viernes, 28 de febrero de 2014

INDEPENDENCIA Y RESTAURACIÓN DOMINICANAS - II

SEGUNDA PARTE: …Y EN LA LÍNEA NOROESTE SE RECUPERÓ LA SOBERANÍA NACIONAL

Por Sergio Reyes II

PRIMERA PARTE: EN LA FRONTERA SE CONQUISTÓ LA INDEPENDENCIA NACIONAL

Apenas cinco días después del anuncio, en la ciudad capital, de la entrada en vigencia de la Anexión encaminada por el General Pedro Santana y un puñado de malos dominicanos que le secundaron en sus despropósitos, el pueblo se amotinó en la plaza de San Francisco de Macorís, mientras se daba lectura a la proclama del cambio de status, siendo tiroteada la bandera española en momentos en que ésta era izada y se arriaba la enseña nacional. José Contreras y Cayetano Germosén se pronunciaron en Moca y mantuvieron esta población ocupada por un breve espacio de tiempo; en Puerto Plata, un puñado de lugareños entre los que ya comenzaba a descollar el joven Gregorio Luperón, se negaron a estampar su firma de aprobación en los documentos con que se pretendía legitimar el apoyo de la población a la desafortunada medida; y se alzaron en las lomas, en abierta rebeldía contra la representación local del gobierno. El patricio Matías Ramón Mella se pronunció públicamente en abierta oposición a la venta pública de la patria, lo que le valió encarcelamiento y posterior destierro.

Peores consecuencias sufrió su compañero de luchas e infortunios Francisco del Rosario Sánchez, quien recibió la infausta noticia de la consumación de la anexión mientras se encontraba padeciendo el exilio en Saint Thomas y de inmediato comenzó los preparativos de una invasión al país, penetrando por el territorio de Haití, en donde sabía de antemano que podría contar con el apoyo y la solidaridad de las altas esferas del gobierno y de amplios núcleos poblacionales, habida cuenta de que, para la vecina nación, la puesta en vigencia de un régimen colonialista en la parte este de la isla Hispaniola atentaba de manera directa contra su propia existencia como nación libre y soberana.

En Junio de 1861 los conjurados bajo su mando penetraron a territorio nacional por Hondo Valle, en la frontera sur y avanzaron por Vallejuelo y El Cercado. En este último lugar fueron emboscados por el enemigo gracias a la delación y defección de algunos conjurados locales con cuyo apoyo se contaba. Luego de haber sido sometidos a un amañado e indolente juicio sumario, Sánchez y varios de sus acompañantes fueron condenados a muerte, lo que fue llevado a efecto en el cementerio de San Juan de la Maguana, el 4 de julio de ese mismo año.

A su vez, los que escaparon de la emboscada regresaron al territorio fraterno de Haití, o se diseminaron por todo el ámbito limítrofe, desde donde dieron inicio a una incesante actividad conspirativa que mantuvo viva la llama de la redención en el seno de los dominicanos.

En pie de lucha por el rescate de la soberanía.

En medio de un clima de aparente calma, motivado en los iniciales fracasos que habían sufrido los patriotas que se resistían a aceptar de brazos cruzados el cercenamiento de la soberanía nacional, el gobierno anexionista -con Pedro Santana a la cabeza- comenzó a tomar control del territorio nacional y a poner en ejecución las disposiciones administrativas y directrices económicas, acorde a la nueva condición de provincia ultramarina española en que había quedado encasillado el país.

El incremento de la represión, la discriminación y ojeriza a que era sometida la población por parte de la soldadesca hispana, la puesta en vigor de disposiciones de tipo religioso que trastocaban el libre albedrío del ciudadano común, entre los que primaba el régimen conyugal del celibato, condenado acerbamente por la iglesia; A todo ello se agregaba la implementación de rigurosas leyes y reglamentaciones de uso común en la metrópoli y, por sobre todo, la aplicación de abusivas cargas impositivas que afectaban el comercio agro-exportador nativo y propendían a la implantación de un monopolio controlado por la corona española.

La conjugación de todos estos factores desencadenó, en breve tiempo, una animadversión generalizada de parte de la ciudadanía hacia los miembros del gobierno anexionista y sus aliados locales, motivando la negación del apoyo brindado originalmente al régimen anexionista por connotados sectores de la burguesía cibaeña, entre los que figuraban los cosecheros de tabaco y Cacao que, por décadas, habían sostenido un floreciente comercio bilateral con Alemania, Inglaterra, Francia y países bajos, principalmente.

Al tiempo en que se agudizaban las contradicciones a lo interno del gobierno anexionista y crecía el ambiente de descontento general en la población, en esa misma medida se redoblaban los aprestos insurreccionales encaminados por connotados patriotas nacionalistas que operaban de manera abierta en los predios de la Línea Noroeste y que, cuando era necesario, utilizaban algunas áreas limítrofes de la República de Haití como vía de escape y centro de operaciones.

Toda una constelación de patriarcas regionales, veteranos de las guerras independentistas y aguerridos habitantes de una cálida región bañada de heroísmos, fue uniendo esfuerzos y voluntades en aras de la recuperación de la conculcada soberanía.

Despuntando el mes de Febrero de 1863 estalló en la aldea de Cambronal, perteneciente a Neyba una conspiración que, pese s su extemporaneidad y aparente aislamiento, encendió la chispa de la insurrección que ya se avecinaba. En el mismo mes, en Guayubín se desencadenó una revuelta que, a la postre, también habría de fallar en sus objetivos iniciales pero dejó sentadas las bases del necesario apoyo logístico y de opinión con que habrían de contar en el futuro los conjurados para orquestar de manera definitiva el alzamiento a todos los niveles de la Patria. En Santiago de los Caballeros, un puñado de ciudadanos se atrincheraron en la sede del Cabildo para demandar respeto a las garantías ciudadanas y el cese de los abusos del gobierno.

A partir de los meses iniciales del que habría de ser un glorioso año 1863, con mayor cuidado y previsión en los preparativos revolucionarios, desde Sabaneta, Santiago Rodríguez dio inicio a una frenética ofensiva en la que impartía instrucciones, designaba enlaces de la revolución en Monte Cristi, Dajabón, San José de las Matas, Puerto Plata y otras comunidades y encaminaba las gestiones financieras que les permitiesen obtener las armas y pertrechos necesarios para el equipamiento de los soldados de la patria: Lucas Evangelista, en Guayubín, José Cabrera y Benito Monción, medrando al acecho del enemigo en las lomas de David (Capotillo español) y en las encrespadas serranías de Chacuey y Las Mercedes, o llevando a cabo relevantes gestiones de apoyo a la causa, ante las autoridades haitianas y el pueblo llano, Humberto Marzán, cosiendo con sus propias manos el lienzo tricolor que habría de ser enarbolado al ser proclamada la revuelta, Pedro Antonio Pimentel, Eugenio Belliard, Sotero Blanc y otros tantos, -muchos más!-, de tropiezo en tropiezo, contando con el apoyo irrenunciable del campesinado y muy a pesar del asedio constante del enemigo, fueron ganando adeptos para la causa al tiempo que se definían las certeras medidas que demandaba el momento para dejar establecida la fecha de inicio de la asonada libertaria.

Quiso el destino enlazar con nuestras tierras fronterizas el momento y lugar de inicio de esa relevante epopeya revolucionaria. Con toda las fuerzas en tensión y el ánimo dispuesto para acometer de una vez por todas la etapa definitiva de la liberación de la Patria, se reunió en las alturas del Cerro Capotillo un grupo de 14 patriotas cuyos nombres guarda con celo la historia, a la cabeza de los cuales estaba Santiago Rodríguez, en calidad de Comandante de la Revolución. Y en la madrugada del 16 de Agosto de 1863, con el clarear del sol, el repique de cornetas y el enhestamiento de la bandera tricolor, aquellos colosos, junto a otros que se les fueron uniendo hasta completar centenares, se lanzaron por diferentes caminos para diseminar el fuego de la revolución hasta Sabaneta, Dajabón, Monte Cristi, Guayubín, Monción y San José de las Matas, en ruta hacia Santiago de los Caballeros, en el centro del Cibao, desde donde habrían de irradiarse en poco tiempo las llamas libertarias hacia todos los puntos del país.
Como Guerra de la Restauración habría de ser llamada la gloriosa epopeya libertaria mediante la cual el pueblo dominicano unido como un solo hombre pudo sacudirse del ignominioso yugo de la Anexión a España.

Apenas 18 días después de haber comenzado la revuelta, toda la Línea Noroeste y gran parte del Cibao estaban en manos de los restauradores mientras el grueso de las tropas españolas permanecía recluido en el interior de la fortaleza San Luis, de Santiago, bajo los rigores del cerco impuesto por la revolución. San Juan de la Maguana y casi toda la región sur del país fue tomada en los días siguientes y el 14 de Septiembre, antes de completarse el primer mes de las hostilidades y luego de la retirada de los españoles hasta Puerto Plata, entre los escombros y la humareda de una ciudad en estado de sitio fue juramentado el primer Gobierno Provisional Restaurador, a cuya cabeza fue designado José Antonio Salcedo -Pepillo-.

No habían transcurrido dos años, a partir del inicio de la guerra liberadora, cuando el 11 de Julio de 1865 embarcaban por Puerto Plata con rumbo a Cuba y Puerto Rico -que todavía permanecían bajo el control colonialista-, los últimos remanentes del ejército español, diezmados en gran medida por las enfermedades tropicales y desmoralizados por las contundentes derrotas sufridas en el campo de batalla.

Enseñanzas de la Historia.

Para todos los ciudadanos de nuestro país, y de manera principal para los escolares y la juventud estudiosa, es de suma importancia abrevar en el manantial de las lecciones que se derivan de esta relevante gesta libertaria, que fue calificada por un notable escritor y estadista dominicano como ”el acontecimiento histórico más importante de la República Dominicana”. El desentrañamiento de las causas y consecuencias de este capítulo de nuestra historia así como la importancia del papel protagónico asumido en el transcurso de ella por nuestros prohombres, nos permite aprender del pasado, asimilar las experiencias positivas y superar actitudes y posturas que en nada contribuyen con el engrandecimiento de la Patria.

Y ya que tocamos el tema, es de plena justicia que como miembros que somos de esta región, profundicemos cada día más en el conocimiento de las vidas y hazañas de muchos hombres y mujeres oriundos de estas tierras y parajes que dedicaron sus esfuerzos y en algunos casos sacrificaron sus vidas en aras del logro de la Independencia y la Restauración de nuestra Patria.

El escenario de la Línea Noroeste y la frontera dominico haitiana, con sus encrespadas e inaccesibles serranías, el aliento solidario del campesinado y el arrojo y la valentía de sus mejores hombres, se hizo sentir en esas etapas libertarias, en todas las ocasiones en que el momento así lo demandaba. Por ello, debemos sentirnos orgullosos de nuestros prohombres y nuestra región, poniendo en alto sus acciones y honrando su recuerdo de la manera más adecuada.

A mi humilde criterio, el mejor homenaje que podemos hacerle a nuestros patricios y héroes locales debe estar cimentado en respetar los principios e ideales por los que ellos lucharon, aunando esfuerzos para que en nuestra Patria siempre prevalezca la Soberanía y el respeto a la Libertad y los derechos ciudadanos.

Con ello, como dignos habitantes de estas tierras, estaremos demostrando, ante el país y el mundo, que somos fieles depositarios del ejemplo de los hombres y mujeres de estas tierras de sol y sal, de dilatadas llanuras y encrespadas serranías.

Que así sea!!

sergioreyes1306@gmail.com
Loma de Cabrera, febrero 21, 2014

1 comentario:

  1. Gracias, Sergio. Muy buena lección, la que no debemos parar de difundir a fin de que no perezca el orgullo patriótico por olvido y desconocimiento de las grandes gestas de las que nace.

    Isaías

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