lunes, 9 de febrero de 2015

OBSERVANDO EL AMANECER

Por Fernando Ferreira Azcona

Reflexión de un hombre agradecido a la vida y lleno de paz interior...

Hoy es domingo, pero como todos los días, me levanté bien temprano, antes del amanecer. Después de un buen baño, me preparé una rica taza de té verde y me senté en el balcón de nuestro apartamento, a oscuras, a esperar la llegada del Astro Rey.

El momento era propicio para reflexionar… a oscuras, una paz infinita, sin ruidos que interrumpieran los pensamientos y sorbos intermitentes de té a temperatura hirviente.

Así, volé mentalmente al Mao de mis amores, y en lontananza reviví algunos momentos de mi tránsito por este mundo…

Volví a vivir mis años de niñez en la humilde casita donde nací, en Sibila, y que debimos comprar muchos años atrás, pero nunca lo hicimos. Fue nuestro primer hogar en Mao, después de que nuestra familia bajara de la Sierra, cargada de sueños y con la determinación de trabajar incansablemente para hacerlos realidad.

Recordé las únicas dos fotos que tengo de mi niñez. Una de cuando era un bebé, negro y más feo que mi querido Cabezón (Manito Santana). Quizás por esta razón, al yo nacer exclamó la comadrona: “Éste es Azcona puro”. La segunda foto data de cuando hice mi Primera Comunión… para entonces, ya había refinado un poco.

Recordé a Ana Delsa, la hermanita que nunca conocí. A decir de mi padre, “la más bella de las tres hermanas Ferreira Azcona”. Blanca, de pelo negro y ojos verdes. Mi único recuerdo de ella, es la foto de un ángel en un rústico ataúd de madera rodeado de flores. Recuerdo también que periódicamente acompañaba a nuestra querida madre al cementerio para llevarle flores y acondicionar su tumba.

Repasé aquellos años en que Estanislao, Norman, Fausto y yo, diariamente, bien temprano, nos repartíamos las labores de comprar la leche, comprar la carne y los vegetales en el mercado, y llevarle el desayuno a papá a su pulpería, para luego asistir a la Escuela Primaria e Intermedia Presidente Trujillo. Por las tardes, debíamos labrar la tierra, y alimentar los puercos, “la alcancía del pobre”, en una pequeña porción de tierra que nuestro Tío Félix le había prestado a nuestro padre, con el propósito de coadyuvar en la manutención de nuestra larga familia.

Viví de nuevo, con alegría, mis años de estudiante en la escuela primaria citada en el párrafo anterior. Recordé con respeto y con infinito amor a cada uno de mis maestros, muchos de los cuáles, afortunadamente, aun viven, y a todos, a través de la distancia, le envié mi agradecimiento eterno.

También recordé mi época dorada en nuestro equipo de beisbol juvenil, “Los Yankees Maeños” y a todos los muchachos que formaban parte del mismo: Miguel “el Ñequito”, Barón, Humberto, Lilí, Ningue, La Achicha, Pedro Tomás, Francisco, Diogenito, Ganeo, “El Cogío”, “El Bizco” y Ninito. Este conjunto deportivo era un verdadero trabuco regional. A pesar de ser juvenil, con frecuencia enfrentábamos con éxito equipos amateurs. En una ocasión hicimos swing contra los lanzamientos de Quilvio Tió, quien en esa época recibió el bono más alto que se le había otorgado a un beisbolista dominicano por pasar al profesionalismo.

¿Cómo no recordar mis años en el Liceo Secundario Eugenio Deschamps, y mi último año en el Colegio De La Salle, de Santiago? ¡Allí se terminaron de cementar amistades que han sido inmunes al paso del tiempo y a la distancia! ¡Cuántos amigos y amigas de verdad! Hay quienes consideran a este Grupo, la GENERACION DORADA de nuestro querido pueblo natal.

En mi teatro mental, rememoré la llegada de aquel joven médico que regresó a su pueblo a hacer medicina social en beneficio de los menos favorecidos social y económicamente, y en su empeño por salvar vidas, contrajo deudas personales para devolver la salud a aquellos, a quienes el disfrute de salud les estaba prohibido por la inequidad social imperante.

Tampoco podría obviar esos tres magníficos años en El Zamorano, porque los mismos fueron una continuidad del proceso de superación académica, de abrir nuestra mente a nuevas culturas y de sentar las bases para que estos amigos internacionales vivieran por siempre en nuestro corazón.

¡Imposible pasar por alto mis doce horas diarias de aprendizaje de inglés en Kansas University (KU) y la maravillosa gente de la pequeña ciudad de Lawrence, Kansas, donde se encuentra esta prestigiosa universidad! ¡Sin lugar a dudas, esta es la gente más maravillosa de los Estados Unidos de América! Allí ocurrió mi primer encuentro con la nieve, con las temperaturas extremas bajo cero y con los terribles tornados en el verano.

¿Y mis tres años y medio en Cornell University, en Ithaca, New York? Si usted cree que en Kansas o en New York City hace frío… vaya unos días por los alrededores de esta famosa universidad en invierno. Sólo como ilustración, en Enero de 1972, mi último invierno completo en USA, la temperatura estuvo todo el mes por debajo de 0° (cero grado) Farenheit.

Pero, no es por el frío que recuerdo a Ithaca y a Cornell University, sino por su rigurosidad académica y científica, y porque allí, empezamos Nana y yo nuestro proyecto de vida y lo hemos convertido en realidad durante 43 años en el devenir de nuestras vidas.

Recordé cuando llegaron al mundo nuestros tres retoños: Fernando, un 10 de abril, a través de un proceso de parto que se extendió por más de doce horas; Paula se unió a la familia, al amanecer de un 26 de febrero, y Raúl, un 8 de diciembre, a través de cesárea. Pues con su llegada, “el gerente de producción tomó la decisión de acogerse a un retiro temprano”.

Me entristecí, mientras veía a Ningue Taveras, a Monchy Colón, a Masín Colón y a Rolando Espinal, como blancas palomas, sin despedirse, volar al infinito, a la morada del Padre. Pero encontré consuelo, fortaleza y alegría en saber que desde allá, ellos velan por nosotros, nos cuidan y nos protegen día a día.

Todas estas remembranzas las hacía mientras observaba el proceso del amanecer y se formaban en el firmamento, con la llegada del Astro Rey, los primeros claro-oscuros, que luego tomaban diferentes tonalidades, hasta alcanzar el “color del rojo de las tunas”, mientras se desvanecía la bruma…

Al mismo tiempo, bandadas de pericos y/o cotorras que todas las tardes cruzan nuestra ciudad capital de norte a sur para “hospedarse” y pasar la noche en unos árboles del patio del Hotel Embajador, al despertarse, emprendían el viaje a la inversa para pasar el día en su hábitat natural. En este trayecto pasaban a escasos metros de mí, emitiendo al volar su sonido característico.

De igual manera, en frente mío, dos golondrinas revoloteaban y con gracia inigualable hacían “pindilú” (pins in the loop) en el aire, quizás anunciando la llegada de una temprana primavera.

Mientras transcurría el tiempo, sin prisa, pero inexorablemente el Astro Rey imponía las reglas del juego. Desapreció la oscuridad, se desvaneció la bruma, y también las diferentes tonalidades que producen sus primeros rayos al despuntar el alba, para dar paso a un cielo infinitamente azul y a un día indescriptiblemente precioso.

A plena luz del día y ante tanta belleza, volví a la realidad y pensé que todo este proceso quedaría trunco si no arribaba a conclusiones. Incliné mi cabeza y mi alma para dar gracias a Dios por su generosidad para conmigo y agradecer todas las cosas buenas con que me ha premiado y por las pruebas a que me ha sometido, las cuales han servido para fortalecer mi espíritu y hacer de mí un mejor ciudadano.

Pero, sobre todo, di gracias al Altísimo por la familia que me ha dado, y por ayudarme a escoger la mujer que ha caminado a mi lado en las buenas y en las malas, y a mis amigos, quienes son una extensión muy grata e importante de la primera. Sin mi familia, sin mi esposa e hijos y sin mis amigos, yo sería un barco a la deriva…

9 comentarios:

  1. ¡Qué página!.Cargada de gratos, de alegres y tristes recuerdos,llena de un inmenso amor filial,al tiempo de rememorar y evocar acontecimientos generadores de fuertes emociones en torno a la amistad de viejos y buenos amigos. Recordar como se ha dicho siempre, es vivir dos veces.

    Antonio Mateo Reyes.

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  2. Brillante relato Fernan.
    Rafael Darío Herrera

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  3. FERNAN solo me atrevo a decirte excelente y sin desperdicio.Enhorabuea ANDRES DEL VILLAR

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  4. Nunca tuve la oportunidad de compartir nada con Fernan, fuera de que yo sabía que era Fernan y que es hijo de Don Vitalo, como cariñosamente le llamaba mami, y que es hermano de nuestro querido y respetado hermano Norman. Pero ¡cuánto he aprendido a valorar su inmensidad como ser humano, sublime podría decir, sin temor a equivocarme; cuánta integridad; qué alto sentido de la amistad y de la fidelidad; me quito el sombrero ante ese gigante ser humano, que he conocido a través de sus sensibles y humanos relatos. Un gran valor maeño, que me honra compartir afectos en común! ¡Gracias a Fernan por demostrar la grandiosidad de su Alma!

    Y gracias a usted Isaías, por su dedicación desinteresada para dar a conocer los valores de los demás. Es esa una cualidad muy respetable, que admiro mucho. Su trabajo, callado, sin mucha aleluya, de excelente redacción, es sorprendente.

    Thamara Rodríguez Arté

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  5. Apreciado Fernan, te felicito por tus sublimes y decidoras prosas sobre una etapa evocadora de tu feliz acontecer, con las que nos enorgulleces por las grandes virtudes, valores y acreencias que te identifican como un ser de excepción.

    Abrazos Cordiales, Distinguido Amigo Compueblano.

    Cuqui Rodríguez Martínez

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  6. Gracias queridos amigos y amigas por sus comentarios, los cuales valoro y aprecio en todo lo que valen. Son ustedes seres humanos maravillosos. Me alegro que les hayan gustado mis reflexiones de romántico, de amante empedernido de la amistad y eternamemnte agradecido de la vida.

    Gracias también a Manuelo Rodríguez Bonilla, quien me hizo llegar su comentario privado a mi correo electrónico.

    A todos, les deseo todo lo mejor:¡Bendiciones a granel!

    Con el afecto de siempre,

    Fernan Ferreira.

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  7. Francisco Fernando: Quizás usted no tenga dinero (eso no lo sé), lo que si sé es que usted es un hombre afortunado. La vida le ha dado bastante de las cosas que tienen valor. Sus reflexiones reflejan paz, sabiduría y una profunda alegría. Nada de esto me sorprende, le conozco desde hace varias jornadas (más de 20,000 días) y viniendo de la familia que usted viene, de la formación que recibió, de la escuela maeña que nos nutrió, de la generación a la que pertenecimos y de las mil bendiciones que Dios le regaló (Nana, una de ellas)...¿Qué más podemos esperar de usted?. Cuando yo sea viejo me gustaría parecerme a usted...ja,ja!.

    César Brea

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  8. Hermoso. Lo seguí como en una película, y me encantó no solo el artículo, sino el alma que hay dentro de él. Tienes ángel, de eso no hay duda.
    Los quiero mucho. Lavinia

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  9. Gracias, César. Gracias, Lavinia: Los lazos de afecto, de admiración y de respeto entre nosotros son recíprocos. Por tanto, sus comentarios me llenan de satisfacción. ¡Bendiciones para ustedes y sus familias!

    Con cariño,

    Fernan.

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