miércoles, 6 de abril de 2011

EL GALLO ESTÁ VIVO… QUIEN MURIÓ FUE EL GALLERO

Por Manito Santana

Recuerdo todos los domingos temprano, los pequeños grupos de hombres frente a las diversas Trabas de gallos existentes en mi barrio; mi tío Tito Santana, Chiquitín Minier, Manuel Tineo, Bulín Ventura y su hijo Quírico; Blanco Minaya (gallito) y otros. Este grupo de hombres clase media y baja todos, luego de seleccionar los gallos con mejores condiciones, parten con fundas en manos y su pote de ron en los bolsillos hacia la gallera confiados en las espuelas y el pico de su "pinto”, su "cenizo”, “pata blanca'', "el Canelo", "el jabao" y "el bolo"; sentir la emoción de soltar su gallo con sus propias manos, vociferar en cada espuelazo frases y palabras de apoyo ¡párate pa' que lleve! y retar a sus contrarios en las apuestas con sus ofrecimientos que yo siempre confundía; "un 20 a 2, un 50 a 40, cinco veces, ¡dóitelo!, ¡págotelo!” La palabra del gallero es la más respetada y seria en materia de apuestas; es un "Cheque al portador", ya que le da fiel cumplimiento a sus compromisos verbales contraídos antes y después de soltar los gallos. Las apuestas de mayor monto ocurren luego de tirados los gallos, donde comienzan las ofertas con gabelas, según el comportamiento de los mismos. El gallero que no cumple en sus apuestas queda desacreditado a nivel de la Región y hasta ahí llega su reputación; es la noticia que mas rápido llega al gallero. Se usa el término "Ratón" cuando el gallero juega y luego no paga, ej.: “Fulano es un ratonero".

Las emociones provocadas por los picotazos y espuelazos mas los emotivos tragos ingeridos, traían como consecuencia la rotura de sombreros, al ser estrellados contra el suelo; sombreros de "pajita" o “panamá" usados en la época; cada buen espuelazo representaba un estrallón al sombrero, y al final de la pelea el gallero se iba destocado para su casa, ya que eran tantos los estrallones que dejaba de ser sombrero.

A estos señores galleros no les interesaba la cantidad de dinero a ganar, ni tampoco a perder, ellos sabían que sus apuestas eran limitadas, que con las ganancias o pérdidas su situación económica no iba a variar; era un capital programado y ellos salieron a divertirse con su deporte y a deleitarse del orgullo de ver sus fieros gallos hacer lo que en sus "topes" o "traqueos" demostraban. Lo importante era ganar, no importa como fuera, pero ganar.

Les estoy citando al gallero aquel de unos 40 años atrás; ese gallero cuyo gallo formaba parte de su familia, donde el cuidado de esa ave, me atrevo a decir, era mejor atendido que cualquier hijo estudioso de la casa.

Les hablo del gallero que usaba todos los recursos para ganar, del que se valía de unturas, granos envenenados, de espuelas preparadas y fabricadas de distintos materiales, entre esos la concha de Carey.

¿ Cóomo? Sí, mi amigo lector, usaban unas unturas en las plumas y cuando el gallo contrario trataba o picaba, iba perdiendo sus fuerzas.

O cuando hervían las espuelas con aceite de los transformadores eléctricos. Cuando el gallo cortaba, enseguida el otro se dedicaba a correr. Las libertades que tenía el gallero en aquellos tiempos para preparar su gallo previo a pelear, le facilitaba usar sus trucos ilegales que hoy en la gallera moderna no es posible .

Al evaluar un gallo de pelea, lo primero que el trabero o el dueño tomaba en cuenta era su encaste o pedigree. Se busca raza; se somete a una serie de entrenamientos, lo que en el argot gallístico podemos llamar "tope y traqueos”, por un período de unos 45 días .

Hay dos maneras de echar a pelear el gallo: "detusao", o pelado, y con "tusibarba", o sea sin pelar.

Para mantener el gallo cierta temperatura, empleaban el tabaco de andullo; el trabero tomaba una mascada del tabaco y cuando su saliva estaba con color y espesa, escupía el gallo debajo de las alas y otras partes, frotándoles las áreas aplicadas.

El tiempo establecido para una pelea de gallo pelado o "detusao", es de 15 minutos; en cambio, para el gallo con tusa y barba, "tusibarba", son 10 minutos. La razón del tiempo diferente es que el "detusao" mueve la cabeza más rápido, tiene la cabeza más liviana.

Antes se usaban dos estilos de peleas, punta a punta; o sea, con las espuelas originales del gallo y "armado", con espuelas fabricadas.

Hoy, solo se está usando la pelea "armado". Para armar esos gallos, hay galleros especialistas tales como Milito Azcona, Freddy Azcona, Quirico Ventura (el sargento). Estos hombres juegan un papel de mucha importancia en armar gallos ya que de nada vale un gallo de raza si no tiene bien puesta sus espuelas.

El peso del gallo de pelea, generalmente oscila entre 4.2, 4.4, 4.5 lbs.

Hoy, la gallera moderna, para garantizar la limpieza en las peleas, cuentan con un Laboratorio donde verifican la limpieza del animal y se han establecido reglamentos, tales como: a) las espuelas a utilizar son aportadas por la dirección de la gallera; b) luego que Ud. prepara su gallo, debe entregarlo a la gallera, quienes cuentan con un Laboratorio, lo chequean y comprueban su limpieza; luego de entregado, ya a ese gallo su dueño no vuelve a ponerle las manos hasta después de la pelea. Le colocan una cinta roja o blanca para distinguirlos en las apuestas; c) el tiempo establecido para una pelea es de 15 minutos para gallos "detusao" y 10 minutos para los de "tusibarba". Si ninguno cae en ese lapso, la pelea es declarada "Tabla" o empate; d) en caso de que uno de los gallos no sea tumbado y por alguna razón se aplasta o, como decimos, "se echa”, este debe levantarse antes de un minuto o es declarado perdedor.

Entre los galleros existen cábalas que les sirven de guía para reaccionar y comportarse previo a la pelea. Hay galleros que si saliendo desde su casa hacia la gallera olvida algo que se le ha quedado, no se devuelve a buscarlo, aunque fuese su cartera con el dinero.

Otros si oyen uno de sus gallos cantar por la madrugada, se lo llevan a pelear porque ese gallo ese día no pierde.

Debo contar algunos sucesos gallisticos y este es real (prohibido reírse). Mi hermano del alma Félix Santana, no era un gallero-gallero como decimos, sino que la cercanía con familiares galleros lo fanatizó un poco; consiguió un gallito bolo súper rápido y demostraba una guapeza que hasta a nosotros que estábamos a su lado, nos brincaba encima tratando de picar y clavar sus espuelas. Félix nos decía: "este es un león, aquí hay un dinero seguro". (Estamos en la gallera). Previo a echarlo, el gallito le brincaba al Juez de Valla; todo el mundo estaba sorprendido por la fiereza del gallito.

Cuando el Juez ordena "suelten los gallos", Félix soltó su gallo a pelear; al tirarlo, se quedó con las manos extendidas y sintió de pronto que su gallito le caía en sus brazos de nuevo, pero muertecito. No le dio tiempo ni a tirar su primer espuelazo; todos nos miramos muy serio y sorprendidos, nos salimos al patio de la gallera y fue una sola explosión de risa del grupo que andábamos. Félix, después de pagar sus apuestas, solo nos dijo "y bueno que son ripiaos", y tenía razón, mas si era con casabe y aguacate. Nos fuimos a cocinarlo.

Otro caso fue con Osvaldo Castillo (QEPD) gallero tradicional de esos tiempos, de una familia de galleros. Entrando a la gallera con su gallo en mano, un pordiosero de los tantos que había en la puerta le dice: "Señor, si pierde me lo da". Como 2 horas más tarde, Osvaldo regresa a la puerta con su gallo muerto y pregunta al grupo: ¿quién me pidió el gallo? Uno de los miserables gritó rápidamente "yo, yo, yo". Osvaldo se le acercó, y con su difunto gallo agarrado por sus dos patas, le entró a gallazos. "¡Tómalo, hijue..p.. azaroso ei'diablo, buen fatai!” Luego de varios golpes, le dejó el gallo y salió de la gallera y no volvió.

Esa es otra de las cábalas del gallero, si alguien le pide que si pierde le dé el gallo; no lo echan a pelear ni matao, como dicen.

Desaparición del gallero original

La gallera experimentó un cambio hace unos 30 años atrás; pero ese cambio no fue por las nuevas reglas necesariamente, el gallero original fue limitando su presencia porque fue siendo desplazado por una juventud cargada de dinero aparecida repentinamente, un falso gallero con gran capital procedente de New York; estos fueron bautizados como "Dominican-York".

Siempre ha existido un gallero tradicional con $$$, como en Santo Domingo, Santiago, y en los distintos puntos del país. Este gallero con conocimientos se fue aprovechando del nuevo gallero y su capital. Al producirse un movimiento fuerte de dinero, el precio de todo lo que se mueve en la gallera aumenta y el gallero clase media-baja comienza a alejarse ya que sus facilidades se les fueron dificultando puesto que su capital no aumentó, pero sí sus gastos.

Al comenzar esa lucha de capitales entre el gallero con buena posición y el "Dominican-York , se inician los Clubes gallísticos, trayendo como consecuencia las construcciones de galleras modernas que permiten las presentaciones de conjuntos musicales, paralelamente con las peleas de gallos. Todo conjunto típico del país ha pasado por una gallera.

Los precios de entrada en las galleras para las primeras filas o sillas de abajo oscilan entre $1,500 y $1,000; las de 2da y 3ra, entre $700 y $500, con derecho a participar en la fiesta. Las más Baratas, las de arriba, pagan entre $200 y $300, dependiendo de la gallera .

Las apuestas de 1ra, 2da, y 3ra fila, cuando mencionan los números en apuestas; ej.: 10 a 8, es en miles de pesos, según previo acuerdo; las mismas van variando según el nivel de la silla, hasta llegar al gallero de arriba (de los bleachers), que son en cientos de pesos.

Ha habido apuestas de millones entre galleros; hay galleros que han pagado cientos de miles por la compra de un gallo con fines de encaste.

Ya aquellas apuesta de 20 a 2; o sea, 20 clavaos a 2 (20 centavos es un clavao) se olvidaron; el portador de estos clavaos fue desplazado por los cientos y miles de pesos.

El verdadero gallero desapareció, está jugando entre los montes en galleritas clandestinas, viviendo del recuerdo de aquellas famosas peleas con los mejores gallos de la región.

Y es como dice el viejo adagio "papeleta mató a menú".

El gallo sigue vivo, quien murió fue el gallero; el gallero tradicional, el de trabas, el cabaloso, el que sabía con cuál gallo iba a pelear el de él; el que preparaba su gallo, el que levantaba las alas y lo rociaba con un buche de agua, el gallero sano, es hoy historia.

¿Quién lo mató ? Lo mató Don $$$$, el cambio, el tiempo.

Dejo a mis lectores completar y corregir cosas de gallos que ignoro y recordarme los galleros más famosos de Mao Valverde y la región y por qué no del país .

¡Voy al Indio! ¡Se Juyeee! ¡Ese no e' de raza na !!

Gracias a mi amigo Quírico Ventura (el sargento).

2 comentarios:

  1. Felicidades Manito por ese trabajo de investigacion que realizaste, pues el que lee este documento queda impregnado de todos tus conocimientos expresados y dice Manito es un genio gallero y yo no recuerdo mano que tu fueras tan experto gallero o me traicionaste porque nunca me invitaste a ninguna lidia de gallos. Te quiero mi hermano. Luis Alberto Santiago. santialuis@gmail.com

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  2. Cabezón:

    Felicitaciones por este magnífico trabajo y tan atinado título.

    Dicen los galleros, que la "raza", quien la trasmite es la gallina. Dirían los genetistas, que es "herencia ligada al sexo". Por esa razón, un buen gallero regala con facilidad un pollo, pero NUNCA, una polla. La excepción es Don Mario Fernández Mena, con mis hermanos galleros: Freddy y Miguelito.

    También cuentan los galleros maeños, que un "ratonero" famoso fue un célebre personaje que fabricaba maletas, en nuestra Patria Chica (por respeto omito el nombre a propósito). Dicen que una vez que jugó "un ratón", emprendió la huida, los ganadores le siguieron y le dieron alcance, por lo que nuestro personaje sólo atinó a decir "yo estoy tísico. A que te escupo".

    Por otra parte hay una anécdota de Don Alberto Disla, gran y tradicional gallero maeño, a quien un "nuevo rico" lo retó a una apuesta de $ 15,000.00. Don Alberto, sin inmutarse, le contestó: "po, po, po los cuaitos míos son suda'os, pa' apotailos a la pata 'e un gallo, no como los tuyos..."

    Un abrazo,

    Fernan Ferreira.

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