martes, 30 de marzo de 2010

Por qué no me gusta el reggaetón, rapeo, merengue rap, ni ningunas de esas modalidades

DO-RE-MI
Por Juan Colón

¿Qué le parece el reggaetón, Juan?

Siendo músico he oído esa pregunta innumerables veces y lo considero natural.

Tratando de no ofender, casi siempre doy una respuesta “diplomática”. Sin ánimo de desdeñar a quienes los prefieren, me he decidido a dar una contestación más a tono con lo que como músico pienso acerca de esos ritmos, y como escribo en un medio maeño, voy a comenzar haciendo una pregunta: ¿Qué hace al atardecer maeño un espectáculo extraordinario?

En el curso de este escrito encontrarán mi respuesta.

Música es melodía y armonía caminando de la mano y estos nuevos géneros musicales es lo que menos tienen.

Al escuchar música son las líneas melódicas las que te llegan y mueven tu espíritu; son las que te llevan a meditar, a guardar silencio, te encumbran a un plano superior en el que te cuestionas y buscas respuestas dentro de ti; en cambio estos géneros musicales no te llevan a esos lugares donde el ser humano anhela paz interna o por lo menos establecen una conexión armónica que te transporta sin dejar en ti una sensación de vacío al acabar.

No tienen un patrón rítmico que pueda ser original, son “Templates” (algo así como las plantillas musicales incorporadas en los pianos y órganos electrónicos) de los patrones de ritmos que sirven para hacer secuencias.

Si bien es cierto que grandes artistas usan esos Templates, no es menos cierto que tienen otro concepto mucho más profesional y son creados por grandes arreglistas de mucha conciencia musical.

Lo que importa son las orquestaciones que los músicos de conciencia logran sobre esas bases rítmicas, llenas de líneas melódicas y las hermosas bases armónicas que las sustentan con las que crean hermosas canciones y/o
composiciones, lo que las diferencia de lo que se hace pasar por música hoy día.

Si un cantante no tiene buena voz, llena de matices, si su música carece del registro y la profundidad necesarios, no podrá llegar a un público selecto que busca la calidad en todo aún sea en simples melodías.

Si escuchamos a los grandes clásicos como Mozart, Schubert, Mendelsson, Beethoven, etc., etc. podremos sentir la belleza de las líneas melódicas, provenientes de cuerdas, flautas, arpas, piano, etc., que nos conmueven porque el cuerpo al igual que la música es energía que vibra a determinada frecuencia, por eso nos conectamos y nuestros estados de ánimos son esquematizados al escuchar determinado intérprete o instrumento el cual en el momento de nuestro sentir vibra a nuestra frecuencia.

Si asiste usted a clases de Yoga, meditaciones, relajamientos, o reiki, escuchará música de hermosas melodías, sesiones de cuerdas, sonoridades que impactan las regiones donde sólo se produce la paz del ser humano.

Si escucha a Vivaldi en Las Cuatro Estaciones, podrá ver cómo de una manera magistral este gran compositor se compenetra con la Madre naturaleza y hace música describiendo las características de cada estación. Hay un DVD describiendo con paisajes hermosísimos “Las 4 estaciones” y si deja correr su mente se transportará a cada estación produciéndole al cuerpo un relajamiento sobrenatural que lejos de causarle mal humor, inquietud de violencia, lo lleva a una calma sin precedentes.

A pesar de haber pasado siglos, la música de los grandes maestros sigue siendo la preeminencia de la excelencia; sus grandes compositores pusieron el alma en cada nota musical, como también lo hicieron sus grandes intérpretes.

Esto jamás puede suceder con la música hablada, sin armonía, sin cantantes, donde todo vibra en una sola frecuencia, en monotonía, incapaz de inmutar el cuerpo humano, porque carece de los matices emotivos de las melodías que vibran en una amplia gama del registro auditivo.

En los centros de terapia musical se buscan las melodías de tonalidades hermosas, las que permiten ser atraídas por el imán musical invisible del cuerpo humano. Las melodías de las canciones conectan al sujeto con el tipo de problema que pueda estar pesando sobre él en esos momentos y lo desvanece.

No tengo nada en contra de esos nuevos géneros, sólo que por la falta de los ingredientes arriba citados, no soy parte de sus seguidores sin importar que tan famoso o adinerado haya llegado a ser su intérprete… en otras palabras, no entran en mi reino.

Si bien estamos viviendo en una sociedad en la que cada uno hace y dice lo que le dé su gana, y nadie tiene derecho a criticar, aprovecho esa gran democracia para expresar mi punto de vista. Creo en lo imperecedero.

Sí, creo en lo imperecedero como son imperecederas en quien lo haya visto, las emociones que suscita la gama rica en matices de la mezcla de colores
del fabuloso atardecer maeño.

2 comentarios:

  1. Sr. Juan Colón;
    Distinguido amigo;
    Me place sobremanera saludarte,a la vez que te confieso mi admiración por tus aportes culturales con los artículos que publicas, y por tu virtuosismo como músico,siendo una figura conspicua de Mao y allende los mares. En un mensaje anterior que te envié,te pedí mis disculpas por no citarte en ninguno de mis libros como " Mao y su gente" ,y "La magia del bolero"no porque no lo merezcas,sino porque al hacerlo con tu eximio padre creí que me exedía en reconocimientos,pero fue un error el omitirte pues los méritos de tu papá no pasaron a tí por los genes,sino por tu esfuerzo personal.

    Un fuerte abrazo de quién te admira
    Héctor Brea Tió. hectorbrea02@gmail.com.

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  2. Héctor: Un fuerte abrazo, gracias por tu apoyo a nuestro trabajo. Isaías es el hombre clave que adorna estos trabajos. No tiene que disculparte, el solo hecho de saber que tomas de tu tiempo para leer nuestro trabajo es ya un premio para mi. No te olvides del libro La Magia del Bolero, es un aporte histórico que espero tenerlo conmigo. Tu enorgullece nuestras tierras y nuestros corazones. Abrazos

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