martes, 31 de marzo de 2015

UNAS PREGUNTAS MUY SABIAS

Por Fernando Ferreira Azcona

Transcurría una hermosa mañana del verano u otoño del año 1973…

Nana y yo habíamos regresado a nuestro país el 4 de agosto de 1972, luego de terminar mis estudios en los Estados Unidos de América. Como es de suponerse, sin un centavo en los bolsillos y sin ni siquiera una cuchara para equipar y/o amueblar nuestro hogar, y por la gracia de Dios, ya nuestro primer hijo tenía unas tres o cuatro semanas en el vientre de su madre.

Conscientes de la situación antes descrita, después de tres semanas de vacaciones, aceptamos una oferta de trabajo de una prestigiosa empresa en La Romana, que había creado la aureola de pagar salarios por encima de la media nacional, y en realidad, era así. De tal manera, que después de casi siete años fuera de mi “patria chica”, me fui a trabajar al extremo opuesto de la isla.

A pesar de lo difícil que resultaba trasladarnos de La Romana a Mao tomando carros públicos, realizábamos el viaje con frecuencia, pues yo “tenía hambre” de estar con mi familia, de besar a mis Viejos, de apretar a mis hermanos y a mis amigos de toda la vida, y ¿por qué no?, de tomarnos un trago y de revivir historias tantas veces contadas.

En uno de estos viajes a casa, en la fecha indicada en la introducción de estas cuartillas, papá me preguntó de manera asertiva: ¿“Me imagino que usted se está ahorrando un buen dinero mensualmente”? “Ni un centavo, papá. Lo que gano no me alcanza para cubrir todos mis compromisos”, le respondí. Pues tuve que tomar un préstamo al Royal Bank of Canada para amueblar nuestro hogar.

¿”Ustedes piensan quedarse con un solo hijo”?, preguntó mi adorado progenitor. “No, Viejo. Pensamos tener tres hijos. Y queremos que el Señor nos dé dos varones y una niña en el medio. Así tendremos diferentes motivos para querer a cada uno: a Fernando por ser el primogénito, a Paula por ser la única niña y a Raúl, por ser el benjamín”, le respondí, ya que Nana y yo habíamos escogido esos nombres desde antes de casarnos.

¿Y usted cree que sus compromisos financieros van a ser menores cuando nazcan los otros dos?, preguntó el viejo zorro, de manera disimulada. “¡Imposible!”, le respondí. “Fernandito sólo consume leche y pañales. Cuando nazca Paula, consumirá lo que hoy consume el primero y éste ya estará en algún maternal y así sucesivamente”, concluí.

Con gestos de cabeza y manos que daban consentimiento a lo por mi expresado, el visionario campesino me dejó caer la más pesada de las preguntas: ¿”Y si usted no ahorra ahora, que sus compromisos económicos son los más bajos de su vida, cuándo y cómo es que usted va a ahorrar”? Como no tuve respuesta para esta pregunta, me quedé callado.

Papá y yo no tocamos más el tema durante mi estancia en Mao. Pero, cuando Nana y yo abordamos el carro que nos traería a Santo Domingo, en nuestro viaje de regreso a La Romana, le dije: “Negra, tenemos que ahorrar”, y ella sorprendida me respondió: ¡¿Y de dónde vamos a sacar para ahorrar, si lo que tú ganas, no nos alcanza?!

En esa época, yo ganaba RD$ 900.00 (novecientos pesos) y contrario a lo que puedan pensar mis dilectos lectores, realmente, era un sueldo de lujo. A manera de ilustración, nuestro hermano Norman, médico con diez años de ejercicio ganaba menos de trescientos pesos, y el sueldo de los agrónomos que eran entonces los profesionales mejor pagados, rondaba los RD$ 350.00

Así que con toda la flema de un lord inglés, le dije a Nana: “Mi amor, tenemos que ahorrar. Eso no está sujeto a discusión. De hoy en adelante, hazte de cuenta que yo gano ochocientos pesos, porque voy a abrir una cuenta de ahorros y todos los meses vamos a guardar cien pesos, llueva, truene o ventee. Mejor quedamos debiendo, que dejar de ahorrar”.

Han transcurrido más de cuatro décadas y no recuerdo haber vuelto a tocar este tema con mi Viejo, desde entonces. Pero, les puedo dar mi palabra de honor, que desde aquella tormentosa mañana de 1973, no ha pasado un solo mes en mi vida, que no haya tratado de apartar unos pesos de mi salario para depositarlos en nuestra cuenta de ahorros…

¡Gracias, Viejo de Mi Alma por aquella lejana e incómoda sesión de preguntas, porque en realidad, resultaron ser unas preguntas muy sabias!

4 comentarios:

  1. Fernan. Si cada dominicano hubiese recibido y aplicado ese sabio consejo te aseguro que otra cosa hubiese sido nuestra querida república dominicana. De mi padre recibí esos mismos consejos, hasta días antes de su muerte. Ahorré, pero no todo lo que debí haber ahorrado.En la enseñanza primaria, debería impartirse algún tipo de orientación en ese sentido.

    Antonio Mateo Reyes.

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  2. Apreciado Monchy: Gracias por tu comentario, con el cual estoy totalmente de acuerdo. En mi largo peregrinar laboral, en una ocasión me tocó trabajar con una transnacional suiza. Obviamente, su Gerente General era suizo y una vez le pregunté a qué se debía el bienestar del pueblo suizo, a lo que él me respondió: "cada generación de suizos tiene el compromiso ciudadano de dejarle un mejor país a las generaciones que le sucederán: un país más rico, más desarrollado, máas culto, mejor cuidado desde el punto de vista del medioambiente, etc., etc., etc." Y como para que no me quedaran dudas, reiteró: "mis abuelos, les dejaron un mejor país a mis padres; éstos nos dejaron a nosotros un país mejor que el que ellos recibieron de sus padres, y mi generación, tiene la obligación de dejarle un mejor país a nuestros hijos, que el que nosotros recibimos..." Y yo le añado: "... igualito que aquí".

    Un abrazo,

    Fernan Ferreira.

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  3. Apreciado Fernan: cuando ocupé una curul en el congreso nacional, sometí 54 iniciativas de leyes y resoluciones: dentro de ese universo sometí algunas de fácil aplicación,estre ellas estaban los proyectos de leyes y resoluciones siguientes: proyecto de Ley que prohibía el cambio anual de los textos escolares. Fue aprobado en la cámara al cual pertenecía,pero murió en la camara de diputados. Los dueños de las casas editoras abortaron tan interesante proyecto. Otra iniciativa fue la iniciativa para crear una materia en los cursos primarios sobre la conservación de los recursos naturales. Murió también en la cámara de diputados. Dentro de esos proyectos hubo uno que causó mofa en un medio televisivo de nuestro país. me refiero al proyecto de Ley para exonerar de impuesto a la importación de bicicletas con la finalidad de disminuir el consumo de combustible en aquel momento en que hubo una profunda crisis en la importación de combustible . Esto estuvo motivado por lo que vi en mi primer viaje a Cuba, dode viví esa saludable experiencia.La otra experiencia negativa fue sobre la iniciativa de brindar información en la educación intermedia sobre el sida y como prevenirlo. Creo deberiamos encaminar una iniciativa para motivar al ahorro desde etapa muy tempranas en nuestras escuelas y colegios.Lo de Suiza es un genial ejemplo.Gracias.

    Antonio Mateo Reyes.

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  4. Un sabio mensaje, no me extrana de quien vino.

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