaciones como dirigente y sobre todo por su ejemplo de familia: con él hay que felicitar a Lucia, a sus hijos, a sus familiares.

Me siento orgulloso de ser su amigo.

Gracias

Dr. Rafael Estévez Reyes
Santiago, agosto 9, 2010

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domingo, 8 de agosto de 2010

MI OTRO LÍDER

¡Oh sorpresa al llegar al hospital! El paciente era el mismo que en el 1961, como jefe de la banda de malhechores conocida como “los paleros” había atacado nuestro hogar, agredido nuestra familia, golpeado a Norman y roto algunos muebles de la sala. Cuando lo reconocí, lleno de rabia, increpé a Norman y le dije: “Tú no lo vas a atender..., ¿Verdad que no?”. Mi hermano, que se estaba poniendo los guantes estériles, calmó al paciente, que al ver mi actitud y escuchar mi expresión casi sale huyendo. Luego, se volteó hacia mí, con sus abigarrados ojos inyectados de sangre por el enojo que le causó mi expresión y con la autoridad del médico actuante, y hermano mayor, me dijo: “Mira... cuando yo ejerzo la medicina, lo que menos me importa es la identidad del paciente... te me sales inmediatamente de esta sala o llamo al policía para que te saque a patadas”.


REMEMBRANZAS
Por Fernando Ferreira Azcona

La armonía que siempre ha reinado en la familia, es una de mayores bendiciones que el Señor ha derramado sobre nosotros. Cada hermano es como una continuación del otro. Nunca he discutido, ni siquiera sobre béisbol, con uno de mis hermanos.

Sin embargo, desde muy temprana edad mi afinidad con Norman ha sido algo “fuera de serie”. A tal punto, que mamá decía que yo era “la rabiza (la cola) de Norman”.

Por razones que explico en este párrafo, no les voy a hablar del joven médico (25 años), que se apegó al cabal cumplimiento de sus responsabilidades en el Hospital Padre Billini durante la Revolución de Abril del 65. De la forma que este profesional de la medicina cumplió sus deberes para con la Patria, Monchy Valerio, Arnulfo Reyes, Evelio Martínez, Pitifa Reyes, Mumú Muñoz, Arismendy Bonilla, Arismendy Ramos y otros combatientes constitucionalistas maeños pueden dar mejor testimonio que quien embarra esta cuartilla.

Tampoco les hablaré del Síndico del Municipio de Mao que construyó kilómetros de contenes y badenes, instaló los primeros semáforos en la ciudad, y más importante, que saneó las finanzas del Ayuntamiento, dejando en sus arcas millones de pesos de superávit. De este funcionario público, los maeños residentes en la Patria Chica pueden hablar con más propiedad que yo, “de cómo se puede cruzar el pantano sin enlodarse”.

Mucho menos les voy a contar del Embajador Dominicano ante la República de Ecuador. Del diplomático que puso en alto el nombre de la Patria, allende los mares. El Presidente ecuatoriano Gustavo Noboa, a quien conocí durante su exilio en nuestro país, me contó que escogió la Embajada Dominicana para asilarse, porque “reconoció que el Embajador Ferreira era un hombre íntegro, que resistiría las presiones de los golpistas ecuatorianos y le tramitaría el salvoconducto para abandonar su país en calidad de exiliado”.

Les voy a hablar del ser humano que ustedes no conocen.

En casa habían tres costumbres alimenticias “inmancables”: a) Una tasa de yogurt (yogurt, no boruga) en el desayuno; b) Sopa de primer plato en el almuerzo, y c) frutas tropicales con esta misma comida.

Un día, papá llegó a almorzar y no había frutas. Mandó a Norman a comprar diez cheles de guineos a un ventorrillo que tenía Doña Adelina Bonilla, a media cuadra de mi casa, en Sibila. Como yo “era su rabiza”, me fui con él. De regreso, Norman traía aquel montón de guineos en sus brazos doblados en “L”. En el trayecto, apareció Mapa Santana y le gritó imperativamente: “Mira serrano dame dos guineos de esos”. A lo que Norman le respondió: “Ven a cogerlos, coño”, lo cual intentó hacer el fanfarrón de Mapa. En ese instante, Norman tiró todos los guineos al suelo y le dio un derechazo a Mapa, que éste “cayó redondo” al suelo. Fue el primer knock-out que presencié en mi vida.

Posteriormente, siendo un adolescente, cuando la situación económica familiar tocó fondo, le dijo a nuestro Viejo: “Papá cómpreme una caja de limpiar zapatos, para dejar los estudios y ponerme a trabajar, de tal manera, que mis hermanos puedan estudiar”. ¿Se quiere un mayor acto de desprendimiento? Él, que era un estudiante brillante, ponía el futuro nuestro, por encima del suyo. Afortunadamente, “El Visionario”, nueva vez vio más allá de la curva, rechazó la propuesta de Norman, y años más tarde, nuestro protagonista ingresó a la Universidad de Santo Domingo (hoy Autónoma) donde se graduó de Doctor en Medicina.

Después de la Revolución de Abril se radicó en Mao, donde además de trabajar en el Hospital Luis L. Bogaert, tenía su práctica privada. Como en esta última veía muchos pacientitos paupérrimos, cuyos padres no podían pagarle la consulta, mucho menos comprar los medicamentos que les recetaba a sus hijos, abrió una cuenta a nombre suyo, en una farmacia de la ciudad. Allí enviaba a estos con la orden de que les despacharan las recetas y cargaran el monto correspondiente a la cuenta antes citada. Un día, “de metiche”, le dije: “Doctor, si usted sigue con esa práctica, no va a llegar a ninguna parte”. A lo que él me respondió: “Pelú, yo no estudié medicina para hacerme de dinero. Me hice médico, para hacer medicina y así me siento feliz”.

Podría continuar indefinidamente contándoles anécdotas inéditas de mi querido hermano. Por razones de espacio, la última que voy a narrarles ocurrió el 24 de Diciembre de 1966. Ese día, él estaba de servicio en el Hospital y mamá no pudo convencerlo para que fuera a cenar a casa. Conocedora de nuestra afinidad, la Vieja me asignó la tarea. Al final accedió, con el compromiso de que si se presentaba cualquier emergencia, yo lo llevaría al hospital inmediatamente.

Precisamente, cuando nos sentábamos a la mesa timbró el 334. Del hospital informaron que se había presentado una emergencia. Como convenido, nos paramos de la mesa y salimos en seguida para el Luis L. Bogaert. Y… ¡Oh sorpresa al llegar al hospital! El paciente era el tristemente célebre, el bastardo Cojo de Catuca. El mismo que en el 1961, como jefe de la banda de malhechores conocida como “los paleros” había atacado nuestro hogar, agredido nuestra familia, golpeado a Norman y roto algunos muebles de la sala.

El paciente no podía orinar a consecuencia de una hiperplasia prostática. Cuando lo reconocí, lleno de rabia, increpé a Norman y le dije: “Tú no vas a atender a este hijo ‘e puta, ¿Verdad que no?”. Mi hermano, que se estaba poniendo los guantes estériles, calmó al paciente, que al ver mi actitud y escuchar mi expresión casi sale huyendo. Luego, se volteó hacia mí, con sus abigarrados ojos inyectados de sangre por el enojo que le causó mi expresión y con la autoridad del médico actuante, y hermano mayor, me dijo: “Mira coño, Pelú, cuando yo ejerzo la medicina, lo que menos me importa es la identidad del paciente... Coño, te me sales inmediatamente de esta sala o llamo al policía para que te saque a patadas”. Acto seguido, procedió a colocar una sonda al paciente, a quien dejó interno en el hospital. ¡Cuánta calidad humana! Si hubiese sido por mí…

Por lo contado anteriormente, y por otras muchas razones imposibles de incluir en este artículo, Norman Augusto Ferreira Azcona es… ¡MI OTRO LÍDER!
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