jueves, 7 de febrero de 2013

TERCER CAMINO

¡QUÉDENSE CON SU GATO!
Por Lavinia del Villar


Hay un cuento muy famoso que habla de un señor, que transitando por un camino solitario se le explotó una goma del carro, y no tenía gato para levantar el vehículo y cambiarla.

Avistó a lo lejos una casita con una camioneta estacionada en el frente, y supuso que alguien allí tendría un gato.

La duda, que al final se convirtió para él en certeza, le impidió ir a solicitar el favor porque pensaba que le iban a decir que no.

Su convicción de que le negarían la ayuda se hizo tan fuerte en su mente, que se enojó con los habitantes de la casa, y también del lugar, por no ser solidarios.

-¡Quédense con su gato! Muertos de hambre, interesados, desgraciados… fueron parte de las maldiciones e improperios que salieron de su boca para los supuestos ingratos; hasta que alguien pasó, y desinteresadamente lo asistió en la tarea de cambiar el neumático, dejándolo con la cara larga y el alma en culpa.

En la vida diaria encontramos muchas personas como el señor del gato, que juzgan sin darse la oportunidad de conocer el sentir de los demás. Personas que dudan de la buena voluntad del otro, y se dan por vencidas sin siquiera tratar. ¿Para qué voy a intentar si no voy a conseguir nada?... ¿Para qué voy a saludar si me van a ignorar?...

La desconfianza es una actitud que auto-perpetuamos consciente o inconscientemente, y que alimentada con refuerzos negativos, llena el alma de cicatrices, producidas por esas heridas auto-infligidas.

El convencimiento de que no somos apreciados o tomados en cuenta, nos induce a mirarnos fuera del espacio de nuestros semejantes, y a sentirnos rechazados, discriminados, desestimados y no queridos.

Aunque resulte difícil, confiar en los demás nos relaja y nos hace más felices, porque somos lo que creemos, y valemos lo que pensamos.

2 comentarios:

  1. Parientes del Sr. del "gato" son los que en todo ven una conspiración contra ellos e incluso contra la humanidad. Gracias Dña. Como siempre muy bien elaborado.
    Isaías

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  2. Mi querida, como siempre,todo lo que escribe, vale la pena leerlo.Este escrito lleno de realidades se ajusta a una época vivida en la que tuve al borde de la depresión ;y no caí porque me hice una auto-evaluación y me dije,"no,yo soy Manito,conocido por todos,sincero como nadie y sin complejos,busco lo mejor,busco con quien aprender y odio las ingratitudes,el cinismo y las mentiras". Me dí cuenta que no estaba equivocado,que no eran prejuicios ,que eran realidades, así vencí el intento depresivo.
    Ahora bien,como dices ,resulta dificil la confiabilidad y esa dificultad aparece cuando aquel se escuda en lo que representa socialmente y se hace creible y luego nos damos cuenta que baila al son que le toquen,cuando debieran bailar uno solo titulado "confiar".
    Mi experiencia en el baile me ayudó mucho a darme cuenta quienes bailan ese Son;hasta por la forma de caminar,jajaja.

    Abrazos mi querida,

    Manito

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