lunes, 2 de septiembre de 2013

A PROPÓSITO DE...

DOÑA CAMELIA Y YO…
Por Francisco Fernando Ferreira Azcona


Conocí a Doña Altagracia Camelia Disla y Rodríguez, por allá, en la primera mitad de los años 50, del siglo pasado. Ella era una mujer joven, alta, delgada, de una elegancia y un garbo que no pasaban desapercibidos ante ningún ser humano que la conociera o la mirara pasar. De recio temple, disciplinada, estudiosa y amante de las buenas costumbres, cualidades que mantuvo hasta el día final de su existencia terrenal. Yo era un niño de unos 8 ó 10 años de edad, que cursaba mis estudios primarios en la entonces Escuela Pública Primaria Presidente Trujillo, hoy Juan Isidro Pérez.

Tuve el privilegio de ser su alumno en el cuarto grado de la primaria. Recuerdo perfectamente que ocupaba el tercer pupitre de la tercera fila, situada exactamente frente a aquel grande y pesado escritorio de caoba, subido sobre una tarima, destinado al uso de los maestros. Nuestra aula daba al jardín frontal de la Escuela, adyacente y a la derecha del pasillo central que daba acceso a dicho centro educacional y diagonal a la oficina del Director, que era a la sazón, el Sr. Antonio Reyes.

Posteriormente, cuando cursaba el octavo grado de la primaria volví a ser su alumno, pues se había establecido un sistema rotatorio, mediante el cual, las maestras impartían la misma materia en las diferentes secciones de un nivel académico determinado.

Estas dos ocasiones, sumadas a los encuentros fortuitos o no, en los pasillos de la hoy vetusta Escuela Primaria hizo que entre Doña Camelia y yo se desarrollara una relación filial que iba mucho más allá de una relación Maestra/Alumno. Ella pasó a ser una Madre para mí, y en correspondencia a mi amor hacia ella, yo pasé a ser un Hijo para mi Excelsa Maestra.

Con el transcurrir del tiempo, y con el propósito de continuar mis estudios, hube de ausentarme durante muchos años de mi querido pueblo natal, y posteriormente, de nuestro país, a realizar estudios de post grado. Sin embargo, nadie pudo desplazarme del corazón de Doña Camelia, y mucho menos, ocupar mi lugar. Yo seguí siendo su FRANCISCO FERNANDO. Uno de sus hijos predilectos. Me cuentan su hija Eridania, y las amigas de su círculo más íntimo, con cuanta elegancia, con cuanto orgullo, con cuanto amor de Madre, pronunciaba ella mis nombres, ya que siempre se refirió a mí, y me llamó, por mis dos nombres. Nunca utilizó mi apodo, ni mi apellido, ni uno sólo de mis nombres. Fue Mamá Camelia la única persona en el mundo en llamarme FRANCISCO FERNANDO, y como tal debía identificarme ante ella, o cuando le llamaba por teléfono. De lo contrario, ¡me corregía de inmediato!

Existen muchas ocasiones muy especiales de mi singular relación con Mamá Camelia, que resultaría prolijo citarlas. Sin embargo, hay tres que no puedo soslayar…

En el año 1993, la Asociación de Maeños Ausentes, Inc. (ASOMAU) decidió rendirle un homenaje a Doña Camelia, en reconocimiento a sus entonces seis décadas ininterrumpidas de ejemplar ejercicio magisterial. La celebración de este acto, que marcó un antes y un después en nuestro añorado Mao, felizmente coincidió con mi primera presidencia al frente de ASOMAU. Es decir, que me correspondió el gran honor de pronunciar el discurso central de dicho homenaje. En el mismo, hice una relación y establecí un parangón de las grandes mujeres que ha tenido nuestra Patria, empezando por Baltazara de los Reyes (erróneamente conocida con nombre masculino), María Trinidad Sánchez, Juana Saltitopa, Ercilia Pepín, las Hermanas Mirabal, entre otras mujeres destacadas, y nuestra MAESTRA, para luego pasar a resaltar las grandes cualidades de Mamá Camelia.

En el transcurso de este homenaje, la ASOMAU designó a Doña Camelia como su MADRINA AD VITAM y le entregó una preciosa bandeja de plata que la acreditó como tal.

A pesar de que desde entonces han transcurrido veinte años, recuerdo que Doña Camelia terminó sus palabras de agradecimiento, que más que un discurso, fue un poema, con estas palabras: “…Me siento feliz. Me siento como si flotara sobre nubes de algodón”.

Varios años más tarde, la Fundación Consuelo Pepín reconoció a Doña Camelia, con un acto exclusivo celebrado en la ciudad de Santo Domingo, y le otorgó la “Medalla de Oro al Honor Magisterial Ercilia Pepín”. La Fundación Consuelo Pepín incluyó en el programa que uno de sus alumnos hablara en representación de sus miríadas de estudiantes. Obviamente, se consultó a Doña Camelia y se le dio la potestad de escoger a ese alumno privilegiado. De acuerdo a la información de que dispongo, a Doña Camelia no le tomó mucho tiempo decidir y expresó: “Me gustaría que sea FRANCISCO FERNANDO quien hable a nombre de todos mis alumnos”.

Señores, ¡qué honor! ¡Qué privilegio tan grande! Ser escogido entre miles y miles de alumnos meritorios, entre los cuales podemos citar a José Francisco Peña Gómez, Arnaldo Espaillat Cabral, Arnulfo Reyes Gómez, Norman Ferreira Azcona, Miguel Octavio Tineo Madera, Lavinia Del Villar Jorge, Lucía Tavera de Ferreira, Manuel Rodríguez Bonilla, Domingo Colón Rodríguez, Víctor Melitón Rodríguez R., José (Jochy) Reyes Gómez, Evelio Martínez Silverio, Diógenes Castellanos Toribio, Isaías Ferreira Medina, Ramón Antonio (Monchy) Colón Ramírez, Rafael Rolando (Ningue) Taveras Reyes, Antonio (Monchy) Mateo Reyes, y una lista interminable de ex alumnos, profesionales brillantes, que ocuparía cientos de páginas mencionar.

En esta ocasión, en alusión a que aun no era tiempo de ella retirarse, terminé mi discurso diciéndole: “Doña Camelia, recuerde que antier, cuando nos encontramos en la estación de autobuses, al preguntarle cómo se sentía, me respondió diciendo que usted es del batallón de Juan Sánchez Ramírez. Por tanto, 'Pena de la vida del soldado que volviere la cara atrás, pena de la vida del tambor que tocara retirada, y pena de la vida del oficial que la ordenara, aunque fuese yo mismo'. Aunque Mao y regiones aledañas nunca tendrán con qué pagarle, sus gentes aun esperan y necesitan mucho de usted, y lo que es más importante, usted tiene aun mucho que darle a ese pueblo que ha sido causa de sus desvelos y al cual tanto ha aportado”.

Por último, cuando la Honorable Sala Capitular del Municipio de Mao, me concedió el honor de honrarme como “Hijo Meritorio del Municipio de Mao”, a propuesta del prestigioso Comité de Historia de Mao, Inc., doña Camelia expresó: “la semblanza de FRANCISCO FERNANDO no me la quita nadie”, y así fue. Ella escribió y leyó mi semblanza.

Con su memoria privilegiada y grandes dotes de oradora y poetiza sin igual, pero sobre todo, con el gran amor que me profesaba, recordó de manera pormenorizada, momentos muy especiales de nuestra relación Madre/Hijo, desde el momento en que me senté en aquel tercer pupitre de la tercera fila, del cuarto grado de primaria… y muchos otros que yacían borrosos en mi memoria, por el paso del tiempo, y que ella, como Madre Abnegada, recordaba vívidamente. Fueron tantas y tan intensas mis emociones al escuchar aquella semblanza, que terminé el acto con una terrible jaqueca, la cual afectó mi visión y me impidió leer mis palabras de agradecimiento, viéndome forzado a expresar lo que recordaba de éstas.

El miércoles, 28 de agosto de 2013, en horas de la tarde, recibí una llamada telefónica que nunca hubiese deseado recibir. Mi buen amigo Fernando Rodríguez Céspedes, me dijo escuetamente: “Tocayo, malas noticias. Acaba de fallecer Doña Camelia. Mis sentidas condolencias, porque yo sé lo que ella representa para usted”. Y efectivamente, ha sido una de las noticias más tristes que he recibido en mi vida.

¡Descansa en paz, Mamá Camelia! Si hay alguien que puede irse a la morada eterna con la satisfacción del deber cumplido, esa persona se llama Altagracia Camelia Disla Rodríguez, y además, como expresé en MEEC, las personas como usted NUNCA mueren, VIVEN eternamente en las mentes y los corazones de las gentes que saben agradecer. Por tanto, Usted VIVIRÁ ETERNAMENTE en la mente y el corazón del pueblo que usted tanto amó, al que tanto le dio y por el cual, Usted vivió.

7 comentarios:

  1. Mi querido amigo y hermano Ramon, con este emotivo y magistral relato, tu acabas de hablar a nombre, estoy seguro, de todos los alumnos agradecidos de esta extraordinaria educadora. No hay desperdicio, así que en lo que a mi respecta te felicito y te doy las gracias. Muy sustancioso y completo. Jochy Reyes.

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  2. Cabezón , sostuve durante el dia de ayer una conversación sobre la querida Gran Maestra , donde hablamos de todos sus hechos y sacamos la conclusión de que la Doña fue y será una grande entre los grandes.

    Muy interesante su narrativa ,
    Siempre

    Manito

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  3. Fernan, puedes reiterar nuestra anuencia por la honorable representación asumida con este sentido esbozo de la egregia y distintiva personalidad de un ser excepcional, como lo fue la Maestra de Maestros, Doña Camelia Disla.

    Por mi parte, me siento totalmente identificado con estas sentidas prosas las cuales me permitieron recordar memorables momentos al coincidir como alumno de cuarto y octavo grado bajo la tutela de esta Excelente y sin par Pedagoga del Parnaso Maeño.


    Con el aprecio reiterado de siempre,

    Cuqui Rodríguez M.

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  4. Mi hermano Ramón,gracias por tomar mis palabras entre las tuyas y entretejer este bello ,melancólico y justo análisis de lo que fue para todos nosotros la
    "Flor Camelia de la educación de generaciones ". Gracias mi hermano por transitar y subir los peldaños de la escalera de la meteórica carrera de enseñar
    educar de nuestra madre y maestra . Gracias,gracias . Fuerte abrazó. Ramón 1ero ,Evelio Martínez

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  5. Quién no recuerda, a la excelente educadora, mujer de gran temple y ejemplar comportamiento. Mao y nosotros hemos perdido a un gran ser humano, que dedicó su vida entera a educar, tanto como a la enseñanza y mejor con su comportamiento. Hemos perdido a un buen ser humano. Paz a sus restos. la recordaremos por siempre.

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  6. Excelente remembranza de un alumno sobre su maestra. Generalmente los profesores mantienen buenos vínculos con los alumnos que más sobresalen y asumo que Fernan ocupaba un lugar cimero en ese colectivo. Magnífico relato.

    Rafael Darío Herrera

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  7. Gracias a todos por identificarse con el contenido de mis cuartillas, y sentirse representados en lo expresado por mí. Gracias a los dos Ramones (Evelio y Jochy), El Cabezón, Cuqui, al comentarista anónimo, Rafael Darío y a todos aquellos lectores que, quizás por timidez no quisieron expresar sus sentimientos.

    Todos estamos contestes que con la partida de Doña Camelia se nos fue un ser humano excepcional, pero tenemos que seguir adelante. Como le expresé a una de sus más preclaras alumnas, no podemos "aplastarnos" a llorar su partida. A ella no le gustaría esa actitud. Ella no era de esa estirpe. A sus alumnos sólo nos resta rendirle honores TODOS LOS DIAS, pero no con lamentaciones, sino con nuestras actuaciones. Debemos hacer que Mamá Camelia, en el Reino Celestial, se sienta cada día orgullosa de sus estudiantes, feliz de constatar que la semilla que ella esparció durante ocho décadas, no cayó en terreno estéril, sino que germinó para "dar el mil por uno".

    Los invito, pues a predicar con el ejemplo, a esparcir por todo el territorio nacional, por todo el orbe terrestre, las sabias enseñanzas de nuestra excelsa MAESTRA.

    Con afecto,

    Fernan Ferreira.

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