lunes, 5 de agosto de 2013

DO-RE-MI

PONER EL CORAZÓN EN CADA SOPLO
Por Juan Colón

Cuando se toca un instrumento musical pueden apreciarse muchas emociones encontradas y esto es producto del sentir del intérprete y la capacidad de receptividad del oyente.

Existen muchas maneras de hacer un trabajo profesional, conmovedor y alentador cuando es dirigido hacia la inspiración del escucha.

Se puede tocar bien un instrumento debido a la preparación técnica adquirida y al mismo tiempo esta interpretación puede no llegar al sentir externo, por una razón muy poderosa, no está el sentir del intérprete envuelto, solo lo hizo para demostrarse a si mismo su capacidad y al mismo tiempo decirle al oyente cuan excelente es con su instrumento en las manos y el porque debe ser respetado y reconocido.

Una agrupación musical puede sonar excelente, nítida, con asombrosa precisión matemática al hacer las cosas, y aun así no llegar al sentir del oyente.

Se puede ser más feliz tocando en una esquina de una ciudad, en un pequeño y oscuro bar de una calle de un barrio céntrico o marginado de la ciudad que en una orquesta de reconocida calidad y fama.

Podemos tener los instrumentos mas caros, los equipos mas sofisticados, y si no ponemos el alma y el corazón solo saldrían sonidos y expresiones brillantemente profesionales pero sin calidad para penetrar el alma de un campesino que lo escuche.

Si no existe amor en el soplo la comunicación dentro del campo vibracional no se logra porque el vehiculo correcto no está funcionando.

Existen innumerables grabaciones bien sencillas, algunas hasta fallas tienen, pero el amor con que fueron ejecutadas borra todo sentido de crítica. Discos que han vendido a niveles internacionales millones de ejemplares. Hechos solamente con dos, tres y/o cuatro músicos todos de capacidad incuestionable pero estos pusieron su amor para lograr un sello imperecedero en el intento.

Podemos tocar en cuerdas, sesiones, orquestas grandes, leer todo correcto y a pesar de esto no llegar al oyente, porque solo pusimos el intelecto en nuestras ejecuciones.

Si hacemos el trabajo con amor, respeto y gratitud a la vida por habernos dado los dones, lograremos sentir que muy a pesar de haber sido pisoteado nuestro canto, pusimos alma y corazón. Todos tenemos nuestro canto, desde una oficina, una escuela, una doméstica, un labrador, y si este se hace con amor sus huellas son imperecederas.

El gran problema es que hoy día andamos sin brújula y a nadie le importa hacer el trabajo por amor y respeto, solo buscamos el beneficio económico, es lo que importa, es lo que nos dicta la sociedad, es lo que rige al mundo y a nadie le importa tu punto de vista.

5 comentarios:

  1. Es muy cierto lo que dices, Juan, en cuanto a transmitir sentimientos y calar dentro del alma del oyente en una interpretación. A Yo Yo Ma, por ejemplo, le he visto tocar diferente música, desde clásica hasta autóctona de la India y de Argentina, y en cada interpretación deja su alma, razón por la cual es un gozo verlo tocar. Claro, estamos hablando de un virtuoso, pero hay otros que a pesar de serlo, no le dan un toque personal a sus interpretaciones.
    A Tavito lo vi cuando tocaba con la orquesta de la policía (fue al Club Juvenil de Mao en los años 60) y sus solos contagiaban hasta a los músicos que lo expresaban voceando al final de ello. Algo igual pasaba con El Manso y Félix del Rosario. Catarey, en la tambora. Observa El Gran Combo de Puerto Rico, por ejemplo, después de 50 años. Todos esos músicos muestran su amor y respeto por lo que hacen.

    Tremendo artículo, Juan.

    Abrazos.

    Isaías

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  2. Estimado y querido amigo, en sus presentaciones el inmenso Facundo Cabral decía lo siguiente: "Hasta que el pueblo las canta las coplas coplas no son - y cuando las canta el pueblo ya nadie sabe el autor - procura tu que tus coplas al pueblo vaya a parar que al volcar tu corazón en el alma popular - lo que se pierde de gloria se gana de eternidad". Como tu dice, el que toca o compone una pieza con el corazón,con el alma, vive eternamente en el recuerdo de su pueblo. Te felicito querido hermano por tan atinado articulo que desnuda nuestra triste realidad hoy día. Solo difiero de ti en algo. Sí habemos muchos que nos importa y nos preocupa lo que esta pasando con el vulgar negocio que hay en querer imponerno una música de pésima calidad. A esos yo le respondo. Que suerte que todavía tenemos un Juan Colon. Jochy Reyes.

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  3. Juan Colón ,mi hermano .Andamos como dice tu profesora Lavinia " a la patoriega".Suerte que quedan ejemplares como tu que practican y nos dictan lo que debemos hacer y practicar. De esos ejemplos tuyos soy portador de muchas experiencias y sería prolijo enumerarlas .¡Tremendas reflexiones y experiencia de vida ! Fuerte abrazo . Evelio Martínez .

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  4. Muy completo Juan Colón lo explicado ; lástima que el comercio esté haciendo tantos daños ;primero ha ido frenando el tu deleitarte con oir un buen sonido de un instrumento tocado con el alma ,ya que las buenas programaciones que habían no existen,por la alta demanda de un Omega,un merengue de la calle.
    Yo me acuerdo ,(recordando la columna de Evelio ) En la mañana ,en la radio programas de música instrumental, Toño Fuentes y la Guitarra hawaiana, Los Diplomaticos,Los Tijuana Brass;esas Sinfónicas en la Semana Santa , ;todo eso ha desaparecido. La educación musical se ha minimizado ; suerte tenemos como dicen los muchachos de contar contigo que aparte de deleitarnos nos educa.

    Gracias ,Juan Colón

    Manito

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  5. Muy bueno, Maestro!

    Juan, al leer tu artículo, volví a las lecturas sagradas de la misa del domingo pasado: cómo muchos hacemos del dinero, un dios y este pasa a ser el centro y gobierno de nuestras vidas. ¡Qué lástima!

    No sólo en la música, si no ponemos el alma en todo lo que hacemos, podremos alcanzar el éxito económico, pero nunca alcanzaremos la admiración y el respeto de nuestros compañeros de trabajo.

    Un abrazo,

    Fernan Ferreira.

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