jueves, 4 de junio de 2015

MANUEL RUEDA, MI MENTOR LITERARIO

Por HÈCTOR BREA TIÓ

Tres mentores llamados Manuel, he tenido prologando sendos libros de mi autoría: Manuel Rueda González, Manuel Mora Serrano y Manuel Núñez, aunque los tres son distinguidos escritores, de Rueda debo decir que se trata de un ser escogido por los dioses, ya que no solo fue periodista cultural, narrador, cuentista, novelista, poeta y dramaturgo iluminado, en fin, la figura más destacada culturalmente de toda la Línea Noroeste, y cuidado si quedo corto en esa expresión regionalista, sino además músico, posgraduado en Chile donde alternó con lo más granado de la cultura de ese gran país, tan extraordinario, que nunca se podrá escribir la historia de la literatura y de la música en estas tierras y en nuestro país, sin mencionarle como pianista formidable.

Cuando don Manuel publicó su novela Bienvenida y la Noche corría el 1994, y yo, que lo admiraba por haber sido un lector voraz de sus otros libros, sin embargo, este último me cautivó de tal forma, que no me conformé con haberlo leído y comentado a mis relacionados, sino que le compré diez ejemplares para regalarlos a esos parientes y amigos para que experimentaran el deleite y la fruición que yo sentí con esta joya de la narrativa dominicana. Todos fueron dedicados por él a sus destinatarios. Creo que el éxito de esta novela se debió, entre otras razones, a que su autor apeló a todos los recursos gramaticales, creativos y estéticos, que caracterizan este difícil pero enriquecedor género literario, quizás el más entretenido, dada la pasión incesante con que lo abordamos.

Le conocí leyéndolo y oyendo en mi pueblo natal de Mao, que su padre, llamado igual que él, Manuel Rueda por decreto del Poder Ejecutivo número 3146, del 1920 fue designado farmacéutico cuando el municipio se llamaba Valverde, nombre restituido por el Presidente Joaquín Balaguer el 12 de mayo de 1967 mediante Decreto número 148, siendo Mao, municipio cabecera de la Provincia Valverde. por lo que no es ocioso imaginar que bien pudo haber sido engendrado en la Villa de los bellos atardeceres, hecho que ignoro si realmente fue así, pero habiendo nacido un año después en Monte Cristi, es lógico que doña Marina, su madre, acompañara a su esposo en esta empresa. Mi citado pueblo, fue cuna del gran poeta Juan de Jesús Reyes, y mi madre que era maestra, me enseñó a admirar a todo aquel que hiciera buen uso de la palabra oral y escrita, lo que produjo en mí, con sus libros, una suerte de fascinación que solo había experimentado ante algunas y escogidas obras maestras.

Cuando en el 1996, daba las últimas pinceladas a mi libro Mao y su Gente, dado el respeto que siempre le profesé a él y su obra, se me ocurrió en la Feria del Libro de ese año, pedirle me lo prologara, a lo que contestó gustoso y afable, que sí.

Como es obvio, me puso a prueba, para cerciorarse de si dicho trabajo valía la pena o no, pues yo era un desconocido como escritor, de modo que me exigió un borrador del mismo, lo que acaté. Después de varios meses sin obtener respuesta alguna, le vi en un acto público y al inquirirle al respecto, me contestó que había que corregirle algunos detalles y enriquecerlo con más fotos. En dicho texto figura su tío materno, el presbítero, Manuel de Jesús González, párroco de Mao en varias ocasiones (1898-1902, etc.), autor de la música de los versos de doña Trina Moya de Vásquez, del Himno a las Madres. La suya, era una familia de músicos, pues dicho reverendo también era tío materno del prestigioso pianista y compositor Luis Rivera González, esposo de la Soberana Casandra Damirón, y demás hermanos.

Al volverse a demorar unos meses más, mientras me desesperaba como le ocurre a cualquier escritor con su ópera prima, por no hostigarlo, dejé que se tomara su tiempo y cuál fue mi mayor sorpresa el día en que llamó por teléfono a casa y mi madre, que estaba lúcida aún en lecho pre-mortem, al identificarse él, le respondió: ¿Qué usted es don Manuel Rueda? Yo lo conocí siendo maestra en mi pueblo, al acudir a una de las conferencias que dictó por todas las provincias en los años 60, contratado por la Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos. Y luego ella, al él decirle que me comunicara que podía recoger el prólogo de mi libro, por su oficina de Isla Abierta, suplemento cultural del periódico HOY, le dio las más encarecidas gracias, en su nombre y el mío.

Pero ese gran hombre, no solo hizo eso, sino que en dicho suplemento literario dirigido por él, lo publicó intacto el domingo siguiente.

No suena bien que lo diga yo, pero mucha gente dijo que ese prólogo era una obra de arte que solo podía ser esculpida por un artista y esteta de su estirpe.

Es preciso aclarar, que la importancia de Manuel Rueda para mí, no radica en haberme hecho dicha presentación, sino que radica en el valioso legado que dejó en las letras, la música y las artes, no solo dominicanas sino para todo el continente, para todas las generaciones.

¡Así conocí a ese gigante de las letras dominicanas y latinoamericanas que fue don Manuel Rueda!.. ¡Loor a sus cenizas venerandas !

Posdata: A raíz de su muerte, el 20 de diciembre del 1999, en Isla Abierta se publicó el domingo 9 de enero del 2000, todo el suplemento dedicado a su memoria, con artículos de diferentes autores y en mi caso, luego de verter mi opinión sobre él, le dediqué tres versos del poema Elegía de Miguel Hernández, más hoy, le dedico otras pero de mi modesta autoría, con el mayor respeto.

Santo Domingo,1-marzo-2015

FULGORES NUEVOS
A Manuel Rueda, in memoriam
Héctor Brea Tió


Oh sirena de la noche
y pedestal del silencio
en qué cenit han cesado
todos mis sufrimientos.

Marchitas están las dalias
que he sembrado frente al templo
donde quimeras me acechan
guardando siempre silencio.

Por qué el ocaso pregunta
dónde está el alba muriendo
si las amapolas huelen
cuando florece febrero.

La fiesta de Epifanía
inadvertida pasó, es cierto
pero hoy que es Viernes Santo
debo mirar hacia el cielo.

Y consultar caracolas
que bajo su manto pétreo
desparramen en primores
tibios fulgores nuevos.

Aquí está mi alma sola
la ofrezco, ya no la quiero
por si alguien necesita
tomarla como consuelo.

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