sábado, 28 de febrero de 2015

YO ME ACUERDO…

Mi Encuentro con el Padre Emiliano
Por Evelio Martínez.

Corría el año 1956, cuando se produce mi ingreso a la Escuela Apostólica de los Misioneros del Sagrado Corazón (Seminario), en San José de las Matas. Atendía yo el deseo de mi padre, Sr. Clemen Juan Martínez, de tener dos hijos médicos, uno para el cuerpo y otro para el alma. El del cuerpo era uno de mis hermanos mayores, que en ese tiempo ya era médico famoso, egresado de la Universidad de la Sorbona, en París, Francia, y ejercía como neurocirujano en el Hospital Notre Dame, de la ciudad de Quebec, en Canadá, el Dr. Sonis Napoleón Martínez Vanderhorst. El médico del alma, sería yo.

Los misioneros del Sagrado Corazón habían ordenado como sacerdote a un joven de Mao, pueblo de donde soy nativo, el Reverendo Padre Rogelio Delgado Bogaert (ya fallecido), quien al regresar de Canadá, con su prédica desde el púlpito, contribuyó a despertar en mí, lo que consideraba mi vocación, y además, como mis padres carecían de los recursos necesarios para costear mis estudios en la Escuela Apostólica, el Padre Rogelio consiguió que su madre, Doña Jeannette Bogaert, me pagara los mismos. Así se produjo mi ingreso al Seminario.

A finales del año de mi ingreso (1956), llegó al Seminario, una tarde lluviosa y muy nublada, un joven sacerdote, con un sombrero de alas anchas, su sotana y unos lentes “fondos de botella” que le daban un aire de profesor universitario. Lo recibimos en el comedor, a la hora de la cena y nuestro Rector, el Padre Marcelo Trotier, M.S.C., lo presentó y dijo: “el padre Emiliano Tardiff acaba de venir del Canadá a integrarse como misionero en la República Dominicana y será nuestro guía en los diferentes programas de esta recién iniciada Escuela Apostólica. Denle su apoyo y solidaridad y él corresponderá a sus gestos con humildad, gracias”. El Padre Emiliano sólo saludó con unas breves palabras, pues aun no hablaba mucho español.

Yo comenzaba una vocación que mi padre me inculcó y el Padre Rogelio la había adornado con su presencia y sus sabias enseñanzas. Estaba allí, a los pies de nuestra Señora del Sagrado Corazón, presto a servirle como misionero de su Hijo y a conocer su camino y sus ejemplos. Pero, detrás de mí llegaba un joven sacerdote que había escogido mi país para ejercer su misionera labor, también en nombre de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, pero en él se conjugaban su recia vocación de servicio, el amor a su misión encomendada y una fe granítica en ésta, que le adornaban, y que además transpiraba.

Fue nuestro mejor guía y compañero durante los dos años que estuve en el Seminario. Era el único pelotero que jugaba con sotana, y el play de San José de la Matas se llenaba los miércoles, día de la semana en que los seminaristas jugábamos con los jóvenes del pueblo para ir a ver “el pelotero con sotana”, el Padre Emiliano.

El año siguiente, el Padre Emiliano pasó a ser profesor de latín y de griego, a la vez que desempañaba la función de guía a medio tiempo. Mi vocación sacerdotal sucumbió y abandoné el Seminario en el segundo año de latín. Desafortunadamente, perdí el contacto con los Misioneros del Sagrado Corazón, por razones ajenas a mi voluntad.

Durante mi exilio en los Estados Unidos de América, en la década de los años 70’s, me enteré (y ya conocía de su carisma) que el Padre Emiliano oficiaría una misa de sanación en una parroquia del Alto Manhattan, en New York. Me preparé y asistí a la misma y cuan grande fue mi emoción, cuando en la sacristía de la iglesia, el Padre Emiliano me recibió, hablamos y me dio su bendición. En aquel corto tiempo recordamos su llegada al Seminario y pasamos revista a tantas anécdotas vividas. Salí reconfortado y hoy aún siento su bendición sobre mí, así como su presencia permanente en mi camino. Desde entonces, sí seguí su trayectoria, sus retiros de evangelización y sus prédicas en 72 países de los cinco continentes.

A mi regreso a la República Dominicana solía ir a verlo en la iglesia de la Anunciación y llevarle enfermos, a quienes recibía como si fueran a servirle un banquete. De New York vino un jovencito, hijo de unos amigos míos, que tenía un cáncer terminal. Yo se lo llevé al Padre Emiliano y los dejé solos. Cuando Ernestico (que así se llamaba el jovencito) salió, me dijo: “don Evelio, yo me “fricé”. Ese sacerdote me dio corriente positiva y me siento como cuando estaba sano”. Yo le contesté: “tú estabas delante de un santo, un escogido por Dios para sanar en la tierra”. El jovencito falleció muchos años después.

El padre de una amiga mía de muchos años y que tenía muy buena posición económica, contrajo una enfermedad terminal, se enteró de mi amistad con el Padre Emiliano y ya en cama de muerte me mandó a buscar y me dijo: “si tú me traes al Padre Emiliano, te voy a hacer un gran regalo”. Hablé con el Padre Emiliano y me dijo que lo fuera a buscar al día siguiente a las 10:00 AM. Llegué a las 9:30 a la Iglesia de la Anunciación y me dirigí a adorar el Santísimo mientra esperaba por el Padre Emiliano.

Partimos en mi carrito y entre conversaciones y remembranzas, el Padre Emiliano me dijo: “Evelio, te estás ganando el cielo. Estás llevando la palabra del Señor a los enfermos y estás contribuyendo a su salvación espiritual”. Yo le contesté “amén”. Después de recibir al Padre Emiliano, el padre de mi amiga rebozaba de paz y alegría, y en recompensa, me ofreció el dinero necesario para cambiar mi carrito. Rechacé la misma y le dije que en cambio, le donara ese dinero a la Iglesia de la Anunciación, lo cual hizo con mucha satisfacción.

El 9 de Junio de 1999, cuando recibí la noticia de que el Padre Emiliano Tardiff se había dormido en la paz del Señor, sólo atiné a decir: “ha muerto un santo. Estoy seguro que en el cielo seguirá intercediendo por nosotros. Amén”.

4 comentarios:

  1. Nos alegra sobremanera leer los artículos de gran importancia para nosotros lo de la región del Cibao de nuestro padre Evelio Martínez, modestia y a parte sabemos que serán de mucho interés para todos. Que lo disfruten.

    Sugerimos para mejor acceso que el autor y sus artículos sean incluidos en el índice de temas y autores.

    Saludos cordiales desde Boston, MA.
    Virna Martinez

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  2. Que bonito. Ahora hay que escribir uno del "Bombillo Rojo de Mao".

    Manuel "Cocolo" Taveras

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  3. Esa es buena idea, tengo bonitos recuerdos del "Bombillo Rojo de Mao". Que tiempos aquellos!!

    Saulio Madera

    smadera00@hotmail.com

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  4. Todo el mundo tiene derecho a pensar y a vivir como quiera,pero sin irrespetar las conviciones y pareceres de los demás. Creo que si alguien quiere escribir sobre la historia de su vida está en el derecho de hacerlo. Si usted quiere escribir sobre sus hazañas purulentas hágalo, pero no salpiques a los que están en el derecho de escribir sobre sus vivencias y puntos de vistas sobre cualquier aspectos de la vida,

    Antonio Mateo Reyes.

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