martes, 22 de noviembre de 2011

ACERCA DE UNA EXPOSICIÓN DE PINTURAS

HEREJES AL CARBÓN: UN CUADRO MOLESTOSO
Por César Brea

Algunos discursos lastiman pero hay imágenes que llenan de pavor. El Parque Independencia de la ciudad capital mostró durante este verano una interesante exposición con réplicas de obras maestras de la pintura universal cuyos originales pertenecen al Museo Nacional del Prado de la capital española. Sin ninguna duda fue una interesante muestra colectiva de pinturas de las más variadas escuelas, maestros y corrientes pictóricas del viejo continente, con un montaje de primerísima calidad técnica y una representación exacta de los grandes cuadros de Goya, Murillo, El Greco, Velázquez y Ribera, entre otros. Al lado de cada cuadro una cartela informativa describía de forma resumida pero abarcadora la información necesaria sobre cada obra. Un logro de la Embajada de España en nuestro país y de su activo Centro Cultural ubicado en la Calle Arzobispo Meriño. Como patrocinador de esta colectiva figuró el Ministerio de Cultura de la República Dominicana. Hasta aquí todo era maravillas, pero un cuadro en particular llamó poderosamente la atención de los asistentes al parque y a la muestra. La pintura del español Pedro Berruguete con el título “Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán” fue la sorpresa de la exposición porque recién ahora se enteran los dominicanos que el santo a cuyo honor y gloria se debe el nombre de la capital del país, Santo Domingo de Guzmán, pudo haber sido una figura preponderante en la quema de herejes juzgados bajo el poder del Tribunal del Santo Oficio durante los años tenebrosos de la Inquisición.

En aquella pintura, Berruguete muestra al insigne santo, que además fue fundador de la Orden de los Predicadores o Dominicos (Por ellos nos llamamos República Dominicana) presidiendo desde una tribuna en la ciudad de Ávila, España, un Auto de Fe donde aparecen dos herejes ardiendo sobre la pira encendida y otros herejes conducidos a la hoguera llevando en su cabeza el ignominioso gorro llamado coroza y vestidos con la túnica o “sambenito” donde aparecían letreros burlescos que identificaban a los condenados heréticos. La lectura que transmite el cuadro y que ojalá puedan aclarar los historiadores de la iglesia o específicamente de la Orden de los Predicadores o Dominicos, es de un Santo Domingo de Guzmán desconocido para los dominicanos, en un rol de juez supremo que dirigía hacia la muerte a seres humanos que no comulgaban con su fe. Resultó muy fuerte imaginarse un santo de la iglesia tan importante para el nombre de todo un país, en prácticas de tortura y muerte de sus semejantes. Parecía haber un error y que alguien debía sacarnos de las dudas.

Fray Manuel de Jesús Romero, OP, historiador religioso, reseña en su esbozo sobre la presencia de la Orden de los Dominicos en América Latina y el Caribe que “desde sus inicios, los dominicos han sido señalados como defensores de la fe y de la dignidad humana”. El cuadro referido parece desmentir o contradecir la idea expresada por el predicador Romero y eso merece una explicación para los que nos llamamos dominicanos. Puede que al pintor Pedro Berruguete le haya dado por contrariar la memoria del santo varón porque en otro cuadro del Museo del Prado lo muestra quemando libros heréticos, es la pintura conocida como “La prueba del fuego”. El artista se dedicó toda su vida a la pintura religiosa y uno de sus lienzos más hermosos muestra a María, la madre de Jesús dando el seno a su niño hambriento. El cuadro es conocido como “La virgen de la leche”.

Es una pena que ya no esté con nosotros el eminente historiador dominico Fray Vicente Rubio, gratamente recordado por los estudiantes de la UASD, de la PUCMM y del Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino, quien de estar vivo podría aportarnos valiosas informaciones sobre la pasión y vida del fundador de la orden religiosa a la que pertenecía. La idea de este artículo es precisamente esa, que los residentes de la capital dominicana puedan conocer a profundidad ese santo al que debemos el nombre de la ciudad y saber si al pintor se le fue la mano o la imaginación. O si de verdad Santo Domingo de Guzmán participó en la persecución y muerte de los herejes de origen cátaro o albigenses durante el siglo XIII de la era cristiana. Para Don Miguel de Unamuno, filósofo español es “obra de suprema piedad religiosa buscar la verdad en todo y descubrir donde quiera el dolo, la necedad y la inepcia”. Muy claro lo dice también el Evangelio en Juan 8:32… "Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres".

Aunque si bien es cierto que famosos inquisidores (Tomás de Torquemada y Bernardo Gui) pertenecieron a la Orden de los Dominicos, siendo muy celosos y eficientes en el desempeño de sus funciones, otros discípulos de la orden brillan como lo más granado del intelecto de la iglesia católica, caso de Santo Tomás de Aquino. Los dominicos llegados hasta nuestra tierra dejaron una impronta de preocupación y defensa de los aborígenes y un legado de realizaciones educativas que perduran hasta el día de hoy. La historia de la colonia recuerda a Fray Antón de Montesinos y su célebre Sermón de Adviento en el año 1511, enrostrando a la corte de Diego Colón por el abuso hacia los indígenas. Un año antes había llegado Montesinos a la isla, encabezando junto a Fray Pedro de Córdova y Fray Bernardo de Santo Domingo la primera avanzada de dominicos en el nuevo mundo. Desde su llegada al continente los dominicos adoptaron el “Método de Evangelización Pacífica” donde el misionero no participaba de las operaciones militares de los conquistadores, ni apoyaba a los encomenderos explotadores ni a los traficantes de esclavos, normas trazadas bajo la inspiración del Padre Bartolomé de Las Casas. A ellos se debe la creación de la primera universidad del continente cuando el Convento de los Dominicos se transformó en el año 1538 en la Universidad de Santo Tomás de Aquino (lo que hoy es la Universidad Autónoma de SD). Otros destacados dominicos que recuerda la República Dominicana por sus servicios a la iglesia y al país son entre otros: Fray Tomás de Berlanga, Fray Tomás de San Martín, el Padre Armando Tamargo, el Padre Damián Calvo y el ya mencionado Fray Vicente Rubio. La excelente exposición en el Parque Independencia, gracias a los esfuerzos de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y el Ministerio de Cultura de la RD nos deja con las ganas de saber un poco más sobre un santo que aunque nunca estuvo en nuestro país ni jamás conoció de la existencia de estas tierras (murió en 1221), sin embargo su nombre honra la capital nuestra. Los historiadores pueden aclararnos muchas cosas a los que somos menos versados en esa disciplina. La ciudad cargó durante un cuarto de siglo el horroroso nombre de Ciudad Trujillo, glorificando la vanidad del más grande de nuestros asesinos. Será muy bueno conocer la historia completa de nuestra identidad. (“Laudare, benedicere, praedicare”).

cesarbrea@hotmail.com

Un comentario sobre el cuadro que nos ocupa puede encontrarse en Auto de Fe

1 comentario:

  1. CEBRETI,

    No sé si lo que expresas es un juicio a los timbales de Berruguete por atreverse a tanto o a las acciones en sí del hoy Santo Domingo.

    ¿Es Berruguete un hereje más o según nuestro juicio el Domingo que veneramos no era tan plácido ni tan puro como para ser santo?

    La historia de la Inquisición es harto conocida.

    Cierto que resulta, además de desalentador, moralmente devastador que un santo al que reverenciamos y que orgullosamente llevamos tatuado en nuestras frentes haya sido un vil asesino.

    Pero, hay algo a mi parecer más profundo y es que si su fe justificaba esas prácticas descabelladas, lo menos que debe uno preguntarse es: ¿Es más importante la fe que el individuo? ¿Entra la moral en esta ecuación? Entonces, ¿qué es la moral? ¿Varía la moral con los tiempos? ¿Está supeditada a la fe?

    Siendo esas reprensibles prácticas normales en su tiempo, y al parecer un símbolo de que se era un inquebrantable soldado de cristo, no es de dudarse que fueran en buena parte catalizadoras del movimiento que lo catapultó a su santidad.

    Entonces, la pregunta que en realidad debemos hacernos es: Tratándose de humanos con defectos, seres emocionales y falibles, ¿qué es un santo? ¿Importan estos? ¿Podemos seguirlos ciegamente?

    Isaías

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