lunes, 14 de septiembre de 2009

NOTA LUCTUOSA

Mao en el Corazón se une al dolor de la familia Disla por el fallecimiento de don Marcelino Disla, un maeño ejemplar en el trabajo y en la rectitud de vida que llevó.

Don Marcelino era hermano de Dña. Camelia Disla y el padre de Evaristo (fallecido), Emmanuel (a) Magueyo, Carmen, Calola, Sofía (fallecida)y Juan Luis Disla.

Paz a sus restos.
Siga leyendo...

sábado, 12 de septiembre de 2009

Mao Centenario (1982)

Letra y música
Dr. Antonio Mateo Reyes (Monchy)

El Dr. Mateo hizo esta composición, la cual interpretó Fernandito Villalona a ritmo de merengue, con motivo del centenario de Mao, en 1982.

En tu centenario, Mao querido
yo te recuerdo por tus grandes hijos.

Tu primera casa con agua en tinaja,
con piso de tierra y techo de yagua.

Naciste del arduo afán de tu gente,
la espiga parida te hizo floreciente.

Tus mujeres bellas que parecen perlas
es tan amorosa la mujer maeña.

En la gran batalla de la Barranquita,
dimos el ejemplo de nacionalista.
Siga leyendo...

viernes, 11 de septiembre de 2009

Archivo General de la Nación reconoce a Luis Espinal Tió (Luis Casona)

En la foto: Darío Herrera y Luis Espinal Tió

Por Jochy Ferreras
AmoAmao.com

El Archivo General de la Nación otorgó un especial reconocimiento al distinguido munícipe maeño Don Luís Espinal Tió (Luís Casona), por su extraordinario aporte a la conservación de la música dominicana.

El reconocimiento se efectuó en Santo Domingo, en las instalaciones del Archivo General de la Nación, en el marco de la celebración del conversatorio “Música de Colección” donde Luis fue uno de los oradores invitados.

Esto forma parte del proyecto “Rescate de la Música Dominicana” que busca reconstruir la memoria sonora del país, mediante la recuperación, entre otras opciones de la música atesorada por personas o instituciones.

Para ver mas fotografías del acto haga clic aquí
Siga leyendo...

Identidad musical dominicana en crisis. Primera parte

DO-RE-MI
Por Juan Colón

Segunda parte

Tercera parte

Hace mucho tiempo que los entendidos en la materia nos vienen alertando acerca del peligro de la desvirtuación a la que ha sido sometido el merengue por los últimos años. ¿Acabarán la inconsciencia y el mercantilismo de matar el merengue tradicional dominicano? El autor afirma que de por sí eso ya ha sucedido, que el merengue tradicional agoniza, y si bien no se opone al llamado “merengue de calle”, considera que éste es cualquier cosa menos merengue.

Los pueblos se identifican por su música y su gastronomía. No existe un pueblo que no tenga ambas características. Son dos grandes valores sagrados que heredamos y debemos cuidar con celo.

Hablemos del ritmo musical que identifica a los dominicanos, el merengue. Lo bailamos, lo gozamos, sentimos que es algo nuestro y nos sentimos orgullosos de proclamar a los cuatro vientos que nadie lo toca como nosotros. Y es cierto, nadie lo toca como nosotros.

Sin embargo, nuestra música languidece y va perdiendo vigencia a nivel internacional.

¿Por qué? Porque hemos perdido el sentido de hacer de nuestro ritmo nuestro baluarte. Esto empezó a principios de la famosa época del merengue romántico.

Cuando a un género musical se le cambia su patrón rítmico, ya no debe seguir llamándose como tal.

Nuestro merengue de orquesta muere en el instante que sale el llamado “merengue a lo maco”: su patrón rítmico fue cambiado, aunque siguió llamándose merengue. Con el paso de los años siguió cambiando ese nuevo patrón y el patrón original murió.

En nuestro medio, quien tiene dinero para la payola encuentra terreno fértil en una serie de locutores inconscientes que sólo buscan sus beneficios personales sin importarles la gravedad por la que atraviesa nuestro ritmo. Esta gravedad es tan profunda, que al 95% de nuestros artistas merengueros no les importa nuestro ritmo de por sí, sólo les importa el dinero que puedan percibir con su música.

Es cierto, a medida que pasa el tiempo todo evoluciona y así sucede con la música. Pero debemos ser cuidadosos y conservar nuestra identidad musical.

Citemos, como ejemplo, a Puerto Rico, un pueblo extremedamante celoso de su cultura y de su música.

La Plena, ritmo folklórico de ese pueblo hermano, se ha enriquecido en sus líricas, pero sus bailes y patrones rítmicos siguen inalterables; la Danza puertorriqueña también se ha enriquecido con sus intérpretes, pero sus patrones rítmicos son los mismos.

Lo mismo pasa con la Salsa que ha sido tradicionalmente interpretada por artistas puertorriqueños. Grandes intérpretes, desde los “viejos” Ismael Rivera, Cortijo, Andy Montañez, etc., hasta los “jóvenes” Gilberto Santa Rosa, Victor Manuelle, y Marc Anthony, han engrandecido este género. Sus arreglos musicales son geniales, pero el patrón rítmico, (llamado Masacote) es el mismo.

Al salir otros tipos de expresiones musicales, salen nuevos exponentes, pero no le quitan a la Salsa, a la Plena, a la Danza, sus características rítmicas, sino que buscan otro nombre para darles cabida en el amplio mundo del disco. Eso se llama celo y dignidad profesional.

En República Dominicana, por el contrario, hemos sufrido una metamorfosis producto de una inconsciencia y transculturación que nos ha hecho perder el norte de nuestra música.

En el libro Antes de que te vayas, el escritor Chaljub Mejía nos expresa su dolor por la pronta partida y desaparición de la música típica. Con toda la dignidad, integridad y orgullo de ser dominicano, este gran escritor nos narra con dolor el temor de la desaparición de nuestra bandera musical.

Debemos ser celosos con nuestro merengue de orquesta. Es penoso, doloroso, sin embargo, ver cómo otrora grandes arreglistas, exponentes del merengue, defienden el llamado “merengue de calle”.

Este último no debe llamarse merengue. Primero, no tiene nada en común con lo conocido como merengue; y, segundo, ninguno de sus exponentes tiene la menor idea de cómo se canta un merengue.

Nuestro merengue tradicional está huérfano y casi desaparecido. Nos quedan muy escasos verdaderos exponentes de merengue en la carrera desenfrenada que llevamos. No existe un programa de radio, TV, que ofrezca, aunque sea una vez a la semana, un programa con los verdaderos intérpretes del merengue tradicional nuestro. Se avergüenzan de los artistas nuestros avanzados en años.

Volvamos a Puerto Rico, y veremos lo opuesto. Artistas de la categoría de Andy Montañez, Cheo Feliciano, etc., son respetados como gigantes de la Salsa.

Vemos artistas como Chucho Avellanet con un excelente espacio donde invita lo más profesional de su música con gran orgullo. Los dominicanos, en cambio, quisiéramos que desaparecieran los viejos intérpretes nuestros.

Se alega que lo que suena es lo que quiere el público. Nada más lejos de la verdad. Se le está dando al público lo que hace ricos a los músicos y empresarios. Todos nuestros baluartes están marginados y su presencia es casi nula.

Se da el caso que en nuestro medio cualquiera es un artista, sólo necesita ser vulgar y decir lo que le venga en gana. Es aceptado como modelo y lo encumbramos por encima de los demás. Sin embargo, su desarrollo como seres humanos y artistas, dejan mucho que desear.

Nuestra identidad musical corre gran peligro porque no tiene defensores: nadie puede expresarse en contra, porque los mercaderes tienen el control de los medios. Se han acabado los periodistas, comentaristas, dueños de programas que tengan amor por nuestra identidad y tengan el coraje de defenderla. Sólo les importa el dinero que acumulen.

Hay algunos intérpretes nuestros que agonizan por hacer algo bien hecho aunque no exteriorizan sus opiniones para no perder de plano el poquito de vigencia que les queda. ¡Qué pena! (Continuará)

El autor, hijo de Lucero Colón, es un destacado saxofonista maeño que ha formado parte de las orquestas de Millie y los Vecinos, Rafael Solano y Juan Luís Guerra, entre otros grandes. Reside en Nueva York y hoy día se dedica a tocar jazz con su grupo Sonido Latino.

Siga leyendo...

Poema 2

Por Juan Nicolás Tineo Rodríguez (Homerito)
(Joven poeta maeño)

Del libro Versos en Cautiverio

Para que no me olvides
en tu ventana si miras
encontrarás mis ojos clavados
reflejando la dulzura de mi voz
canto famélico de mis vellos.

En tu ventana si miras
verás que en las noches calladas
perenne miro la albada piel
de tus pies dormidos.

En tu ventana si miras
te darás cuenta
que pasan días, noches
y no me he ido.
Siga leyendo...

jueves, 10 de septiembre de 2009

¿Quienes son estos tres maeños?

Haga clic en la foto para agrandarla.
¡Ah, no, yo no soy baúl de nadie!

Siga leyendo...

Aventuras de Turrú

Cosas de Mao
Por Isaías Medina Ferreira

Turrú, “mesero” del Samoa Bar, panadero y vendedor, quien por una deformidad congénita en sus espaldas medía como 4 pies de estatura y tenía los brazos casi de la misma longitud, era, según su propia apreciación, un “come hombre... papá de to’ loj hombre y marío e’ to’a laj mujere". Era tanto su “valor” que no se cansaba de pregonar: “Ma’ guapo que Turrú, solamente Turrú borracho, ¡carajo!” Y añadía: “No hay hombre que aguante un 'fuetaso' de la 600 y viva pa’ contailo”, en referencia a su mano derecha que tenía 6 dedos. “E’ como una patá de mula”, repetía. Según él, “la 600 e la oitava maravilla dei mundo”.

Contando con la fortaleza de su 600, cuando estaba borracho a Turrú le gustaba provocar a los hombres y meterse en líos: “hoy amanecí con gana de comeime ei lígado de un hombre jojoto... o prieto... o chiquito”, decía en forma provocadora, según fuera la apariencia de su “víctima”.

Corrían los años de 1960 y una vez está Turrú “tirando caita riai” en el bar llamado “Jimenoa”, en Sibila, y se le antojó bailar con una muchacha que andaba acompañada, y va a la mesa de ésta y la hala por un brazo: “ven a bailái, tú”, le dice. La muchacha, como es natural, dice que no y resiste el abuso del borracho. Pero Turrú era un hombre muy “delicado”, a quien no se le podía decir que no, pues se ofendía y “¡ay, papá!”.

“Te dije que venga a bailái, ¿o no me oíte?…”, repite Turrú con gesto de mandamás, visiblemente alterado y dispuesto a no aceptar no por respuesta. Uno de los acompañantes de la muchacha le dice de buena forma, “señor, la señorita le dijo que no quiere bailar”. A lo que contesta Turrú, “usté si e trasendío… no ej con uté que quiero bailái… ej con ella, carajo, ¿o uté quiere que lo ponga a ecribí coca-cola con la naiga, coño?”; y hala el brazo de la mujer con más fuerza aún.

El acompañante de ésta, que ya ha visto demasiado, pierde la paciencia, se para y suelta un “boloponch” infernal, el cual, para infortunio del pobre Turrú, hace blanco en medio de su cabezota. El impacto fue tal, que sacó a Turrú por una de las puertas laterales del Jimenoa; una vez en el patio, como mareado, se le abren las piernas al “Turrete”, a manera de cabra resbalando en “jaida mojá”, y cae éste de espaldas, como desgranándose en el cemento frío, de tal forma que por unos minutos su cuerpo no registra movimiento.

Quienes conocen a Turrú, preocupados, comienzan a tirarle “cubos” de agua para revivirlo. Después de unos minutos de angustias, en que todos creían que había llegado el fin del “aturrullao”, finalmente vuelve Turrú en sí y al verse mojado de pies a cabeza pregunta, “¿qué pasó aquí?”. Nadie quiere decirle lo que pasó por temor a que fuera a haber una desgracia. Pero Turrú insiste en saber lo que pasó y alguien le dice: “te dieron, Turrú”. “¿Qué a mi me dieron?... ¿QUÉ A MI ME DIERON?... ¡tú ta’ relajando!... ¿cuándo tú ha vito que a Turrú le han dao?... ¿quién fue que me dio?”. Y alguien señala la mesa del joven que lo “sonó”. Sale Turrú como un torpedo hacia donde estaba quien había “osado acariciarlo” y comienza a desafiarlo y a insultarlo. El joven, que medía como 6’3” y tenía cuerpo de Charles Atlas, muy parsimonioso se para de su silla y dice a Turrú, “sí, te di… y si te pones de fresco, te doy otra vez”. Turrú, mirando a aquella muralla humana, casi dos veces más alto que él, le dice, “¡Qué aj eecho!... gran cosa que hicite... le dite a un aturrullao, ¿y qué? ... ¿ya ta’ satifecho?”. Turrú se va quieto a su mesa y como explicación le dice a sus acompañantes: “Na’, el tipo dice que no quiere problemas; esa gallina”.

Glosario:
-Tirando= ingiriendo, bebiendo
-Caita riai= Carta Real= famoso ron
-“Trasendío”= entremetido, fresco, atrevido
-Boloponch = golpe que suelta el agresor por encima de la cabeza, como si lanzara una pelota, y cae en forma de martillo sobre el agredido. Es más efectivo cuando lo tira una persona alta a una baja y cuando va acompañado del elemento sorpresa.
-Jojoto = de rostro blanco, tirando a amarillo
-Jaida mojá = bajada (o subida) de una elevación de terreno, no muy pronunciada, sin pavimentar, que al llover se vuelve resbalosa.
-El Jimenoa estaba situado en la calle Gastón F. Deligne (la misma que lleva al Estadio Pucho Marrero), esquina San José, que luego se llamó Emilio Arté y ahora se llama Profesor Leónidas Ricardo.
-Charles Atlas= famoso “físico-culturista”, de musculatura excepcional, que tenía un método de ejercicios sin pesas, el cual, junto a los anuncios de la Hemphill School, una escuela de inglés por correspondencia, se anunciaba mucho en la parte de atrás de los paquitos, en las Selecciones del Reader’s Digest, en las revistas femeninas y en Mecánica Popular.
Siga leyendo...

lunes, 7 de septiembre de 2009

Vale Toño y María

Cosas de Mao
Por Isaías Medina-Ferreira

Aparte de ser “dos almas de Dios”, de haber nacido desafortunadamente con cierta deficiencia mental y vivir una vida hasta cierto punto desventurada, poco tenían en común estas dos personas. No existían temperamentos más dispares.

Ah, sí, tuvieron algo más en común: ambos sufrieron un final trágico, víctimas de la crueldad y la saña de hombres siniestros que pulularon nuestra sociedad durante dos épocas sombrías, de recuerdos dolorosos para nuestro pueblo dominicano.

María, llamado “el loquito", vivía en las cercanías del hoy llamado barrio “Los Bonilla” y Vale Toño vivía en Sibila, como a una cuadra del “canal Mayor”, en los alrededores de la calle Máximo Cabral.

Es posible que por una de esas “promesas” que otros acostumbran a hacer por uno, o por lo económico que resultaba, María vistiera siempre de blanco. Su traje, hecho de material de sacos de harina de 100 libras, incluía una chaqueta manga larga y unos pantalones “brinca-charcos”, semejantes a los “pescadores” que en ciertas épocas usan las mujeres, y hasta un sombrerito tipo “Nehru”, semejante al de los guardias. Está demás decir que ese vestuario, que cuando nuevo hasta conservaba el sello grande en colores de los Molinos Dominicanos, era llamativo y por ende causa de burlas perversas de parte de la chiquillada y hasta de algunos mayorcitos. La forma de defensa de María contra esas crueldades era simular que tiraba una piedra la cual se le pegaba en la cabeza al intruso, al tiempo que voceaba en su voz aguda “¡va lavao, degraciao!”.

Vale Toño era limpiabotas y siendo buen “soidao”, como decían los viejos, hacía otras cositas para levantar sus boronas, las cuales le daban hasta para beber romo. Toño era ñato y si no estaba bebiendo, era buen conversador.

Cuando se emborrachaba, lo cual no era difícil, pues bastaba “una tercia” para verlo cambiar, al Toño le daba con cantar y echar discursos, los que casi siempre eran anti-gobierno. Cuando estaba borracho, al Vale le seguía una recua de tigueritos que le servían de audiencia y le hacían coro. “Yo tengo una bolita que me sube y me baja, ay, ay, que me sube y me baja”, cantaba Toño en su voz ñata y profunda, y se tiraba boca arriba, meneando piernas y manos, como pescado en tierra acabado de coger, mientras seguía cantando “me sube y me baja y me vueive a subí…ay, ay, que me sube y me baja”.

Cuando acababa su espectáculo, acto seguido se subía a un banco del parque, o a cualquier caja o silla que le permitiera ampliar su escasa estatura, a tirar sus discursos: “Yo, Vale Toño, suidadano de la republiquita de Mao, digo y repito reponsablemente, que ei dotói malaguéi sólo gobiejna pa lo rico y por eso no ej má que un asesino lambe sebo y mai nacío… he dicho”. Eso, viniendo de un hombre que aun sobrio no estaba en sus cabales, en un país democrático podría haber pasado como algo menor y a lo sumo costarle al intruso que se lo llevaran al cuartel policial a dormir “el jumo”, por causar “desorden en la vía pública”; pero nosotros sufríamos los fatídicos “12 años”, caracterizados por los crímenes bestiales y sin sentido que en esa época se cometieron.

Poco tiempo después desaparecería Vale Toño. A los pocos días lo encontraron en el fondo de la “caída” del canal Mayor: le habían cortado el pene y se lo habían puesto en la boca, como si fuera un cigarro.

Unos cuantos años antes, cuando moría físicamente la dictadura de Trujillo, María había sufrido una muerte similar por lo irracional y repugnante. Según cuentan, éste andaba por el Cerro Melón (detrás de la fortaleza Benito Monción, donde está hoy el Centro Olímpico) y al ver que unos guardias torturaban a un preso, María voceó “ese si se jodió” en su tono peculiar al tiempo que pasaba su dedo índice por el pescuezo en señal de degollación. Su cadáver apareció guindando de una mata del cerro, hasta donde fueron dirigidos sus familiares por el mal olor que despedía el cuerpo del occiso en descomposición.

Fueron dos muertes absurdas que consternaron a un pueblo por lo general tranquilo.
Siga leyendo...

Datos biográficos de don Juan de Jesús Reyes Aranda

Primera parte
Por Manuel Rodríguez Bonilla

Haga clic aquí para ir a la Segunda parte

Haga clic aquí para ir a la Tercera parte

El 6 de julio del año 1962, un viernes de una primavera que también moría, fallecía, tal vez el más conspicuo de los humanos que han nacido en la Villa de los Bellos Atardeceres, y uno de los dominicanos más sensibles y entregados a su tierra: JUAN DE JESÚS REYES ARANDA.

Nació en el entonces paraje de Hatico, del poblado de Mao, provincia de Santiago, el lunes 6 de mayo del año 1872. Hijo de Estanislao Reyes García, oriundo de moca y el primero en ser electo Diputado por la común de Mao, entonces parte de la provincia de Santiago. El señor Reyes García era hijo, a su vez, de Tomás Reyes Madera, quien llegó al poblado de Santa Cruz de Mao en la segunda mitad del siglo XIX.

La madre de Juan de Jesús Reyes lo fue Altagracia Aranda Cabral, descendiente de José Estanislao Aranda, Capitán del ejército dominicano y luchador en las guerras independentistas contra Haití. Cayó abatido en la histórica batalla de Beller, en Dajabón.

A los 6 días de nacido, Juan de Jesús Reyes es bautizado el 12 de mayo por el reverendo Pedro Francisco Contonitte, quien era cura para las comunidades de Montecristi y Dajabón. Fue su padrino Clemente Reyes, tío de Estanislao Reyes García, el padre de Juan de Jesús. La madrina lo fue la señora Baudilia Reyes Cabral, hija de Francisco (Tito) Reyes, vicepresidente del primer Ayuntamiento, en el 1882. El bautizo se escenificó en la iglesia del poblado de Guayubín.

Los hermanos de Juan de Jesús Reyes fueron Elisa Victoria y los hacendados Rafael Tobías y Juan Antonio. Así mismo, Emilio Antonio Reyes, propulsor del comercio en la común de Mao y José Ismael Reyes, fundador de la segunda farmacia y factoría de la jurisdicción, dedicado por muchos años a la medicina práctica y al servicio humanitario a favor de los lugareños.

El lunes 11 de mayo de 1896, Juan de Jesús Reyes Aranda contrajo matrimonio con Emilia de Jesús Báez Rodríguez, nativa de Mao e hija del restaurador Roque Báez (español) y Marcelina Rodríguez, oriunda de San José de las Matas. Con Emilia procreó a Néstor Virgilio, Adriana María, Eligio Epaminondas, Socorro Melitina del Carmen, Parmenio Elpidio, Rosa María, Emilio Antonio, Dulce Caridad y Juan Clemente Damico Reyes Báez.

Con la señora Lidia Inoa Gómez, nativa de Mao, nacieron también sus hijos Georgina, Neftalí, Rafael Enrique, Ana Virginia, Neolina, Ramón Antonio, Manuel de Jesús, Homero Moisés, Pompeyo, Honoria y Gladys Mercedes Reyes Inoa.

En total, Juan de Jesús Reyes Aranda logró procrear 20 hijos, de los cuales la mayoría aún sobreviven.
Siga leyendo...

domingo, 6 de septiembre de 2009

Don Emilio Arté: Gloria musical nuestra

Por Juan Colón
En la foto: Don Emilio Arté y el Dr. Samuel de Moya

Rafael Emilio Arté Cruz, nació en Santiago de los Caballeros el 5 de abril de 1873 y murió el 2 de febrero de 1970. Era hijo del virtuoso músico español don Rafael Ildefonso Arté y doña Petronila Cruz. A la hora de su muerte tenía la edad de 97 años.

Vino a la ciudad de Mao en el año 1916, contratado por Amado Franco Bidó para dirigir la Banda Municipal de Música. Con él vino su compañera de toda la vida, doña Ercilia (Cila) Ventura, con quién procreó su única hija, Antonia Magdalena Arté (Tontón), quien se convirtió en la mas fiel seguidora de los pasos de su padre.

Don Emilio fue un músico virtuoso, con un cúmulo de conocimientos asombrosos y profundos.

Entre sus alumnos destacados además de su hija Tontón, sólo de la localidad de Mao, se encuentran don Luis Alberti, don Radhamés Reyes Alfáu, Daniel Colón (Lucero), el doctor Rodríguez Colón (Fello) y Humberto Reyes (El chivo/El guajiro). Yo tuve el gran honor de tomar unas cuantas clases con el legendario profesor.

En sus días, don Emilio logró caminar todas las salas de concierto del país, y paseó su arte por Cuba, Puerto Rico, España y otros lugares. Especialmente en Cuba fue ovacionado por la audiencia en un famoso concierto en que él tocó la guitarra clásica acompañado de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba.

Pero su virtuosismo no sólo lo demostró tocando la guitarra en lo clásico, también dominaba a perfección el saxofón, el clarinete, el piano, el órgano, el bandoneón, el bombardino y el chelo.

Tuvo una estrecha amistad con los doctores Ellis Cambiaso y Narciso Alberti, este último padre de don Luis Alberti.

Una historia que pinta con rasgos imborrables la grandeza de don Emilio, es la que sigue. El dictador Trujillo invitó al mundialmente famoso guitarrista español don Andrés Segovia, considerado el mejor guitarrista clásico de todos los tiempos, para unas actuaciones privadas en la capital y en la provincia de Dajabón. Necesitando el gran maestro un guitarrista que lo acompañara en sus conciertos, el gran privilegio recayó en nuestro maestro, don Emilio Arté.

Los halagos del maestro Segovia abundaron y cuenta la historia que al final del primer concierto el maestro se dirigió al dictador en los siguientes términos: “Sr. General, no puedo entender cómo usted teniendo un verdadero maestro de la guitarra me haya mandado a buscar, ahí tiene usted un maestro de alta estima”.

Lo remarcable de todo fue que no tuvieron tiempo para ensayar hasta una hora antes del concierto, justo donde iban a presentarse esa noche.

El solo hecho de acompañar a un gigante como don Andrés Segovia, habla volúmenes de nuestra gran gloria musical.

A él le cabe, además, el honor de haber agregado el paseo al merengue. El paseo es aquella parte del inicio de Compadre Pedro Juan, que de paso fue el único merengue que lo conservó hasta el final.

Fue un hombre dotado de una gran educación y modales, siempre dispuesto a compartir con cualquier persona y aunque era súper exigente al momento de dar sus clases, era muy compasivo y humano. Fue humilde, con todo y su gran capacidad, no demostraba superioridad frente a nadie.

Quien escribe estaba muy joven para pretender conocerlo bien, pero tengo suficientes recuerdos y mi relación con su familia me permitió conocer sus grandes cualidades humanas.

En el año 1966 fue objeto de un merecido homenaje por sus 50 años de labor continua dedicada a dirigir la Banda Municipal de Música y a la enseñanza.

Para tan magno evento se dieron cita distinguidos músicos del país, entre ellos: doña Elila Mena (Directora del Conservatorio Nacional de Música de la ciudad Capital), don Julio Alberto Hernández, gran pianista y compositor Santiaguero, abuelo de la cantante Maridalia Hernández; Guarionex Aquino, don Luis Alberti, don Antonio Morel, don Bienvenido Bustamante y otros prominentes músicos de su época.

Hoy día la calle donde vivió lleva su nombre.

Su entierro fue una verdadera manifestación de duelo y homenaje. Mao y el país perdían a un gran sembrador y ser humano que dedicó su vida a perseguir la excelencia en el oficio que escogió como vocación.

Don Emilio Arté fue una verdadera gloria de la historia musical de nuestro país. Lástima que no queden recuerdos vivos de su arte.

Don Emilio es de los grandes héroes que nacen para sembrar y están conscientes de cuál será su retribución. Como la de todos los grandes hombres, su alma estaba conectada directamente con el director de la sinfónica universal que todo lo rige.

Mis respetos para usted, don Emilio. Paz a sus restos.
Siga leyendo...

sábado, 5 de septiembre de 2009

Tres historias breves de Mao

COSAS DE MAO
Por Isaías Ferreira Medina

PRECAUCIÓN: Algunas de las Cosas de Mao contienen lenguaje gráfico y vulgar; si cree que podría ofenderse por ello, por favor NO LO LEA.

1. SE ACABÓ EL JABÓN

En los tiempos en que crecí, la ropa se lavaba exclusivamente a mano, con jabón de “cuaba” que vendían en barras (o “bricas”[1]) y en tablas, las cuales las amas de casa, o las expertas lavanderas, majaban y volvían una bola. Con el tiempo, los fabricantes parece que aprendieron y vendían las bolas. Recuerdo que la ropa, si era blanca sobre todo, era hervida y había que echarle un cubito de “azul de lavar” en el enjuague final, para suavizarla y devolverle su tersura natural.

Una vez uno de los fabricantes de productos para lavado y aseo del hogar, creo que industrias Lavador, desarrolló un producto que según daba a entender la propaganda era más avanzado que el jabón, y para ello tenía un anuncio que pregonaba “¡Se acabó el jabón!, ¡se acabó el jabón!…”.

Un señor mayor, al oír aquel anuncio tan enérgico e insistente, se fue corriendo al colmado más cercano y comenzó a comprar todo el jabón que tenían, por si acaso. El “dependiente”, curioso, hizo un comentario burlón acerca de esa compra tan extraña y el señor le contestó que si no había oído que el jabón se había acabado, lo que hizo reír despiadadamente al pulpero.

Ese mismo pulpero, de lengua larga, se encargó de regar la ocurrencia en el vecindario, lo que con el tiempo se extendió a todo Mao, y al hombre comenzaron a “darle cuerda” con lo de se acabó el jabón. Esa cuerda, que él cogía como un reloj de a peso, cambió la vida por completo del pobre hombre. No fueron pocas las “acarreriá” que tuvo que dar a quien osara vocearle “Tunino, se acabó el jabón”.

2. RAFAEL EL LOCO (Tema adulto)

De repente desaparecía y no lo veíamos por un largo tiempo. Así de sigiloso aparecía de nuevo. No tenía prisa; caminaba lento. Dormía donde le cogiera la noche.

No sé cómo sabían que el hombre se llamaba Rafael, pues no se comunicaba con nadie y vivía en un mundo propio recitando un monólogo constante en un susurro que en su voz ronca semejaba a un moscardón enamorado haciendo piruetas cerca de los oídos.

En torno suyo se tejían las historias más disímiles. Unos decían que expiaba una “culpa” grande por haber desobedecido las leyes de Dios, nadie sabe cuáles, por eso a veces se le veía darse repetidos pescozones violentos en la cara y el pescuezo. Otros decían que había sido un hombre muy rico que perdió su fortuna en una apuesta que hizo con el diablo; aún otros decían que le había dado “una cosa” por haber fornicado en Viernes Santo, mientras que los más fantasiosos decían que era un galipote al que le habían echado “agua de Florida” mientras se apareaba con una yegua.

Pocas veces se le veía comer y cuando lo hacía era basura que sacaba de algún tanque. No era raro verle sentarse en el borde de la calzada, coger un puñado de agua de la cuneta y echársela por la cabeza o beberla.

Aunque no molestaba a nadie, era uno de los cucos utilizados para aterrorizar a los muchachos jodones. ¿Quería amansar a un pichón fuera de control?, sólo había que decirle “¡a que llamo a Rafael pa’que te lleve!”.

3. DON PORO Y LA GACHA (Tema adulto)

Don Poro casi siempre andaba montado en su burra, “La Gacha”, pero cuando se le veía caminar, lo hacía erguido y rápido, como empinándose y dando saltitos. Tenía un verbo florido, pues según la leyenda era un hombre muy inteligente que según los “expertos del parque” había perdido el juicio por combinar el “estudio intenso” con la “falta de cuchara”.

Aunque nunca se detenía a sostener conversaciones, siempre contestaba las preguntas que le hacían los curiosos: “Don Poro, ¿qué es lo mejor de la vida?”, y con aire de profesor experto, “¡venirse y revenirse y re-revenirse!”, contestaba don Poro.

En torno a la relación entre don Poro y la Gacha, en el pueblo se decía con morbosidad que ésta última era más que un medio de transporte para don Poro. Esto lo decían por la cantidad de elogios que don Poro siempre tenía para su “carísima Gacha”, como solía llamarla. A la pregunta: “Don Poro, ¿cómo está la Gacha?”, éste contestaba: “La Gacha está hipercauriflíticamente buena”. O si no: “La Gacha es la suma de mis catetos al cuadrado”. O, “La Gacha es como un oasis en el desierto de mi vida estéril”. Era su apreciación que “los que compilaron la lista de las maravillas del mundo nunca vieron el donaire y el salero de mi Gacha”.

¡Ah, Mao! No sólo me viste crecer, abriste una ventana al mundo y me proporcionaste uno de los mejores asientos para observar.

Anotaciones:
[1] Supongo que la palabra “brica”, viene de la palabra inglesa “brick”, que significa ladrillo. Las bricas eran entre 6 y doce pulgadas de longitud, con un espesor de alrededor de pulgada y media.

Siga leyendo...

viernes, 4 de septiembre de 2009

Entrevista con Antonio Espinal

El periodismo agridulce de Antonio Espinal
Por José Carvajal
www.josecarvajal.com/

Antonio Espinal dice que ha puesto en una esquina el periodismo tradicional para dedicarse a una empresa de desarrollo, hospedaje y mantenimiento de websites para pequeños negocios e iglesias, incluyendo radio y televisión por Internet.

Es el mismo Antonio Espinal que aparece mencionado en varios artículos de Orlando Martínez, en abril de 1974. Sólo que entonces era un imberbe reportero que se atrevió a denunciar el secuestro y venta de muchachas de provincias que eran obligadas a prostituirse en los populares burdeles de Herminia y Nancy, en la capital dominicana.

Las consecuencias fueron graves, porque en eso estaban involucrados jefes de la Policía Nacional. De modo que Espinal fue víctima de atentados, estuvo hospitalizado por palizas y fue blanco de una campaña de descrédito montada por las mismas autoridades.

Era el apogeo de los llamados Doce Años de Joaquín Balaguer, un período de crímenes políticos del que no salió vivo Orlando Martínez, uno de los defensores de Espinal.

"Por primera vez revelo aquí que estoy vivo gracias a que el General (Neit) Nivar Seijas me dio protección", me dice Espinal desde Reading, una ciudad de Pensilvania. Allí compró una casa luego de conocer en Nueva York a una mujer de Moca, con la cual se casó y ahora tienen dos hijos (Antonio Jr. y Aaron) que por alguna razón el padre prefiere llamarlos "príncipes".

—Al cabo de 35 años, ¿qué recuerdas de aquellos reportajes sobre la prostitución en los años setenta?

Antonio Espinal: Yo comencé a ejercer el periodismo en los primeros años de la adolescencia, con un periódico estudiantil que circulaba en los liceos secundarios de la línea noroeste. El periódico se hizo muy popular, por lo que me arrestaron varias veces durante la Era de Balaguer. El Nacional me contrató como corresponsal y luego me llevó para la capital. Investigué que muchas muchachas eran secuestradas y compradas en las provincias, para mantenerlas prácticamente encarceladas en los prostíbulos, algunos de los cuales hasta tenían rejas. Los reportajes que escribí trataban sobre quienes controlaban el negocio de la prostitución y Jefes de la Policía Nacional que los protegían. Esos mismos jefes fueron los que mandaron a matarme y trataron en otras ocasiones de hacerlo.

Pero Antonio Espinal salió vivo de Santo Domingo. Un día abordó un avión y llegó a Estados Unidos, donde apostó de nuevo al periodismo. La experiencia lo llevó a ocupar puestos relevantes que hoy recuerda con una mezcla de agrado y desaliento.

—¿Cuál ha sido tu experiencia más amarga como periodista?

Antonio Espinal: Cuando me contrataron como Editor Metropolitano de Noticias del Mundo, en Nueva York, luché y conseguí colocar ese diario en primer lugar, en relación al Diario La Prensa, según un estudio que hizo la Revista de Periodismo de la Universidad de Columbia. Y como había vislumbrado el papel que asumiría Internet en los medios de comunicación, quise adaptarlo para esos retos. Pero el entonces Director General José Cardinali, lo vio como un peligro para su puesto, porque se oponía a todo cambio. Por eso luchó y logró que me despidieran. Cuando los dueños vieron que el periódico tocaba fondo, trataron de que yo volviera, pero no quise. Eso fue una experiencia muy amarga que me alejó bastante del periodismo tradicional. Aunque me sirvió de bien, porque continué avanzando con Internet y los medios electrónicos y hoy estoy al frente de una compañía que ofrece servicios de Internet www.itswebsites.com

—Sabemos que el periodismo ya no es lo que era, ¿en qué crees que ha cambiado el oficio? ¿Crees que es una profesión en peligro de extinción?

Antonio Espinal: El periodismo no va a desaparecer. Pero los periodistas tienen que reinventar su profesión adaptándola a los nuevos retos de la comunicación electrónica. Internet está asumiendo el control de todos los medios de comunicación. Por eso, miles de periódicos están colocando su contenido en la Web, porque están conscientes de que la industria debe adaptarse a los cambios que están produciéndose en las comunicaciones. Muchos lo hacen con rabia, porque sus editores odian los cambios. Yo me di cuenta de eso en la década de 1980. Aprovechando el apoyo económico de Noticias del Mundo, donde era Editor Metropolitano, participé en muchos seminarios y conferencias e hice cursos sobre Internet. Quise adaptar eso a Noticias del Mundo, pero como dije, encontré mucha resistencia de parte de José Cardinali (fallecido), que era el Director General, con quien tuve que pelear incluso para cambiar las maquinillas de escribir manuales que había en el diario y luego conseguí que se instalaran computadoras para todos los periodistas. El lo vio como un desafío y luchó y consiguió que me despidieran. Desde el infierno, donde creo que está, se habrá dado cuenta de que yo tenía razón, porque el periódico desapareció.

Antonio Espinal posee muchos honores logrados a lo largo de su carrera, pero ninguno lo sitúa tanto en un lugar como el que recibió en 1985, cuando la Presidenta del Concejo Municipal de Nueva York, Carol Bellamy, declaró el 11 de julio como Día de Antonio Espinal en la Ciudad de Nueva York, basado en que "este distinguido periodista hispano ha traído honor y prestigio a la Ciudad".

—Entonces, ¿por qué te fuiste de Nueva York?

Antonio Espinal: Un día fuimos invitados a Reading, Pensilvania, donde nos gustó mucho para establecernos. Compramos una bonita y amplia casa, cerca de la escuela para los niños. Esta ciudad nos ha resultado cómoda también para los negocios y la vida aquí es mucho más barata que en Nueva York. De allí extraño a mis amigos, colegas, y de vez en cuando siento nostalgia por los ruidos ensordecedores de los trenes, los autos policiales, las ambulancias y los camiones de bomberos. Yo no he abandonado Nueva York, simplemente me he tomado unas vacaciones.

Nota del administrador: El periodismo de Antonio Espinal fue corajudo, lo mismo que el de Orlando Gil y Orlando Martínez, éste último asesinado a mansalva. Antonio Espinal fue compañero de estudios de muchos de quienes leen este Blog, incluyendo a Manuel Rodríguez Bonilla, Niño Almonte, y el administrador de este blog.
Siga leyendo...

Mao, Antes de Macondo


Vivencias
Por Pablo Mustonen

Don Luis L. Bogaert, ingeniero belga, había llegado para quedarse. Constructor de canales y las principales calles de Santiago, íntimo amigo del dictador, visionario y soñador, al conocer a Mao, de inmediato se dio cuenta que había descubierto su Potosí; sin pérdida de tiempo y calculando sobre la marcha, se decidió a emprender y hacer realidad su sueño.Se propuso, y con acierto, lograr construir un canal de riego privado, el que hoy se conoce con el nombre de Canal Bogaert y que parte en dos al pueblo. Aún se pueden observar los dos puentes, uno en la avenida principal (la calle Duarte) y el otro cercano a la factoría de don Ismael Reyes.

No sé cómo, pero pudo conseguir algunos quintales de semilla de arroz llamado Canilla, y sin pensarlo dos veces, procedió a la siembra masiva de este cereal.

En Panamá, en donde había trabajado, logró que le vendieran a muy buen precio, alguna que otra maquinaria, entre las más importantes: Una caldera, un generador y varias máquinas de vapor "Corlis", que con la ayuda del vapor que producía la caldera de leña, podían transformar la energía, en movimiento circular. Con estos equipos ya en la Finca Bogaert, instaló el primer generador de electricidad, que tenía la suficiente potencia para el alumbrado total de las casas del batey central y alguna que otra del Hatico; también se instaló la primera fábrica de hielo en blocks de 100 libras cada uno, los cuales "Vieje"—el encargado de producción—, con un punzón y sabiéndolos golpear, los partía con una exactitud que rayaba en la perfección, en medios, cuartos, décimos, etc. Estos pedazos eran repartidos por el pueblo y vendidos a las bodegas y pulperías; estas casi siempre compraban medio block los cuales mantenían por largo tiempo en lo que llamábamos "neveras", que eran cajas de madera gruesa de pino y que normalmente tenían en su tope, dos ventanas abatibles, para poder manipular el hielo y que se forraban en su interior con una chapa metálica de poco espesor, preparadas por Darío, y el hielo era recubierto por un saco de henequén y paja de arroz, evitando de esta manera que este se derritiera con rapidez..

Para la venta al menudeo, se usaba un punzón para picar hielo y para procesar los "guayaos" un cepillo metálico, que por medio de una cuchilla, casi pulverizaba la roca congelada que llamábamos hielo. El mejor "guayao" era el mezclado con leche, leche de coco y vainilla, que costaba una fortuna, pero era una verdadera delicia; me podía dar el lujo de pedir una mensualmente. Ver preparar un "guayao" era un verdadero placer, ya que normalmente cada bodeguero o pulpero manejaba el cepillo de una manera diferente y previamente estudiada. Todavía hoy se puede conseguir un "guayao" pero le han cambiado el nombre a "frío-frío" y los dueños de estos triciclos, no manejan el cepillo con la destreza de los "guayaeros" del ayer.

La finca tenía su propio acueducto y un inmenso tanque para almacenar el agua que se distribuía por gravedad a todas las casas, la nuestra tenía dos baños con sus respectivos inodoros; aun así, en el patio de estas mansiones se construían letrinas para el uso de los chóferes y el personal del servicio.

"Vieje" era un experto haciendo helados de frutas, dependiendo de la estación del año. Había helados de tamarindo, de guanábana, de mango y de frambuesa artificial—para éste no había época y era el que más gustaba—, los cuales se envolvían en papel de "traza”. Los muchachos distribuían los helados por todos los barrios, a centavo (para ese entonces bastante dinero) la unidad. En época de calor (que en Mao es todo el año) estos se vendían como "pan caliente".

Los mecánicos del taller eran verdaderos expertos y mantenían aquella maquinaria trabajando las 24 horas del día y los 365 días del año, como cuando fueron instaladas por primera vez; entre ellos recuerdo a Rafael (tornero) que tenía un enorme motor Indian y que al hacerme su amigo, me montaba en la parte trasera del mismo e íbamos al Mamey, siempre a la casa de doña Pola (la dama de hierro), dueña del cacao y experta en el cultivo de hortensias; otro era el Bate (todólogo, gran conversador y con una voz de trueno, que se hacía sentir por todo el edificio metálico con un efecto de eco, que muchas veces era molestoso) y que aún vive en Hatico; el soldador y hojalatero era Darío, este sufría de "azúcar" y siempre se quejaba de alguna que otra "dolema". De los tres no puedo decir cuál era el mejor, eran verdaderos magos que trabajaban en equipo y que cuando menos lo pensaba, desde sus mangas, sacaban un conejo mecánico, que cumplía con lo esperado.

En cada casa había un teléfono de manigueta (magneto) y según un código pre-establecido de timbres cortos y largos podíamos abrir o no la clavija para establecer la comunicación, el nuestro era tres timbres cortos y un largo. El encargado de la "telefónica" era Luís y que cuando había una avería, debía caminar desde la oficina hasta la casa del requerido, en donde entregaba el mensaje escrito sobre un papel pequeño, que era reconocido por nosotros y que tan solo los adultos podían leer.

Unos de los sitios preferidos de la reunión vespertina era la barbería, donde el barbero Julián. Él era nuestro ídolo, ya que se sabía todos los cuentos del momento, a poca distancia y en otra "era" (así llamábamos a las enormes edificaciones de entonces, que se dividían en varios y diferentes almacenes) se encontraba la bien abastecida bodega que diestramente manejada don Baudilio; allí nunca faltó nada. Recuerdo que para navidad, siempre abundaban los cohetes "chinos", las velas romanas, las patas de gallinas y los busca-pies, etc.

La colección de postalitas (chicles) con los peloteros del momento, se podían adquirir a centavo cada una y de "ñapa", venían con una goma de mascar en su interior. Hoy, con una de estas puede uno obtener unos cuantos miles de dólares y los coleccionistas las buscan por todas partes del mundo, pero en aquella época Joe Dimaggio tenía poca o ninguna importancia para nosotros: las usábamos para jugar al "pegao", tirándolas desde una pared, hasta que una de ellas cubría una parte de las que se encontraban tiradas en el suelo. Las "bellugas" eran a tres por centavo y las usábamos para jugar al "ron", este juego consistía en un círculo y a cierta distancia de éste una raya; se tiraba desde la base del "ron", en dirección a la raya y el quedara más cercano, abría el juego; ganaba el que a golpe sacaba una o todas las "bolas" del interior del círculo. Algunas veces jugábamos con "bon", que era una bola de vidrio mucho más grande y costosa que la "belluga". Llorábamos cuando nos "casqueaban" un "bon", por lo que evitábamos jugar con estos. Era un orgullo poseer el más grande y colorido.

Cerca del batey central, habían pequeñas plantaciones de frutales, tales como: Mangos, toronjas, jobos, ciruelas, batatas, etc., suficientes como para conseguir una dieta balanceada durante todo el año. La muchachada se deleitaba "maroteando" por todas partes y siempre sabíamos donde encontrar la fruta en sazón y que se correspondía con la estación de cada año.

Afirmamos que no fue necesario esperar por el "circo extranjero llegado en barco", para descubrir el hielo. Mao, primero que Macondo, conoció muchas "cosas", antes de que el "Gabo", en blanco y negro, con la belleza de su magnífica narrativa, las plasmara con una inspiración muy humana en sus galardonados y excelentes cuentos, para deleite de todos nosotros.

Contar es recordar, pero también es coordinar los hechos y relatarlos con cierta sencillez, sin dejar de fabular y exagerar los sucesos que nuestras abuelas relatan o relataban, con una ingenuidad angelical, al referirse a nuestro pasado, casi presente. Igual que Macondo, Mao pasó por las penurias de las botas militares, dictadores y por demás; igual que Macondo, sufrimos una United Fruit (Grenada Company), teníamos Coroneles a quien nadie le escribía.

Sembramos esperanzas y cosechamos decepciones con los "inversionistas extranjeros". Pero por suerte, ya esto es pasado y aprendimos a labrarnos nuestro destino por nosotros mismos. Ya podemos levantar la cabeza con orgullo y ver al extranjero directamente a los ojos, sin arrepentimientos ni vergüenza. La Mamá grande ya duerme tranquila en nuestro bien recordado pueblo.

La historia debe ser contada, es nuestro deber hacer estos comentarios y discutirlos con altura con nuestros hijos, relacionados, amigos y conocidos.

ESO ERA VIVIR
Siga leyendo...

Estampa maeña -La caída


La Caída, pequeña represa con desnivel en el Canal mayor.

Este cuadro, propiedad de Luis Espinal, la Casona, fue realizado por el artista plástico Leandro González, en 1996.

(Datos suministrados por Titico y Jochy Ferreras, de Amo a Mao ). Siga leyendo...

jueves, 3 de septiembre de 2009

Poema 3

Carlos José Reyes
(Poeta maeño)

Que sabe, que tiene, que luce, que grita
el lápiz arranca claveles en los espejos
duerme su son de tiza
oh sí, el lápiz con belfos de nube
cronificado en la viper de la casa.

¿Quién habrá de morder el aliento
acuchillar la tarde
o autorretratar a Van Gogh
con alcohol congelado?
La noche ha traído una luz
que baila simiesca
en cada poste del viento
que ríe a estornudadas
y pisotea los truenos.

La noche no tiene biografía
tiene sed, ahoga brazos
y huele a veces a esquina.
Voy a observar la escalera
derritiéndose
cuando Dios baja de su astronave.
Siga leyendo...

Juan de Js. Reyes


Introducción a la obra
El cantor de la Barranquita
Por Manuel Rodríguez Bonilla

Detrás de cada lucha, de cada batalla y de cada acción patria, hay una pluma que la levanta y la inmortaliza. Después del soldado que lucha viene el poeta que expresa. La Barranquita, es el nombre con que se conoce el desigual enfrentamiento registrado en el cerro del mismo nombre, cerca de Guayacanes, provincia de Valverde, entre dominicanos y marines norteamericanos que ocupaban nuestro país en el 1916. Allí, 80 patriotas, comandados por Carlos Daniel y Máximo Cabral, esperaron al invasor que desde Montecristi venía dirigiéndose a Santiago de los Caballeros, segunda ciudad de importancia del país y capital de toda la rica región del Cibao (centro, norte y nordeste de la republica).

Es el 3 de julio cuando se da la hecatombe, el martirologio. Mueren Máximo y Agustín Cabral, Francisco (Pancho) Peña (también luchador contra los españoles del 1863), Magdaleno Zapata, Bernardo y Carlos Gutiérrez, el adolescente Belarminio Rodríguez y otros.

Un poeta, rico en expresiones, en pintar imágenes, en describir lugares, personajes y situaciones, eleva en el verso este noble gesto a los mas altos lugares del parnaso y el patriotismo: JUAN DE JESÚS REYES ARANDA.

Juan de Jesús Reyes Aranda, es un poeta desconocido en la generación de hoy día, al que ninguna de las épocas ha hecho justicia. La suya, porque no llegó a entenderle en toda su expresión y porque la Ocupación se encargaría de evitar que sus trabajos fueran proyectados. La nuestra, por lo poco que de este artista de la pluma nos ha llegado. La mayoría de su producción poética permanece aun inédita.

El objetivo de esta obra es comenzar a dar a conocer a este dominicano extraordinario y poeta refinado, con una parte de sus poemas, los dedicados a la cívica acción de La Barranquita. Es, al mismo tiempo, un homenaje al poeta de los ríos, de los puentes, de las montañas y de toda expresión humana, en el XXI aniversario de su muerte.

El presente trabajo esta constituido por tres partes:

La PRIMERA, una biografía de Juan de Jesús Reyes, presentándolo en sus facetas de estudiante, educador, munícipe y poeta. Recogiendo en cada una sus características y momentos mas sobresalientes.

La SEGUNDA, recoge las poesías producidas por Don Juan relacionadas al 3 de Julio Heroico. Sus voces, sus cantos, sus clarinadas, todos sus sentimientos en honor a aquellos héroes que al morir copiaron, “¡Toda la Patria, su mayor Tesoro!”.

La TERCERA y ultima parte, nos trae la opinión, el juicio crítico, la valoración de ilustres miembros de la intelectualidad de la época sobre el único poema alusivo a La Barranquita conocido por ellos: “ACCION DE LA BARRANQUITA”.

Siga leyendo...

Fabio Medina y Juan Morán

Cosas de Mao
Por Isaias Medina Ferreira

Hace ya un tiempo que Fabio Medina, un hombre del pueblo, con gran sentido del humor, murió. Parece que se las arregló hasta el final para relajar. Días antes de morir, me cuentan que pasó por el frente de una de sus conocidas, Chita, quien le voceó: “¡ajo, Fabio, ya tú no visita la mujere buenamoza!”. A lo que contestó Fabio, “Chita, si supiera que tú era la úitima que me faitaba”. Una salida genial; pero así era Fabio. A propósito, sé esto porque Chita es hermana de Senovia Ventura, mi suegra.

Fabio y yo llevamos el mismo apellido y somos parientes, pero no puedo decir que nos llegamos a conocer de “a verdad”, como dicen. Una de las razones es probablemente la diferencia generacional y mis largas ausencias del lar nativo. Coincidimos un par de veces, eso sí, hace mucho tiempo, en una barrita que tenía Bettys Guzmán en Sibila, mientras cantábamos a todo pulmón con la guitarra de “burriquín” y él y Juan Morán, su amigo del alma, armaban su show de decirse cosas y discutir.

El show con Juan siempre terminaba con uno de ellos portando una cola de papel que pasaba por una de las trabillas del pantalón. Este, danzando y remeneando las caderas como vedette, cantaba “a que no me quema ei papelón”, mientras el otro detrás, con encendedor en mano, tratando de quemarle el rabo, decía: “a que te lo quemo poi jodón…” A veces, en vez de papel, el encendedor tocaba “fundillo” y ¡ay, papá! Si bien aquello era para morirse de la risa, creo que la esencia del show, lo que se reflejaba con mayor acento, era la gran amistad que existía entre esas dos personas la cual no tenían miedo de expresar, no importa si en el proceso pasaran de payasos.

Una de las particularidades que siempre he querido dar a Cosas de Mao es la celebración de las personas, como las conocí en su tiempo, no importa su rango social, siempre ensalzando su lado jocoso, que es quizás cuando reflejamos lo más genuino de nuestra humanidad y personalidad. Fabio, al igual que Juan, quien hace mucho tiempo pasó a mejor vida, fue un ser genuino. Ambos merecen este pequeño homenaje.

Me hubiera gustado haber escrito esta nota en más faustas circunstancias, pero creo que Fabio, donde quiera que esté, la gozará lo mismo y sonreirá al recordar esos buenos momentos, ahora que ha tomado ese camino misterioso del que no hay retorno para juntarse con su gran amigo Juan y quizás finalmente quemarle el papelón. En paz descanse, primo.
Siga leyendo...

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Humberto Reyes, el Chivo o Güajiro

Do-Re-Mi
Por Juan Colón

Humberto Reyes, el Güajiro o El Chivo, como era mejor conocido, nació en Mao, en 1944. Fueron sus padres Antonio “El Zapatero” Reyes y Dña. Élida Rojas. Humberto, de temperamento muy inquieto, inició sus estudios musicales bajo la dirección de Daniel Colón, “Lucero”, y Dña. Tontón Arté, y desde muy temprano dio muestras de tener gran talento para el saxo y la guitarra.

A muy temprana edad decide emigrar hacia la ciudad capital donde entra a formar parte de la banda de música de la Marina de Guerra.

En poco tiempo pasa a formar parte de la orquesta de baile de dicha institución y comienza a conocer personalidades del mundo de la música. Entre ellos a Félix del Rosario, a Tavito Vásquez, a Miguel Gautreaux, guitarrista principal del trío Los Juglares, de quien empieza a recibir instrucción como guitarrista. Aunque Humberto había tenido una influencia temprana del gran Sergio El Feo como guitarrista, llegando a comprender a fondo las bellezas del guitarrista sonero, tan pronto llegó a la capital y escuchar a diferentes artistas se dio cuenta que la ruta de los soneros no era el camino que buscaba en la guitarra.

Después de incursionar con éxito con el Combo Show de Johnny Ventura, por el año 1966, entra a formar parte de la orquesta del maestro Rafael Solano, quien a la sazón trabajaba en el hotel El Embajador. El trabajar con Solano le abre otras puertas hacia la enseñanza y por este medio conoce a Miguelito Méndez, excelente guitarrista, muy versado en el Bossa Nova. Es al conocer a Méndez cuando Humberto queda totalmente prendado de la guitarra, aunque al mismo tiempo va desarrollándose como saxofonista.

En la capital recibe enseñanzas profesionales de Miguelito Méndez quién encuentra en Humberto a su alumno más aventajado, logrando entablar con éste una excelente amistad, la cual perduró por muchos años.

Su fama de gran guitarrista impidió que le dedicara al saxo la misma entrega que a la guitarra, aunque se destacó con ambos instrumentos. Donde quiera que iba era a tocar guitarra, lo cual posiblemente contribuyó a su adicción al alcohol, del cual fue víctima en más de un sentido.

Humberto comienza a destacarse como profesor privado de guitarra y entra a un círculo de personas con gran sentido de escuchar buena música quienes eran grandes críticos, al tiempo que conoce otros músicos destacados.

Dentro de ese grupo de personas estaban Nandy Rivas, excelente crítico musical y un exitoso publicista; Horacio y su hermano Luis Pichardo; Tito Saldaña, etc. Es dentro de este círculo donde aprende a apreciar los grandes Bossa Novas de la época como Chega de Saudade, Desafinado, So Daco Samba, Samba de una nota y algunas otras que sonaban mucho en la radio.

En una época donde había excelentes guitarristas además de Méndez, Humberto se convirtió en una celebridad con ese instrumento. Entre los guitarristas más destacados estaban Jorge Taveras, Milton Peláez y Pellitín Delgado. Era la época de la explosión mundial del Bossa Nova.

Por esa época también conoció a Norin Hatton, una de las pioneras en programas de Jazz de la radio, excelente locutora, ser humano y gran profesional. También a Tutín Beras Goico. Ambos locutores con amplia experiencia en el mundo del jazz y el bossa nova.

En el saxo tuvo un papel principal en la orquesta de Rafael Solano, siendo saxo alto por varios años. Con el maestro Solano grabamos unos cinco o seis álbumes juntos. Aunque su pasión era la guitarra, fue dueño uno de los mejores sonidos de saxo alto de la época, le gustaba mucho la improvisación. El Chivo fue un músico muy talentoso y lleno de vida.

Su reputación como guitarrista creció hasta el punto que cuando Blas Carrasco, un excelente maestro de guitarra, lo escuchó lo invitó a su escuela a impartir clases. Fue profesor de la destacada cantante Angelita Carrasco, hija de Blas, con quien mantuvo una hermosa amistad por varios años.

Debido a su beber incontrolable, Humberto y el maestro Solano tuvieron ciertas desavenencias lo cual lo impulsó a abandonar la orquesta de este último y formar la suya propia. Grabó un LP titulado, Humberto Reyes y su Orquesta, con Raulín Rosendo, el hoy cantante de Salsa. La orquesta no tuvo mucho éxito, porque Humberto no era persona de mucha disciplina y tenía problemas serios con el alcohol, el que al final cobró lo mejor de sí y lo llevó a su muerte temprana.

Murió una madrugada que venía de un baile que habíamos tocado en el Club de Arroyo Hondo. A apenas dos o tres cuadras de su casa se estrelló contra la parte trasera de un camión que estaba estacionado. Humberto tenía entre 30 y 32 años.

Para mi fue un ídolo, maestro, hermano… su muerte me tocó muy hondo. La casa de mis padres era como su segunda casa en Mao. Mis padres lo querían muchísimo y así otras familias de Mao, como la de Estanislao Ferreira. Su temperamento bien jocoso e hiperactivo lo llevaron a muchos conflictos por su falta de orientación y visión, pero no era amigo de buscarse problemas con violencia.

Siempre está vivo en mis recuerdos; me enseñó a amar el Bossa Nova, a vivir la emoción de escuchar un gran intérprete, a comprar discos, a ver jazzistas tocar en vivo cuando visitábamos la ciudad de Nueva York…..era mi gran hermano.

A Humberto le agradezco además el haberme abierto las puertas de la ciudad capital en todos los aspectos. Fue quien me llevó a la banda de música de la Marina de Guerra y cuando Solano necesitaba un saxofonista, él me recomendó llevándome ante la presencia del gran director de orquesta, compositor y músico, por lo que le estaré eternamente agradecido.

Aunque es poco para lo mucho que te debo, Humberto, quise dar a conocer algo de tu vida, hermano mío, para expresarte mi respeto y mi admiración eterna, porque siendo un gran artista, no dejaste que eso te cegara. Fuiste un gran ser humano que dio todo por la música con excelencia. Lamentablemente, la vida te llevó temprano. Todos los que convivimos contigo sufrimos en carne propia tu partida porque te queríamos con alma y corazón. Admirábamos tus inmensas cualidades no sólo musicales, también como ser humano, lleno de coraje.

Que en paz descanse mi gran amigo, maestro y hermano.

El autor es un destacado saxofonista maeño, quien ha formado parte de las orquestas de Millie y los Vecinos, Rafael Solano y Juan Luís Guerra, entre otros grandes. Reside en Nueva York y hoy día se dedica a tocar jazz con su grupo Sonido Latino.
Siga leyendo...

Joselito el campanero

Cosas de Mao
Por Isaías Medina Ferreira

En mi niñez y adolescencia, por los años sesenta, las campanas de la iglesia Santa Cruz consistían de dos cilindros de los que se utilizan para envasar gas, los cuales guindaban lado a lado de un palo atravesado de la parte superior de una especie de caseta alta de madera, sin techo. Aquellos cilindros eran menos gruesos que los de ahora y al no tener pintura tenían un aspecto granoso y, sin ser negros, tenían el color oscuro característico del hierro oxidado.

Al ser golpeados con dos mazos de hierro, de distintos tamaños y formas, los cilindros dejaban escapar sonidos metálicos únicos y distintos que se podían escuchar en casi todo Mao. El encargado de tocar la “campana” era Joselito Marrero, quien era un artista sacándole música a aquellos “jierros”.

Por medio de esos toques de campana, que eran variados, dados a distinta velocidad, y a intervalos regulares, sabíamos si se trataba del “primero, segundo, o tercero de misa”. Después de las tres series de toques, casi inmediatamente comenzaba ésta. Sabíamos también que era el mediodía, por los doce campanazos solemnes que nos regalaba Joselito, quien a propósito no se apeaba unos lentes oscuros y una gorra negra en forma de boina.

Para señalar el final de la misa, cuando el padre decía Ite Missa Est, y los mocitos ya habíamos traspasado el umbral de la puerta de salida, el toque era rápido e insistente, como sonido de galope de caballo desbocado. Eran aquellos toques de alegría. “Tan-tan, si no me dan, café con pan, le saco la lengua al sacristán”, imaginábamos que decían. ¡Ah, Mao! ¡Cuántos recuerdos!... Insubstanciales quizás, pero ¡cuánta vida encierran!
Siga leyendo...

El Sapo Bogaert

Vivencias
Por Pablo Mustonen

Apreciado hoy por sus ancas sabrosísimas, fue introducido al país como comedor de alimañas. Como para esa época no se conocían los insecticidas, fue necesario importarlos desde Trinidad-Tobago, para que a medida que se reprodujeran, sirvieran como control biológico y así evitar que la gran variedad de insectos y alimañas dañaran las cosechas.

Su nocturno y eterno croar era un agradable sonido a nuestros oídos. Era prohibido tocarlos y estos se multiplicaron en tal magnitud que llegaron a extenderse por todo el país. Hoy hay que criarlos en lagunas artificiales y su precio es enorme; los amantes de sus ancas se los disputan entre sí y cada día son mejores cotizados.


Recuerdo una vez que llegó uno de los tantos primos de los que estudiaban en los E.U.A y entró a la casa con una docena de estos los que traía bien amarrados, con un cordel. Los introdujo en una lata llena de agua y al don Eduardo Bogaert verlos, preguntó: "¿para qué son esos animales?"; el primo le contestó: "para comerlos". Echando pestes casi lo saca a patadas de la casa. Luego, un poco más controlado, enciende el "Jeep" y le ordena que traiga los "sapos" y pide que le indique la dirección de dónde había obtenido la preciosa carga. Al llegar al lugar le sugirió devolverlos a su hábitat natural, no sin antes obligarle a comprometerse a que nunca más tocaría aquellos valiosos anfibios. Desde ese instante supimos que estos batracios eran casi "sagrados" y que desde ese entonces su peso se cotizaba en oro.

La verdad que estos horribles seres hacían cada noche una labor extraordinaria y dejaban los arrozales limpios de gusanos, mariposas, larvas dañinas, etc. Eran expertos cazadores y ágiles nadadores. Su reproducción es ovípara y la hembra pone sus miles de huevos en una especie de cinta blanca gelatinosa, que al tocarla produce una rara sensación en las manos. Cada vez que encontrábamos una de estas "cintas" en estado de peligro, tratábamos de moverla a un sitio más conveniente.

Hoy sus ancas son un plato gourmet y se le ha cambiado el nombre; unos les llaman "maco pepén" y otros "macos toros", su precio y demanda, es comparable a los cangrejos y langostas de Nueva Inglaterra, en el nordeste de Estados Unidos.

A pesar de los recuerdos que me traen, me encantan sus ancas fritas al "ajillo" acompañadas de un buen vino tinto. Su sutil carne es muy agradable al paladar, ojalá no desaparezcan.
Siga leyendo...

sábado, 4 de julio de 2009

LA BATALLA DE LA BARRANQUITA

Por Isaías Ferreira Medina
Publicado en el Nuevo Diario el 9/7/2006


¡Es el festín que sueña enardecida
el alma de esos héroes sin venganza!
Es el festín que sueña la esperanza
De un pueblo al ver su libertad perdida
¡Ira del cielo! ¡Ve, desgarra el velo
de tanta negra infamia! ¡Ira del pueblo,
fuerza es que ya sobre la testa vibres
de la moderna Babilonia! En tanto:
para esos héroes un recuerdo santo
¡Dichosos ellos, que murieron libres!


Acción de la Barranquita, Juan de Js. Reyes, 1922

Si no ha oído hablar de la batalla de la Barranquita no le culpo, pues no fue sino hasta bien entrado mis veinte años cuando aprendí con cierta profundidad acerca de tan noble hazaña. La batalla de la Barranquita (1) no es una efeméride que encontrará en nuestros libros de historia y, fuera de Mao y sitios aledaños, provincia Valverde, en el Noroeste de la República Dominicana, de donde salieron los héroes que con sangre escribieron esta noble hazaña, es muy poco lo que todavía se conoce de ese capítulo honroso de nuestra historia.

Lo que sabemos hoy acerca de la susodicha batalla lo debemos mayormente a un hombre que ha dedicado gran parte de su vida a rescatar su historia para que toda la dominicanidad que sienta orgullo de sus raíces y las futuras generaciones conozcan ese ejemplo de “resistencia por la dignidad y la soberanía nacional” y aprendan a valorarlo en toda su dimensión. El Lic. Manuel Antonio Rodríguez Bonilla, desde 1970 ha ido hilvanando con paciencia y dedicación, ora hurgando en periódicos de la época o entrevistando a los sobrevivientes de la gesta y a los testigos, esa historia honrosa. Del libro de Rodríguez Bonilla he tomado las ideas centrales para este escrito. En cierta forma, él es coautor de éste, aunque sólo yo soy responsable por cualquier inexactitud, omisión o error que aquí aparezcan.

En 1986, decía el Dr. Fernando Sánchez Martínez, a la sazón rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, en la presentación del libro de nuestro amigo, “…el 3 de julio de 1916 es una fecha que debe ser recordada y reverenciada por todo el pueblo dominicano. En esa fecha, un grupo de hombres noroestanos se decidieron con el mayor arrojo a enfrentar a las tropas invasoras norteamericanas. El hecho adquiere mayor dimensión si tomamos en cuenta que los integrantes del grupo tenían plena conciencia de que el enemigo era mayor en número y en armas. Aun así, se organizaron y enfrentaron con dignidad a la soldadesca invasora, logrando crearle, según los historiadores norteamericanos, 18 bajas entre muertos y heridos. Esta hermosa página de la historia Dominicana pretendió ser mantenida en el olvido, salvo honrosas excepciones entre las cuales debemos destacar la de Ercilia Pepín, eximia maestra (santiaguera), patriota inmaculada y luchadora antiimperialista”.

La última parte de esa cita explica porqué la mencionada batalla sea tan desconocida. Los rebeldes perdieron y los ganadores siempre escriben la historia a su manera. No olvidemos que la invasión del 16 generó a Trujillo y éste a Balaguer, ninguno de los dos interesados en que se conocieran hechos como la rebelión de la Barranquita. Pero si bien nuestros soldados fueron derrotados, no es menos gloriosa su hazaña; al contrario, como nos recuerda Rodríguez Bonilla, “la Barranquita es un monumento a la dignidad y al patriotismo y un ejemplo del heroísmo del pueblo dominicano”. Por eso debemos pregonarlo con orgullo a los cuatro vientos.

Para introducir el hecho que nos ocupa, debemos remontarnos al día 15 de mayo de 1916, cuando los primeros batallones de las tropas norteamericanas desembarcaron en las cercanías de Santo Domingo. Días más tarde desembarcaba otro operativo por San Pedro de Macorís, en el Este del país, y el día 1 de junio por Puerto Plata y Montecristi, en el Norte y Noroeste respectivamente, de donde partieron para subyugar a Santiago de los Caballeros, la segunda ciudad en importancia del país. Mientras los invasores avanzaban, quemando propiedades y fusilando sospechosos, el 5 de junio las autoridades del poblado de Mao declaraban en duelo a la común, lo que duraría mientras el enemigo estuviera pisoteando nuestro suelo. “La Patria sangraba y los maeños parecían haber recibido el llamado para salir en su defensa”,
nos dice Rodríguez Bonilla. “El sacerdote Eliseo Echavarría, el Comandante del puesto militar, General Carlos Daniel, el Síndico, don Rafael (Feso) Madera y el Presidente del Ayuntamiento, don Efraín Reyes, todos, desde sus diferentes puestos o funciones estaban unidos por el mismo sentimiento y preocupación: La defensa de la Patria mancillada”.

El día 7 de Mayo de 1916 renunció el presidente Juan Isidro Jimenes y la República Dominicana atravesaba por un gran vacío de autoridad. En este sombrío panorama, mientras otras comunidades veían impotentes a las tropas pasar imponentes y desafiantes, “estimulados por el patriotismo y desafiando la magnitud del riesgo, 80 hombres encabezados por el General Carlos Daniel salían desde Santa Cruz de Mao a un punto del Camino Real (vía que comunicaba a las ciudades de Montecristi y Santiago) para esperar y enfrentar a las tropas de ocupación. El punto escogido fue el cerro de La Barranquita, próximo a los parajes de Guayacanes y Maizal, a unos 6 kilómetros de la ciudad de Mao. Al día siguiente, se les unió el capitán Máximo Cabral, miembro del Ejército Dominicano, quien fuera dejado libre por el Ministro de Guerra, General Desiderio Arias cuando éste llegó a Santiago desde Santo Domingo y decidió no combatir a las fuerzas invasoras”, continúa narrando Rodríguez Bonilla.

Allí, en la Barranquita, obstruido el paso a los invasores por un enorme árbol de Baitoa que los patriotas habían derribado en medio del camino, el lunes 3 de julio en la mañana se midieron David y Goliat. Al grito de “Tiro poi caco”, del General Carlos Daniel, se inició la contienda heroica en que las tropas dominicanas, ayudadas por varios barriles de abejas que habían posicionado estratégicamente, hicieron por un momento retroceder a los intrusos. Mas, tanto arrojo y valentía no fueron suficientes, pues como bien dijo el poeta “¡…nunca está solo un patriota en lucha;/pero, si nuestra voluntad es mucha, /fuerza mayor nos ha despedazado!” Al fin y al cabo, la tiranía de los números se impuso, y pudieron más los invasores con más hombres y superioridad en armas, que la voluntad férrea de nuestros valientes pobremente armados.

Entre los 80 valientes que decidieron jugarse la vida contra un ejército de más de 800 hombres armados con los mejores pertrechos de la época, se encontraban desde el patriota de 80 años de edad, Francisco (Pancho) Peña, quien había peleado en las guerras de Restauración del 1863, hasta jóvenes como Belarminio Rodríguez, de apenas 17 años. La familia Gutiérrez, de Guayacanes, aportó cinco miembros valerosos a la lucha; casi todos murieron en la contienda que fue testigo de su hombría y de la intrepidez de Máximo Cabral, el patriota ingente, quien herido siguió luchando hasta morir, negándose a abandonar el área de combate. Veintisiete de los nuestros conocieron igual destino defendiendo nuestra enseña tricolor ese día. Entre los primeros en morir estuvo Pancho Peña, a quien el insigne poeta don Juan de Js. Reyes le cantara así en su Acción de la Barranquita:

Un noble héroe de cabellos blancos
Tiene su albergue al pie de la montaña,
Y el predio verde en los amenos flancos
Al frente de la plácida cabaña.
Oye la voz de las descargas; arde
En fuego intenso varonil; se afianza
En la visión de su pasado; avanza
Hacia el reducto, mas sin necio alarde.
¡Vuelva, señor la cara a su cabaña!
Usted ya no resiste una campaña,
Alguien le dice, y habla su ardentía:
Yo combatí de joven a los blancos,
y vengo ahora, desde aquellos flancos,
a la defensa de la Patria mía.


Entre los valerosos hombres que nos honraron con su entrega patriótica, cabe destacar, además, a Agustín Cabral y a Magdaleno Zapata y la valentía de Demetrio Frías, a quien el síndico de Mao le entregara la Bandera Nacional con la encomienda de volverla a traer y, de regreso, casi llegando al poblado, al percatarse que la había dejado por olvido en el campo de batalla, ya ocupado por las fuerzas interventoras, se devolvió a buscarla penetrando el área controlada por el enemigo hasta rescatarla y regresarla a su sitio de partida, para que no fuera mancillada por la fuerza invasora.

Igual de gloriosa fue la participación de Isaías Gutiérrez y de sus sobrinos Lucas Evangelista, Francisco, Bernardo y Manuel Gutiérrez, del poblado de Guayacanes, como hemos dicho; la de los hermanos Luis y Belarminio Rodríguez de la sección de Amina y la de los maeños Juan Infante, Luis Disla, Josesito Gómez, Piíto Villalona, Salomé Rosario, Luis Gutiérrez, Lucas Guzmán, Alfredo Castro y Pablo Peña, entre otros.

La hazaña gloriosa de estos colosos merece nuestro más profundo respeto y reconocimiento; merecen ellos el mismo tratamiento reverente que reservamos para los héroes dominicanos más insignes, pues no fue menos valioso y significativo su esfuerzo. Fue su entrega expresión máxima de dignidad, verdadera lección de valor y sacrificio, como con su ejemplo nos enseñaran Duarte, Sánchez, Mella y Luperón y otros nobles hermanos y hermanas que deben comportarse los hijos dignos de la patria.

Que en cada confín de la tierra se sepa de esta hermosa página de la historia dominicana, escrita por el patriotismo de estos hombres sencillos quienes en su fuero interno sabían lo que debían hacer al ver la patria mancillada, y con decoro abonaron con su sangre los campos de la Barranquita dando un ejemplo sublime de que “más vale morir de pies que vivir de rodillas”. ¡Loor a los héroes y mártires del 3 de julio heroico!

(1) Cada 3 de Julio, el pueblo de Mao se engalana para celebrar la acción de estos valientes y en su honor celebra los Juegos Barranquiteños, que ya van en su edición 27, punto donde se baten en hermandad los mejores atletas del área.
Siga leyendo...