lunes, 23 de marzo de 2015

LA CULTURA DEL FRAUDE

Por Fernando Ferreira Azcona

Desafortunadamente, la cultura del fraude se ha adueñado de nuestro país y ha permeado todos los niveles o estratos de nuestra sociedad.

Desde hace muchos años, los comerciantes de nuestro país nunca tienen menudo para devolver, y en el mejor de los casos, las paleteras y los colmadones (antiguas pulperías) te devuelven con mentas, confites y goma de mascar (chicles). Sin embargo, no oses tratar de pagarles a ellos utilizando esta mercancía… la rechazarán de inmediato

Esta vagabundería ha llegado hasta los bancos comerciales, que “tampoco tienen menudo” para devolver al cambiar un cheque. De tal manera, que llegas al banco X, sin excepción, a cambiar un cheque girado por valor de RD$ 10,750.75, y sin inmutarse, el cajero, cumpliendo “órdenes superiores”, redondea el monto hacia abajo y le entrega al cliente solamente los diez mil setecientos cincuenta pesos. Los setenta y cinco centavos “se quedan en la gatera” y pasan a engrosar las ganancias del banco… ¿Y qué caray son 0.75 de peso dominicano?, se preguntará el amable lector. Bueno, aplíquele economía de escala y asuma que esta situación se repite varias miles de veces diariamente a nivel nacional, y… ¡multiplíquelo por los 360 días aritméticos que tiene el año!

Hace unos meses, fui a comprar un vehículo nuevo. Llegamos al establecimiento comercial con la hoja del periódico que contenía la promoción del modelo del año actual (2015). Se nos acercó una hermosa y joven vendedora, quien nos mostró el vehículo en cuestión y nos habló de las cualidades del mismo. En un par de visitas cerramos la negociación y pagamos el mismo.

Pero, ¡oh sorpresa! Cuando estaba firmando los papeles de descargo a la empresa vendedora por cualquier accidente o daño causado a terceras personas, ¡el vehículo que se nos había vendido era modelo del año 2014, no del 2015 que nosotros fuimos a comprar y que creíamos haber comprado! ¡¿Qué tal si hubiese firmado los documentos sin leerlos?! Para no coger la cuerda de nuevo, no voy a contarles los argumentos con que se pretendió justificar la acción, cuando presentamos nuestros reclamos de manera poco cortes y dimos marcha atrás a la transacción.

Hace unas semanas fuimos al Merca Santo Domingo, que es un gran centro de acopio de productos agrícolas localizado a unos veinte kilómetros de la ciudad capital. Fuimos más por curiosidad que por el propósito de ahorrar en la compra. Ya que es más lo que se gasta en gasolina que lo que una pareja de “envejecientes” podría ahorrarse en la compra de víveres y vegetales para una semana.

En nuestro recorrido por esas dependencias, pude observar que la mayoría de los negocios no tienen los pesos o balanzas a la vista de sus clientes y que te “tumban” ¼ ó ½ libra en cada pesada. Como antes señalado, tampoco tienen menudo para devolver, pero muy pocos te ofrecen un plátano o una libra de yuca o de batatas para compensar por los $ 5 ó 10 pesos que te roban por “la falta de menudo para devolver”.

Pero lo que rebosó mi copa es que ayer fui a un renombrado supermercado de la capital a comprar algunos artículos de higiene personal. Soy de los compradores que cuando entra a un establecimiento comercial sabe lo que quiere, y voy directo al grano. Escogí dos gel de avena para baño, un champú y un rinse anti-caspas. Por coincidencia, los cuatro ítems estaban marcados a RD$ 199.00 cada uno.

Obviamente, no había que ser Einstein o buen matemático para calcular el total de la cuenta a pagar. Sin embargo, cuando la cajera pasó los artículos por el lector de códigos de barras, la compra totalizó casi RD$ 900.00. Cuando le reclamé, me respondió que probablemente estaban en especial, pero para beneficiarse del mismo había que tener la tarjeta de cliente VIP o una clasificación similar, la cual poseemos.

La cajera pasó nuestra tarjeta VIP o como se llame por la registradora, y el total de la cuenta ni se inmutó. Entonces procedió a determinar el por qué de la diferencia en el total a pagar. Fue así como detectamos que el “precio real” del champú que estaba marcado a $ 199.00 era casi $ 300.00. La cajera argumentó que probablemente el precio menor correspondía a otra presentación del producto que tenía un menor contenido, el cual me ofertó sin dilación.

Como una de las cosas que más me incomoda es que me quieran coger de pendejo, le ordené a la cajera que excluyera dicho producto de mi compra, señalándole además que esa práctica constituye lo que se conoce como “promoción engañosa” y que la misma está penalizada por ley.

Me imagino que la cajera se habrá preguntado: ¿Cuál ley? ¿Éste será suizo o llegó ayer al país?

3 comentarios:

  1. Fernan cada día que pasa se acrecentan más estos padeceres morales que, de manera tan grosera hoy fomenta y promueve un importante segmento de la sociedad dominicana. Este mal ya se ha hecho parte de la vida cotidiana, no sólo de los políticos, sino tambien de los grandes y pequeños comerciantes.Para qué nos sirve tu interesante artículo?.Diría que nos enseña a estar pendientes en nuestras actividades que impliquen, la adquisición o compra de un artículo. Fernan gracias por ponernos en alertas.

    Antonio Mateo Reyes.

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  2. FERNAN y ahora qiuen podra defendernos ya que el chapulin murio, pues en verdad no se que haremos si los que nos gobiernan solo saben hacer lo que tu sabes y todos sabemos.tendremos que fabricar y cultivar todo, ami me pasa,menos comprar el vehiculo. ANDRES del VILLAR

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  3. Ja ja ja ja Nada que decir o agregar al respecto lo tiene todo en pocas palabras... es lamentable pero cierto y existen muchisisimos ejemplos más de esas prácticas... acostumbradas y enraizadas en nuestro pais.

    Gracias un saludo,
    con afectos.

    Juan Miguel Liriano (liriano1@hotmail.com)

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