jueves, 16 de junio de 2011

¿POR QUÉ TUVE QUE VER Y SABER ESTO?

LEYSIMELOCUENTA
Por Ley Simé

Cosas que pasaban en mi camino al andar por lugares y calles de mi Mao.

Siempre contemplaba que todos los domingos en hora de la mañana, el frente del teatro estaba repleto de jóvenes que se disponían entrar en el vetusto teatro Jaragua para disfrutar de las películas, y como era de costumbre llevar al lado una novia a la que engalanaban con esa invitación, la cual tenía un costo de veinte o veinticinco centavos, incluyendo mentas y chicles. Tampoco comprendía por qué le llamaban "Tanda" a este cine matinal. Me suponía que le llamaban así, porque era la primera tanda de exhibición de películas ese día, porque en hora de la tarde había una matinée y luego en hora de la noche la película normal para adultos. Observaba también que al salir de "Tanda" todos esos jóvenes traían los ojos desorbitados por el contraste de la oscuridad dentro del teatro y la claridad de la intemperie. Los jóvenes enamorados engalanaban a sus chicas en esa época, con esta invitación y ellas se sentían más satisfechas y encantadas, que invitarlas a almorzar a un restaurant. Pero como cada quien conoce su época, eso no se podía, porque estaban conscientes de las precariedades del momento. Estos muchachos debían de investigar el día que había una fiesta con mucha antelación: 1ro., para ir ahorrando los "chelitos" o tener al padre sobre aviso; y 2do., tenían que anticipar a los padres de la enamorada para que le permitiera dejarla salir, específicamente ese día.

Muchas veces estos jóvenes tenían que soportar un, o una "chaperona”, para los padres estar más tranquilos, pero no sin antes advertirles la hora en que debían regresar a casa. En medio de las fiestas, mientras la orquesta tomaba su descanso, había una vellonera activada de canciones que exaltaban la belleza de la mujer y había contenido poético que identificaba la relación amorosa entre ambos. Los jóvenes les decían a sus pretendidas lo tanto que la amaban a través de una canción por costo de cinco centavos.

Ese panorama del día de la fiesta todos andaban apurados llevando el traje a la tintorería, si los tenían, y los que no, apuraban mas la búsqueda de un amigo que tuviera igual talla, para tomarlo en préstamo, si la fiesta era de galas. Presentarse impecablemente vestido ante la novia para impresionarla y escuchar de su voz, el piropo de qué elegante te ves, les hacían subir irremediablemente su autoestima. Las jóvenes con sus ojos resplandecientes de satisfacción observaban a los demás jóvenes, para compararlo con su galán.

No era raro ver, luego de terminada la fiesta y ya haber dejado en su casa a la invitada, coincidir, en altas horas de la madrugada, con el amigo que le había prestado el traje, quitárselo y entregárselo de vuelta, para no tener que llevárselo a su casa al otro día.

EN EL SAMOA

Al igual que los jóvenes los domingos en hora de la mañana que, encontraban su entretenimiento en el cine, otros, ya más maduros, se iban al Samoa y se juntaban con amigos de su contemporaneidad para disfrutar de unos tragos y pasarla bien. Había un grupo de amigos, todos respetables munícipes de la sociedad maeña, que nos llamaba mucho la atención. Quizás ya algunos están descansando en paz en la gloria de los cielos y otros que si todavía los tenemos con nosotros, que Dios los bendiga. Este grupo estaba integrado por: Milito Cabral, Dagoberto Saleta, Yuyú Reyes, Don Fausto Madera, Manuel Tineo, Papi Madera, entre otros. Entraban al Samoa, luego de completar el grupo en el parque, y colocaban una mesa debajo de los árboles de sangre de Cristo que había en el lateral izquierdo a la entrada del Samoa. Una vez allí, y ya sentados a la mesa, discutían la regla del juego, antes de empezar a ordenar el servicio, todos debían de estar de acuerdo, que clase de bebida iban a ingerir y que la cuenta la debían pagar todos en igualdad de condiciones. Muy justos. Todos trabajaban muy duro y no había lugar para la esplendidez. Entraban en tertulia y ese lugar había que dejárselo a ellos con sus historias y sus anécdotas (y por qué no, con sus chismes y murmuraciones). Reían a carcajadas, solo de lejos se podía notar lo felices que se sentían. En medio de todos esos gozos se iban cuatro litros de whisky y sus arreos (sodas o refrescos). Ya cuando decidían romper e irse a su casa ordenaban la cuenta y ahí empezaba la de chupe usted y déjeme el cabo. El monto total de la cuenta era de RD$57.35 que debía ser repartido entre seis personas. Como ya todos estaban húmedos, le solicitaban a Macario, que era el cantinero, que dividiera entre seis la cuenta, que eran los participantes. Tocaban a razón de RD$9.5583 y redondeado, RD$9.56. Los que pagaban con diez pesos había que devolverle RD$0.44 exacto. Macario, el cantinero, debía mandar a cambiar cincuenta centavos en cheles para resolver el problema del cambio. Nos encantaba observar ese tipo de justicia.

En nuestras andanzas dominicales, buscando entretención con algunos amigos de los barrios, nos desplazábamos por uno y otros barrios y en el camino podíamos observar los negocios de expendio de bebidas, repletos de gentes que se divertían y se entretenían escuchando las canciones de sus preferencias. Varias veces nos quedábamos cerca de esos lugares y oíamos repetirse un y otra vez una misma canción. Al pasar una vecina o vecino del lugar preguntaban: ¿Quién será el amargado? E iban a averiguarlo al lugar. Algo de lo que siempre nos impresionaba, era el hecho de que en algún lugar visitado había un grupo de personas trabajando en el levantamiento de una casa o la reparación de esta. Nos quedábamos buen rato observando a la gente en plena labor. Veíamos las mujeres en el quehacer de la cocina, preparando la comida para el grupo de trabajadores.

Cuando preguntábamos qué sucedía ahí, nos decían que era una "junta". Una persona invitaba a sus amigos un domingo, día libre, para construir su casita. Y todos acudían en ayuda y se pasaban el día con el amigo y le dejaban su casa totalmente construida. Así lo hacían también en tareas agrícolas.

TARDE PARA ABLANDAR HABICHUELAS

Nunca olvidaré un día en que mi madre me mandó a comprar diez centavos de habichuelas. Sería algo menos de las nueve y media de la mañana. Al pasar frente a una sabanita que había donde los Arbaje construyeron una casa, cerca del puente del canal de la calle Santa Ana, me llaman los amiguitos y me convencen porque solo faltaba uno para empezar el juego de pelota.

Acepté hasta que llegara uno y me sustituyera, para llevar las habichuelas a mi casa. Era cerca de las once y no aparecía el sustituto y el juego estaba interesante. Cuando salimos al terreno para hacer los tres últimos outs para ganar, fui y me coloqué en el short stop y antes de bajarme para colocar mi guante y mi mano sobre mis rodillas, sentí como si un rayo me hubiera caído encima del golpe que recibí. Al recobrar el equilibrio, volteé la cara y ahí estaba la figura de mi padre que había salido a buscarme, porque se había hecho tarde para ablandar habichuelas. Voté el guante y como un relámpago fui y compré las habichuelas, que por suerte las tenían envueltas en una pila de funditas, pasé los diez centavos e inmediatamente regresé a la casa y me aferré a mi madre, para que evitara una segunda paliza. Una semana tuve que quedarme en mi casa, para no dejarme ver de mis amigos. Esa era la situación que enfrentábamos, cuando no hacíamos las cosas correctas.

7 comentarios:

  1. Excelente tu añoranza hermano Ley!!

    La gocé al máximo, ya que viví esa época tan sana y envuelta de una candidez extraordinaria. Al leer tu escrito sentí nostalgia por esos tiempos, ya que lo disfruté plenamente, como músico, estudiante y asiduo asistente al Samoa Bar y al teatro Jaragua (Ha llovido mucho....)

    Abrazos y gracias de corazón,

    Diómedes Rodríguez

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  2. Valito, me encanta que me digas así, Valito, porque me llevas a esos momentos de amigos de entre candilejas, luces que jamás apagarán su velo entre las travesuras infantil antes los dramas que nos presentaban la vida. Y debíamos que pagarlos caros. No se cuantos recibiste? Porque yo, si lo pagué caro.

    Te quiero y te admiro mucho. Afectos de Ley S.

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  3. Querido Ley: Me encantó tu relato. Mi mente iba como en una película mirando cada situación que describes.Buenísimo. Te vi muy bien con tu cuadre de pelotero antes de recibir el rayo de tu papá. Pero la pregunta es: ¿Se ablandaron las habichuelas? Porque creo que en ese tiempo todavía no se inventaba la paila de presión, ya que como dice Diómedes, Ha llovido mucho...
    Un abrazo de Lavinia

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  4. Profe: Ese día cuando llegué a la casa ya mi mama estaba terminando de hacer un locrio, porque se había hecho tarde para ablandar habichuelas. Me sentí bien al regresar mi padre, porque le gustaba más el locrio de dar golpes. Eso me salvó. jajaja. Solo me dijo: me la debes, mientras comía.

    Afectos (in couple), Ley S.

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  5. Ley: Bárbaro!. Te la comiste otra vez. A mi me pasó algo parecido. Una noche me dormí oyendo un juego de las Aguilas en la barbería de Balao. El juego se fué a extra-inning y cuando yo desperté eran las doce de la noche. Mi papá llegó del Club primero que yo a la casa. Cuando entré toda la casa estaba oscura y solo sentí esa galleta del lado izquierdo de la cara. Más nunca he llegado tarde a ninguna parte.

    César Brea

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  6. Hola Ley, evocador tu relato, pero si no me equivoco, (y si estoy equivocada pido disculpa)hay una confusion en el mismo, el teatro que estaba frente al parque se llamaba ELDA (actualmente en venta) y el JARAGUA era uno de madera que estaba cerca de la casa de Doña Tonton Arte....

    Carmencita Hernandez
    mc597@msn.com

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  7. Es correcto Camencita. Una vez el Teatro Elda empezó a funcionar, El jaragua exhibía muy pocas y dejó de funcionar para convertirse en un coliseo de boxeo. Ahí mucha personas de Mao disfrutaron la actuación de boxeadores de la talla de Darío Hidalgo, de Stgo. Y los Maeños: kid Ojito; El Lobo, Mechita; kid Relámpago; kid Mabilí,; kid Realito; kid Leíto, Etc, etc. Después de eso el sol ha salido ma de 18 mil veces.

    Afectos de, Ley S.

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