domingo, 22 de agosto de 2010

A MIS MAESTROS CON CARIÑO

A todos mis maestros, aun a aquellos cuyos nombres han sido borrados de mi memoria por el paso del tiempo, les reitero mi profundo agradecimiento por su entrega, por haber compartido conmigo sus conocimientos y haberse esforzado para que los asimilara...

REMEMBRANZAS
Por Fernando Ferreira Azcona

El título de este artículo no tiene nada de original. Salvo los lectores que sean muy jóvenes, la mayoría recordará aquel clásico del cine “Al Maestro con Cariño”, protagonizada por el afamado actor Sidney Poitier.

Sin embargo, debido a que todos y cada uno de mis maestros, dejaron hondas huellas en mi formación académica y personal, a tal punto, que me acuerdo prácticamente de todos por sus nombres, varias décadas después, quiero decirles: GRACIAS.

Cuando ingresé al primer grado, en la Escuela Primaria e Intermedia Presidente Trujillo, mi maestra fue la Srta. Josefa (Chefa) Peña. Era una joven de unos 16 – 18 años, bonita y sumamente dulce y cariñosa. Posteriormente contrajo nupcias, y si mal no recuerdo, entre sus hijos, tuvo un par de mellizos.

Mi maestro de segundo grado fue uno de los más rectos y exigentes de la época. Me refiero a Don Ramón García, mejor conocido como el Sr. García, a quien muchos recordarán por la varita de bambú, que muy pocos de sus alumnos no sintieron en sus costillas o fondillos. Excelente maestro, era muy delgado y fumaba mucho. En uno de los bolsillos traseros de su pantalón siempre llevaba una botellita con café, de la cual sorbía tragos con frecuencia, para luego encender un cigarrillo.

La Srta. Tatica Amaro, joven, elegante y muy expresiva, hermana de Pitín y Pedro Tomás Amaro, fue por breve tiempo mi maestra en tercer grado. Ella emigró de Mao y fue sustituida por Doña Blanquita Castellanos, excelente maestra, muy disciplinada y exigía el máximo de sus alumnos.

En cuarto grado tuve el privilegio de ser alumno de la Maestra de maestros, del sacerdocio del magisterio hecho mujer, Doña Altagracia Camelia Disla Rodríguez. Sin lugar a dudas, la Maestra que ha dejado mayores y más profundas huellas en mi formación, y me atrevería a aseverar, que en la formación de generaciones de maeños. Hace unos años, cuando la Fundación Ercilia Pepín la condecoró con el galardón “Maestra del Año”, tuve el honor de ser escogido por Doña Camelia para hablar en dicho acto, a nombre y representación de sus miríadas de exalumnos.

La Srta. Tatica Rodríguez fue mi maestra en quinto grado. Joven, de color indio, baja estatura física, de grandes y muy expresivos ojos. Excelente comunicadora, que gesticulaba y movía constantemente las manos al hablar. Posteriormente contrajo matrimonio con el Sr. Persio Rodríguez, con quien procreó cuatro hermosos retoños.

En sexto grado, me tocó ser alumno de Doña Ligia Diloné, mujer muy bonita, elegante y muy eficiente al momento de transmitir sus conocimientos, lo cual era muy importante, pues en este curso nos tocaba tomar las hoy llamadas “Pruebas Nacionales”, exámenes que eran enviados en sobres sellados y lacrados desde la capital.

En séptimo grado se estableció rotar las maestras por los cursos para impartir las mismas asignaturas a los cursos de igual nivel. Así que recibí el pan de la enseñanza de Doña Josefa (Chefa) Morel, alta, delgada y extraordinaria maestra y de la Srta. Flérida Matías, la dulzura hecha mujer y mejor comunicadora. Excelente maestra. Le recuerdo bien flaquita, pero sumamente dinámica, muy preocupada porque sus alumnos asimilaran sus enseñanzas, razón por la que se las ingeniaba para explicar las cosas de varias maneras diferentes. Años más tarde, la Srta. Flérida se casó con el Lic. Freddy Núñez, con quien formó una bella familia.

Las señoritas Leca Díaz y Lavinia Del Villar, ambas sumamente inteligentes y más jóvenes que yo, fueron mis maestras en octavo curso. Recuerdo que ese año, las maestras también se rotaban impartiendo las mismas materias a los cursos de niveles similares. De tal manera, que volví a recibir clases de Doña Camelia, Doña Chefa y la Srta. Flérida.

Ya en el bachillerato, en primer año recibí clases, brevemente, de Miguel Octavio Tineo (Algebra) y Andrés Del Villar (Español). Pero estos se marcharon a la Universidad (Autónoma) de Santo Domingo y fueron sustituidos por Andrés Ramos Bonilla (Pequeño), excelente comunicador, quien además de Algebra nos daba clases de Historia de América. El Sr. Freddy Núñez sucedió a Andrés Del Villar, en la cátedra de Español.

Más adelante, recibimos el pan de la enseñanza de Sergio Peña, Historia de la Cultura; Doña Liliam Matías, Inglés; Evaristo Disla Francisco, Trigonometría; Arturo Peña, Geometría, y Física; Doña María de Peña, Literatura e Historia Patria; Rafael Colón, Biología, y Carmen Disla, siendo muy joven, Química.

A todos mis maestros, aun a aquellos cuyos nombres han sido borrados de mi memoria por el paso del tiempo, les reitero mi profundo agradecimiento por su entrega, por haber compartido conmigo sus conocimientos y haberse esforzado para que los asimilara. A TODOS, sin excepción, les doy las gracias desde lo más profundo de mi corazón.

To Sir with Love – Lulu

Al maestro con cariño – Dedicado a todos los maestros del mundo


2 comentarios:

  1. Cabezón : El recuerdo de ese profesorado,donde se debía aprender por el interes de ellos de enseñar,nos permite hacer comparaciones con todo respeto a la enseñanza actual. Me dio pena ver en uno de los programas de TV interactivo un concurso entre estudiantes secundarios no sabiendo contestar nada sobre los Trinitarios y mucho menos de Colón.
    Un 80 % fallaban preguntas básicas que antes de salir de 8vo.en aquellos tiempos eran sabidas.
    Quieres un ejemplo ?

    Sosten una conversación con un 8vo. curso de esos tiempos y otro actual sobre Español o Historia.
    No me olvido en Caligrafía haber aprendido hacer la D Mayuscula.Tuve que llenar la pizarra entera y la última fue la que hice bien.Me perdí el recreo pero me la hicieron aprender.

    Abrazos

    Manito

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  2. Querido Cabezón:

    Lo que señalas, es una triste realidad. La gran mayoría de nuestros contemporaneos nunca fue a un colegio privado. Sin embargo, quienes tuvimos la suerte de poder continuar los estudios en la universidad, nos graduamos con honores en todos los centros universitarios que nos acogieron.

    Me da lástima ver algunos profesionales de hoy, que al escribir cometen faltas de ortografía elementales. Cuando veo éstas, mentalmente digo: "Gracias Doña Camelia por enseñarme cómo se escribe correctamente".

    Un abrazo,

    Fernan.

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