miércoles, 30 de septiembre de 2009

Arrozales y prostitución en Mao

De Mao
Por Rafael Darío Herrera R.
Director Ejecutivo del Archivo General de la Nación

El desarrollo de las plantaciones arroceras, si bien contribuyó a catapultar el desarrollo demográfico de Mao, también dio origen a tendencias negativas como es el auge de la prostitución, actividad degradante para el ser humano que la ejerce.

De acuerdo con los registros del imaginario colectivo de esta localidad, el primer burdel se instaló en los años cuarenta del siglo XX y estaba ubicado en la calle Beller esquina Gregorio Luperón, propiedad de Pata de Palo y su esposa Pola.

Al lupanar sólo tenían acceso los estratos altos de la sociedad y se restringía de manera severa la entrada a los menores de edad. Los propietarios traían combos desde Santiago para amenizar las fiestas, pues en esa época sólo existían las victrolas, llegadas al país con la primera intervención de los Estados Unidos en 1916 y a las cuales había que darles cuerda para funcionar.

Ese momento en los bares del país los combos tocaban merengues a base de instrumentos de cuerda y percusión, un merengue que era la mezcla de la guitarra española, la tambora africana y la maraca indígena.

Con la llegada de la vellonera al país, a inicios de la década de 1940, numerosos músicos y cantantes dominicanos quedaron desempleados. La mayoría de estos músicos tocaban de oído, es decir, carecían de formación musical, al igual que los bachateros actuales, incapaces de leer e interpretar una partitura musical.

Por lo regular los músicos de esa época se desempeñaban también en otras actividades laborales. Sergio Frías Kent (Sergio el Feo), por ejemplo, vino a Mao a trabajar ebanistería y me confesó de paso que no pudo tocar en el bar de Pata de Palo debido a que era menor de edad. Hay una anécdota graciosa del músico Sergio García, que durante muchos años tocó en nuestra Banda municipal de música, y Sergio Frías, oriundos ambos de la ciudad de Santiago, la meca del Cibao.

Vamos a hacer una breve digresión para contar el gracioso hecho. Aquí va. Al principio que arribaron a Mao ambos personajes eran confundidos frecuentemente por los maeños, y el primero, padre del locutor del mismo nombre, y una de las personas con mayor sentido del humor que he conocido, le dijo a Frías, compadre para evitar la confusión a partir de este momento usted será Sergio el Feo, y hasta la fecha el mote persiste.

Retomando el tema, diremos que la vellonera revolucionó el ambiente festivo del país e insufló nuevos bríos a la pasión danzaria de los maeños, ya que los bailadores quedaron fascinados con el nuevo artefacto, aunque algunos burdeles continuaron utilizando las victrolas, pues el precio de las velloneras era bastante elevado.

Tal fue el caso del Bar de Mera (madre de un conocido mecánico de esta ciudad) de los Cambrones que congregó un significativo grupo de prostitutas (persona que sostiene relaciones sexuales a cambio de dinero), las cuales posteriormente se trasladaron al célebre Bombillo Rojo de Mao, propiedad de Consuelo Santiago. Este burdel inicialmente se hallaba instalado en la calle Independencia esquina 19 de Marzo y luego se trasladó a la calle Fructuoso Rodríguez, donde funcionó hasta la década de los ochenta.

El Bombillo Rojo se convirtió en el más famoso burdel de Mao y de toda Línea Noroeste, compitiendo incluso con el Samoa Bar. Allí alternaban los combos de cuerdas, que tocaban merengues y bachatas a la antigua usanza, con la vellonera. En este centro de diversión llegaron a presentarse incluso grupos de bailarines y cantantes cubanos.

Todavía en Mao vive una mujer que vino con una de esas agrupaciones. En la sórdida atmósfera del burdel también se alojaban homosexuales como fue el caso de Minguito quien luego de la desaparición del Bombillo Rojo instaló su bar (El Teleférico) en la parte sur de la ciudad, frente a donde funcionaba un helipuerto de la Grenada Company.

A las prostitutas se les instruía para que demandaran canciones de las velloneras además de incitar a los clientes a consumir bebidas y en torno a los prostíbulos funcionaban una gran cantidad de negocios informales para el expendio de frituras (carne frita, vísceras, etc.), cuyos principales clientes eran los jornaleros del arroz y las propias meretrices.

Las zonas rurales contiguas a Mao constituían el principal coto donde se reclutaban las prostitutas. Los propietarios de los prostíbulos, o “marpiolos”, las intercambiaban de la manera más ruin y vulgar como si se tratara de una mercancía cualquiera. Su precio dependía de su juventud y belleza. Cada vez que se iba a instalar un nuevo cabaret, los buscones salían por los campos y bares a comprar meretrices.

El trabajo de los tratantes de blancas no era tan difícil dada la gran pobreza en el mundo rural dominicano durante la dictadura de Trujillo. Sólo las hijas de familias de recia raigambre católica, de firmes principios morales, no sucumbían a las ofertas de los buscones de mujeres en las zonas rurales del país.

En los años cincuenta muchas ciudades del país registraron saldos migratorios negativos por la elevada emigración rural urbana. Todavía muchos habitantes urbanos recuerdan cómo los habitantes rurales intercambiaban los pollos criollos por ropa o zapatos usados y ofertaban sus hijas para el servicio domésticos, las cuales en muchos casos terminaban ejerciendo la prostitución por la explotación a que eran sometidas. En los prostíbulos de Santo Domingo, particularmente en el de Herminia, ubicado en la calle Máximo Gómez cerca de la antigua manicera, las meretrices de Mao alcanzaron notoriedad por su supuesta fogosidad sexual.

Pero cuando se haga la historia de la prostitución en Mao, habrá que mencionar otros célebres burdeles como el de Tomasina, El Caribeño, El Brisa del Canal, El Palo de los Judíos, El Rincón Latino (en la carretera Mao – Sabaneta). La primera especie de motel que existía en Mao fue el de María Marquesina, al final de la Máximo Cabral, que operaba junto al de Filandés (famoso por su indiscreción). Hubo otros prostíbulos cuyos nombres son impublicables.

1 comentario:

  1. Profe, no mucho ha cambiado en este negocio Eh!
    Janio

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