miércoles, 25 de abril de 2012

MEDICINA ALTERNATIVA

VALORACIÓN CIENTÍFICA SOBRE EL USO DE LAS PLANTAS MEDICINALES
Por Nelson Rodríguez Martínez (Cuqui)
El autor es profesor universitario y presidente fundador de N.R. Bienestar, S.R.L., compañía dedicada a la producción y venta de productos medicinales naturales.

Actualmente existen numerosas instituciones acreditadas, laboratorios farmacoquímicos y centros de investigación científica, entre otros, y prestigiosos organismos mundiales dedicados al estudio, desarrollo e industrialización de las plantas y hierbas medicinales, centrados en aspectos bromatológicos, químicos, nutritivos y dietéticos, farmacológicos, terapéuticos y de otra índole, apoyados por determinados niveles de comercialización y rentabilidad, que permiten suministrarlos en prácticas presentaciones para su mejor aprovechamiento, y cuya utilización apropiada redunda en una mejor salud nutricional y bienestar para la humanidad.

Es notoria la salida periódica de innovadores productos nutritivos y medicinales de origen orgánico o natural, que encontramos abarrotando estanterías y anaqueles de reconocidos lugares de expendio popular, donde se pueden conseguir con facilidad de precios y accesibilidad, ya que en su mayoría no requieren recetarlos con rigurosidad científica y guardan explícitos márgenes de seguridad durante su manejo y posterior consumo.

Se han establecido normas rigurosas para el cultivo, desarrollo, experimentación e investigación de las plantas medicinales y otros productos orgánicos, incluyendo su posterior industrialización, promoción y comercialización, fiscalizadas en base a mecanismos y procesos previamente establecidos, lo que asegura al usuario disponer de productos más confiables, ajustados a sus requerimientos y necesidades.

Existen organismos encargados de proteger al público consumidor contra comestibles insanos, dañinos, fraudulentos, o alimentos con etiquetas falsas, drogas, cosméticos o instrumentos terapéuticos. Literalmente suena bien, pero en la práctica a los fabricantes de productos elaborados con plantas medicinales les prohíben poner información terapéutica en las etiquetas, razón por la cual son considerados como suplementos nutritivos y no drogas (medicinas), lo que favorece la competencia desleal de los medicamentos convencionales.

Decisiones adoptadas en la aprobación, certificado y comercialización de determinados productos, se basan muchas veces en lineamientos y criterios personales o de grupos, respondiendo a intereses mezquinos o soterrados. Por ejemplo, el proceso de pruebas médicas requerido por la FDA (Administración de Drogas y Alimentos Norteamericana ), no facilita que la mayoría de los fabricantes de subproductos herbarios puedan afrontar el gasto a incurrir para su propia investigación, ya que es necesario emplear millones de dólares para comprobar y certificar que una hierba como la verbena, ají o el jengibre, que se cultivan muy fácil en el patio, puedan prevenir o contrarrestar con eficacia la migraña, la circulación sanguínea y el colesterol malo.

LA FDA VS. LAS HIERBAS CURATIVAS.*

El Congreso Norteamericano fundó la FDA (Administración de Drogas y Alimentos) en 1928, pero surgió con poca autoridad. En 1937 un nuevo antibiótico, llamado Elixir de Sulfanilamida, mató a 107 personas porque su excipiente líquido resultó tóxico. Al año siguiente el Congreso aprobó el Decreto de Alimentos, Medicinas y Cosméticos, y condujo a los primeros reglamentos estadounidenses respecto a medicamentos. A fines de la década de los 50, la Talidomida, un auxiliar europeo para dormir supuestamente seguro, provocó grandes malformaciones de las extremidades en 8,000 hijos de mujeres que la habían tomado durante el embarazo. El escándalo condujo a la FDA a imponer reglamentos más estrictos, los cuales exigían que se verificaran la seguridad y efectividad de una medicina antes de ponerla a la venta.

Desafortunadamente, la FDA pasó por alto la vastedad de plantas curativas, condenándolas al limbo legal; de hecho, prohibió que se les atribuyeran propiedades medicinales, a no ser que sobrevivieran al proceso de su aprobación. Este proceso requiere que los fabricantes de medicamentos nuevos o los empaquetadores de hierbas conocidas desde la antigüedad, sin ser lo bastante comunes como para haberse generalizado por completo presenten Solicitudes de Medicinas Nuevas (NDA, por su siglas en inglés), que deben incluir complicados estudios que mediantes complicadas pruebas de laboratorio y clínica prueben de modo contundente la seguridad y efectividad del producto. Estas pruebas resultan sumamente costosas, entre 50 y 100 millones de dólares por producto.

Solo las compañías farmacéuticas estadounidenses cuentan con los recursos financieros suficientes para salvar todo el proceso impuesto por la FDA. Pero hay una dificultad. Tales compañías no están dispuestas en gastar millones para probar la seguridad y eficacia de una medicina que cualquiera pueda cultivar en su jardín. Quieren los derechos exclusivos de las sustancias (moléculas) en que invierten, lo que significa que quieren invertir en químicos de carácter único y exclusivo que puedan patentar.

Las plantas curativas no pueden patentarse. Por tanto, los investigadores de las compañías farmacéuticas aíslan sus elementos activos, los modifican para tomarlos químicamente únicos y patentan las medicinas desarrolladas en base de estos químicos "nuevos”. Por ende, son pocos los médicos y consumidores conscientes de que muchos de los químicos contenidos en píldoras y capsulas tienen orígenes herbarios. De acuerdo con los reglamentos actuales de la FDA, la prohibición de divulgar efectos medicinales que desaprobó incluye la proscripción de advertir sobre los posibles efectos colaterales de un producto. En otras palabras, es ilegal que los empacadores de hierbas enumeren los posibles problemas, pese a que tal advertencia sería evidentemente de interés público.

Como consecuencia, la mayoría de las hierbas curativas no se vende como medicina sino como complementos alimenticios, los cuales no requieren pruebas especiales, aunque tampoco están permitidas afirmaciones sobre los efectos curativos ni advertencias acerca de los posibles riesgos. Resulta irónico que, al prohibir las prevenciones apropiadas, la FDA esté faltando a su misión fundamental: Proteger la salud pública. Ciertos países manejan las hierbas curativas de otra manera.

En Alemania hay que probar su seguridad, pero no es preciso someterlas a las elaboradas y costosas pruebas de efectividad exigidas para los nuevos productos farmacéuticos. Excepto en los casos en que se ha probado la falsedad sobre los usos curativos tradicionales de una hierba, el gobierno alemán acepta las afirmaciones tradicionales y solo pide que se incluyan en la etiqueta advertencias sobre los posibles efectos secundarios. En consecuencia, cientos de productos herbarios llenan los estantes de las modernas farmacias alemanas, y médicos alemanes egresados de escuelas tradicionales llegan a prescribir tanto auxiliares para dormir basados en la valeriana como pastillas alópatas (convencionales) para conciliar el sueño. Es posible que Canadá tome medidas semejantes.

El Comité de Peritos en Hierbas y Preparados Botánicos del gobierno canadiense ha recomendado establecer una nueva categoría de medicamento, medicinas folclóricas, que estaría exenta de costosas pruebas de efectividad, siempre y cuando las hierbas sean puras y seguras y se proporcionen las advertencias adecuadas.

* Michael Castleman. 1991. Las Hierbas que Curan. Rodale Press. Emaus, Pennsylvania, E.U.A., Pags. 24-28

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