miércoles, 25 de diciembre de 2013

SABANETA ES UNA SINFONÍA VEGETAL, PLETÓRICA DE HISTORIA Y CASITAS DE COLOR PASTEL


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Por Sergio Reyes II

En los albores de una inmensa llanura que se extiende más allá de donde alcanza la vista y se prolonga a todo lo largo de la orilla derecha del Rio Yaguajal, que le engalana con sus frescas aguas, imponentes cascadas y un sinfín de meandros salpicados de agradables charcos que incitan al estrepitoso chapuzón, así emerge San Ignacio de Sabaneta en la geografía nacional, como un punto luminoso de la línea noroeste, elegido por el destino para jugar destacados papeles en el discurrir histórico de la República Dominicana.

Quiso el azar que, tras el revuelo y las refriegas de los primeros lances independentistas (1844), un grupo de hacendados y comerciantes dajaboneros que escapaban de la conflagración bélica y el incendio de su ciudad dirigiesen la mirada hacia el Este, a tierras de Sabaneta Novillo, bajo la conducción de Santiago Rodríguez –quien ya para esos años estampaba su firma en diferentes capítulos gloriosos de la historia republicana-; Se establecieron en el citado lugar y, con ahínco y tesón, dieron inicio a la titánica y emprendedora labor de construir, casi de la nada, lo que habría de ser su nuevo hogar.

Una sabia y atinada decisión condujo el accionar de aquellos pioneros en sus esfuerzos por repoblar estos confines hasta entonces deshabitados del territorio nacional y se concentraron en fomentar en ellos el cultivo de diferentes rubros agrícolas y múltiples crianzas, el aprovechamiento de los recursos forestales existentes y, lo que es más, el disfrute de las extraordinarias condiciones de la región, en donde la naturaleza se desborda en un puñado de vivificantes atributos.

Como Sabaneta fue inscrito su nombre en los registros de la historia. Los resonantes acontecimientos que tuvieron a sus tierras por escenario en los capítulos de la Guerra de la Restauración Dominicana (1863-1865) -contienda de la que fue Cuna y se constituyó en el refugio para los prohombres que la concibieron y condujeron hasta el éxito final-, establecieron, de manera categórica, el derecho de primacía del citado nombre.

Sin embargo, en una justa medida de la Patria agradecida, al elevar la extensión territorial a la categoría de Provincia, ésta fue denominada con el nombre de Santiago Rodríguez, adalid y propulsor en gran medida de aquellos relevantes hechos, reservando el Municipio Cabecera el nombre de San Ignacio de Sabaneta, que ostenta en la actualidad.

El territorio provincial corre de Este a Oeste entre la Sierra de Zamba –por el Norte- y la Cordillera Central –por el Sur-. Tiene como límites las provincias de Monte Cristi y Valverde al Norte, Santiago de los Caballeros al Este, San Juan y Elías Piña al sur y Dajabón al Oeste. Una multifacética condición atmosférica interactúa en este territorio, en una amplia gama que abarca condiciones de clima seco, bosque de transición o de sabana y extendidas regiones montañosas, con agradables microclimas en los que impera la temperatura fría la mayor parte del año.

Infinidad de ríos de gran caudal, entre los que destacan el Guayubín, Yaguajal, Inaje, Dajao, Mao, Cana Chapetón y Gurabo, entre otros, constituyen las delicias del viajero y el soporte hídrico fundamental, tanto para el consumo de la población como para fomento de la agricultura y el sostén de las crianzas.

En la actualidad, el municipio y su ciudad cabecera transitan por el sendero de inserción en los tiempos modernos, con el concurso de un pujante y emprendedor sector empresarial y profesional así como ganaderos y hacendados que han hecho del sector agroindustrial uno de los principales soportes de la economía local.

De tal suerte, en adición a las tradicionales siembras de tabaco, yuca y maní, la producción ganadera y los derivados lácteos, el comercio maderero, la elaboración de diferentes tipos de cazabe y la cosecha y comercialización del guano para ser usado en el cobijo de vistosos ranchos y quioscos -junto a la elaboración de diferentes productos de la artesanía local-, en la actualidad también florece el establecimiento de diferentes empresas surgidas al calor de las leyes de incentivo al desarrollo de la frontera y se avizora un auspiciante futuro para la hotelería y el ecoturismo, en base al manejo adecuado del deslumbrante tesoro escondido en los valles y serranías de la Cordillera Central –al sur del municipio- y el contacto con los habitantes de las campiñas y comunidades establecidas en esas comarcas.

Visitar Sabaneta, en estos días, es un inaplazable placer que nadie debe perderse. Conocer sus atracciones locales, tales como la talla en madera emplazada en el parque central -obra del escultor Dionisio Peralta-, que representa los elementos más relevantes de la cultura regional y local, así como sus monumentos de veneración histórica -entre los que destacan el obelisco en homenaje a la Guerra de la Restauración y los bustos de Santiago Rodríguez y Francisco Bueno Zapata, un valiente revolucionario hijo de estas tierras que cayó en 1963 en Las Manaclas, junto a Manolo Tavárez Justo y otros mártires de la Agrupación Patriótica 14 de Junio, defendiendo el orden constitucional de la Patria-, constituyen un imperativo del momento.

Siguiendo el recorrido, los pasos se detienen y la palabra enmudece para contemplar, extasiados, las coquetas casitas de vistosa arquitectura con acento provinciano, que pululan en todo el pueblo, pintadas de un deslumbrante abanico de colores en el que resaltan los pálidos e impolutos tonos color pastel, junto al otrora rutilante Hotel Marién, que conserva en sus paredes un millón de nostalgias y añoranzas y se mantiene a la espera de que la mano amiga del Estado o una eficiente y dinámica gerencia privada le ayude a recobrar los años de esplendor que le cubrieron de prestigio en el pasado.

Con sus calles saturadas de un bucólico ambiente navideño pletórico de aguinaldos y comparsas encabezados por efusivos lugareños y con sus principales salas de baile atiborradas de entusiastas contertulios que deliran con los éxitos en boga de los bachateros y merengueros del momento o las encendidas y chispeantes piezas del merengue típico interpretadas por La Vieja Fefa, una digna representante de estas tierras, el poblado ofrece una agradable imagen que incita al intercambio amistoso y la confraternidad entre compueblanos y allegados.

Pero, por breve que sea, la estadía quedaría exenta del toque costumbrista y de sabor local que destila a borbotones esta laboriosa gente si no hacemos una parada, cuasi obligatoria, en la comunidad rural de El Guanal, para efectuar una visita de cortesía e indagar sobre la salud de Don Josián Espinal, El Jilguero de Sabaneta, quien con sus décimas populares finamente articuladas nos deleitó por años en veladas culturales y diferentes jornadas de lucha en pro de la obtención de reivindicaciones sociales ampliamente reclamadas por la comunidad.

Tras compartir un breve espacio con Josián, Doña Teresa -su abnegada esposa- y sus familiares y escuchar las versiones musicalizadas de varias de sus décimas en las exquisitas voces de Manuel Jiménez, Sonia Silvestre, Roldán Mármol, Josefina Torres y otros exponentes de lo mejor del arte nacional, habremos de dirigirnos, a pie, al Centro Eco-Cultural El Guanal, a poca distancia de allí, lugar en donde Alberto Manuel Peralta Zapata, un guerrero de la fe, con sus propias manos y un profundo apego a la agricultura hace un encomiable homenaje al Creador y a la naturaleza, al tiempo que promueve con tesón los trabajos de su hijo Dionisio Peralta Estévez, exquisito artista del pincel, profesor de la Escuela de Bellas Artes de Santiago y hábil escultor y tallista de la madera, cuyas impresionantes obras provocan la admiración de todos.

Y ya que en esas andamos, nada más gratificante para afianzar la nostalgia como llegar, sin previo aviso, al hogar de Olga Mejía de Leclerc, gloria del magisterio en los niveles secundario y universitario que los sabaneteros tomaron una vez prestada a Dajabón y, por sus excelsas virtudes y cualidades humanas, no nos la devolvieron jamás.

Compartir con Doña Olga y recordar aquellos años idos de luchas y afanes en la Universidad Autónoma de Santo Domingo –UASD- es un inalcanzado sueño que, por el momento, seguiré guardando en el fondo del corazón, hasta que llegue el momento oportuno, en uno de estos días de agradable estancia en Sabaneta, la Cuna de la Restauración.


sergioreyes1306@gmail.com
Sabaneta, Santiago Rodríguez; Diciembre 23, 2013.

2 comentarios:

  1. Gracias Sergio por ese delicioso y exhaustivo paseo por la gloriosa Sabaneta. Mis mejores deseos a sus hijos siempre. Enhorabuena.
    Isaías

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  2. Don Sergio ,repito que no tengo el honor de conocerlo y no lo pierdo .pues su costumbrismo y sus nostálgicos escritos nos transportan a lugares que visitamos en tardes lúgubres y oscuras . Sabanera me hace soñar despierto en el Guanal en casa de Don Eladio Estevez y Doña Lolita ,donde iba a pasar mis vacaciones y bañarse en sus ríos. Espero pronto estrechar tus manos y darte un fuertes brazo..¡Salud ¡ Evelio Martínez .

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