lunes, 20 de septiembre de 2010

LA SUERTE

¿Existe la suerte? ¡Qué va! A largo plazo, la buena y la mala suerte se equilibran. No tienen efecto en tu progreso personal, ni desarrollo profesional. La realidad es que mientras más fuerte e inteligentemente trabajas, mejor suerte tienes...

A PROPÓSITO...
Por Fernando Ferreira Azcona

Tenía pensado escribir sobre nuestro perro, Guardián, a finales de la década de los años 50, lo cual haré próximamente. Pero, esta mañana fui a echar gasolina a la estación que frecuento para estos fines, donde siempre utilizo los servicios del mismo empleado y la misma bomba.

Hago esto, por dos razones: a) He desarrollado cierta empatía con Elio, que así se llama el empleado, quien es muy diligente y servicial, y b) Por observación, ya sé aproximadamente, cuanto combustible coge el tanque de gasolina de mi vehículo, dependiendo de la posición en que se encuentre el marcador en el tablero.

Esta mañana, cuando llegué a la estación de gasolina, Elio estaba en el “food market”. Así que otro cliente y yo tuvimos que esperarlo, mientras todos los demás bomberos estaban de brazos cruzados o en gran chercha comentando el más reciente chisme de la farándula o político, que al fin y al cabo, son la misma vaina. Cuando Elio salió del “food market” les reclamó que porqué no le habían ayudado con sus clientes, si él siempre lo hace con los de sus compañeros.

En el momento, le comenté a Elio, que esa actitud es la que hace la diferencia. Pero, que luego se quejan de su falta de progreso, lo cual atribuyen a la mala suerte, y recordé mi época de joven profesional de la agropecuaria dominicana, cuando trabajaba muy de cerca con la Agencia para el Desarrollo Internacional, USAID, diseñando e implementando proyectos y programas en el área de mi especialidad (y más allá), en mi calidad de funcionario de la Secretaría de Estado de Agricultura.

El responsable del sector agropecuario en la USAID era un gringo de 6’4”, atlético, sumamente irónico y mordaz, que llegó a nuestro país procedente de Vietnam, donde tenían que llevar las ayudas en helicópteros de la Cruz Roja, y por tanto, se burlaba de los montos irrisorios que involucraban nuestros programas. No obstante, desarrollamos buenas relaciones de trabajo y nunca rechazó uno de mis proyectos.

En una ocasión, me regaló un libro sobre los “Cien Ejecutivos más Exitosos de los Estados Unidos de América”. Este contenía la biografía y opiniones (“quotes”) de muchos gurúes de la época y me llamó la atención que todos, sin excepción, coincidían en dos aspectos: a) A largo plazo, la buena y la mala suerte se equilibran. No tienen efecto en tu progreso personal, ni desarrollo profesional, y b) Mientras más fuerte e inteligentemente trabajas, mejor suerte tienes.

Veamos algunos ejemplos, que suceden con frecuencia, a manera de ilustración. Usted, dilecto lector, lleva su carro último modelo al taller porque le oye un ruidito que no es normal. Lo deja en el taller porque no lo pueden atender de inmediato. Cuando usted se va, un mecánico sale a “probar su carro” a 220 km / hora. Se le atraviesa un poste de luz o una mata de javilla, se estrella contra esta y desbarata su carro. ¿Tuvo “mala suerte” el mecánico en cuestión? Disculpen mi “rosca-izquierdismo”, pero nuestro personaje, no sólo no trabajó inteligentemente, sino que su irresponsabilidad fue tan grande como la velocidad a conducía el carro.

Por otra parte, usted tiene un joven empleado diligente, que no acepta “no” por respuesta. Que trabaja duro y propone soluciones alternas, que pregunta el porqué de las cosas, que está interesado en aprender y no está viendo el reloj, acechando la hora de salida para dispararse “como jonda que lleva el diablo”. Entonces, cuando usted promueve a este joven, alguien que tiene cinco o diez años “de experiencia” (cinco o diez años repitiendo rutinariamente lo que hizo el día anterior), va donde usted a reclamarle, que era a él a quien correspondía el ascenso, y nuevamente, se queja de su “mala suerte”. ¿Tuvo “buena suerte” el joven promovido? Esta vez, le dejo a usted la tarea de responder la pregunta…

Personalmente, no creo en el factor suerte. Coincido plenamente con lo expresado por los ejecutivos estadounidenses del libro citado previamente. Son su ACTITUD y su APTITUD ante la vida, ante su trabajo, las que determinarán si usted tiene “buena o mala suerte”.

De usted, y únicamente de usted, depende la “clase de suerte” que tenga. Como dice el refrán: “Si necesitas unas manos que te ayuden, las encontrarás al final de tus extremidades superiores”, o como dijo el gran físico y matemático alemán, Albert Einstein: “la oscuridad no existe, lo que existe, es la ausencia de luz”.

“Buena Suerte”, amigo.

1 comentario:

  1. Mano,
    Decía Stephen Leacock: Soy gran creyente en la suerte, y he descubierto que mientras más duro trabajo, más suerte tengo.
    Isaías

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