viernes, 3 de enero de 2014

LA CULTURA DE LOS COLMADONES

Por Leandro González

¿Qué es un colmadón?

Es la metamorfosis que ha sufrido un colmado, un lugar de expendio de comidas, al transformarse en una barra, un lugar de expendio de bebidas alcohólicas. O sea, un colmadón es lo que antes era una barra; y una barra era un lugar de mala muerte, donde la gente amargada iba a ahogar sus penas oyendo bachata, que eran canciones de amargue, cuyo contenido evocaba la queja de un hombre o una mujer despechados.

Esas cosas de las que les hablo las veíamos cuando éramos muchachos los que ya hoy tenemos más de cuarenta años. Y eso no era nada bueno en esa época, era un ambiente que invitaba a la vida licenciosa, fácil, barata. Allí iban sólo personas que tenían poca estima por la vida y que buscaban sólo el placer pasajero y mezquino. Las barras fueron sacadas del ámbito urbano por considerarse ofensivas a la moral y al pudor, y un mal ejemplo para niños y jóvenes. En ese tiempo la gente pensaba en el futuro, en lo que sus hijos debían heredar como fortuna espiritual.

Aquellos lugares llegaron a ser sitios de citas impropias, encuentros pecaminosos y escándalos que mostraban la falta de vergüenza de la sociedad de entonces. Veo que los famosos colmadones de hoy corren vertiginosamente ganándole la carrera a las barras de entonces.

Pero los colmadones tienen una particular característica que los hacen más peligrosos, y es el camuflaje de colmado. Allí se tienen que mezclar las mujeres y los hombres de cierta reputación con personas de malas costumbres, teniendo que soportar infinidad de veces situaciones muy desagradables. Y lo peor de todo es que todo ese ambiente se propicia ante la mirada indiferente de las autoridades, las mismas que tienen la obligación de impedir que uno tenga que soportar tanto desatino. Ojalá que no le estemos pidiendo peras al olmo.

Pero alguien tiene que ponerle freno a esta poca vergüenza e irreverencia social que son los famosos colmadones, una cosa rara que molesta desde que uno se levanta hasta que uno se acuesta y más allá, rompiendo el sosiego y la paz. Me he estado quieto, sufriendo esta cosa molestosa que invade mi ciudad (porque yo también soy ciudadano de este país y tengo derechos), y que maltrata mis tímpanos y ofende mi sagrado espacio donde tengo que vivir.

Sería muy fácil irme, mudarme, pero tal vez no es tan fácil como parece, o quizá no es lo que deba hacer. Quien abandona pierde, y quien calla otorga. Por eso quiero decirlo, por si acaso alguien se une a mi preocupación. ¿Qué clase de país estamos permitiendo que se geste con todo este desenfreno?

Y lo peor de todo, y lo triste es que existen leyes que regulan todo esto, pero como ocurre con muchas cosas en este nuestro raro país: las leyes están ahí, pero no se cumplen, y las instituciones están constituidas por funcionarios que no funcionan. Tengo muchas otras cosas que decir, pero por ahora creo que está bueno.

Leandro González es pastor de la Primera Iglesia Bautista de Mao. Es además pintor y muralista y profesor de Artes Plásticas de INFOTEP.

Tomado de DeMaoSoy.com

1 comentario:

  1. Estimado Leandro: Respeto su definición de "Colmadón", pero no estoy de acuerdo con la misma. Para mí, el colmadón es la "evolucion o transformación de una pulpería a través del tiempo, pasando por la etapa de colmado". De las barras de mi época en Mao, recuerdo la de Quín en la calle Duarte, la de Moisés en la esquina del Parque Amado Franco Bidó, la de Pepe y la más deliciosa crema de leche, en la 27 de Febrero, donde una vez funcionó el mercado público, la de Domingo Rodríguez (realmente era de su esposa Talla), diagonal al Royal Bank of Canada, otra adyacente a la factoría de Ismael Reyes, creo que era de Taté Cruel y otra a la entrada de El Santo, frente a dicha factoría, en la Gregorio Aracena. NINGUNA de estas barras constituian lupanares, con música estruendosa y desasosiego para el vecindario. En ellas se expendían sanduiches, pastelitos, jugos naturales, refrescos embotellados, deliciosos postres, dulces típicos, como el "cortado", cervezas, y por qué no, rones nacionales y una que otra bebida alcohólica importada. Seguro que habían otras barras, que otros maeños con mejor memoria que yo, como Manito Santana, Papito Mármol, Evelio Martínez, entre otros, podrán recordar. Yo salíde mi adorado Mao en el año 1963.

    Sí comparto con usted, que los Colmadones y su molestoso ruido para todo el vecindario deben ser regulados. Deben aplicárseles las leyes vigentes para el sosiego de los ciudadanos que por desgracia vivimos cerca de ellos. Lamentablemente, por populismo, se "derogan temporalmente" leyes y disposiciones que regulan su funcionamiento, en detrimento de la tranquilidad y el merecido descanso de la familia dominicana.

    Con todo respeto,

    Fernan Ferreira.

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