jueves, 5 de noviembre de 2009

Creciendo en Mao - I

Cosas de Mao
Por Isaías Medina Ferreira

Vínculo a Creciendo en Mao-II

Vínculo a Creciendo en Mao-III

El Mao en que crecí era un lugar mágico cuyas calles de libertad eran una invitación nada despreciable a las travesuras y a las aventuras, las que me fortalecieron, aguzaron mis instintos de preservación y formaron el ser que soy hoy día. De esas,

Calles de respirar hirviente;
Donde fui captor y cautivo,
Allí donde llené mi archivo,
De sus entrañas soy simiente.

Los arrozales, los cocoteros y las plantaciones de guineo que rodeaban a Mao eran legendarios. Ver el verdor de las plantas de arroz mecerse como olas por el soplo piano del viento, era una experiencia poética.

Rodeado de agua por todos lados, ¿qué otro pueblo puede darse el lujo de ser bañado por dos canales como el Mayor y el Bogaert? En ese tiempo, esos canales eran cristalinos y saludables, y eran, además de llevar “reguío” para la agricultura, fuente de agua para beber y bañarse.

Esos canales de esperanza,
Que te cruzan como tranvía,
Son sostén de vida, plantía;
Canción de cuna y romanza.

Sin ser una aldea, el Mao de mi ayer era breve y reciente. Recuerdo lo fácil y divertido que era recorrerlo en bicicleta y andar sus barrios en menos de dos horas. En sus:

Barrios de serenata y fiestas:
Los Cambrones, las trescientas,
Sibila, Hatico, y el Rincón;
Allí en sus calles polvorientas,
Encontró arrullo mi ilusión.

En el pito de la finca Bogaert, que era tocado a las cinco de la mañana y a las cinco de la tarde para señalar el comienzo y el final de la faena diaria, tenía Mao una alarma singular. Por otro lado, al mediodía, con puntualidad de reloj suizo, Joselito nos dejaba saber con doce campanazos desde la iglesia, que era hora de almorzar.

Ese Mao era una comunidad pujante, trabajadora hasta la saciedad. Era fascinante ver como:

Desde el amanecer
Hasta el morir del día,
Músculo, vendimia y ser,
Armaban una sinfonía.

No importa lo humilde de la ocupación, en ese Mao del que hablo parecía como si todo el mundo tuviera un oficio y lo atesorara. Aquella:

Masa de arcilla animada,
Cual hormiguero en labranza,
Transmutaba todo y nada,
En promesa de esperanza.

(Continuará…)



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